cerrar

Esta web utiliza cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de tus hábitos de navegación. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí

9 min
64-4
Drama |
18.06.17
  • 0
  • 0
  • 74
Sinopsis

11

                A menudo pensaba en la muerte; no un pensamiento fugaz, una profunda reflexión. Siempre supe que igual que había vida también estaba la muerte, ni siendo pequeña me costó entenderlo, el final de todo. La cuestión era que no me asustaba  la muerte, la temía que es diferente. Temer algo es un sentimiento constante pero… asustarte de algo es asfixiante y crees morir en ese momento.

 ¿En cuántas ocasiones habré fantaseado con mi muerte? Era consciente de que en este país había una epidemia de suicidios en mi rango de edad; jóvenes que pierden su empleo y con ellos toda posibilidad de vivir y si aún por encima sus parejas les abandonan… ese sentimiento de pérdida era y es mortal. Pero el suicidio no era lo que pasaba por mi mente, sino mi muerte en sí. ¿Cuántos llorarían por mí? ¿Cuántos recordarían que estuve un día ahí con ellos? En ocasiones me encontraba a mi misma fantaseando con ese escenario, de alguna manera, reconfortante. Ingenua de mi, poco sabía lo que significaba la perdida y la marca que conlleva asustarse de morir.

Las dos primeras semanas con mi inquilino resultaron ser de lo más tranquilas, a efectos prácticos no nos veíamos; con mi horario matutino y su horario nocturno era casi cómico, si no fuera por nuestros respectivos trastos y “dejadeces” era como seguir viviendo sola. Por lo cual ese tercer viernes era tan solitario como de costumbre, Elena y sus planes, Emma trabajando y yo en la bañera.

Incomoda con mi baño como lo estaba, fue lógico saltar fuera de la bañera y correr en toalla a abrir la puerta cuando timbraron tres veces. Esa es la señal de Emma, timbra tres veces o golpea tres veces la puerta con el puño cuando no podía abrir la puerta con la llave. En realidad era culpa mía, dejaba la llave metida por dentro y él, cansado del trabajo, tenía que esperar que yo medio sonámbula fuese a abrirle la puerta y volver a mi cama ignorando sus quejas.

Justo un instante, es un momento muy concreto, cuando haces algo y en tu cabeza suena una alarma. Mientras abría la puerta apresuradamente (es muy temprano, no es él) en mi expresión ya se reflejaba el miedo. Unos ojos oscuros me miraban desde arriba, primero tímidos… pero después de mirarme de pies a cabeza (la toalla, estoy desnuda) hambrientos. Una luz se oscureció detrás de sus pupilas, intenté cerrar la puerta pero ya era tarde. Entró y la cerró tras de sí. Me miraba de una forma que me ponía nerviosa, pero fue peor cuando empezó a fijarse en el piso: periódicos en el sofá, unas zapatillas del número cuarenta y dos, una camiseta de tirantes de hombre junto la mesita de la lampara. Seguí paralizada mientras inspeccionó el baño, volvió a mí con desodorante, colonia, gomina… todo de hombre.

-¿Qué es todo esto?- dijo casi sin expresión alguna en la cara.

-Pues… son las cosas de mi compañero de piso…- me temblaba la voz (cálmate).

-Estás viviendo con otro hombre… ¿Cuánto tiempo llevas tirándotelo?- a cada silaba se notaba su ira crecer.

-¿Qué? No, yo no…

-¿¡QUE NO!? No me jodas guapa, ¿acaso abres desnuda la puerta a cualquiera?- su cara empezó a ponerse tan roja que parecía que explotaría.

-No, yo estaba en el baño y sonó la puerta y vine corriendo sin pensar… yo no esperaba a nadie. Él no llegará hasta las tantas de la madrugada (¡cállate!) o incluso por la mañana (no…) –las palabras atropellaban mi lengua y de nuevo Ese momento, cundo te das cuenta de que lo arruinaste y no hay vuelta atrás.

                               

12

 

                Sentada en el suelo recordé todas las veces que vi esa escena en televisión; sentada en un charco de sangre pensando en lo que había ocurrido, pero incluso ahí estaba tan incómoda que necesitaba moverme. Apoyada en la cama de Emma y sentada en la sangre de Víctor me escurría hacia abajo en la sangre. Me metí en la bañera con el agua ya fría, y reviví lo acontecido hacia apenas un ratito.

Víctor me agarró de los hombros e intento besarme a la fuerza, pero yo me alejé. Sus oscuros y apagados ojos me miraron y me dio una bofetada que salí volando hacia el sofá, la toalla por supuesto yacía en el suelo. Se puso encima de mí con la ropa puesta y me lamio la cara (¿qué?) esto no es como la ultima vez, torpe y visceral. Le pedí que parase, y pegué un grito que él ahogó con su mano enorme en mi garganta. Me miró y solo con eso entendí que si hacia ruido me mataría, asique asentí.

