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10 min
12 La Hermandad de los Abderrahim
Suspense |
20.01.13
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Sinopsis

Capítulo doce de la Hermandad. Amets, como espero que te pases por aquí, te dire que me sigo afirmando en mi comentario, puesto que el álbum Animals de Pink Floyd está basado en la fábula política de Orwell Animal Farm

La Hermandad de los Abderrahim 12

    Amenazas

 

    Peña

    Después de comer con Daniela visité a mi cliente para ponerle al día, también para evitarle gastos superfluos. Dado el cariz que estaban tomando los acontecimientos dudaba que siguiera en el punto de mira del asesino, el escolta ya no era necesario.

    —Prefiero continuar con él —me dijo—. Ese desalmado no ha dudado en ejecutar a esos dos empleados de la mensajería, cualquiera sabe cómo funciona su cerebro. ¿Y dices que llegará mañana la abogada argentina? Estoy deseando saber que tiene que contarnos.

    —Quizás solo intente establecer una cortina de humo entre el asesino y su cliente, me pareció entender como si fuera algo que se les hubiera ido de las manos.

    Losada salió un momento y regresó con la botella de Jack Daniels y dos vasos.

    — ¿Hielo? —preguntó.

    —Así está bien.

    Sirvió tres dedos en cada vaso.

    —Hay que averiguar que ha sido de Aguirreche. Esa mujer seguro que lo sabe.

    Me alegró oírle decir aquello, significaba que estaba decidido a llevar la investigación hasta el final.

    —Una cosa es que lo sepa y otra que quiera contárnoslo —tenía mis serias dudas—. Es más, no me extrañaría que trajera algún documento firmado por el propio Aguirreche en el que diga que está bien y que le dejemos en paz.

    —No vamos a conformarnos con eso —dijo tajante—. Me da igual donde se encuentre, iré a verle allá donde esté. Solo le creeré si me lo dice en persona. Y si le ha ocurrido algo daremos cuenta a la policía. A la española, a la argentina, y a la que haga falta.

    —La policía ya está metida en el ajo. Pero tendremos que andarnos con pies de plomo, sea quienes sean los que están detrás de todo esto sin duda tienen recursos. Y pocos escrúpulos, puesto que alguno de ellos contrató al asesino.

    Losada me miró a los ojos, buscando respuestas.

    — ¿No te vendrá esto demasiado grande? Sé a lo que os dedicáis los detectives en España y no quiero ponerte en peligro. Los asesinos son asunto de la policía.

    Me daba la oportunidad de salirme del caso, se le notaba que era buena gente aunque hubiese nacido en el seno de una familia poderosa. Pensé en Daniela y en su seguridad, pero siempre me gustaron los desafíos.

    —A cada cual lo suyo. Con despachos de abogados por medio nadie pondrá mucho empeño en encontrar a Aguirreche. Terminemos lo que comenzamos.

    Me dedicó una sonrisa agradecida, estábamos en el mismo barco. Allí había terminado por el momento y me despedí. Cuando salí a la calle llamé a Muñoz-Seca, por si había noticias, quiso estar presente en la entrevista con la abogada pero le convencí de que era mejor que se quedara como último cartucho en la retaguardia hasta que supiéramos un poco más del asunto. Según sus informes  la abogada estaba limpia, aunque su actuación profesional era discreta o no constaba. Pero además del título de abogada, que había conseguido por la universidad a distancia, tenía el de medicina con la especialidad de neurocirugía, un dato harto curioso. La entrevista se prometía interesante.

