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25 min
2 – LA NOCHE OSCURA.
Terror |
13.08.19
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Sinopsis

Otra noche ha pasado, el amanecer llega como siempre, mi vida es así, los médicos cuando era pequeño, decían que cenaba mucho, que era un glotón, y me hicieron pasar hambre, pero las pesadillas continuaban, no saben nada de la mente y aunque parezca extraño, tengo cierto interés en saber que ocurrirá en mi muerte ¿saldré de dudas?

~~05:55:59 - Momentos previos al amanecer de un nuevo día.


Salgo de la tumba entumecido, asqueado del olor que desprendo, así como del sudor desborda mi cuerpo, y del futuro.


Abro los ojos, estoy en mi cama, el amanecer empieza, un nuevo día, deprisa me ducho, restriego mi piel con fuerza con la zona áspera de la esponja, escucho su risa, mi otro yo, dice que todo está en mi mente, que mi cuerpo no viaja, que no huelo mal a pesar de haber pisado asquerosas lombrices, y me llega la náusea, de la boca sale bilis transparente.
Me seco sentado en banco de madera, huelo mi piel, mi otro yo lleva razón, huele al gel de baño, tiemblo de pensar en la próxima noche.


Soy un ser nacido en invierno, durante una tormenta que parecía no tener fin. Y seguramente sea la causa de preferir el invierno, en verano estoy debilitado y este es uno más.
La noche, mejor dicho, la penumbra a plena luz de la mañana me sirve. Sobre todo en esos bosques del noroeste, donde no puedes pasar entre dos árboles. Y su penumbra es sorprendente, parecen que te cubren con la sombra de su capa.


Mirando el entorno dudo, no estoy en casa, y las toallas me sitúan, estoy en un hotel de dos estrellas, en la zona noroeste, en la costa atlántica. Mi memoria me muestra el orden día, el trabajo, ese proyecto que sale a concurso-subasta, de instalaciones eléctricas y automatismos de un supermercado, nos asesora INGERCO, un estudio de arquitectura, ya que el proyecto lleva decoración ultra futurista.


Aquella primera noche, como casi todas, salí a la calle, cené de mala forma en un bar, cuesta mucho tiempo encontrar un lugar adecuado y luego en una cafetería me tomé un café, pensaba aprovechar el viaje, era de trabajo pero las noches eran mías.
La cafetería era de un hotel, no me había dado cuenta, y tenía la iluminación adecuada, no tenías que recurrir a las gafas del sol.


Al fondo, ella sola detrás de la barra, piel blanca de color extraño, pensé en las mujeres del desierto piel sucia pensé, unos treinta y poco calculé mientras se acercaba a mi posición en la barra, ángulo recto, el local era rectangular.


- Buenas noches – Dije a la vez que mis retinas fotografiaban su geografía.
Calculé cerca de los cuarenta, pero que mantenía ese aire de mujer joven. Alta, su escote permitía opinión sobre sus encantos, así como la blusa corta que mostraba el inicio de su vientre, pantalones ajustados, la tela de verano perfilaba su ropa interior.
- Buenas noches – Dijo enarcando las cejas. Respondí a su gesto, deduje que había captado mi repasito.
- Café con leche, por favor.


Se dio la vuelta alejándose hacia la cafetera, no tardó, volvió con todo, plato, taza, cucharita, azúcar y en la otra mano una pequeña vaca. Sabía lo que hacía, me miraba cuando empezó a echar leche, iba de mi rostro a la lechera, no dije nada, solo hice gesto con la mano.
Como estaba cerca de la puerta, puse un billete de 5€ junto a la taza, ella mira el billete y nos miramos.


- ¿No tiene 20 céntimos?
- No.
Se aleja andando despacio, éramos nueve los clientes. Vuelve con el cambio y lo deja en la barra, no llevaba plato, cosa que me sorprendió. Y monedas de las que ella no disponía, como me dio la pista, lo aproveche para terminar mi examen final, me gusta mirarlas y observar sus reacciones, la experiencia me ha demostrado que no hay dos mujeres iguales, incluso en las feas, tengo otro archivo, las horribles.


Con cierto gesto de fastidio, deja las monedas en la barra, cerca de la taza, y se aleja, entraba una pareja ancianos, debía conocerlos ya que hablaron un buen rato, yo había retirado 2 €, el café costaba 2,15, los precios en la costa son caros y el café era pasable.