Se despegó de mi y empezó a desnudarse dando vueltas (buitre) alrededor del sofá, estaba tan alterada que al principio no vi las cicatrices de arañazos que tenía en el cuello, el pecho, los hombros y la espalda. Mientras procesaba por qué parecían importantes volví a mirar hacia su cara y me encontré sus ojos apagados pero divertidos a la vez observándome (presa).

-Sabes que solo lloré la primera vez- desde que llegó es la primera vez que noto emoción en sus palabras- después de lo que te hice me sentí mal, arrepentido pensé… pero después de unas semanas yo seguía corriéndome pensando en lo que te hice, esa liberación, ese poder es tan excitante. Al principio no lo entendía asique tuve que probarlo otra vez, y otra y otra… y una vez que lo abrazas es como ir de compras, ves lo que qué quieres y lo coges- su voz denotaba orgullo.

Una parte de mí murió en ese momento. ¿Cuántas chicas habrían sufrido por su culpa? ¿Por mi culpa? Dice que yo desperté algo en él, pero yo no hice nada (mentirosa). Si lo hice, me quedé callada, tenía que haber gritado, luchado, incluso con todas las de perder; ir a la policía, contárselo a alguien, no dejarlo estar y olvidarlo. Esta vez no me quedare quieta.

Víctor estaba desnudo con una enorme erección frente a mí, enfermizamente orgulloso de ello.

-Tú eres la mejor, quieta, callada, sumisa- se iba tumbando sobre mi- te gustó, eres especial… puedo hacerte esto cuando quiera sin tener que aguantar lloros, suplicas y arañazos de gatitas y….

Le vacíe el desodorante de Emma en la cara (estúpido fanfarrón). Salte del sofá y corrí hacia la puerta del piso, tropecé con algo y me di un buen golpe en la frente; no tropecé, me agarro del tobillo, y ahora reptaba hacia mi cual gusano. No pude evitar pensar en Elena y como se asustó tanto de un gusano que casi prendió fuego a su apartamento, y eso me dio una idea.

Le dí la patada más fuerte que pude en la nariz con mi pie libre, noté como algo se rompía y la humedad de la sangre. Mareada y dolorida corrí a la cocina y en los cajones busque un mechero, Víctor estaba de pié junto la puerta, desnudo, cubierto de sangre pero ya sin erección (ya no es excitante si vas perdiendo, ¿verdad?). Salté hacia el sofá y recuperé el desodorante, Víctor seguía mirándome como si me estudiara, alcé el mechero apreté el desodorante y el calor de la llamarada me estremeció.

El objetivo era salir, una vez fuera del piso estaría a salvo  (vecinos, gente, el ascensor con el botón de emergencia)  paso a paso me fui acercando a él, y disparando llamaradas. Iba a gritarle que se apartase de la puerta, pero me pareció redundante y me dolía la garganta de cuando antes me estranguló. Seguí acercándome y el se movía en circulo encarándome, casi cuando llegue a la puerta ocurrió algo que no podía prever. Durante la que iba a ser la última llamarada antes de escapar, algo muy fuerte me golpeó en las piernas, me caí y no me quemé los brazos de milagro.

No es tonto, no debí subestimarle y yo fui muy lenta, le di demasiado tiempo a pensar. Cuando tenía el fuego delante yo dejaba de verle. Me lanzó una lámpara a las piernas, y ahora las tengo llenas de cortes, el cuello morado, el labio partido, mi antebrazo izquierdo algo quemado y estoy tirada en el suelo (arriba, levántate). Apenas cuando conseguí incorporarme lo tenía de nuevo encima, furioso pero con una sonrisa de victoria que se borró cuando le clave la rodilla en los huevos.

Rodeé la sala para evitarle y que no me tirase al suelo otra vez pero se recuperó demasiado rápido. Me agarro del peló y me encaró de nuevo. Me tenía suspendida en el aire por el pelo y del dolor creí que me moría. Debí pegar un buen grito por que antes de poder coger aire salí volando, sentí un dolor en la espalda tan fuerte que es posible que me desmayase unos segundos.

Cuando recuperé mis sentidos estaba en la habitación de Emma. El muy animal me lanzo tan fuerte contra la puerta que se partió en mi espalda; y ahí estaba él de pie en el marco, ensangrentado furioso, ganando, respiraba tan fuerte que me hizo recordar que yo también tenía que respirar. Me costaba hacerlo, apenas sentía mi cuerpo del dolor, y notaba algo que se me clavaba en la espalda, estaba sentada y  apoyada en la cama de Emma y el mango de un ancho cuchillo se me clavaba en una escapula.

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Este relato no tiene comentarios
  • Este relato no tiene valoraciones
  • Segunda parte, para quien le interese.

    Situaciones de una chica corriente que intenta conocerse a si misma.

  • 4
  • 5.0
  • -

Probando cosas nuevas.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta