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13 min
21, La Mano de Dios
Drama |
28.02.21
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Sinopsis

Un asesino psicópata cree que ha sido elegido por Dios para limpiar al Mundo de los peores criminales.

El Justiciero 21  

El genio del muchacho tenía algo de misterioso y místico, como si fuera un Ying Yang hecho carne del que se desprendían violentas pinceladas, duales, de piedad y maldad, pasión y desequilibrio, emociones primarias tan contrarias pero a la vez tan inseparables de su naturaleza, que no se me ocurre otro símil más justo que la aventura que viví bajo un colérico temporal, frente a las playas gaditanas, cuando un mes de agosto regresaba del mar de Alborán y donde tuve que luchar a dos tiempos contra los vientos sostenidos del Levante y el furioso Poniente.

Pero quizá la analogía está mal empleada.

-No sólo es eso, sino que, desde un punto de vista estético, se lee como si fuera una reverenda estupidez -me corrigió el joven-. No se puede amar cuando no se odia.

Lo observé con atención. “Qué guay”, me dije; no parecía del tipo de persona que pudiera dañar a alguien; más bien era guapo, esbelto y, salvo por sus exabruptos ocasionales y el tipo de faena al que se dedicaba cuando lo encontraron, que no lo demeritaba en lo absoluto pero que lo hacía ver como un fenómeno, el joven pasaba con perfecta lucidez no solo como un hombre normal sino que excepcionalmente simpático.

-La construcción del Universo es muy sencilla y no pasa de ser más que la adición y el producto simple de una unidad sobre otra, o lo que es lo mismo, es una curva infinita de suma y resta, de orden y estropicio -siguió-. Como es arriba es abajo.

Me dediqué a escucharlo. Me costaba creer que aquel joven tuviera una profundidad metafísica envidiable.

-El número 21 es la llave de la Puerta que nos conduce al conocimiento del amor a Dios -prosiguió con la fuerza y mirada de un fanático, en uno de sus desvaríos ocasionales-. Si usted logra ver más allá de lo evidente, entonces verá que personas como yo no somos más que agentes de cambio del Destino.

-¿Eso qué quiere decir? -le pregunté mientras guardaba y nombraba el archivo de grabación en el teléfono celular que sostenía en mi mano, con tacto, para no incomodarlo, y dejar que la entrevista fluyera.

-Quiere decir que, en parte, y tal vez sea la menos glamurosa de todas las partes, he sido comisionado para hacer cumplir las órdenes que Dios nos ha asignado como Destino, tanto del mío, el de los otros y, dígamos que, sin que usted lo sepa, del suyo mismo -dijo categórico, acercándoseme con sutileza y una rapidez que no me la esperaba, dándome un gran susto.

Tomé agua del vaso. Me repuse. Volví a pulsar el botón de grabación.

-Mi posición en este Universo viene a ser como el de una fina herramienta de control que lucha por debelar las acciones catastróficas abarrajadas por la entropía que lo hacen morir. En palabras simples, soy el Justiciero, el Apagafuegos, el Gran Regulador -ahondó-. Sin mí, el desequilibrio constante que a cada segundo lo destroza todo, sería capaz de destruir, por puro placer, no sólo la vida de unos cuantos sujetos sino que de familias enteras, sociedades, conglomerados nacionales y hasta la vida de muchas especies terrestres que conocemos hoy.

Me reí ante aquellas palabras, por lo irónico y exagerado de la situación, principalmente salidas de la boca de un guardia de seguridad.

-¿Gracioso, no? -me inquirió con sus ojos fijos en mi boca.

-¿No le parece exagerado lo que acaba de decir? -le pregunté, baja la cabeza y desviando su atención hacia mis apuntes-. Dígame, ¿en qué podría afectarle, digamos a un elefante en África, un crimen ejecutado por usted en un continente separado por miles de kilómetros?

-No, no me parece exagerado -dijo convencido-: Me parece, por el contrario, preciso, asombroso y revelador.

Un nudo se me hizo en la garganta. Pero mi naturaleza periodística tenía que desnudarlo. Tampoco él podía monopolizar las entrevistas con sus hipérboles sin sentido.

-Si usted tuviera un poquito más de alcance mental y hubiera estudiado mi primer ajusticiamiento, entonces, como aquel niño tonto que se mece fácilmente desde su columpio en un campo de juegos y descubre que con un pie es capaz de mover el Mundo, usted pronto caería en la cuenta y sabría que los cálculos de Dios son perfectos.

-¿Me está hablando del asesinato del asesor político del concejal Casado de la municipalidad de Boabadil?

-Vea mis ojos. ¿Por qué cree que los incendios se detuvieron en Brasil?

