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El Viejo Gladiador

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Años sin verle y de repente estaba allí, unas cincuenta personas por delante, en la cola de seguridad de Barajas, quitándose el cinturón, depositando el ordenador en una bandeja, con movimientos precisos, ordenados, eficientes, propios de quien está acostumbrado a estos trámites.

Al menos el no parece sentirse vejado como tantos otros. Le da miedo volar y todo lo que redunde en mayor seguridad le parece bien. Le da miedo volar, pero me contó que el día que comenzó la primera guerra del Golfo, mientras Alfonso Rojo narraba desde el propio Bagdad los primeros bombardeos, el subió a tres aviones.

Le da miedo volar, pero sube a mas de cien aviones cada año, desde hace veinte años. Reza en el despegue y en el aterrizaje y se descompone con las turbulencias. No se hace el valiente más que si el de al lado también tiene miedo. Una vez me dijo que estaba seguro de que la felicidad completa era no sentir miedo.

Cuando acabé la universidad, la misma en la que él había estudiado, me entrevistó y me contrató. Trabajamos juntos en algunos proyectos. Fueron los meses dorados, en los que el era una estrella en ascenso y yo una joven promesa y formábamos un gran equipo. Lo pasábamos bien trabajando hasta las tantas y una noche tras otra me iba a casa sola diciéndome, ya verás mañana. Pero no hubo nada impropio, nunca, porque si hubiera habido algo ya no sería él, al menos no el “él” que me gustaba…

El tiempo pasó. Unos años de mucho trabajo, de cambios frecuentes en la gestión de la empresa. Empecé a verle salir de las reuniones internas, cada vez más cabizbajo y taciturno. No se que decirle, así que no digo nada, aunque casi siempre pasa por delante de mi mesa y se para unos minutos y me dice algo amable, incluso cariñoso. Pero nunca hablamos de las batallas que se libran en la sala de juntas. Se que muchas las libra solo y sé que algunos que están de su lado callan cobardes, defendiendo con su silencio el plato de lentejas - unas lentejas muy sabrosas por lo que yo sé. Algunos le llaman intolerante y tozudo. Pasa días encerrado en su despacho, sin salir.

  • Lucía

    Publicado el 07.03.13

    Yo misma en la reunión anual del año anterior, puse mis legajos sobre la mesa y argumenté que estábamos en el siglo XXI, y que deberíamos ser más flexibles, que el pasado ya sólo le pertenece al pasado. Pero no, “ellos” no estaban de acuerdo conmigo, incluso empezaron a decir que sí ya estaba perdiendo facultades. Y no, no es eso… pero reconozco que el trabajo me lo están haciendo más difícil. Me lo imagino entrando en su despacho y de manera autómata desprenderse de la chaqueta del traje gris marengo que tanto repudia, se afloja la corbata y se desabrocha el primer botón de la camisa con la parsimonia de quien tiene media vida para hacerlo. Su mirada se queda contemplando una fotografía de Albert Einstein…que preside la estancia y bajo su imagen dice: No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial, pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta Guerra Mundial: Palos y mazas.
  • ender

    Publicado el 11.03.13

    Años sin verle y de repente estaba allí. Me pregunto si mereció la pena tanta lucha y lo que dejó en el camino. Solo que para él fue distinto, quemó sus últimos cartuchos haciendo valer sus convicciones, su manera de entender el trabajo y afrontar las dificultades. Era muy válido, sé que lo sigue siendo y que el nuevo rumbo que emprendió le llena de satisfacciones, pero desde aquí puedo apreciar en su rostro las huellas del precio pagado. Cuesta creer que se equivocara en la elección de pareja, tan minucioso hasta en los detalles más insignificantes, pero ella no lo apoyó cuando se enfrentó al consejo y dimitió, ya no era la que él conoció y se había acomodado a un mundo de apariencias y sonrisas vacuas. Su última batalla, justo antes de presentar la dimisión, fue para defender la validez de mi trabajo, con datos contrastables. Incapaces de ver que su camino se cimentaba sobre terreno sólido, sin fisuras, que a la larga hubiesen crecido como lo hicieron otras empresas de la competencia, con visión de futuro, la que tenía él. Siempre que pienso en esos días me viene una sensación agridulce, tan buenos y malos momentos entremezclándose. Grité su nombre entre el bullicio, reconoció mi voz y se volvió con una sonrisa. “Te espero”, me dice. Compartiríamos el mismo vuelo. Sentí que el corazón se me aceleraba y regresé a aquellos días mientras aguardaba mi turno.
  • amets