Terminé el café y la hice un gesto, se acerca despacio, yo la miraba con dudas, y fue cuando observé su rostro, mirada calculadora, señalé la propina y los dos euros los eché en la máquina tragaperras, evidentemente perdí el dinero, ella seguía junto a la taza vacía y la propina.


Dijo, gracias lejanas, ya que la miré y me despedí, salí a la calle y por el rabillo del ojo izquierdo, pude comprobar que me siguió con la mirada. Era una mujer de rostro alargado y fea, además una parte del rostro parecía más grande que el otro, no sé, quizá la poca iluminación.


Lejos el faro, me hizo un guiño, ¿una señal?, no sé pero me recordó las fotografías nocturnas, me gustan las calles desiertas, sus luces y sus sombras, arcos, pasadizos, todo sin excepción.


Cada fotografía tiene su ubicación, ya que en el bolsillo llevo un plano para turistas de la ciudad, y previamente he marcado la zona a fotografiar, en el plano situó un número de orden, que luego en el ordenador coloco el de la foto.


Me aisló, me olvido del mundo, he entrado en mi universo, he fraccionado la noche, dormiré lo justo y apuesto que tipo de pesadilla tendré, afortunadamente mi otro yo, el maligno me despierta, me habla y una madrugada que me despertó hablándome abrí los ojos, mi mente le seguía escuchando, y todo eran verdades, nada exagerado, debí anotarlo, pero no lo hice, estaba asustado, el subconsciente tiene su problemática, y esa voz parecía ser la mía, me dije que podía ser el principio de la paranoia.


Tiene que ver con esto, ya que la fotografía me lleva a mi universo, ese que edificamos y donde vivimos, pero solos, nadie tiene cabida en él, y revisando la fotografía de las vías de un tranvía desaparecido, la foto era un contraste con el asfaltado y los carriles recién pintados, el pasado y el presente de las calles, sentí que no estaba solo, dispongo de cierto poder sensitivo, este poder me ha salvado de dos atracos, en el fondo son cobardes, el último fue en una calle oscurecida por las ramas llenas de hojas de los árboles, al atracador le sacaba la cabeza, y cuando extendió su mano para que le diera la cartera y la mochila, miré su otra mano, una navaja que ocultaba con la cuchilla dentro de su manga.


Yo me fui quitando la mochila y su rostro se relajó, supuso que no había problemas, pero su gesto cambió cuando vio que me la ponía al revés, protegía mi estómago, que es donde pinchan y mis palabras le hicieron abrir la boca, le dije empleando un tono tranquilo.
- Quítamela, no tengo nada que perder.
El tipo echó la cabeza hacia atrás, dudaba. Yo di un paso al frente, las palabras hay que acompañarlas moviendo ficha, el retrocedió despacio. Y sin tirar el dado hablé de nuevo.
- Cuando vengas a pincharme, yo te sacaré los ojos.
De nuevo duda, son cobardes, muy cobardes, y lo que el ignoraba es que no mentía, la muerte nos encuentra en los lugares más insospechados, pero yo soy un superviviente de ocho ocasiones de morir y sin embargo, esquivé a la muerte.


De la mochila cuelga una botella medio litro de agua, solté el alojamiento de la botella, conserva el frío. Quité el tapón tirándoselo a sus pies y le dije.
- Tú te aproximas a pincharme, yo te dejo y cuando entres en mi radio de acción, me defiendo, el borde afilado del plástico del cuello de la botella buscará tu ojo izquierdo, al estar llena de agua, tienes que añadir al impulso de la mano el peso del agua, un kilo más o menos.


Tu atención estará en donde meter el cuchillo. Momento que aprovecho, piensa en el empuje del golpe y el peso del agua, el cuello de la botella entrará en tu ojo, le perderás y cuando rabies de dolor, te sacaré el otro, nunca más robarás a nadie.


Titubeó, aproveché esa ventaja, le dije que me habían robado la cartera tres veces, en una discoteca, en al autobús y en el coche, en la playa. El tipo retrocedió un par de pasos, se dio la vuelta y se alejó andando deprisa. Le había fichado, estábamos en mi barrio.
Mi visión periférica me permitió ver quien se acercaba. Sorpresa, la mujer de la cafetería. Procuré que entrara en el campo de la foto, es una forma de mirar sin que llames la atención, aparecía en el lado derecho y desaparecía, decidí que ella diera el paso, de esa forma no me equivocaría.


