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6 min
El amor en tiempos de crisis
Amor |
03.10.18
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Sinopsis

El amor en tiempos de crisis personales o de los ámbitos políticos donde nos encontramos. Filósofos urbanos, lo que no saben lo inventan, han vivido mucho o poco, tienen la picarda para hacer el comentario justo o la sabiduría de ese poder de síntesis que apabulla. Una historia risueña para aliviar la crisis.

3 de Octubre.
Me vuelvo a poner en tu lugar, como si permanecer en el mío, no tuviera ya demasiado peso.
Los lapachos han vuelto a florecer otro año más. 
Que constancia. 
¿O sólo será empecinamiento? 
Para no demostrarnos su hartazgo de los pajaros, las abejas zumbando en sus flores, las raíces podridas por los orines de los perros y las cortaplumas de jóvenes imberbes dejando mensajes de amor que se evaporan como agua de charco. 
Esa evocación es casi una meditación en medio de la brisa de la mañana que arrastra aromas a cereales tostados desde la cerveceria.
El sordo Tapia me interrumpe con sus gritos. Habla así, por que como no se oye bien, piensa que los demás tampoco. 
-¡A cinco por veinte los turrones!
-Hoy no, estoy con la cabeza un tanto volada y quiero escribir un rato, dejame solo.
-Ahí está de nuevo, el soñador, escriba, escriba, para que la gente se entere.
¿Que tiene de bueno su amor, si lo va a tener asi? 
- No es como me tenga o no me tenga, es que no se puede vivir sin amor.
-Vamos hombre, eso no se lo cree ni el Cura Román. Pregúntele cuantas historias lleva escuchadas, cuantos rezos y súplicas pasaron por su cuerpo, si él mismo me ha contado que ya ni puede dormir por las noches.
-¿Usted amó, sordo, alguna vez?, le dije, haciendo con mis manos un simulacro de altavoz para que no perdiera palabra.
-Una vez, creo que casi. Era muy pibe y estaba en el río, cuando la vi me dejó sin aliento. Hermosa, hermosa, hermosa. 
-¿Y le habló?
- No, esa vez también quedé mudo.
-Pero...¿y que sabe entonces si era amor?
-No lo sé, yo sólo sabia del amor lo que leia en las novelas que les robaba a mis hermanas. 
Pero estoy seguro que hubiese sido un error terrible el hablarle, por que el amor que nunca se mancha, perdura por siempre. 
-¿Y la dejó que se vaya?
-Si, nunca más la vi. Pero cuando la recuerdo mi corazón sonríe, la ilusión quedó intacta.
-Pero usted es casado.
- Si, con la Nicanora.
-¿Y no fue por amor?
-Yo tenía 22 añitos, venía disparando de la chancleta de mi mamá, que me quería arrancar de cuajo los motes de vago y malentretenido. Ella, caminaba tratando de tomar distancia de su abuela, una rancia cacatúa mandona, que la atormentaba con que ya tenía edad más que suficiente para casarse, porque en vez de hijos iba a tener nietos. Es que a los veintiocho en esa época, no haberlo hecho, era todo un tema.
-¿Y que pasó?
-Di vuelta la esquina como atolondrado mirando para atrás, porque mi vieja era "Licenciada" en arrojar objetos contundentes que llegaran a destino y la choqué de frente como tren sin luz.
- ¡No diga!
- Si hombre, le digo, pegué con la cabeza en sus senos y reboté. Ella me dijo que eso era una señal muy fuerte, me tomó la mano y no me la soltó más hasta el día del Civil.
-¿Y usted no le dijo nada?
-Mi mamá estaba pegadita a mí, con la chancleta en la mano, si eso no era una señal celestial, al menos era la salvación del infierno.
-Pero habrá pasado días buenos.
-Al principio fue raro. Cambié la imagen materna por la de Nicanora, ella me traía mate a la cama, me cocinaba, me lavaba la ropa y la planchaba. 
Despues se ponía a bordar o a coser con sus hermanas, ya no la veía más hasta la noche. Era como estar en un sueño.
-Debe haber sido duro el cambio.
- No tanto. Desaparecieron los chancletazos y los gritos y apareció de pronto como por arte de magia, el sexo.
La Nicanora amaba como una desesperada. Me asfixiaba, quería todo de una vez, como queriendo recuperar el tiempo perdido, no habia forma de disfrutar, era todo mecánico. Me doblaba en tamaño, así que me sentía intimidado, parecía que le estaba haciendo el amor a un luchador de Sumo. Al finalizar, no me dejaba prender ni un cigarrillo, se daba vuelta y comenzaba a roncar. Yo quedaba mirando el techo, a veces contaba las estrellas que veía por la banderola, a veces pensaba en las novelas de mi hermana. Era una pesadilla.

