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Comezón del Séptimo Año

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Juan es un hombre de 42 años casado hace 20, hombre de familia dos hijos, prácticamente un hombre como el de los comerciales de TV, desayuna con la familia y lleva a sus hijos al colegio. Tiene un trabajo de mas de diez años de antigüedad, un puesto digno, cada 15 días se encuentra con sus tres mejores amigos que conserva desde la infancia y cenan en familia. Se podría asegurar que es una persona normal, feliz tiene su casa un auto obra social y un buen trabajo, Juan se lleva muy bien con Valeria su esposa, el cree firmemente que el matrimonio no es solo amor sino también carácter y responsabilidad. Siempre unas de las charlas con sus amigos era acerca de la familia y la responsabilidad de ser fiel, Nunca miro a otra mujer con otro sentido , jamás paso por su mente traicionar a su amor, tantos años de fidelidad lo ponía orgulloso y sentía que debía ser siempre así, hasta la vejez. Sus amigos respetaban sus pensamientos y sus charlas pero no todos pensaban como él, hablaban con confianza de todo los temas. ¡Hasta cuanta veces tenían sexo con sus parejas! Nunca se ocultaban nada. Un día Juan rompió las estructuras de las charlas, entre hombres claro está, y dijo: me siento atraído por una mujer de casi mi misma edad y casada, la nueva jefa de personal. Todos se sorprendieron, ¿cómo es eso?

Sí. Juan por primera vez miro a otra mujer que no era su esposa, y eso lo ponía muy mal. No existía en su universo el engañar y mucho, pero mucho menos, separarse de su amada esposa. Pero tenia ganas de esa mujer. El mas piratita de sus amigos trato de calmarlo con excusas como esta: Juan, aparte de ser un buen padre, un buen marido,un buen amigo, también sos hombre, sos un macho, y a los machos le gustan las hembras. Lo que te pasa es absolutamente normal, no te sientas mal... a los hombres nos gustan las mujeres, y es así... todos pero todos tenemos nuestras fantasías y son nuestras, solo nuestras. Aprender y animarse a cumplirlas es de valientes... obviamente la mejor excusa de un pirata. Pero Juan no se sentía bien con ese pensamiento.

  • Monserrat Solórzano

    Publicado el 20.03.15

    En el trabajo, trataba de evitar lo más posible a esa mujer que empezaba a robar sus pensamientos. ¿qué diría su padre si se diera cuenta de tal cosa? De seguro se enojaria, a él no lo habían criado así, él era recto, era responsable y... -Oye Juan perdona si te interrumpo, pero haré una fiesta mañana ¿querrás venir? Y ahí estaba Rosse con su vestido impecable sin saber que durante días ha sido la razón de mi distracción...
  • VictorVangogh

    Publicado el 22.03.15

    -Bueno, ya me lo harás saber mas tarde, que tengas buen día-, se dio vuelta y de reojo me sonrió una vez más, sin mayores pensamientos en mi cabeza solo podía verla caminar, sonar sus altos tacones azules, su ajustada falda gris, y mover su larga cabellera negra. "No, basta! Juan quieto". Miraba en mi teléfono la foto de mi familia, a mi esposa, una mujer hermosa, maravillosa, trataba de imaginarla con la misma falda y los mismos zapatos, pero en mi mente la silueta de Rosse se apoderaba de mis más oscuros pensamientos. Sus enormes ojos negros mirándome los labios, mis ojos, mis manos, queriendo provocarme una sonrisa, y ciertamente lo hacia, estaba perdiendo el control de mi propia voluntad, y mi teléfono se cayó al suelo.
  • walker

    Publicado el 25.04.15

    Juan
  • luis hernández gil

    Publicado el 08.05.15

    tenía la seguridad que la fiesta de mañana no tendría nada de extraordinario, salvo un agarrón prolongado de nalgas al bailar, si podían eludir las miradas indiscretas de ciertos comensales. Por los momentos su pensar se centraba en el por qué de esa atracción sexual que le producía las provocaciones sensuales de Rosse. Su matrimonio había superado el remezón de los primeros siete años proveniente de la caída del amor pasional y la atención a los niños. Es más, ya los veinte de casado, oxigenaban la unión con el respeto, la consideración, los afectos mutuos y aún se daban la oportunidad de cabalgar juntos y con regularidad bajo las sábanas. Se regocijaba de darse el lujo de orinar parado sin emular una regadera que lo penalizará a hacer esa necesidad sentado en la poseta. Qué le estaba pasando, Valeria seguía siendo una mujer atractiva a sus ojos y a su virilidad.
  • Maria Labella

