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25 La hermandad de los Abderrahim. Rabia
Suspense |
15.07.13
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Sinopsis

Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

Rabia

    Roth

    Intentó negar la evidencia cuando Aicha le explicó que le habían estado manipulando utilizando la pantalla de su portátil para inducirle subliminalmente unas pautas de comportamiento. Incluso cuando Sivasankara se lo demostró físicamente se resistió a creerlo, pensó que se trataba de una treta urdida por la Mayor para hacerle cambiar de criterio. Pero conforme pasaban los días alejado del ordenador iba recuperando el control de sus propios pensamientos y la culpa comenzaba a abrumarlo. Aun cuando no fuera responsable directo de aquellas muertes su actuación como Director de Seguridad había sido lamentable, en su lucha por influenciar al Consejo con sus postulados descuidó sus funciones de tal forma que él mismo se convirtió en la brecha de seguridad. Sivasankara le aseguraba que no existían más fisuras y que la suya se produjo solo porque sacó el portátil fuera de la Hermandad, puede que estuviera en lo cierto o puede que no,  pero ahora la sensación de vulnerabilidad no le abandonaba. Y la de rabia por haber sido engañado y manipulado, una tremenda rabia contra aquellos que le habían arrebatado su libre albedrio.

    En el laboratorio Sivasankara le había mostrado como actuaba el mensaje subliminal. No era algo nuevo como tal pero si la variante que empleaban. Por su indetectabilidad primero, ya que la imagen desaparecía a los pocos segundos de ser emitida, y por su efectividad después, mucho más contundente que la conocida hasta entonces. Cuando el mensaje aparecía no era posible captarlo por medio de grabación o fotografía, algo que tenía desconcertados a los científicos de la Hermandad. Pero gracias al lenguaje de máquina habían interceptado los textos que emitía su portátil, en los últimos se le pedía que asistiera a una reunión en Posadas, que se presentara en el hotel Maitei y que diera su nombre, indicándole fecha y hora.

    Aicha dio el visto bueno para que asistiera a la reunión después de que le confesara la dirección donde acudiría Bermúdez para que los assassins se ocuparan de él. El equipo de Sivasankara estaba estudiando le tecnología que utilizaba aquella gente y Aguirreche había viajado hasta Madrid para contactar y proteger al ingeniero Daniel Montes, cuya investigación sobre el método empleado en aquella variante de la inducción subliminal suponían más avanzada. Pero el encuentro  en Posadas era una oportunidad que no podían desaprovechar, un contacto directo cuyas huellas podrían seguir posteriormente. Y por supuesto estaban interesados en saber que es lo que querían de él que no pudiesen ordenárselo a través de las imágenes del portátil. Aunque los assassins se encontrarían cerca acudiría solo a la cita, previendo que un equipo de contraespionaje estuviera esperándolos. Para cazar al cazador todas las precauciones eran pocas.

    Una mole asiática le esperaba en la recepción, se dirigió a él apenas cruzó la entrada y le acompañó hasta una de las cabañas, construidas sobre el agua a modo de palafitos. El hombre que le aguardaba en el interior era alto y moreno, nervudo, con el pelo canoso muy corto. Las arrugas de su rostro delataban una edad madura, entre sesenta y setenta le calculó. Tenía cierto aire militar que se reflejaba en sus rasgos y en el porte erguido sobre el sillón que ocupaba, hasta en la firmeza con que sostenía la copa de margarita en su mano derecha, que depositó en la mesita ubicada al lado. Se levantó para saludarle sin perder la gravedad de su expresión.

    —Me alegra que se haya decidido a acudir a la cita, mister Roth, tenía ganas de conocerle.

    Roth estrechó la mano que le tendía.

    — ¿Con quién tengo el placer de hablar? Me gustaría saberlo —los mensajes subliminares le pedían que acudiera a la cita, no que pareciese estúpido.

    —Mi nombre es lo de menos, solo soy un mensajero que le trae una oferta. Pero puede llamarme Konstantino si lo desea, no quiero que se sienta en desventaja. Después de todo, desempeñamos funciones parecidas. Siéntese, por favor. ¿Qué le apetece beber?

