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Claudia

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Antonio Pérez Ruiz, autor habitual de esta página nos envía una propuesta de novela para esta sección. Es el inicio de una novela en la que Antonio nos presenta los personajes y sus vidas. ¿Cómo continuará?

CLAUDIA

La menor de las dos hermanas del matrimonio formado por Tristán y Berta siempre fue objeto de admiración por todos los que la rodeaban, desde muy pequeña, y pronto ella misma se percató de que tendría un gran poder con la belleza de la que había sido dotada, belleza que iba aumentando con el paso de los años, con su transformación en mujer.

Su agraciado rostro, con unos hermosos ojos de un intenso color celeste, sus labios carnosos, perfectos, o al menos, así se lo parecían a ella, y su nariz puntiaguda y estilizada, eran el foco de todas las miradas. A esa preciosa cara había que añadir una frondosa y bien cuidada cabellera rizada de pelo negro intenso, un cuerpo bien torneado que no desmerecía su estilo en el vestir, y su natural encanto al andar que, en absoluto, la hacía pasar inadvertida a cualquier hombre que tuviese la suerte de cruzarse con ella. Sin embargo, su éxito con los hombres era pasajero. Sus relaciones no solían durar mucho y ella pensaba que, posiblemente fuera que no existía el hombre perfecto, que ninguno daba la talla. Jamás se lo podría achacar a su inmadurez.

La reciente ruptura con el que había sido su última pareja, la mantenía sumida en una profunda tristeza que la hacía desmejorar, aunque era consciente de que pronto lo superaría. Solo era cuestión de tiempo y tenía mucha vida por delante. Además, contaba con su equipo de amigas que no la dejarían sola en su casa lo más mínimo. Se portaban mejor con ella que su hermana Davinia quien, en lugar de consolarla y animarla no cesaba de reprocharle que ya se lo había advertido en incontables ocasiones con comentarios del tipo “No me fío un pelo de ese hombre”, “No te conviene en absoluto”,... Expresiones propias de una situación de envidia por la suerte que acompañaba siempre a Claudia, pensaba ella.

Al último compañero no podía perderlo. Le interesaba más que cualquiera de los anteriores, y, en vista de las circunstancias adversas, había urdido una curiosa estrategia propiciada por un día lluvioso. Al final de aquella fatídica tarde en la que asomaron todas las desavenencias que, definitivamente, dieron al traste con la relación, dejó intencionadamente olvidado su paraguas en el asiento trasero del automóvil con el que fue acompañada hasta su casa. Le tenía mucho cariño a aquel paraguas de color amarillo, cuyo mango de madera tenía la forma de una cabeza de pato, pero aún así no dudó en abandonarlo con la secreta idea de que al intentar devolvérselo tendría la ocasión de encontrarse de nuevo con él y, al menos, contar con una nueva oportunidad. Se despidió con lágrimas en los ojos pensando que si se marchaba llorando él estaría consternado y no repararía en el paraguas abandonado. Cuando éste la llamó para devolvérselo, ella fue con el firme propósito de volver a engatusarlo y conseguir que las aguas volvieran a su cauce. Pero el ‘cuento’ no funcionó y tanto al paraguas como a él los perdió definitivamente.

DAVINIA

“Claudia es un desastre como hermana. Jamás escucha mis consejos y así le va. Pero bueno, algún día se dará cuenta de su error y terminará pidiendo perdón por no atender mis consejos y por agradecerme, de por vida, todo lo que he intentado hacer por ella”, pensaba amargamente su hermana Davinia. Como era mayor que ella pensaba que tenía una gran responsabilidad sobre sus actos. Por eso siempre andaba aconsejándole en sus relaciones amorosas y, quizá, en cierto modo, fuera también culpable de sus fracasos.