Fue para la época que conseguí trabajo en la fábrica, una tardecita al llegar, encontré la casa llena de gente con la sonrisa de oreja a oreja, la noticia era que estábamos embarazados.
Mellizos nos trajo la cigüeña, una yuntita.
Al mes me mudé al galponcito de las herramientas, se me terminaron los privilegios. 
¿En eso se transforma el amor?
¿En un patético estertor de solo estar por estar, por temor a la soledad?
-Historia dura la suya, digamos que fue un padrillo y nada más.
- Si, los chicos son lindos, pero como se estilaba antes, los criaron la madre, las tías y la abuela, andá a meterte.
Para lo único que me tenían era para meterles miedo en el cuerpo, así que los pibes, cuando me ven en la calle se cruzan de vereda. Y eso que nunca les levanté la mano.
-Han cambiado las épocas, sordo. El amor hoy es otra cosa.
- No ha cambiado nada, amigo, el amor es parte del Museo de grandes novedades, es para algunos, los que tienen fortuna, los demás se conforman con las sobras.
Dicho esto se subió a la bicicleta y la hizo girar para salir en sentido contrario y seguir ofreciendo a los gritos los turrones.
Yo perdí la mirada en los árboles, los Jacarandáes ya comienzan a mostrar sus primeras flores y su fuerte olor dulzón atrae a los picaflores.
El ciclo de la vida continúa. 
Tal vez este filósofo urbano tenga razón y en la ruleta de la vida, la ficha del amor, sólo es para afortunados o valientes.

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  • Hola Roluma, te quería poner 5 estrellas pero el ordenador me hizo un salto raro. Cuenta con 5 hermosas estrellas porque el relato es genial, me ha encantado. Defines muy bien que el amor a veces creemos que es lo que aparece en las novelas y no es así. Felicidades.
    Muy bueno, tanto por la forma en que narras como por el contenido. Saludos.
    Un estupendo relato. Estoy de acuerdo con el filósofo urbano. Ahora que las viejas tradiciones caen, el amor también degenera, y se centra en los más listos. También muchos se casan por no estar solos.
    Me encantó tu relato. Buen final. Opinión personal el buen amor es un milagro. Cuabdo se da hay que saber disfrutarlo y cuidarlo
    Entretenido texto, te felicito.Saludos
    Si Novato, la banca es una gran Tirana. Muchas gracias.
    Gracias Noah, sus palabras siempre son un gran apoyo. Un abrazo
    Muchas gracias Gustavo, siempre muy atento. Un abrazo.
    como siempre en la ruleta gana la banca....
    Siempre es agradable volverle a leer y más cuando nos regala una sonrisa. Bárbaro relato, le sigo leyendo
  • Alimenta al lobo. Parecerá juego. Él no sabe de eso, lo quiere todo. Y no es un juego de palabras.

    Viajar es un placer. Es un abrir los sentidos a disfrutar todo lo que se revela y nos llena el alma. A veces es imposible.

    ¿Que hace que no podamos hablar francamente de la realidad? Si todo es máscara, la vida no llega a ser algo. Se convierte en escenario del ridículo. Ficción diaria para darnos cuenta por la noche del terror de no ser ni significar nada para nadie. Y en esa ausencia de nosotros mismos, nace la obsesión por el otro, por lo otro. El fracaso de lo compartido, del mundo a partir del otro.

    El tiempo lo cambia todo. A veces no hay respuestas. A veces no hay perdón. Lo que perdura está grabado en un lugar con clave.

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    Experiencias que viven y sufren los niños se convierten en miserias de adultos. Victimas o victimarios, para los inocentes siempre da igual.

    Gastemos el tiempo y las energías en ser felices.

    "Uno, busca lleno de esperanzas El camino que los sueños Prometieron a sus ansias... Sabe que la lucha es cruel Y es mucha, pero lucha y se desangra Por la fe que lo empecina... Uno va arrastrándose entre espinas Y en su afán de dar su amor, Sufre y se destroza hasta entender: Que uno se ha quedao sin corazón... Precio de castigo que uno entrega Por un beso que no llega A un amor que lo engañó... Vacío ya de amar y de llorar Tanta traición ..." Fragmento del tango "Uno"

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Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

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