    Nada de alcohol, necesitaba los cinco sentidos.

    —Un refresco sin azúcar puede valer. O tónica Schweppes si tienen.

    Su anfitrión abrió el frigorífico y examinó su contenido.

    —Si, aquí tenemos. ¿No prefiere un gin tonic? La ginebra es buena.

    —No, gracias. El alcohol y yo no nos llevamos muy bien.

    Konstantino sirvió la bebida en una copa con hielo, se la tendió y le hizo un gesto al mastodonte asiático para que los dejara solos. Volvió a aferrar su margarita.

    —Tengo entendido, mister Roth, que ha sido destituido de su puesto como Director de Seguridad. No me pregunte como lo sé porque no voy a decírselo, digamos que nuestro servicio de información es bastante efectivo y de alguna manera ha traspasado las barreras de seguridad colocadas por la Hermandad. Sabemos de la difícil situación en que se encuentra en estos momentos, aunque no le acusen todos le señalan como al asesino de ese tal Neville, le desprecian. De nada serviría que hiciera valer sus razones, que me consta son válidas, le han estigmatizado y en estos momentos es poco más que un apestado. Y con el tema ese de Bermúdez todavía en el aire, no me extrañaría nada que terminaran expulsándole.

    —Veo que está bien documentado sobre mis asuntos —debía reflejar sorpresa pero también preocupación, utilizó los conocimientos que tenía sobre expresión facial para simular ambas emociones.

    —No le hubiera citado de no ser así. Y bien, mister Roth, esta en la cuerda floja y lo que yo le ofrezco puede interesarle. Deje a esa gente de la Hermandad y véngase con nosotros, tendrá un puesto acorde a sus capacidades y una espléndida remuneración, será considerado en lo que merece y en el ámbito que controle nadie discutirá sus decisiones.

    — ¿A cambio de...? —Roth dejó la pregunta colgando en el aire.

    —De información, por supuesto, queremos obtener toda la que podamos sobre la Hermandad y creemos que usted es la persona idónea para ofrecérnosla. Disculpe si parezco un poco brusco pero lo mejor es poner las cartas sobre la mesa y no desperdiciar nuestro tiempo en discusiones estériles.

    Roth le devolvió una mirada astuta.

    — ¿Y de quién es usted mensajero, Konstantino?

    —No contestaré esa pregunta, sea cual sea su respuesta a mi oferta. Pero sí puedo decirle en términos generales que represento a una influyente corporación, más poderosa que su Hermandad y con una visión más realista de la sociedad. Entiendo que toda su actividad profesional ha girado hasta ahora en torno a su comunidad de científicos y lógicamente le costará entender otras opciones, aunque incluso eso es en estos momentos secundario. Lo verdaderamente sustancial es el hecho de que usted está acabado y yo le ofrezco una salida digna, un futuro brillante y lucrativo a cambio de información. ¿Qué me dice?

    Roth intentó ganar tiempo.

    — ¿He de contestarle ahora? Comprenderá que me pilla un poco a contrapié, no me esperaba algo así.

    —Si se le ha pasado por la cabeza revelar el contenido de esta entrevista para ganarse de nuevo la confianza de la Hermandad me decepcionaría, míster Roth. Primero porque ellos no iban a creerle sin pruebas y ninguna se llevará de aquí, y segundo porque empezaría a pensar que me equivoqué al elegirle.

    La velada amenaza no pasó desapercibida para Roth, sin duda Konstantino estaba acostumbrado a conseguir lo que quería y no aceptaba de buen talante las negativas.

    — ¿Qué tendría que hacer? ¿Sacar archivos de la Hermandad?

    — ¿Acepta la oferta?

    —Cualquier cosa será mejor que permanecer aquí aguantando el desprecio en cada mirada que cruzo. Si además me ofrece una oportunidad para demostrar mi valía…

    —Bien, me gustan los hombres decididos. No queremos que saque ningún archivo, no es necesario que arriesgue su vida. Nos valdrá con que nos cuente con detalle todo lo que sepa sobre la Hermandad y sus miembros. Se vendrá conmigo en el avión que nos espera en el aeropuerto, a nadie le extrañará que desaparezca en su actual situación.