    Cuando llegué a lo de Daniela la pastelería había cerrado. Ya había aparcado el coche y ni ganas de volver a cogerlo, caminé hacia su casa. Le divisé parado en el cruce de la Avd. Doctor Ezquerdo, confirmando mis presagios. Ni a Daniela ni a Paco los pude ver, debían ir mucho más adelante. Estaba lejos de mí pero era él, sin duda, sus mismos andares y sus mismos gestos, en el oficio nos solemos fijar en esos detalles. Llevaba un gorro de lana cubriéndole la cabeza y un abrigo oscuro. Para mi sorpresa no se encaminó hacía la casa de Daniela, sino que al cruzar torció hacia la Avd. Ciudad de Barcelona. De pronto apresuró el paso y se perdió en la boca del metro. Intenté seguirle, pero me sacaba distancia y cuando llegué ya era demasiado tarde, me pateé andenes y pasillos sin resultados. Por mucha prisa que se diese Muñoz-Seca en montar un dispositivo sería inútil, pero puede que por las cámaras supiéramos su estación de destino. Seguramente se habría bajado en cualquier parada para tomar un taxi o un autobús, pero había que intentarlo. Le llamé para que hiciese las llamadas pertinentes y que me permitiesen visualizar las cámaras acompañado de un inspector y luego llamé a Daniela para decirla que también esa noche llegaría tarde a verla, pero que necesitábamos hablar. Otro telefonazo a Paco para que no abandonara la vigilancia hasta que llegase.

   

    Cónclave

 

    Estaba demasiado mayor para afrontar esa clase de problemas. Y ni siquiera estaba seguro de compartir lo que había descubierto con los otros dos miembros del Cónclave, podían acusarle de interferir en la política interna de la Hermandad. Ellos debían limitarse a defenderla de los peligros exteriores, pero su frontera era una línea difícil de delimitar. ¿No era Bermúdez un peligro exterior por mucho que actuase bajo las órdenes del Director de Seguridad? Además, Houari era miembro de pleno derecho del Cónclave, los jefe de los Assasins siempre lo habían sido aunque no participasen en todas las reuniones, cualquier decisión precisaba de su voto. Y la institución tenía el derecho de defenderse de cualquier peligro. En esta ocasión la amenaza tenía su origen en una decisión del Jefe de Seguridad, una cuestión en apariencia interna, pero Roth había ordenado a Bermúdez que eliminara a Houari cuando llegara a España. La injerencia del Cónclave estaba más que justificada para proteger la vida de uno de sus miembros, eso lo tenía claro. ¿Pero cómo justificar el espionaje al que había sometido las comunicaciones de Roth?

    Atravesó la puerta decidido a asumir sus responsabilidades. El aire acondicionado se había estropeado en aquel sector de las instalaciones y el calor era sofocante. Adriana Barbosa paseaba como una fiera enjaulada, ahuecando el vestido por el escote y abanicando tanto la cara como sus voluminosos senos.

    — ¿Tan importante era que no podía esperar a que arreglaran el aire? —le espetó apenas cruzó la puerta.

    Chung le sonrió, condescendiente con el mal humor de Adriana. Su cuerpo menudo flotaba en la holgada sahariana.

    —Me temo que sí, el asunto es de trascendental importancia —contestó Neville, contándoles a continuación lo que había averiguado.

    Tanto el rostro de Adriana como el de Chung reflejaron la gravedad de los hechos a medida que se iban enterando. Ella fue la primera en intervenir.

    —Hay que pararle los pies como sea, ese hombre se ha vuelto un peligro —su dedo acusador señaló a Neville—. Lo que no quita para que hayas contravenido las directrices del Cónclave, no tenías derecho a espiarlo. Esa no es nuestra función.

    —Depende de cómo se mire —Chung intervino, conciliador—. Bermúdez es un peligro exterior, aunque esté bajo las órdenes de Roth. Diría que el espionaje al Director de Seguridad está justificado.

    Adriana Barbosa frunció el ceño.

    —Ambos sabéis que no es así —no estaba dispuesta a dar su brazo a torcer—,  pero vamos a dejar esta cuestión para más adelante. Ahora lo que debemos hacer es atajar el problema, tenemos que destituir a Roth como sea.

    —Exacto, hay que ponerle el cascabel al gato —dijo Neville.

    —Se puede presentar  una moción de censura al Consejo, aportando los datos que tenemos —sugirió Chung— ¿Habéis grabado la conversación entre Roth y Bermúdez?

    Neville asintió.

    —Y Aicha puede intervenir por videoconferencia —apuntó Adriana—. Eso le daría fuerza legal a la denuncia dentro del Consejo. ¿Pero quién presentará la denuncia? Nosotros no podemos, de ninguna manera podemos evidenciarnos públicamente, nuestra misión prevalece por encima de cualquier otra consideración.

    —Que lo haga Aicha —a Chung le pereció lo más consecuente.