-En realidad no lo sé. Pero lo que usted me dice no tiene sentido. Paolo Patiño era portugués, un político exiliado. No tenía propiedades en Brasil. Cuando usted lo asesinó había estafado a todos en el pueblo; era un mal hombre, es cierto, cruel y sin escrúpulos, pero de ahí a que usted lo haya asesinado para aplacar los incendios en el Amazonas es un disparate y una forma de proyección sicológica para descargar la culpa.

El joven rió con sorna. “Ingenuo”, parecía decirme. Y luego solo dijo:

-Busque y encontrará.

Muchas veces tuve que ponerle un alto a sus desvarios.

-¿Cómo fue que lo atraparon? -le pregunté, cambiando de tema.

-No me atraparon -dijo, natural, sin incomodarse en lo más mínimo-. Me entregué.

-No fue así -le rebatí.

-¿Acaso no lo entiende después de tantas entrevistas y transcripciones? -respondió-. ¿Acaso no lo entiende?

-¿Entender qué? -lo presioné.

-Se lo diré como se lo dice a aquel niño pequeño: la sincronización, joder.

-¿Sincronización? Está usted inaguantable.

-Escuche y aprenda: Me entregué para cumplir mi misión el día 21 a las 21 horas y 21 minutos del año 2021 en el Siglo 21. Eso es todo.

Dicho esto, aquel joven caucásico de tez morena y ojos intensos, se levantó de la silla, pidió la presencia de un guardia de prisión y dio por terminadas las sesiones de entrevista.

Justo cuando la puerta se cerraba, me dijo en susurros:

“Así quiero que me conozcan, como el Justiciero 21, la Mano de Dios.

“Ese es mi legado”.

En el fondo, a pesar de sus atrocidades, sentía simpatías por él. Mi siquiatra me diagnosticó el “Sindrome de Estocolmo”, por lo que tuve que ser fuerte para llegar a los niveles de objetividad e imparcialidad apropiados. Una vez superado esto, procedí conforme y, en las semanas siguientes, publiqué el reportaje, por entregas semanales, siempre como titular de primera plana. Con él me arriesgaba a una censura plena y pública, pero me negué a demorarlo un día más:

“TRISONOMÍA UNIVERSAL: EL JUSTICIERO 21, LA HISTORIA DEL ASESINO ‘LA MANO DE DIOS’.

“Mi nombre es Rodrigo y fui escogido por la Providencia aun antes de nacer. Fui juzgado y liberado mientras nadaba en el útero de mi madre, el que mi padre, un viejo emergido de la más inmunda de las miserias humanas, el vicio, solía golpear a mano abierta. Por ello, cuando nací, tenía grabada su mano, en rojo, sobre la piel de mi frente, una señal que a diario me recuerda el objetivo de mi misión para con los malos hombres.

“Nací un 21/12/00 bajo el signo del Centauro Arquero y también el último día del decimotercer baktún en la cuenta larga, por lo que llevó resignadamente el signo del nuevo orden y la regeneración. Siempre supe que era especial.

“Mi infancia, aunque miserable, fue culta gracias a la vocación de mi padre, un secretario de justicia. Aprendí de él la siguiente máxima que tomó de la Madre Teresa de Calcuta: 'Es hermoso ver que los pobres aceptan su suerte. Sufren como Cristo su pasión. El mundo gana mucho con su sufrimiento'”.

"Esas palabras las guardó atesoradamente. Aunque poseo una personalidad rígida, soy una esponja en busca de amor y conocimiento, por lo que disfruto el asumir roles tan dispares como el de doctor o guardia de seguridad

“Muchos me llaman ‘asesino’ pero Dios mismo me llama ‘su justiciero’.

“Mi lucha contra el mal y el mal juicio comienza siempre con el vaticinio del número 21.

“Porque 21 es el número que representa al Pecado y 21 son los atributos del pecado de los hombres en los últimos tiempos, según la santa voz del Señor, la Biblia.

“Porque 21 es la carta de El Mundo en la baraja del canal de los astros y 21 es la figura del hermafrodita que gobierna a cada uno de los 4 querubines de la visión de Ezequiel.

“Porque 21 es la suma de todos los lados de un dado, reflejo de la creación del Universo.

“Porque 21 es el peso en gramos del alma.

“Porque 21 son los órganos del cuerpo.

“Porque 21 es el número de identificación del cromosoma más pequeño del cuerpo humano.

“Paolo Patiño fue mi primera encomienda divina. Era un mal hombre que había defraudado a seres honestos y de buena fe. También había echado a mi padre de su trabajo en el Palacio de Justicia con malos informes políticos, por lo que Dios habría de castigarle con dureza el día señalado.

“También fue la primera vez que Dios me invistió con su presencia. Lo que sucedió fue rápido y preciso. No tengo ningún remordimiento. En cambio, me siento agradecido con mi creador por haberme puesto a cargo de la ejecución: mientras Paolo se regodeaba de lo lindo en el Palacio de Justicia, me aposté a su lado y le disparé sin más 7 balas en el cráneo, el que explotó en mil virutas, a vista y paciencia de jueces, abogados y buscapleitos; muchos vomitaron en mi presencia cuando cayeron en cuenta de que aquellas partes mohosas del cerebro les habían caído en sus blancas camisas. Ninguno pudo hacer nada. Tampoco me detuvieron.