    Publicado el 13.03.13

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  • Luis Carlos Palazuelos

    Publicado el 14.03.13

    Se podría decir que la vitalidad es un atributo de los jóvenes, pero en él había algo más. En aquellos días, la facultad consumía gran parte de sus horas pero a partir de las siete de la noche, tanto en verano como en invierno, atendía un pequeño negocio familiar al que sin mayor excitación acudía un tanto por obligación. Lo extraño era que, cuando él mismo apagaba las luces de la tienda y pasaba tres vueltas de llave a la cerradura, su destino por las siguientes tres horas era por todos desconocido.
  • Fideliora

    Publicado el 03.04.13

    Solo él disfrutaba de ese momento, en el que sentía que ya había cumplido con todos. se sentía bien, llevaba el peso de la responsabilidad con mucho orgullo y se sentía bien al cerrar la puerta y saber que había llegado su momento, muy merecido. ya había cumplido y por fin podía dejarse llevar y disfrutar de lo que realmente le daba la vida.
  • José Luis Terán

    Publicado el 03.04.13

    Nunca recibió un saludo sin una amable réplica, ni dejo de lucir su impecable traje en cada junta de consejo. Aguerrido ante los problemas, dejaba su voz resonando en las paredes de concreto del último piso del edificio. En las tardes recibía llamadas en su despacho unas veces de ella, otras veces de aquella. Yo no podía oír lo que decía, pero fantaseaba que era yo con quien hablaba. Ahora no estaba, su destino, pues el que tienen todos los ejecutivos. Ser reemplazados por la juventud de otros, de nuevas ideas, de nuevos rumbos. Yo seguía, gracias a él seguía, esperando aunque mi destino no fuera, quizá, muy diferente al que él había tenido. "Extraño los vuelos" decía recalcando lo irónico de su añoranza. Ahora por la tardes recibía las mías, sí, mis llamadas que cada tanto yo le hacía, para vernos, tomar un café y hablar de nuestras vidas. Es extraño ver como el hombre que te enseño todo lo que sabes, se sienta y te pregunta "¿Cómo va todo en la oficina?" Y me pongo a pensar y le digo " Pues las personas cambian pero lo que pasa no mucho" A qué se dedicaba ahora nunca supo revelarme, pues en su casa nunca había faltado nada ni ahora parecía hacerle falta. Sin embargo lo notaba más tranquilo, ajeno a la rutina que aún embargaba mi vida. Recuerdo en la oficina pedía café negro cargado y sin azúcar, esa tarde pidió un refresco y nada de cafeína. Esas tardes se hacían noches hablando de aquellos tiempos, nunca perdió esa mirada, segura y hasta a veces un poco desafiante. Al final reíamos un poco, aunque no se podía decir que era un comediante, siempre tenía una frase para con concluir con su habitual elegancia en cada palabra que decía. Al salir de aquel lugar caminábamos, una vuelta a la manzana y un abrazo, luego solo verlo alejarse en la oscuridad, esperando la siguiente vez que nos volviéramos a ver.
  • atriaviles

    Publicado el 27.04.13

    Ninguna vez era igual a la anterior. Cada vez que nos veíamos, éramos dos personas distintas. Es lo que tiene el paso del tiempo: cambia a las personas, cambia las situaciones. Cada vez que me despedía, empezaba a contar el tiempo que pasaría hasta la próxima cita. La última vez pensé: "cambiar para que todo siga igual". Han pasado varios meses y no hemos vuelto a vernos. ¿qué será lo que ha cambiado?
  • Teodoro Bama

    Publicado el 21.01.15

    Y, de pronto, ahí está otra vez. Con esa semisonrisa que me turba porque no sé interpretarla. Con esa mirada que invita pero nada mas. Cambiamos, si, pero no tanto como creemos. Cada vez que le miro veo a la misma persona que me encandiló en su momento. Y esta vez no dejaré pasar la oportunidad.
  • Alexandra Garcia Ruiz

    Publicado el 01.02.15

    Camino hacia él, nerviosa pero decidida, con el pulso acelerado y las manos sudorosas. A pesar del tiempo que ha pasado, él sigue provocando en mí los mismos sentimientos. Me hace sentir como una adolescente con las hormonas revueltas, como si fuera incapaz de controlar mis pensamientos y actos en el momento en el que él sonríe de esa forma enigmática, propia de alguien que ha recorrido tanto mundo como él. En sus ojos veo la misma chispa de siempre, provocadora y algo desafiante, como si me reatara a tomar el paso que nos separa. Tantos años han pasado, pero sigo viendo al mismo hombre de la facultad, ha cambiado en unas cuantas cosas, pero su esencia sigue en él, reacia a marcharse, porque es lo que constituye su personalidad. Sin ella simplemente no sería él.
  • Edu Celorio