- ¿Es profesional? – Preguntó alejada unos metros.
- No, aficionado – Respondí mirándola.
- ¿No teme que se la quiten?
- No, el destino está escrito, hagamos lo que hagamos y como sé que le escribimos nosotros mismos, lo que hago es enfrentarme a ellos. La ciudad es tranquila.
Era verdad, incluso el tráfico, pero yo pescaba. El que fuera fea no la eximía de nada, casi todas mis amigas son feas, un amigo me dijo que carecía de gusto femenino.
- ¿Vacaciones? – Tono normal.
- No, trabajo, me llevará un par días más, supongo. Hay veces que se alarga, pocas veces se acorta.
- ¿Conoce la ciudad? – Tono diferente pero no supe evaluar. Iba a mentir, era la segunda vez, pero no lo hice.
- Poco, estuve un solo día, trabajo urgente.
- ¿Mañana madruga? – Mismo tono que el anterior.
- No mucho, a las ocho me levantaré.
- Entonces…., ¿la noche…., es joven? – Tono suave, sus palabras parecían patinar, y esos espacios en blanco les traduje en una muda invitación.
Pensé en dos cosas, me ha ocurrido más veces. No eres de allí, y eso da cierta impunidad a ambos.
- Lleva razón, y encontrar un guía adecuado es difícil, y más a estas horas – Procuré cierto tono lastimero y el mensaje encubierto. Una guía.


Se acercó despacio, nos miramos de cerca. Evaluaba el nivel de peligrosidad.


- ¿Me enseña sus manos? – Tono cauteloso.
Extiendo mi mano derecha, ella la toma por los dedos y pasa sus dedos por las articulaciones, estaba claro, si pegaba. Pero no me di por aludido. Tía fea respondí, me vengué en silencio. Cambié de mano la máquina y volvió a repetir el examen. Sin soltar mi mano respondió.
- Seré tu guía a cambio de un favor especial – Dijo en otro tono más distendido. De colegas como dicen.
- Tú dirás.
- Mi compañera pasará por donde estamos – miró la pantalla del móvil – en quince minutos más o menos, debes procurar que piense que somos pareja.


Si quiso sorprenderme lo había conseguido. Claro que desconozco su vida amorosa, y no sé si he llevado más de un varapalo, y esta estrategia es inofensiva, como dije, las feas no es un problema para mí, yo soy del montón, eso dicen mis amigas, malas amigas.


- Ensayemos – Dije en su oído.
- ¿Qué ensayamos? – Tono inquieto.
- Verás, tenemos los rostros cerca, suponte que ha salido un poco antes, puede vernos de lejos, sin saber que puedas ser tú, mejor empezar aunque sea pronto.
- ¿Qué sugieres? – Esta vez cautela en su tono.
- Quítate el pañuelo del cuello y métele en el bolsillo de mi chaqueta, pero que cuelgue, de esa forma llamará su atención. Yo pasaré mi brazo por tu cintura y nos miraremos de cerca, como los que se han besado al encontrarse y hablan de planes para la noche – Dejé resbalar la palabra noche.


No se apartó, estábamos muy cerca, tragó saliva un par de veces.


- ¿Se lo creerá? – Tono suave, muy suave.


Mi experiencia me dijo que le parecía muy bien, la postura que manteníamos era correcta, los pocos transeúntes que pasaban no nos miraron, era algo normal en una pareja. Y lejos vi a tres deportistas y detrás una mujer, podía ser.


- ¿Algo que la identifique? – Pregunté sin dejar de mirarla.
- Siempre con el móvil, es capaz de andar y escribir mensajes, y habla mucho con él.
- Puede ser, ya que anda deprisa.
- ¡Es ella! – Dijo mirando el móvil, la hora.


Y nada mejor que tomar el mando, metí mi boca en la suya, al principio titubeó, pero el abrazo fue lo que la convenció y abriendo los ojos colaboró.  Y una mano tocó su hombro, nos separamos mirándola, ella con gesto de sorpresa, yo impasible, me hizo repasito general deprisa.