Como todas las noches, a la hora de acostarse, Davinia peina su gran melena rubia sentada frente a un tríptico espejo oriental, regalo de sus adorados padres, meditando sobre acontecimientos pasados. Inevitablemente, al observarse en el espejo, le pasarán por su memoria los trágicos minutos que vivió aquella tarde que volvía a casa caminando desde el parque. Era principios de invierno, había anochecido y por la calle no se veía pasear a nadie, quizá por el frio reinante. Con paso lento iba recorriendo el trayecto que le separaba de su casa. Empezó a surgir una niebla que, por momentos, se fue haciendo cada vez más espesa y Davinia decidió acelerar su paso para no tener que forzar más su ya delicada vista intentando ver unos metros más allá. Al enfilar la avenida en la que vivía percibió a su espalda sonidos de tacones en el asfalto adoquinado, ruidos pesados que le hicieron pensar en un hombre que se iba acercando cada vez más lo que la incomodó dada la situación de soledad en que se encontraba. Los taconazos se intensificaban por segundos. No se atrevía a mirar atrás y el miedo se apoderó totalmente de ella. Entonces inició una frenética carrera a través de la niebla deseando tropezar con alguien que le salvara de la situación. ¿No había nadie para ayudarla?. No se dio cuenta de que se había metido en una calle que conocía muy bien, pero sin salida. Estaba perdida. Chilló dos veces antes de que su asaltante terminara por agarrarle tapándole la boca. Nadie acudió a sus gritos. El desconocido la poseyó salvajemente, le destrozó la ropa y le hizo arañazos en los muslos, brazos y hasta en su agraciado rostro, marcas que le quedarían como triste recuerdo para el resto de su vida.

El hecho fue denunciado aunque jamás se encontró al tipo, sobre todo porque la descripción que hizo en su momento era muy pobre. La angustiosa situación que había vivido le impedían formarse una idea clara del aspecto físico de aquel hombre.

Davinia intentó durante muchos meses averiguar por su cuenta el paradero del violador, simplemente desapareció de la ciudad. No hubo más violaciones. Estuvo visitando la hemeroteca para consultar noticias recientes. Nadie anteriormente denunció ningún caso parecido y el asunto terminó por pasar a los archivos policiales a la espera de un renacimiento de circunstancias semejantes.

Cuando Davinia vio la inutilidad de continuar con el asunto terminó por volver a su vida normal, a su trabajo, sus amigos, su familia y hasta a su hobby preferido, las casas de muñecas miniaturizadas en las que empleaba todo su tiempo libre. Aún así seguía leyendo diariamente la prensa local a la espera de la noticia que le diera la pista a seguir para poder coger al condenado individuo que le infligió tanto daño.

RAÚL

El más pequeño de los hermanos y, también el más inquieto. Siempre ocupado en algo, tenía energía para cansar a cualquiera. Había terminado sus estudios secundarios y ahora se preparaba para afrontar los estudios universitarios que, posiblemente, terminase sin problemas.

De espíritu rebelde, las peleas con sus hermanas eran continuas, y eran tan rebuscados sus argumentos que terminaba por convencerlas, zanjando unilateralmente la discusión. Rara vez daba su brazo a torcer. Aún así era muy querido por sus hermanas, quienes, en ocasiones, habían llegado a pedirle consejo, dada su capacidad de ver todos los entresijos de un problema.

Apoyó mucho a su hermana Davinia en su trance vivido, ayudándole incluso a elaborar un dossier con recortes de prensa y fotografías de noticias de asaltos en horas nocturnas, acaecidas en todos los casos a mujeres. En alguna ocasión habían podido librarse del perseguidor al conseguir salir a una plaza donde hubiese gente o cruzarse casualmente con alguien. Raúl había marcado en un mapa todos los barrios y también marcó el itinerario seguido por las posibles víctimas. A continuación visitó las zonas y llegó a la conclusión de que el individuo prefería ‘empujar’ a su víctima hacia estaciones de metro secundarias donde, dada la hora, poder proceder sin problemas a ejecutar sus diabólicos planes. Lo de su hermana en el callejón no había sido una excepción. El miedo que la invadió le hizo descontrolarse, ya que, a pocos metros de allí, efectivamente, se encontraba la fatal estación.

BERTA Y TRISTÁN

Los padres de Claudia, Davinia y Raúl habían hecho todo lo posible por dar a sus hijos el mejor futuro, pero aún seguían viviendo en su casa, práctica que en estos tiempos no era exclusiva en ellos sino más bien un hecho habitual en la mayoría de los hogares. No obstante, estaban felices de tenerlos cerca, aunque sabían que tarde o temprano acabarían casándose y, por tanto, abandonándolos definitivamente. De Claudia sospechaban que sería la primera, dada su facilidad para conseguir pareja, pero también constataron su facilidad para terminar las relaciones. Sin embargo, antes de que finalizara ese año, el menor de sus hijos, Raúl, les daría una sorpresa. Dos meses antes había conocido a una chica y a primeros de diciembre daba la noticia: ¡se casaba el próximo año!.