“Al día siguiente Paolo era celebrado por todos los periódicos del Mundo como un hombre y baluarte cuya vida se había forjado en las inciertas faenas del emprendedurismo, la lealtad, la honestidad y el amor al prójimo. Mis ojos fueron tocados por la bendición de los cielos ese mismo día cuando, luego de una larga oración, supe, por los comentarios que dejaban gentes del Brasil en Facebook, que Paolo, actuando como subdirector gubernamental en el pasado, se había adueñado, por medio de testaferros, sobornos, el reparto de licitaciones con contratos inflados y adquisición de acciones, de algunas empresas encargadas de talar el Amazonas, la causa principal de los incendios del Brasil. También era socio de multinacionales que se dedicaban a la siembra y la cría de ganado entre ellas Cargill, Bunge y Archer Daniels Midland. Y como si esto hubiera sido un plus, había estafado a un grupo de agricultores en la península con un 'contrato de inversión de energía renovable' que nunca llevó a cabo. Era un respetable granuja.

“Tranquilamente me trasladé a una ciudad del centro del país. Ahí conocí el amor, no místico sino el de los hombres. Se llamaba Grecia. La amaba más que a mi madre. Aunque poseía un conocimiento rudimentario de la vida y el estudio, ella sabía a ciencia cierta cómo mantener a un hombre feliz y ocupado. Algunos dicen que su asesinato desató todo el poder de mi psicopatía. Pero no era yo quien actuaba, sino mi Creador para dar una lección al vil a la Humanidad inconsciente.

“Una noche cualquiera como todas las que se suceden en los barrios calurosos, ellos llegaron. Querían dinero, querían carne, querían la sangre de nuestros cuerpos. La sacrificaron y dispersaron sus extremidades por los cuatro puntos cardinales.

“No hice más que la voluntad de Dios: busqué a cada uno de los asesinos, los cacé y los torturé hasta matarlos. Lloraban como niñas y me rogaban con las lágrimas en los ojos que tuviera clemencia y los perdonara mientras limpiaban y besaban mis pies con la lengua. Los filmaba y me reía de sus mentiras y de su teatro inútil.

“Curiosamente eran 21. Terminé colgándolos a todos de un puente ubicado en la salida de la ciudad mientras aparentaban ser los hombres más felices del mundo. Les había costurado el labio superior a los cachetes. Recibí al menos unos 10,500 likes y retweets con notas de agradecimiento en las noticias publicadas en Facebook, Instagram y Twitter de personas que habían perdido a algún ser querido a manos de aquella maldita banda.

“Amaba a mi padre más en espíritu que en cuerpo. Siempre tuve la certeza de que mi padre era un hombre poseído. Y esto me fue revelado. Me llegaron noticias de que había matado a mi madre. Me dije que era hora de liberarlo de su miseria. Satanás, la gran encarnación de la entropía universal, era su dios. El día que lo encarcelaron fui a visitarlo. Lo maté con una cuchara, le abrí el pecho y me comí su corazón.

“Tenía que hacerlo porque 21 son los órganos del cuerpo y el séptimo es el corazón. Su efecto multiplicador lo había corrompido.

“Muchos eran los malos hombres, mentirosos, violadores, pedófilos, ladrones y corruptos, que iban cayendo ante la furia de Dios. Yo en cambio caía extasiado de placer, amor y realización. Opté por salir de aquellos barrios mal construidos y estrechos, para refugiarme en el campo, donde, disfrutando de la creación divina, muchas veces recluido en alguna cueva, postrado en la entrada, balbuceaba largas oraciones de adoración y buscaba los signos en las nubes y en los cielos que me ofrecerían la redención.

“La Obra estaba incompleta. Tenía que volver a la ciudad. “Conseguí empleo de guardia de seguridad.

“Pero finalmente Dios vino a mí y me habló:'“El Palíndromo Universal: 21/12/21. Como empieza terminará'.

“Confesé como lo hago ahora, estimado lector, y me entregué a la Policía.

“Aunque el hombre me juzgue con 121 años de cadena perpetúa, ahora que estoy en prisión he entendido que hay mucho trabajo por realizar: he librado al Mundo de 47 hombres anormales y de la peor calaña en lo que va del año.

“Dios está de mi lado y aunque caminé por valles de oscuridad él será mi Pastor. Él hace la Ley y ésta me protege a mí. Pronto recobraré mi libertad, los nuevos códigos penales no permiten que una persona esté más de 30 años seguidos en prisión.

“A Dios sea toda la gloria. No creo necesario recordartelo, conozco bien tus inmundicias, e iré por ti también. En el nombre de Cristo: Amén”.

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