    Publicado el 25.03.15

    Hola, le digo. Ya es mañana, así que dime qué tengo que ver. Le cojo la mano y decido romper esa frontera invisible pero sensible a más no poder. La que delimita el espacio personal. Un paso que no requiere ni una sola palabra para que ambos sepamos qué significa.
  • luis hernández gil

    Publicado el 09.05.15

    Después de casi cuatro años y 1.577 palabras escritas, Margot se nos presentó y dio a conocer que Robert era el hombre que aún no se atrevía a hacerle cosquillas en la palma cuando se tomaban de las manos. Consideró que ya no soportaba la picazón de bajo vientre con tanto coqueteo platónico, era tiempo de ponerle picante al relato porque con media palabra más Robert terminaría por ser un anciano gladiador llevando de corbata una tripita de pollo y además con 2.400 subidas como pasajero de avión en unos 24 años, era hora de montarlo en una cama para demostrar su bestiario de gladiador sobre una SUV-MARGOT 4 x 4 todo terreno.
  • Teodoro Bama

    Publicado el 12.05.15

    Es mas fácil decirlo que hacerlo. Tras años de desroce, sentir ahora su mano me hace temblar las piernas y no interpreto bien su mirada. No se si es extrañeza o miedo o tal vez deseo. No se bien hacia donde arrastrarle- ay, ¡los aspectos prácticos de la pasión y del amor! Asi que por un momento me pego a el y mi boca busca ávida la suya y tiene esa sonrisa tonta que ponen los buenos chicos cuando entienden de que va la cosa, y saben que pueden relajarse. Y por fin tras tantos años, noto su lengua rozando suave la mia y siento sus dientes mordisqueando mis labios, tiernos pero a la vez firmes. Se me escapa un gemido breve y quedo. Y ¿ahora que?
  • Luis Carlos Palazuelos

    Publicado el 12.05.15

    Antes que al menos una idea surgiera, la puerta sonó con cinco golpes fuertes, enérgicos, tan duros que con otra serie podían derribar la puerta. Alarmados los dos, volteamos en la misma dirección. Ahora sí, las manos sabían donde ir: el viejo maletín que acomodado debajo una silla era el mejor recurso en ese momento. Buscando dentro, entre papeles y bolsas plásticas estaba el frío metal con seis cargas llenas de negra pólvora lista para vomitar fuego.
  • luis hernández gil

    Publicado el 13.05.15

    Ella asimilaba con el mayor placer el culebreo de esa lengua que cuando no se enrollaba y succionaba la suya, le exploraba techo, paredes y piso de su cavidad bucal. Al mismo tiempo, le producía un paroxismo erótico, la estimulación táctil y bucal que recibía en sus pezones y que se dirigían inexorablemente hacia sus zonas erógenas y genitales de bajo vientre. Los vellos de la piel se le erizaban y sentía el hormigueo de la sangre al dirigirse hacia sus muslos. Ya las manos de Robert a ojos cerrados habían ubicado el inexplorado, oxidado y viejo maletín de Margot, que bajo la silla pélvica, servía de guardián de esa, su vaina o cartuchera sin uso apropiado. Margot sintió de frente los primeros cinco pistoletazos del misionero Robert, que impregnados de desoxidante, derribaron con marco y bisagras incluidas, la puerta de su virginidad y sin respiro recibió la otra serie de seis cargas o pistoletazos. En el interviú después de esta faena, suspirando, se dijo -valió la pena esperar- Después de retozar con besos, caricias y recuerdos, estaban preparados para continuar. No había terminado de preguntarse de nuevo Margot ¿y ahora qué? ¿Siempre abajo?, cuando se sintió volada en brazos de Robert para quedar en posición de cabalgar.
  • Sienna

    Publicado el 09.12.15

    Margot, abrió el maletín. De él sacó rápidamente un hacha y la incrustó en el pecho de Robert. Así, sin más, mirándolo a los ojos, sin decir una palabra. Margot estaba allí por una misión. Ningún Robert iba a obstaculizar su camino, menos aún siendo un ser tan despreciable e inexperto (en todos los sentidos posibles). Lo que le había hecho, a su entender no tenía perdón. Saludó con un gesto de su mano sin siquiera voltear y se llevó su carrocería.

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