Todos eran ajenos a esa decisión y la tomaron con reservas. Todavía era joven, iba a empezar los estudios universitarios. Sus hermanas intentaron hacerle cambiar de opinión argumentando que truncaría su futuro al no poder proseguir sus estudios. Como siempre Raúl rebatió las objeciones, “no constituye ningún impedimento. Podré continuar estudiando aún casado, quizá con más comodidad”. Tristán, su padre, intentó también charlar con él en privado y ofrecerle alternativas, más bien razones de peso que le hicieran cambiar de opinión. No sirvieron de nada. Raúl siguió teniendo muy claro que seguiría adelante con su proyecto de matrimonio.

A Berta le daba pena que su retoño ya abandonara el hogar, pero sus pensamientos iban en otra dirección. Pronto vendrían nietos, lo cual deseaba que se produjera lo antes posible.

Al día siguiente de la noticia sus dos hijas la acosaron con sus temores, sugerencias, preguntas,... todo el día igual. Acabó yéndose a la cama temprano, más que de costumbre, alegando un dolor de cabeza terrible. Como habían acabado con su madre, las dos se retiraron a la habitación de Davinia y allí siguieron conversando hasta altas horas de la noche. Las conversaciones acabaron aquí. No se volvería a tocar el tema de la boda hasta los días de los preparativos.

IRIS

Como azafata de vuelo, Iris no estaba mucho tiempo en su ciudad. Aún así había tenido ocasión de conocer a Raúl y tener la firme convicción de que ese sería el hombre con el que viviría el resto de su vida. Le encantó desde el primer momento y siguió teniéndola encandilada en todo el cúmulo interminable de horas que continuó junto a él hasta el momento en que Raúl decidió pedirle en matrimonio. No lo dudó. La respuesta, inmediata, provocó que se abrazaran apasionadamente, levantándose de la mesa del restaurante donde aquella noche Raúl la había invitado a cenar advirtiéndole que le aguardaba una sorpresa.

Una de las primeras personas en recibir la feliz noticia fue su íntima amiga Amelia, hermana de David, a la sazón el último hombre con el que había mantenido relaciones Claudia. Por supuesto estaba invitada a la boda y también podría asistir su hermano a quien unía una cierta amistad, aunque Iris desconocía en esos momentos que Claudia había mantenido no hacía mucho tiempo una corta pero intensa relación con él, hasta el punto de convertirse en obsesiva.

Amelia tampoco le había comentado nada del asunto, sencillamente porque desconocía las “correrías” de su hermano. En realidad desconocía prácticamente todo de él ya que eran muy escasos los momentos en que ambos podían mantener contacto. Estaban bastante ocupados durante la mayor parte del día y apenas podían verse, ni siquiera para comer juntos.

Amelia no había dado aún con el hombre adecuado, cosa que en sentido contrario, también le ocurría a su hermano, a pesar de ser los dos bastante agraciados. Pero esa no era excusa para que cualquiera de los dos, o ambos, no hubieran decidido abandonar el hogar familiar e iniciar su andadura en solitario. En definitiva seguían las tendencias actuales de demorar hasta el límite la huida del “nido”.

A Amelia la noticia le sorprendió mucho y le causó una envidia terrible, pero en el fondo se alegraba de que Iris hubiera dado el paso. Por supuesto la tenía para cualquier cosa que necesitara en los preparativos, así se lo había manifestado en cuanto le comunicó la noticia.

David no era partidario de acudir a la boda, pero su hermana le rogó que lo hiciera por ella ya que se trataba de su mejor amiga y se le había permitido que asistiera su hermano. Además, quien sabe si podría llegar a conocer a alguna chica casadera en el evento. Con esa atractiva idea en mente David aceptó la propuesta. Le urgía encontrar una chica con la que poder pasear ante las narices de Claudia para que esta, definitivamente, olvidase su romance y se diera por vencida. Aunque, quizá, ya lo había olvidado porque ya había pasado una semana y media y no había sonado el teléfono.

