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16 min
7 lingotes de oro ( CAP. I )
Suspense |
31.01.19
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Sinopsis

El pueblo de Castropol, con el histórico palacio de Valledor como protagonista estelar, es el singular y pintoresco escenario donde dos antiguos compañeros de estudios en la Escuela Hogar de Castropol se encuentran 40 años más tarde para revivir la emocionante "Búsqueda del Tesoro" en la que compitieron a finales de los años 70. Los enigmas y acertijos se suceden sin respiro en una lucha trepidante y sin cuartel contra el ingenio del retador y el tiempo límite para superar la prueba. José Villamañe dispone de 777 minutos para resolver 7 endiablados enigmas y encontrar el cofre con 7 lingotes de oro.

         CAP.  I: JOSÉ VILLAMAÑE RECIBE UNA CARTA.

 

Mientras contemplaba el patio de la Escuela Hogar de Castropol a través de la ventana enrejada, José Villamañe, profesor de Primaria por tierras de los Oscos, recordó un singular episodio allí acontecido en sus tiempos de interno, a mediados de los años 70…

…Una moto de gran cilindrada atravesó la calle Acevedo sacando a Villamañe de su estado de ensoñación y trayéndolo de vuelta al presente. Con una sonrisa de complacencia, se admiró del curioso funcionamiento de nuestra memoria. Con los recuerdos infantiles acostumbraba a comportarse como una vieja amiga: magnificaba los buenos y ocultaba o disfrazaba los malos. Así, hoy, el antiguo alumno de la Escuela Hogar disfruta rememorando el esperpéntico episodio, aunque en su momento les supusiera, a él y a sus compañeros, un auténtico mal trago, y nunca mejor dicho.

Continuó con la atenta inspección ocular del confinado recinto, valorando con profunda satisfacción los cambios que se habían producido en el palacio de Valledor desde su última visita el pasado otoño. Habían sustituido la cubierta del tejado e instalado unos nuevos canalones, cuadrados y robustos, de un bello color cobrizo. Además, habían encalado las paredes y colocado en ellas macetas con geranios.  El palacio de Valledor parecía ahora más palacio, poseía un aire más señorial. Dicen que el dinero no da la felicidad, discurrió un escéptico Villamañe, pero, a veces, supone una ayuda inestimable para conquistarla.

Siempre que iba a Castropol, nunca dejaba de visitar el que había sido su segundo hogar durante 7 años.

En esta ocasión había acudido respondiendo a una cita, la más inesperada e insólita que nunca se hubiera imaginado.

José Villamañe consultó su reloj. Aún faltaba casi una hora, había llegado con suficiente antelación.

Mientras observaba el viejo nogal a través del semiderruido muro que flanqueaba la Huerta del Palacio de Valledor, José Villamañe, maestro rural, rememoró la singular carta que había recibido dos días antes.

Castropol a 15 de mayo de 2018

Estimado amigo Pepe:

Soy Juan Oliveras, más conocido como “El Uruguayo”. Supongo que me recuerdas bien, ya que estuvimos juntos durante 7 Cursos (71-72 a 77-78) en la Escuela Hogar de Castropol.

Éramos muy buenos camaradas. Compartíamos unas cuantas aficiones, especialmente en el tema de la Literatura. Disfrutábamos con las mismas lecturas: “Los 7 secretos”, “Los 5” “Los 3 Investigadores” … ¿Te acuerdas? …Que tiempos aquellos. Sí, la verdad es que nos encantaban las novelas de misterio. Lo pasábamos de miedo resolviendo mil y un enigmas. Éramos muy buenos en eso, había pocos acertijos que se nos resistieran.

Solíamos competir planteándonos retos mutuamente, poniendo a prueba nuestro ingenio, que era mucho, y ejercitando nuestra imaginación, que no le iba a la zaga.

Estarás de acuerdo conmigo, apreciado José, en que el resultado global de nuestros múltiples enfrentamientos criptográficos podría considerarse un empate, o tablas, si lo prefieres; el ajedrez también nos apasionaba a los dos. 

Así sería, en efecto, si no hubiera sido por aquél dichoso torneo-gimkana-rastreo, que organizó el Colegio de La Paloma. Corrígeme, si me equivoco, pero creo que el inolvidable evento tuvo lugar a mediados de abril del año 78, nuestro último año, con vistas a sacar algo de dinero como ayuda para el Viaje de Estudios. Los padres de los alumnos debían hacer una aportación monetaria, requisito necesario para poder participar, aunque me consta que, al final, la rígida norma se flexibilizó algo ante las malas economías de algunos.

Aún me parece estar contemplando el enorme cartel pegado en la puerta del colegio, sobre una portada de “La isla del Tesoro” de Stevenson.