    Un ramalazo de pánico se apoderó de Roth, no habían previsto aquella posibilidad, tampoco podía negarse o Konstantino entraría en sospechas. Ya encontraría la manera de comunicarse con Aicha allá donde le llevaran, estaba decidido a que pagaran lo que le habían hecho aunque tuviese que meterse en la boca del lobo. Pero no podía aceptar sin negociar la remuneración, eso también resultaría sospechoso.

    —No me concretó la cantidad que voy a percibir.

    Konstantino escribió una cifra en un post-it amarillo y se lo tendió.

    — ¿Le parece bien para empezar?

    Roth se quedó sorprendido al contemplar la cantidad. Hizo un gesto aprobatorio con la cabeza.

    —Estoy listo, aunque no tenía pensado viajar y me vine con lo puesto.

    —Mis hombres le llevarán de compras en cuanto aterricemos, no se preocupe por eso —apuró la copa de margarita y se puso en pie—. El tiempo es oro y el avión nos espera.

 

    Zaza

    Se percató del dispositivo de seguridad apenas giró la esquina y buscó un lugar desde el que poder observar lo que se cocía, se decidió por un local cerrado que en su día albergó una inmobiliaria y que exhibía el cartel de “Se vende”. La cerradura era sencilla y fácil de manipular y los cristales estaban sucios, la perspectiva sobre el pub de neones verdes excelente. Dos hombres controlaban el exterior, un tercero entraba y salía, por lo que supuso que dentro habría más y él seria el que estaba al mando del operativo. Oteó en las inmediaciones en busca de algún coche camuflado y no encontró ninguno, pero tenía peor visibilidad sobre los autos aparcados. No parecían policías, tenían mas pinta de pertenecer a la seguridad privada, un equipo de élite, aunque desde aquella distancia no podía albergar certezas. Había hecho una búsqueda en Internet y no encontró ninguna noticia que pudiera relacionar con una denuncia por parte de Daniel, nada sobre la inducción subliminal. Pero que alguien había tomado cartas en el asunto a la vista estaba.

    Necesitaba hablar con Daniel, saber si había alguna manera de averiguar quien movía los hilos en toda aquella historia de la sublimación para ponerle un nombre al responsable de la muerte de Noe. Como a los veinte minutos entró otro individuo en escena, saludó a los custodiaban la entrada y pasó al interior, un tipo como de metro ochenta y medio siglo a sus espaldas, sienes plateadas y gestos resueltos, poco más pudo apreciar. Salió al cabo de media hora y conversó con los que estaban afuera, luego giró la vista hacia un extremo de la calle, ella siguió la dirección de esa mirada y se encontró con El Perro, el corazón se le aceleró al reconocerlo. Los que custodiaban la entrada echaron mano a sus cartucheras y el que acaba de salir caminó decidido hacia él, pero antes de que llegara un deportivo recogió al Perro y salieron zumbando. El otro anotó el número de la matrícula.

    Estando El Perro metido por medio podía dar por hecho de que se trataba del brazo ejecutor que había terminado con la vida de Noe, no lo conocía personalmente pero su mentor se lo había señalado en una feria de armas, un excedente de la guerra de Bosnia reconvertido a sicario. Cuando su mentor murió perdió la única fuente de información que la conectaba con el oficio y le había perdido la pista, pero sabía donde preguntar. Había tenido que contenerse para no salir en su persecución, que era lo que le pedía la rabia que sentía, pero si se precipitaba lo único que podía conseguir es que la mataran. Y necesitaba la cabeza fría para vengar la muerte de Noe. A quien sí pensaba seguir era al tipo aquel que parecía dirigir el dispositivo de seguridad que protegía a Daniel, necesitaba saber quienes eran y que información poseían. No le había visto dar cuenta de la matrícula del deportivo, que hubiera sido lo lógico en caso de tratarse de policías, así que dedujo que se trataba de seguridad privada. Pero un dispositivo de aquella envergadura no resultaba precisamente barato, dudaba que Daniel pudiera permitírselo. ¿Quién lo estaba protegiendo? Abandonó su puesto de observadora y salió a la calle, apretó el paso en dirección a su moto.