  • drojedar

    Publicado el 05.07.14

    Era de noche, todos dormían en la casa. Bueno en realidad no todos. Raúl se había quedado en pie hasta las tantas, para ver el desfile de lencería de un programa de televisión. Pero el tiempo pasó rápido y cuando se dio de cuenta el chaval, ya no había nada interesante que ver en la tele. La apagó y se quedo unos segundos mirando a su alrededor los periódicos viejos y entonces tuvo una idea brillante. ¡Voy a hacer un porro casero! ¿Pero qué le meto dentro? ¡Ya lo tengo! Abrió la puerta que daba al exterior, y fue directo al frondoso pino de jardín. Cogió unas ramitas verdes y regreso rapidito ,rapidito ,rapidito al confort del hogar, porque fuera hacía un frío de cojones. Partió en trozos más pequeños una ramita y los envolvió cuidadosamente en unas hojas del diario “la razón”. ¡Que porro más bonito me ha quedado! , Exclamó orgullo con una sonrisa de satisfacción Ahora sólo necesito fuego , pensó Cogió un mechero en el cajón de la cocina, ¡La puta! Como arde esto. Bueno a decir verdad al principio la cosa estaba controlada. Pero a lo pronto comenzó a emerger un humo negro como el carbón. Tras dudar unos segundos le dio un calada. Le hubiera gustado decir que aquello sabía guay pero sabia a mierda. La putada es que toda la cocina estaba envuelta en una humareda negra tiró el porro al suelo y lo apagó como pudo con el zapato. Abrió las ventanas para airear y busco algo de perfume para disimular olores. Lo que más jodió a Raúl es que cuando ya casi todo estaba bajo control y las pruebas del desastre en proceso de eliminación, entra la puta. Su hermana Claudia, o como él la llamaba, la puta, abre la puerta, va con su tanga rojo y con el sujetador de los vigilantes de la playa. ¿Qué haces despierta a estas horas? – pregunta Raúl No…No ¿Qué coño haces tú digo yo? , ¿a que mierda huele aquí? – pregunta Claudia – y ya empieza a emerger la mala ostia
  • Jhon Sebastián Rivera

    Publicado el 01.06.15

    hola no se que hacer en esta baina asi que bueno esto se va a publicar y pos na entonces bueno league of legends XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD XD JAJAJAJ
  • Francisco Paco Martinez Sanchez

    Publicado el 28.06.15

    Huele a prisión parese una prisión y que asco de pocilga mejor a como demos esto Raúl de acuerdo.Raúl claro Claudia pero no me hables en ese tono de acuerdo no molestes Claudia pero si arreglemos esta pocilga y perdona por ser así .Claudia si entiendo perdona me también mejor arreglemos esto Raúl .Si claro Claudia.
  • Aphrodite Texts

    Publicado el 07.07.19

    Claudia acababa de terminar una video-charla por Skype con uno de sus muchos pretendientes. A ella le gustaba ir rápido, siempre acostumbraba hacer sensuales bailes a través de este medio y algunas veces incluso se masturbaba con ayuda del viejo perchero que tenía en su habitación, metiéndose alguno de los brazos metálicos en su vagina, por supuesto no sin antes colocarle un preservativo encima, pues ¿Quién quiere una infección vaginal? Los brazos del perchero eran tan deliciosamente fríos y duros. Claudia ni siquiera lo sospechaba, pero quizás por estas acciones los hombres no la tomaban en serio. Si bien Raúl iba demasiado lejos al llamarla “puta”, pues las putas cobran, Claudia era ciertamente una golfa y así la calificaban sus compañeras de la Universidad.
  • Rinthus II

    Publicado el 13.08.19

    Al principio no comprendí su forma de actuar, tampoco la opinión que había de ella, como la de sus compañeros de facultad. Sin basarme en lo que veían de ella, yo miré más allá, no solo lo que hacía, yo fijé mi atención en su sombra, lo que sus movimientos de su cuerpo producían, el desplazamiento de sombras. Una sombra que se convertían en varias, y unas se empujaban entre sí, ampliando la verdadera sombra, vi a la mujer que habitaba en ella, no la jovencita, en su interior algunas son mujeres, y ella lo era, lo que vi me aterró, sentí pena. Era una mujer solitaria, su nombre SOLEDAD, alguien la había condenado a la soledad más absoluta, es la condena más terrible para una mujer y ella lo había asumido, por esa causa, utiliza la habilidad innata en las mujeres a través del tiempo, la danza. Sin embargo no está vencida, arrastra su condena en espera que esa bestia se muestre, de forma cobarde no lo hace, la tortura y se esconde en su miedo, ella le llama DESAMOR.

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