- ¿Me guardas secretos? – Dijo con media sonrisa.
- No comprendo – Dijo un poco acalorada.
- ¡Tía!, parece que es el primer beso que te dan, en mucho tiempo, estás colorada – Dijo la compañera tirando a dar – Intervine en la jugada.
- No sabes el tiempo que llevábamos sin vernos, y tus palabras confirman que me guarda fidelidad, por tanto la recompensaré como se merece.


Me mira sorprendida, bueno, sorprendidas hablaré con propiedad. Gira la cabeza mirando a

su compañera, y luego me mira.
- No me lo creo, está ruborizada como una colegiala, esto no es lo que parece.
- Te he visto en la cafetería, veo gato encerrado.
Tiré a matar, era una listilla.
- ¿Nuestro trato fue normal entre clientes? – Mi tono fue increpado.
Guardó silencio unos instantes, de nuevo nos miró, a ella y luego a mí.
- ¡Bueno!, pensando un poco tu llegada y marcha, ella se quedó mirando cómo te marchabas, y recuerdo que me dijo, que tú eras un cliente como es debido, el café con propina adecuada y que en la tragaperras dejas el resto del dinero que sobraba.


Su tono se relajó, yo la apreté más y ella pasó el brazo por mis hombros, incluso apoyó su cabeza en mi pecho, la otra nos miró confundida.


- Hacéis buena pareja ¡Y tu cretina! ¿Cómo no me has contado esto?, comprendo tu forma de tratar a los clientes masculinos, te guardabas para él.
Ella se apretó más, detalle que vio su compañera.
- Bueno, os dejo, supongo que tendréis ganas de estar solos, y a ti no te sobra el tiempo ¿Cuándo te vas?
La tía se metía en todo.
- Depende del trabajo, supongo que podremos ponernos al día de forma temporal, nunca se sabe, viajo mucho. Ha habido escapadas que tú no has descubierto, me gusta por qué es una mujer mística, cosa que tú eres el extremo opuesto.
- ¡Joder tía!, sí que te conoce, retiro lo dicho. Ya hablaremos para que cuentes donde le encontraste.
Y se alejó corriendo cruzando la calle, el semáforo se había cambiado.
- No te sueltes y otro beso, nos mirará, pero no con la intención del primer flash, no, envidia cochina.


Esta vez la iniciativa fue de ella, su lengua entró en mi boca, gimió apretando su cuerpo contra el mío, abrió los ojos mirando por encima mi hombro.
Deduje que miraba su compañera, ya que no salió de mi boca, y sutilmente susurraba, como si fuera un quejido lejano, y despacio, muy despacio rompimos el abrazo, nos separamos con la respiración alterada, mirándonos, nos habíamos olvidado de la indiscreta de su compañera.


- ¿Y ahora qué? – Dijo empleando un tono sigiloso.
- No me gusta la mentira ni las mentirosas, debemos seguir si no tienes…. – puso sus dedos en mis labios.
- ¿Seguir, qué? – Mismo tono sigiloso.
- Lo que hemos empezado. Lo mires como lo mires, el café es el principio, tu fea costumbre de pedir céntimos ha sido la causa y yo me he dejado los cinco euros por ti, por tanto, en aquellos instantes ambos dos pusimos en marcha este encuentro ¿Es así?

- Ayer, fue la primera vez que entré en la cafetería, llevabas un sujetador negro de red, que permitía que la mirada evaluara el tamaño. Y además permitías que viéramos el comienzo del vello púbico. Y tu andar desde el fondo de la barra era diferente al venir que al marcharte, eso despertó la atención del pene.


Apretó los labios, pero sus ojos sonreían, finas arrugas aparecieron en las comisuras de los ojos, se abrieron como las finas maderas de un abanico. Seguí.


- Y al alejarte hacia la caja, la fina tela de tu pantalón, permitía estimar el tipo de bragas que llevas. Sin embargo cuando volvías de frente, la cremallera evitaba que estimaras el borde del monte de venus, donde nuestros cuerpos se tocan, en las embestidas producidas, por la penetración en la vagina.


Movió la cabeza afirmando, sonrió levemente.
De nuevo apoyó la cabeza en mi pecho, la dejé pensar, todo había sido más rápido de lo que debió de pensar, por eso puse la pelota en su tejado, ella tenía que decidir. Pero su silencio se prolongaba demasiado, como en los juegos, le ofrecí ayuda.