    Publicado el 08.05.15

    La fiesta empezó antes de lo previsto. En un principio Juan deseó que Rosse hubiese decidido quedarse en casa, pero después de un par de copas se sorprendió a sí mismo preguntándose donde estaba. Sus compañeros de trabajo comentaban el último partido de fútbol mientras él buscaba con la mirada a la mujer que le estaba haciendo perder la cabeza.
  • luis hernández gil

    Publicado el 10.05.15

    Juan no era ningún santo para devociones. Había tenido otras aventuras pasajeras, tranquilas, sin sobresaltos y fuera de su círculo social. El las planificaba en cuanto al inicio, desenvolvimiento y término de la relación sin consecuencias. Pero ahora todo era distinto, Rosse pertenecía a su área de trabajo y había tomado la iniciativa con sus coqueteos perturbadores que lo incitaban a ese desconcierto carnal, de moverse en una cuerda floja que no sabía cuándo iba a reventar y donde iría a caer. Además rondaba la evidencia de sus compañeros de trabajo, a quienes por inocencia en estas lides les había confesado el interés por Rosse. Por los momentos se hizo la promesa de ni una copa más, en espera de los acontecimientos para actuar con cordura y prudencia.
  • Teodoro Bama

    Publicado el 13.05.15

    Pero había algo mas. Rosse era una de esas mujeres con un atractivo animal. De esas no habia habido muchas en su vida- mujeres que solo hubieran tenido que chasquear los dedos y el hubiera saltado, pedido, meneado el rabo o saludado con la patita, si fuera un perro. Una de esas mujers cuya mirada somete, cuya sonrisa invita, cuyos movimientos prometen. Una mujer que atrais su mirada sin remisión y que sabía, ya antes que nada ocurriera, que le haria sufrir. Para que embarcarse en algo que solo lleva la sufrimiento... Si no la poseía, el deseo insatisfecho, doloroso, punznante. Si llegaba a poseerla, como retenerla, como colmarla, como soportar una ruptura... Pero Rosse ya estaba junto a el, mirandole, y el tenía que decidir. Vamonos, quería decir, pero ¿solo lo pensó en voz alta?
  • luis hernández gil

    Publicado el 13.05.15

    Juan aceptó su invitación a bailar y mientras danzaban hablando de cosas banales, la mano que tenía atada a su cintura no dejaba de fantasear en un subibaja de la espalda a los glúteos. Se daban sonrisas prometedoras, mientras sus ojos se perdían en los ofrecimientos carnales de la mirada de Rosse y a cada descuido los bajaba para recrearse en el nacimiento de las lonjas de sus senos que dejaban al descubierto lo prolongado del escote. Ya sentía el alzamiento de su imaginario, cuando en algunos pases del baile el muslo del uno quedaba ahorcado en la entrepiernas del otro. Definitivamente -pensó- Rosse solo le falta emitir un relincho para emular a una yegua en celo y me ha elegido como el semental para colmar su actividad hormonal. Pero se negaba a perder la razón y se decía, -este frenesí pone en peligro mis 10 años de trabajo en la empresa y lo más grave, mi relación familiar de 20 años de matrimonio con Valeria, a quien he aprendido a amar y quizás se me niegue el amparo que debo a mis dos hijos-. Si tan solo se me diera la oportunidad de ahogar esta lujuria en una follada de dos horas y ya. -No será así, Rosse parecía una mujer arriesgada, insaciable, dominante.
  • atriaviles

    Publicado el 15.12.16

    Los minutos pasaban y ella le miraba a los ojos, Su excitación crecía sin control, pero no se atrevía a avanzar en el juego. ¿adonde nos llevará esto? pensaba. De pronto, ella le abrazó más fuerte, le dió un beso en la mejilla, se volvió, cogió su bolso y se dirigió a la puerta. Juan se quedó mirando sus nalgas. Rosse se volvió y dijo "hasta mañana". Juan no supo reaccionar, se quedó clavado en el sitio, y cuando volvió a mirar, ella había desaparecido.

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