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5 min
2.Las puertas no se abren
Suspense |
09.09.21
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Sinopsis

Héctor descubre que no se abren las puertas cuando intenta pasar

Héctor - El Corte Inglés

2 días antes

 

Empecé a notar que algo raro estaba sucediendo cuando las puertas automáticas del Corte Inglés no se abrieron a mi paso, esa mañana fui a comprar un libro, estaba a punto de terminar el que leía y me siento incómodo si no tengo otro preparado, así que lo fui alargando hasta que puede ir a comprar el siguiente, y de paso deambular un rato entre los pasillos repletos de artículos perfectamente organizados para incitar a un consumismo ante el que no sucumbo, salvo cuando me encuentro bajo de ánimo, entonces, para calmar la ansiedad compro cualquier chorrada inútil que después dejo arrinconada hasta que me canso de verla y la tiro

Una vez adquirido el libro y ya cansado de vagar por los pasillos, decidí irme, bajé por las escaleras mecánicas hasta la planta baja, pero al llegar a la puerta salida, ésta no se abrió, me quedé parado haciendo gestos con las manos para que detectara el movimiento y se abriera, pero sin resultado, al cabo de unos segundos llegó una pareja de jóvenes enamoradizos haciéndose carantoñas y la puerta se abrió, pensé que quizás fuera debido a que dos personas tienen más volumen y el detector está desajustado, sin embargo, como me resultó extraño me quedé dentro, esperé un rato y pude comprobar que siempre que llegaba alguien, aunque fuera una sola persona y aunque fuera menuda, la puerta se abría, pero cuando era yo quien intentaba pasar, la puerta permanecía cerrada como si no detectara mi presencia, hice varios intentos con el mismo resultado, entonces me dirigí al empleado que suele estar por las inmediaciones de la entrada controlando que no se cuele algún indeseable y le dije que la puerta no se abría, hizo una mueca de incredulidad lo que me exasperó, si hay algo que me exaspera es que no me crean, aún así mantuve la calma, el empleado me acompañó hasta la puerta, le dije que se mantuviera unos pasos tras de mí, me acerqué a la puerta y no se abrió

—¿Lo ve?, no se abre — lo dije con la seguridad del que está convencido que tiene razón

—La puerta está abierta caballero

—Está cerrada, ¿no la ve?

—Lo que veo es que está abierta, verá como puedo pasar — entonces se acercó y la puerta se abrió y salió — ¿lo ve?

—Es que se ha abierto cuando ha intentado pasar usted

—Mire caballero, la puerta está abierta ahora y estaba abierta antes, si se está quedando conmigo aviso a seguridad para que lo acompañen a la calle

Y así lo hizo, debió pulsar algún botón de algún interfono que llevara oculto, lo cierto es que al cabo de unos segundos aparecieron dos gorilas con cara de haber comido limones, el empleado les dio una breve explicación y los de seguridad, sin mediar palabra, se colocaron uno a cada lado y  me sacaron en volandas, si hay algo que me cabree es que me saquen en volandas, pero aún así no perdí la compostura

—Les agradezco su cortesía caballeros, pero si la puerta hubiera estado abierta podría haber salido yo mismo sin su inestimable ayuda

—Claro... claro... — dijo el que parecía llevar la voz cantante dándome la razón

Si hay algo que me saca de mis casillas es que me den la razón para que me calle, pero resulta que el gen de callarse no está en mi código genético, así que, pase lo que pase, si tengo que decir algo lo digo, y esta vez tenía que decirles que tenían cara de pánfilos y que si las porritas las usaban para satisfacerse mutuamente, vi en sus caras como se apoderaba de ellos la ira, se echaron manos a las porras con el fin de sacudirme, pero levanté el dedo índice y señalé las cámaras, “nos están grabando caballeros, ¿queréis ir a la puta calle por zurrar a un pacífico cliente?”, eso les hizo recapacitar y se contuvieron

Salí y ellos se quedaron aguardando al otro lado de la puerta, hice el intento de volver a entrar y ellos el de no dejarme pasar, así que les dediqué una peineta con la mejor de mis sonrisas y me fui

 

Había caminado unos pasos cuando un hombre que estaba sentado en un banco justo enfrente de la puerta, leyendo un periódico, me dijo

—Oiga… lo he visto todo, tiene usted razón, la puerta estaba cerrada, se abrió cuando el empleado se acercó para pasar

—¿Entonces por qué se empeñan en decir que no?

—Porque ellos hay cosas que no ven, créame, actúan de buena fe pero hay cosas que no ven

El hombre agachó la cabeza y continuó leyendo  colocándose el periódico delante de la cara sin darme opción a preguntarle qué quería decir con eso de que hay cosas que no ven, continué caminando y unos metros más allá me giré, el hombre seguía ensimismado en la lectura pero levantó la cabeza intuyendo que yo lo miraba e hizo un gesto de aprobación el cual repetí, me di la vuelta y seguí caminando con la intención de volver al día siguiente esperando que la puerta estuviera reparada y echarle en cara al empleado que si se creía muy gracioso por haberse mofado

 
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