- Vamos a tu casa, si es que podemos, me refiero que vivas con tu madre o amigas. Y durante el trayecto decides.


Guardé la cámara y cogí su mano, ese gesto hizo que mirara nuestras manos, ella tiró levemente, cruzamos la calle y empezamos a subir una pequeña rampa. Giramos hacia el centro entrando en una calle larga y estrecha, con edificios de diferentes alturas y a la sombra de una acacia nos detuvimos, en silencio me miró largamente.


- ¿Qué harías tú en mi piel?
- ¿Te interesa mucho, saber lo que haría dentro de tu piel?
- ¡Si! ¡Termino de decírtelo! – Su tono fue sosegado.
- Para eso, debemos subir, tu permitirme que entre en tu cuerpo con una parte del mío, y una vez dentro, responderé a tu pregunta.


Se pasó la lengua por los labios, debía tener la boca seca. Me miraba fijamente, quizá buscando algo en ella, pero mantuve la posición, estábamos en un punto de reflexión muy importante para ella, era un desconocido.


- Suponte.., suponte que permito que introduzcas una parte de tu cuerpo en el mío. Suponte que permito dejar en libertad a nuestras naturalezas y suponte que nos hemos despertado al día siguiente ¿Qué hay después?, para mí esto es sexo normalito, sin sentimientos, si nada, sin base.


No dije nada, le di unos minutos, estaba nerviosa.


- Hay más caminos. Suponte que nuestros cuerpos no hacen nada de lo has dicho, suponte que no dejamos que la naturaleza decida, y suponte que dejamos al destino nos guíe, pero guiar no es obedecer.


- No es fácil.
- Sí que lo es, ¿has mentido en tus besos?
Me empujó levemente, apenas nada, me miró a los ojos.
- Mis besos fueron afectivos, formales. Debes saber, me estás cambiando, mi cuerpo te ha aceptado y eso está fuera de mi control, pero tengo miedo de seguir adelante, ya que te marcharás, me dejarás atrás ¿Y después?
- No estás en poder de la realidad, pareces una quinceañera. Primero y principal, no somos unos jovencitos, soy una persona que no ha sabido elegir, todas me dañaron de una forma o de otra, conocí a una espabilada, esta pinchó en hueso, descubrió que yo amo a las cosas no a las personas, por ejemplo mi coche, le cuido como no puedes figurarte, mis cosas, todo lo que he construido en mi universo, pero en el no hay mujer alguna, todas fueron falsas.
- Me dejas de piedra ¿Y me lo cuentas? – Tono casi inaudible.
- Sí, yo no soy capaz de mantener un perfil que no es el mío, soy como soy y no puedo cambiarlo. Te ofrezco un juego, me llevas a tu casa, has contratado a un fotógrafo, apenas tienes fotos y has decido que te haga un reportaje en la noche, y escogeremos la ropa, el entorno, las luces, todo y cuando termine, te dejo la memoria de la cámara y en tu ordenador, cortas y pegas, ninguna foto quedará en la memoria…. – No dije nada más, su mente tenía trabajo.


Su mano cogió la corbata, tiró de ella para que la mirara.


- Supongo que….. – Me anticipé.
- Si tú quieres.
- ¿Cómo sabes lo que te iba a preguntar?
- Tienes una bonita figura, un buen par de pechos y un vientre liso, aunque tus muslos sean un poco grandes, lo son por qué andas mucho y estás mucho tiempo de pie, supongo, al margen de la alimentación, pero bueno, tú decides, tu mandas y yo obedezco.
- Suponte que acepto…, y tus condiciones cambian..
- No sigas, no tienes ni que hablar nada, me señalas la puerta, entenderé y me marcharé.
- Estoy muy nerviosa, me tientas, eres el diablo que esta noche ha salido de caza.
- Falta una cosa, mi precio.
- ¿Me cobrarás por las fotos? – Dijo enarcando las cejas.
- No exactamente, cobro lo que te daré. Pero no sé qué será hasta que no termine, no temas, es material.
- Ponme un ejemplo.
- Qué dejes en mi cuerpo tu señal.
Tiró de la corbata acercando su rostro al mío.
- Dime el que tú me harías a mí – Tono pensativa.
- Me llevaré el trigo que crece en tu monte de venus, después quedará como una llanura yerma, pues ya no crecerá igual. Cuando vuelva a casa, con fino hilo haré un atadillo y lo guardaré una funda hermética.
- ¿Trofeo de caza?
- No, tu presencia no se pierde en mi vida.
- Eres tranquilo por lo que observo.
- Sí, me lleva tiempo, mucho tiempo, llegar al final de lo que empecemos.
- ¿Qué es para ti el final?
- Te mostraré una fotografía. Cuando llegue el final, tú yacerás surcando un espacio desconocido, tu mente habrá cambiado, ya que habrás experimentado sensaciones que ignoras que tu cuerpo te puede proporcionar, y cuando despiertes, ya no serás la misma.
Y en estos instantes tu cuerpo ya reacciona, pues siento tus pezones endurecidos, aseguro que cuando les roce por debajo, la lengua les humedecerá y te llegará una especie de estímulos desconocidos, aunque antes probaré, ya que no todos los pezones reaccionan de la misma forma.
Era cierto, tembló ligeramente debido a mis palabras.
- Tú sabes, pero yo no sé de hombres. Sé que os gusta que os chupen el pene, pero nada más.
- ¿Eso es lo que me ofreces?
Se encogió de hombros mirándome.
- Tío, estoy envejeciendo deprisa, tienes un nivel en el sexo que ignoraba que existiera. Si voy a dar ese paso, entregándome a ti, no seas exigente, piensa que soy una mujer de pueblo, tranquila y me estás poniendo nerviosa con tu sabiduría del cuerpo femenino.

Estoy atrapada en mí mismo ¿Sabes cómo arrancar el deseo de sexo, al empujón, como se hacía antes en los coches viejos, cuando por la mañana no arrancaba el motor, tenías que aparcar la noche anterior en una cuesta. Al día siguiente le ponías la tercera velocidad y soltabas los frenos, ponías segunda cuando te dabas cuenta que no iba a arrancar en tercera, yo precisa la segunda velocidad.


No dije nada, llevaba razón, no debí dar detalles. Pensé en la descripción de la relación entre desconocidos. Soltó lo primero que se le ocurrió.


- ¿A parte de que te la chupe? ¿Qué más tengo que hacer? – Tono nervioso en sus palabras.
- Olvídate de todo, para mí el comienzo es el abrazo ¿sabes abrazar?
Me miró confusa.
- La pregunta es sencilla. Piensa que me rodeas con tus brazos, mi rostro entre tus pechos y el fondo de ese abrazo es lo que desprendas Yo sabré sentirlo y siempre busco un puerto seguro donde descansar mi mente, y la mujer es el mejor puerto que existe.
Su rostro se relajó.
- ¿No entras a saco?, lo cierto es que el último me tiró encima de la cama y entró en frío, se corrió en un minuto y se marchó diciéndome que le llamara cuando quisiera más. Era un tipo de gimnasio, adoraba su cuerpo.
- No, yo me tomo todo con tranquilidad, si te sirve, yo paladeo a la mujer que tenga en mis brazos, siempre busco que ella quede en mi interior, despacio, tranquilo y sosegado, el tiempo no existe y cuando abras los ojos verás que hay cambios.
Se humedeció los labios, miró al suelo y luego a mí.
- De acuerdo, guíame, seré sumisa.
- Nada de eso, cada paso que demos, mira en tu interior, reacciona, no eres una muñeca, dispones de cerebro por tanto puedes interactuar, el sexo es cosa de dos.
- Dime algo que me gustaría sentir, lo digo por las reacciones de tus amigas.
- A la mayoría, les gusta que les excite la vulva con la lengua, dicen sonrientes que es una forma de dominio femenino, aunque yo opino lo contrario, ya que las llevo a un nivel de excitación desconocido, ya que las hago que aguanten, dicen que no pueden más, sin embargo si lo soportan, llega un momento que el placer que siente cambia, yo aseguro que suben de nivel.

Y esa prolongación es más lenta, ya que hay que observar su rostro, su boca, su piel, y sobre todo el movimiento de su cuerpo, él te dice que si la llevas por el buen camino y hay uno que me encanta, separa más los muslos y empuja con suavidad, reclama más y hay veces que cogen mi cabeza y la atraen con fuerza contra la vulva, la restriegan despacio.
Había abierto la boca, de nuevo se humedeció los labios.