    Durante el seguimiento estuvo a punto de perderlo dos veces, era un riesgo que tenía que correr para que el otro no se percatara de su presencia. Había salido de la ciudad por la carretera de La Coruña y se había desviado en Pozuelo hasta una clínica privada en cuyo exterior observó otro operativo de seguridad cubriendo el perímetro, eso la hizo pensar que podía tratarse de una especie de supervisor y que quizás no tuviese la información que ella buscaba, pero ya que estaba en ello decidió seguir hasta el final. Una media hora después salió y emprendió rumbo de nuevo a Madrid, aparcó en los aledaños de Embajadores y se introdujo en un portal de la calle Sebastián Elcano. En el primer piso se anunciaba la agencia de detectives Peña, posible destino del supervisor. A primera vista parecía una agencia modesta, pero acostumbrada a las apariencias engañosas optó por subir y echar un vistazo. Ocupaba el ala derecha del primer piso y una puerta de madera impedía que atisbara dentro, llamó al timbre y no contestaron, al cuarto timbrazo apareció el tipo al que había estado siguiendo con un vaso de whisky en la mano, olía a bourbon, le dijo que estaba cerrado por reformas. Detrás de él la mesa de la recepción se mostraba vacía, ningún ruido le llegaba del interior, nadie a la vista. Con una sonrisa le colocó el cañón de la Glock contra el ombligo.

     —Tengo unas preguntas que hacerte –le dijo.

    Él retrocedió alzando las manos, no parecía asustado.

    — ¿Eres la chica que tenía el pelo pintado de azul? —le preguntó.

    —Puede ser —contestó, del lado del tablero que él jugaba solo Daniel le pudo proporcionar esa información.

    — Darío Peña, detective –se presentó él--. Cobro por horas. ¿Quieres una copa?

    Dejó de apuntarle con la pistola.

 

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  • Amigo Ender, creo que te estás currando una novela que puede triunfar. Reconozco que me he perdido con el personaje de Sivasankara, no sé ahora mismo en qué capítulo lo "diste a luz", pero supongo que esto es algo normal cuando se lee una historia a intervalos más o menos largos. He de acostumbrarme a ello. Y ahora, y como sé que no te importa e incluso que sueles agradecerme que te menciones los "gazapos", voy a ejercer con tu permiso: En el tercer párrafo, donde dices "previniendo" ¿No querrías tal vez decir previendo? En el 22º: "lo verdaderamente sustancial es el hecho es que..." pequeño atropello de palabras de esos que a veces las prisas nos provocan a todos. Tenía que decirlo ;-)
    Muy bien escrito, se siente uno rodeado de lobitos entre hermandades y corporaciones; y qué hotel más incómodo el de Posada, me lo imagino inundado con sendas de piedras que enlazan los palafitos (me han recordado al camarero beodo de "El guateque"). Roth se muestra demasiado atrevido si se sube al avión, se juega literalmente el pellejo a cambio de nada palpable, debería pensárselo mejor. El letrero de la inmobiliaria muerde, habría que colocarlo también en algún edificio público (con sus responsables dentro), algún banco, alguna residencia exclusiva... En esto aparece Bermúdez y se esfuma, éste sí que tiene peligro; y veo (ya lo presentía) que Peña y Zaza hablan el mismo idioma. Saludos.
    Sin duda, un capítulo muy rabioso. Rabia que siente Roth por haber sido manipulado, aunque me parece a mí que se ha metido en la boca del lobo, éste griego no parece fácil de engañar; rabia que siente Zaza y ahora ha encontrado contra quien dirigirla, con sangre fría ha reaccionado y falta le va a hacer pues El Perro es un rival de cuidado. Ya se echa de menos al pérfido y brutal Bermúdez, cuando aparece acelera el pulso de la historia y el relato gana en intensidad y pasión. Saludos.
    Sigue con un ritmo acelerado y atrapante. El final se siente cerca y eso me entusiasma. Que maravilla es poder terminar un proyecto. En cuanto al titulo,haz lo que te pida el cuerpo. Tu eres el padre de este libro. Te animo a continuar. Saludos
  • Pues continúa la historia. Gracias a Boy por las correcciones, que me ahorrarán trabajo después.