    Neville sonrió a sus amigos.

    —Sé que tratáis de salvarme, pero es responsabilidad mía. Yo plantearé la denuncia ante el Consejo y renuncio a mi puesto en el Cónclave. Aicha me sustituirá cuando vuelva, así que ella tampoco intervendrá, no es conveniente. Me creo con suficiente fuerza moral dentro del Consejo como para presentarlo como una decisión mía, que al fin y al cabo es lo que fue. Diré que una persona de confianza escuchó una conversación sospechosa por causalidad y que por ello mandé intervenir las líneas del Director de Seguridad.

    —Pero te pedirán que reveles el nombre de esa persona —objetó Adriana.

    —Me negaré y asumiré las consecuencias. Si es preciso también renunciaré a mi puesto en el Consejo.

    —No puedes renunciar a tu puesto —Chung se mostró firme—. La ubicación de la sede de la Hermandad aún no se ha resuelto y darías ventaja a los partidarios de Kazajistan.

    —No creo que sea preciso, pero si lo fuera no supondría mayor problema. Fue Roth cuando ejercía como Mayor el que propuso la ubicación en Kazajistan, no me costará desprestigiar ese enclave tras su destitución, incluso aunque me viera obligado a dimitir.

    Dejaron de poner objeciones, sabían que llevaba razón.

    —Tu marcha es premonitoria de la nuestra —sentenció Adriana con deje melancólico.

    Neville hizo un gesto de rechazo.

    —Algún día, por supuesto, pero no ahora, aún os queda camino por recorrer. Tenéis cuerda para rato.

    — ¿Has avisado a Houari del peligro que corre? —Chung, menos dado a los impulsos sentimentales, matizaba lo importante.

    —En cuanto aterricen lo haré. Faltan un par de horas.

    Adriana se escabulló hacia la cocina y regresó con una botella de Caipiriña helada y tres vasos.

    —La guardo para las ocasiones especiales. Esta lo es, y mucho. Brindemos.

en Twitter @enderJLduran

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  • Cuando en una historia de intriga y misterio con dos bandos enfrentados, se empiezan a producir enfrentamientos intestinos en alguna de las facciones, el relato pierde fluidez y cuesta más seguir el hilo de la trama que, a su vez, se debilita, distrayendo de la línea argumental. Sigo leyendo esperando el repunte y para saber que tal le va a mi tocayo Paco...
    La historia se mantiene interesante. Espero el siguiente capítulo.
    ... yo sin duda leería tu libro.
    Hola, ender! Capítulo 12 ya! es increíble, esto te daría para una novela negra, no has pensado en terminarlo e intentar editarlo? Habría muchos lectores que lo comprarían si dejarás de subir aquí más capítulos, nos has enganchado! jajaja Te sigo leyendo! Saludos!
    Ender ¿qué puedo decirte que no te haya dicho ya? Eres un escritor súper interesante y todo lo que sale de tu pluma (o teclado, tú entiendes) es una obra de arte exqusita.
    Ender tu escrito es genial.
    Pues esperabas bien Ender. ¡Cómo iba a dejar de pasarme por aquí! ¡A estas alturas! Por cierto si sale un libro de todo esto –ojalá- espero que avises. Pienso ser uno de sus compradores. En cuanto a la sinopsis, tienes toda la razón en lo que dices. Parece ser que los Floyd se inspiraron en el libro de Orwell para su disco, y que conste que no trataba de contradecirte al respecto ¿eh? Es solo que quería remarcar que lo que a mí me inspiró, lo que hizo de acicate para que saliera el poema, fue el disco. Si eres conocedor de él, te habrás dado cuenta enseguida de que en algunas partes, la estructura de mi poema es calcada a la de alguna de las canciones, —por ejemplo, en la parte de las preguntas que resuenan desde las montañas, está la estructura de “preguntas en ráfaga” de “Dogs”— ¡Se me podría acusar de imitación más que de inspiración, ja ja! De todos modos voy a cambiar la sinopsis del poema. Parece que en él quisiera rechazar tu comentario y no era esa la intención. Siempre me parecen interesantes tus apuntes y sugerencias, y espero que no dejes de hacerlas. Saludos.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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