- ¿Sabes que me has producido? – Tono inaudible.
- Si, te has mojado.
En silencio sintió con la cabeza.
- Es el mejor momento de empezar, entremos en tu casa y escribe tu propio destino.


Entramos en el portal, el ascensor tenía las puertas abiertas, las luces se fueron enciendo a nuestro paso, y en el ascensor, impedí que pulsara el botón del piso, y ante su sorpresa, procedí a quitarle las bragas, fue hacer un gesto de impedirlo, pero lo permitió, yo solo me detuve, después pasé mis dedos entre los labios de la vulva, su húmedas hicieron que mis dedos resbalara, ella apoyó su cabeza en mi pecho, separó ligeramente las piernas, llegué al clítoris y mis dedos fueron unas tijeras en él, ella soltó aire despacio y me miró.


La miré, sus labios aplastaron los míos, cerró los parpados y furtivas lágrimas brillaron debido a la iluminación del ascensor.  Su lengua entró en mi boca y se llevó toda mi saliva, me abrazó con fuerza, y salió de mi boca, jadeaba con suavidad, mis dedos solo le apresaban, el estímulo era muy lejano, quizás desconocido.


- ¿Por qué? – Susurró mirándome de cerca.
- Es una forma de entre-acto. Lo primero que busco en una mujer, es lo mejor que tiene, la sensibilidad.
- ¿Y con esto lo encuentras? – Su voz había cambiado.
- Algo me dice, por eso le llamo entre-acto.
- Tus dedos me producen cierto temor, aunque no es la palabra adecuada, sé que ya has entrado en mí y no por la vagina y eso me asusta, me atraes fuera de mi control y lo que me asusta es que deseo que sigas, que quiero más, sabes que tengo el clítoris endurecido, como tu pene, que le siento.


No dije nada, mejor que paladeara sus sensaciones. Le desabroché la blusa, el sujetador colgó del bolsillo de la chaqueta, sus pezones me sonrieron.


- ¿Por qué aquí? – Fue un susurro, parecía asustada.
- Quítate en vestido.
Apartó las hombreras y dejó que resbalara por sus costados, le recogí de sus pies. Estaba desnuda.
- Ahora vamos a tu casa. Es mi deseo que entraras desnuda, y más adelante, cuando pasen los días lo entenderás.
Entramos, fue a encender la luz y se lo impedí, de nuevo sorpresa en su rostro. Cerré la puerta procurando no hacer ruido.
- Enciende una vela y déjala en el suelo al fondo del pasillo, luego te acercas.


Abrió la boca para decir algo, pero lo impedí.


- Es la primera fotografía.

 

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    Aquí no se pueden ilustrar los relatos con fotografías y he pensado hacer una prueba. Utilizar la foto del perfil, es suficiente, suelo apañarme con lo que tengo.

    Su sombra era proyectada por la cimbreante llama de la vela, perfumada por lejanas flores. La alargada figura movía las caderas de forma insinuante, avanzaba desnuda y de su mano colgaba un largo fular blanco, y sus pasos estaban pensados, como si anduviera por una imaginaria línea recta, sonreí al descubrir a la mujer del desierto, sus ancestros renacían en ella.

    Los domingos por la mañana, rastreo el rastro, busco fotos y sobre todo agendas, libros y busco, siempre encuentro. Uno de ellos llamó mi atención y rebusqué en ese montón, no había más con la misma letra, pregunté si había más de ese piso, dentro, me dijo el hombre de sucio aspecto. Dentro, un montón de libros apilados entre dos paredes, y tuve suerte, además le coloqué los libros, el tipo mostró perplejidad ante el aspecto cambiado, pero ojo, no soy tonto, le pedí rebaja por el orden, y lo hizo, le dije que volvería y volví. Esto que escribo, tiene partes de la vida de una mujer. Como ejemplo el segundo es de una HEMBRA, el tercero es….

    Hoy he aprendido, que los comentarios tienen cierta capacidad y mi comentario no cabe en su medida.

    Soy un ser mecánico, construido con residuos de metal informático, mezclado con esa pelusa que se adentra, en los lugares más recónditos de nuestro ordenador, portátil o móvil, de ese fino polvo no se escapa lugar alguno, de todo lo que construye el humano.

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