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11 min
14 La Hermandad de los Abderrahim
Suspense |
22.02.13
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Sinopsis

Siguiente entrega de la Hermandad, ya llevo 57 páginas de word. Pero el tema todavía da para mucho, así que sin prisas. Como el que no quiere la cosa se va perfilando la novela, luego si acaso será repasar. En esta ocasión solo me ocupo un protagonista, cuando lo normal son dos. Trataré de ser fiel al formato, aunque a veces me tocará hacerlo así por la trama.

Ataque de alfil negro

    Peña

    Le vimos bajarse en Legazpi a través de las cámaras, seguro que en busca de un autobús o un taxi. Horas de trabajo perdidas, pero había que intentarlo. Cuando llegué al portal de Daniela Paco daba paseos para combatir el frio, se sentía responsable y no había querido vigilar desde el coche, por si se quedaba dormido. Le agradecí su empeño y lo metí en un bar cercano, el único que aguantaba hasta tan tarde por la zona, para que entrara en calor, de paso le di una descripción lo más detallada posible del asesino. Puesto que ya conocía su existencia era absurdo que custodiara a Daniela desde la distancia, mejor de cerca, ya me encargaba yo de avisarla. Quedamos para la mañana siguiente, pagué la cuenta y lo dejé masticando un bocado del bocadillo de lomo que se pidió como cena, acompañado de una cañita de cerveza.

    Para mi sorpresa Daniela permanecía despierta, esperándome. En las inflexiones de mi voz adivinaba mis estados de ánimo, cuando la llamé para decirle que me retrasaría me notó la preocupación y decidió que el sueño bien podía esperar aquella noche. Ataviada con un pijama de algodón azul marengo ribeteado de malva me preparó unos huevos fritos acompañados de patatas, bien tostadas como a mí me gustaban. Aunque era yo el que solía trajinar por la cocina ella la usaba para sonsacarme, mientras me tomaba una copa de Rivera y la veía cocinar ella preguntaba como si de fruslerías se tratase, vaciándome de angustias. Me resistí más que en otras ocasiones porque esta vez el problema le concernía, el asesino no era alguien a quien se pudiera no tener en cuenta.

    —Paco me cuidará, no tienes que preocuparte.

    El aciago destino de Willy, mi anterior ayudante, se cruzó como una sombra entre su afirmación y la realidad.

    —Me sentiré más tranquilo si es la policía la que te vigila, a primera hora llamaré a Muñoz-Seca para que envíe a alguno de sus hombres. Yo tengo que ir al aeropuerto a recibir a esa abogada de la que te hablé.

    Nos sentamos a la mesa de la cocina.

    — ¿No quieres hacerte pastelero? Te ahorrarías un montón de preocupaciones —dijo sin mucha convicción.

    —Arruinaríamos el negocio en poco tiempo, siempre querría estar en la trastienda untándote de nata y chocolate —bromeé.

    Daniela rio.

    —La última vez casi nos pillan. Tengo la fondue preparada con chocolate negro, la calentaré en un momento —y observando mis ojos golosos añadió: —Las sábanas están recién cambiadas y son las que más me gustan, nada de chocolate sexual. Es para subirnos el ánimo, nos vendrá bien. Además, mira qué hora es, tienes que estar fresco para entrevistarte con esa lagarta.

    —Huevos fritos y chocolate, se me pondrá el colesterol por las nubes.

    —Ya lo bajaremos con ejercicio mañana por la noche. Te esperaré y no habrá excusas que valgan.

    Sonreí, ambos sabíamos que en mi trabajo no había manera de asegurar una cita cuando estaba plantado en medio de un caso, y mucho menos en uno de las características del que me ocupaba. Saboreamos lo que quedaba de las copas de vino y luego dimos buena cuenta del chocolate, aproveché para deslizar mi mano bajo su  pijama y acariciar su cintura. Dejamos la vajilla en el fregadero con agua y nos fuimos a la cama. Sentir su cuerpo desnudo junto al mio me excitó, pero me dormí mientras acariciaba su pelo.

    A la mañana siguiente me despertó con besitos y me llevó hasta la ducha, para que espabilara. Habían sido cuatro horas y media de sueño y agradecí el agua caliente. Desayuné tostadas con tomate, ajo y aceite, dos vasos de leche con nueces y dos tazas de café negro para despejarme. Ella volvió a la cama, era temprano aún.

    El vuelo llegaba a las ocho, así que tenía que darme prisa. Paco esperaba ya a pie de cañón, le dejé al cargo. Para mi sorpresa se me acercó un policía de paisano, Muñoz-Seca se me había adelantado y decidió que era conveniente mantener una discreta vigilancia para la seguridad de Daniela. Se lo agradecería cuando le diera cuenta de mi entrevista con la abogada.

    Son cansinos los aeropuertos, me tocó esperar tres cuartos de hora desde que el avión aterrizó para poder conocer a la emisaria de Almendros. ¿O podía decir de la Hermandad? Ya nada me extrañaba, ni las teorías más inverosímiles. Si he de decir que me sorprendió el porte de Aicha Lafitte, nada más verla no pude evitar pensar en la familia de mi madre, cordobeses de Villanueva del Duque. Sobre un metro sesenta y algo de altura una larga melena negra y acaracolada enmarcaba los grandes y almendrados ojos oscuros y una nariz pequeña ligeramente respingona, boca de labios carnosos. No parecía encontrarse cómoda dentro del conjunto de falda y chaqueta de color beis, aunque he de reconocer que perfilaba unas deliciosas formas. De no saber que había nacido en Argelia, así rezaba en su pasaporte, hubiera supuesto, como he dicho, su ascendencia cordobesa, hasta un aire se daba a una prima mía.

    Habíamos convenido en que me llamaría al llegar a Madrid, pero yo había preferido observarla antes de presentarme y Muñoz-Seca se encargó de averiguar el vuelo en el que llegaba. Al volverse y comentarle algo a un individuo que venía detrás caí en la cuenta de que venía acompañada. Sobre el metro ochenta y tantos y peinando canas, fibroso de cuerpo y enfundado en un conjunto de pantalón y chaqueta azul oscuro con camisa blanca y sin corbata. También de tez morena, ojos verdosos y mirada decidida, un aire militar en sus gestos.

    Ella me reconoció al acercarme y me tendió la mano, sonriente.

    —Señor Peña, es un placer. Parece que decidió venir a recibirnos, para ser un detective su servicio de información tiene la mano larga.

    Su apretón fue firme.

    —Encantado, Aicha. Prefiero el tuteo, sino te importa —obvié su referencia a mis fuentes, no tenía por qué descubrir ninguna de mis cartas por el momento.

    —Como quieras —y volviéndose hacia el hombre que la acompañaba lo presentó.

    —Houari Bendjedid, me acompaña en el viaje —aunque no especificó nada acerca de su misión.

    Una sonrisa de dientes blancos acompañó el apretón, acaso excesivo, de su mano. Un leve gesto de su cabeza indicando reconocimiento.

    — ¿Qué tal? —parecía seguro de sí mismo, nada taimado.

    Decidí ir al grano.

    —No muy bien, tenemos un asesino suelto y activo, y no parece que vaya a dejarlo.

    —Antes de abordar nada me gustaría darme una ducha, el vuelo ha sido largo.

    En ese momento sonó su móvil. Consultó el número y contestó. La vi empalidecer conforme le hablaban desde el otro lado.

    —Luego te llamo —dijo, y colgó.

    — ¿Malas noticias? —pregunté.

    Houari también había notado su palidez y la observaba, preocupado.

    Aicha forzó una sonrisa.

    —Un caso que me ocupa al otro lado del charco, no pinta bien. Nos alojaremos en el hotel Agumar, junto a la estación de Atocha. Podemos quedar allí a media mañana, sobre las doce. ¿Te parece bien?

    —Por supuesto. ¿Queréis que os acerque?

    —No, gracias, tomaremos un taxi si no te importa.

    Nos despedimos. Pero decidí seguirlos, aunque parecía improbable no podía descartar un encuentro con el asesino. No lo hubo, aguanté el tedioso tráfico hasta el hotel. Después aparqué en el estacionamiento de la estación y me dirigí hacia El Brillante, me apetecía un bocadillo de calamares, una caña de cerveza y un aperitivo de berberechos. Llamé a Paco para cerciorarme de que todo marchaba bien y después a Melodi, tenía descuidada la oficina. Se quejó de mi ausencia, había dado largas a las citas con dos posibles clientes y se aburría, le dije que telefoneara al novio de turno para pasar el rato y me dijo que ya lo hacía. No quería alejarme del hotel, así que tras saciar mi apetito me di una vuelta por el Jardín Botánico. Lucía una mañana soleada pero fría,  disfruté paseando entre sus calles rectas bordeadas de plantas y árboles centenarios, de su tenue olor a verdes mojados y a humus, del sosiego de sus fuentes de piedra. Me gustaba lo que hacía, pero la muerte de Willy había dejado una especie de recelo contra mi trabajo, y ahora la amenaza que pesaba sobre Daniela picoteaba mi conciencia, no podría perdonarme si la ocurriera algo. La frialdad requerida para acabar con los empleados de la mensajería me prevenía contra el asesino, y ni siquiera la vigilancia de la policía me aseguraba su integridad. Me pregunté si no sería mejor enviarla lejos, de vacaciones, acaso a su tierra, Rumanía, sus empleados eran capaces de defender la tienda sin ella.