    Pues con un ERE sobre mi cabeza, igual luego me queda todo el tiempo del mundo para escribir. Otra cosa es como llenaré la olla de lentejas. Bueno, al mal tiempo buena cara, seguimos con la Hermandad. Ya llevo corregido hasta el 15 y añadidas las incorporaciones de Zaza antes del 21, que no están aquí.

    Y comenzamos el año.

    No quería que pasara el año sin despedirme, y que mejor forma que con otra entrega de la Hermandad. Estos tres últimos meses he tenido que alejarme de la pluma. No puedo prometer nada, pero a ver consigo estirar un poco el tiempo.

    La historia sigue.

    Una de las opciones posibles.

    Tiene su encanto la rutina, nos afianza a sensaciones conocidas y agradables. Recordemos que las vacaciones son la excepción a lo largo de todo un año. Por eso el resto del tiempo tenemos que construirlo de manera que nos conforte. Leer es uno de esos rituales deliciosos que nos alegran los días y nos llevan de vacaciones sentados sobre el sillón o la silla. La Hermandad regresa también. Leer, escribir...de nuevo en Septiembre.

    Los que se van y los que vienen, la vida sigue en un sentido u otro. No releguéis el amor, que se enfria si no se toma calentito. Para los que tenga tiempo para leer, el ebook ·El otro lado de la supervivencia" os lo podéis bajar gartuitamente durante unos días. Ofertas de verano. "El secreto de las letras", "La vida misma" y "Sin respiración", se han quedado también en oferta a 0.98 euros. Yo sigo liado con la novela, que pienso terminar durante este mes. Por un lado estoy terminándola y por el otro corrijo. Pero el día es largo, asi que aprovecharé también en estos días para pasar unos rato leyendo por tr. Vacaciones literarias a tope. Os dejo un poema fresquito, un poco de pasión y una sonrisa, como no. Saludos y abrazos. Y no corrais, que es peor (Como en el sexo)

    Bueno, ando dándole vueltas al título en el blog. Cambié el nombre de Peña por el de Briones pero finalmente se quedará Peña, porque en su primera aventura, "Atrapando a Daniela", uno de los once relatos de "El secreto de las letras", ya se quedó con Peña. Aquí llega el 25, tengo próximas ya las vacaciones y entonces concluiré la novela. No sé, igual al final también dejo el título, pero es que no termina de convencerme.

    Toca dar las gracias a los que leen una novela por entregas. A todos en general por su aliento, bien se yo que uno quiere leer de tirón y no a trozos, o al menos que el momento de parar o continuar lo decida el lector. Para mí lo que empezó como experimento por el formato ha terminado siendo un deleite. A amets tengo que agradecerle sus correcciones, siempre bienvenidas. A Paco además de eso su comentario en el capítulo 18 en el sentido de que la trama se estaba volviendo previsible, lo que me hizo plantearme la necesidad de terminar de definir el argumento, ya se a dónde conduce y como acaba. Y a J.M. Boy por sus recelos ante la Hermandad, que me hicieron modificar el final, para nada quiero transmitir complicidad con entidades de cualquier tipo que se crean poseedoras de una verdad que esté por encima de la libertad de elección de los individuos. Si tuviera que decidir sobre los tres males que aquejan al género humano uno de ellos sería el de aquellos que se creer en posesión de verdades irrefutables, el segundo la mezcla de avaricia y egoismo y el tercero ese fuerte sentimiento del "yo" que empleamos a todos los niveles en nuestras relaciones con el prójimo y que aflora en un amplio abanico que cubre desde los celos hasta el menosprecio.

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A los doce años leía “La aventura equinoccial de Lope de Aguirre”, de Ramón J. Sender, haciendo de lector para mi hermano, corrector tipográfico y de estilo, así conocí a muchos autores que alterné con las aventuras de “los cinco” y las de “Oscar y su oca”. Soy escritor tardío, mi primer relato lo publiqué en esta página en el 2007. Mi madre enfermó y en su lecho de muerte le mentí diciéndole que me iban a publicar en papel. En realidad no le mentí pero en ese momento yo no lo sabía. Y desde entonces no he parado de escribir.

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