    Convencido de lo acertado de mi idea regresé hacia el hotel cuando se acercaban las doce. De lejos los vi salir, vestidos ambos con prendas más informales. Aicha parecía disfrutar del frio sol madrileño, Houari curioseaba los alrededores, a unos metros de ella. Cuando vi que aquel negro enorme se le acercaba mi instinto se puso alerta. Su paso era demasiado decidido y tenía la impresión de habérmelo cruzado en alguna parte.

    — ¡Houari! —grite.

    Al darse la vuelta también se apercibió del peligro, aunque no tuvo tiempo de reaccionar, tan solo de desviar la trayectoria fatal del cuchillo. Tuvo un leve estremecimiento al ser mordido por el frio acero, un gemido de sorpresa más que de dolor. Sus manos apretaron la herida mientras el agresor salía corriendo. Mi instinto me pedía que lo persiguiera, pero tenía idea de primeros auxilios y opté por socorrer al herido. En mi carrera vi como Aicha se percataba de lo que había sucedido y sofocaba un grito mientras acudía a sujetar a Houari.

    Pasamos las siguientes dos horas sin apenas intercambiar palabras. La ambulancia no tardó en llegar para trasladar al herido al Gregorio Marañon. Avisé a Muñoz-Seca para que se hiciera cargo y refunfuño, aunque finalmente aceptó. Después de lo ocurrido no me pereció conveniente dejarla sola, así que la llevé yo mismo hasta el hospital, se la notaba afectada. Me pregunté qué relación habría entre Houari y ella pero la dejé rumiar sus pensamientos, las únicas palabras que pronuncie en el camino fueron de ánimo tratando de consolarla. Contuvo sus sentimientos hasta que el doctor asomó para informarnos de que la herida no era grave, la reacción de Houari a mi grito le había salvado la vida, aunque estaría fuera de juego durante varios días. Convine con Muñoz-Seca en que dejará a un policía vigilando la planta y que un vigilante del hospital, conocedor del personal, le acompañara. Cuando regresé junto a Aicha estaba llorando, desahogándose. Tomé su mano y la miré a los ojos.

    — ¿No crees que es hora de que nos sinceremos el uno con el otro? El que agredió a Houari no es el asesino, de manera que no está solo. Creo que nosotros también debemos aunar nuestras fuerzas, pero antes tendrás que contarme de que va esto, necesitamos más datos sobre ese tipo para poder atraparlo.

    Su llanto se tornó silencioso y afrontó mi mirada, sin decirme nada me lo dijo todo.

    —Un policía se quedará junto a la habitación de Houari. Los vigilantes del hospital tienen la descripción del agresor y conocen al personal, no dejarán que nadie ajeno al hospital se acerque a la habitación. ¿Te parece que vayamos a mi despacho?

    Se levantó para seguirme.

 

Registro de la propiedad intelectual en safecreative

en Twitter @enderJLduran

http://www.facebook.com/JoseLuisDuran.ENDER

   

 

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  • Bueno, de momento parece que la jugada planeada por Roth ha sufrido el primer revés y ya tendrá difícil terminar la partida en las jugadas previstas. Observo que acostumbras a detallar minuciosamente lo que comen y beben logrando así la implicación sensorial del lector y no me resisto a citar otra frase en esa línea ( " pijama azul marengo, ribeteado de malva " ) y una imagen inquietante ( " picoteando la conciencia " )...Conté mal, me queda uno para mañana, pero ya tengo el soneto terminado ( " Contad si son catorce y está hecho ").
    Ah! Qué ganas tenía de cascarle las estrellas a este, yo que me considero el "fan number one" de esta saga. ¡Y la estupenda Daniela sigue viva! Que alivio...
    No decae. Excelente trabajo, espero la siguente entrega.
    Me gusta que hables en las sinopsis de como pones el pan al horno. Se tiene en vivo y en directo a un escritor de los de verdad, de los que encajan muy bien en esta cita (por qué no una mas de él en TR?) de Victor Hugo: "Un escritor hace una obra y esa obra es él". La gran obra que llevas escribiendo y modificando como el relato del Amazonas, con la disciplina de un experimentado artesano, y que podemos leer y releer gracias a los magos de esta pagina (asi haya duendes). Me quedé en suspenso persiguiendo al acuchillador. Destaco todo lo que esconde esta simple frase tuya: "Sentir su cuerpo desnudo junto al mio me excitó, pero me dormí mientras acariciaba su pelo". Un abrazo.
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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