 

                 

   “LA BÚSQUEDA DEL TESORO”

“Resuelve los 7 enigmas y encuentra el cofre enterrado”

“Los 3 primeros, recibirán una copa y una medalla”

“Pero, cofre sólo hay uno, y su botín será para el primero que lo descubra después de descifrar 7 enigmáticos acertijos”

“Para poder participar, es condición indispensable acudir vestido de pirata”

“Recordad que las mejores armas son el INGENIO y la IMAGINACIÓN”

“ÁNIMO, MIS VALIENTES BUCANEROS, Y…

                  ¡¡¡AL ABORDAJE!!!

 

Aunque no lo creas, lo he escrito de memoria. Me quedó grabado a fuego.

Las pistas estaban repartidas por todo el pueblo de Castropol, incluida la Escuela Hogar. Por cada acertijo resuelto te daban una foto que tenías que ir a buscar al Colegio. Creo recordar que había sobres de colores, aunque no estoy muy seguro. No sé si a ti te suena.

Hubo una ronda previa de eliminación en la que debíamos resolver 10 acertijos en un periodo límite de tiempo. Los 7 primeros pasamos a la Gran Final.

Pronto se vio que sólo había dos posibles ganadores. Tú y yo teníamos muchas más horas de entrenamiento que cualquiera de nuestros contrincantes. Si se tratara de una etapa de montaña, se podría decir que nos escapamos en los primeros kilómetros, subimos y bajamos casi juntos los 6 primeros puertos, y tú venciste, finalmente, por un centenar de metros, tras demarrar en la cuesta que conducía a la línea de meta situada en la cumbre del séptimo puerto.

Al final, tú encontraste el cofre sepultado entre los eucaliptos que coronaban el islote de El Turullón. Desde luego, era el sitio indicado, deberíamos haberlo supuesto; aunque, ahora que lo pienso, había que resolver los acertijos, de todas formas.

Cuando yo llegué al prado, confiando en ser el primero, te encontré descendiendo a través de las escarpadas rocas, con el cofre entre las manos.

Nunca, en los 54 años que tengo volví a sentir tan terrible decepción. Nunca, ni antes ni después, me supo tan mal una derrota, quizás porque estaba convencido de conseguir la victoria. Desolado, me dejé caer entre la hierba alta. Allí escondido, lloré de rabia mientras aporreaba el suelo con desesperación, hasta despellejarme los puños.

Entonces, caí en la cuenta de que, si me pillabas dando tan patético espectáculo, sería doble la humillación recibida. Por eso, haciendo de tripas corazón, y nunca mejor dicho, me levanté, me sequé las lágrimas, me lavé la cara en una fuente que brotaba allí mismo y corrí a tu encuentro. Allí en la playa de Salías, dónde solíamos acudir a menudo con las maestras, te di la mano y te felicité por tu brillante actuación. Tú me lo agradeciste entre conmovido y sorprendido.

Te pedí que abrieras el cofre y tú accediste, comentando que en cierta manera yo también había ganado.

Estaba repleto de monedas de oro. Esa fue nuestra primera impresión. Luego descubrimos que eran monedas de chocolate envueltas en papel dorado que desprendían un olor delicioso. Hoy, estas golosinas son muy populares y no engañarían a ningún niño, pero en aquel entonces eran muy raras, de hecho, creo que eran las primeras que veíamos.

Debajo de las falsas monedas descubrimos algo más: un voluminoso libro encuadernado en tapa dura. Se trataba, como no podía ser de otra manera, del clásico “La isla del tesoro” en versión de comic y con edición de lujo. Creo que, a pesar de haber tenido muchos libros en nuestras manos, nunca habíamos poseído uno tan valioso como aquél; por su valor monetario en sí mismo y por el trabajo que había costado conseguirlo.

Me lo ofreciste amablemente para que lo hojeara, pero lo rechacé tratando de que no se me notara demasiado la tremenda pena que me embargaba. Acepté, eso sí, el puñado de monedas: al fin y al cabo, seguía siendo un niño, y el chocolate era una de mis debilidades.

Luego, en el Colegio, nos entregaron las copas y las medallas, y nos felicitaron efusivamente a los dos, a ti un poco más, claro; ciertamente, ambos habíamos dado toda una exhibición de ingenio e imaginación.

Pero eso ya era lo de menos. Yo continuaba rumiando mi derrota, añorando el cofre y el libro.

Perdona que me haya extendido tanto en este punto, pero enseguida lo comprenderás si sigues leyendo.

El disgusto fue de tal calibre que estuve una semana entera sin hablarte y cuando lo hice fue para pedir la revancha. Pero el Curso terminó y esa revancha nunca llegó a celebrarse.

Aunque te pueda parecer increíble, tardé años en recuperarme del trauma. Durante mucho tiempo sufrí pesadillas recurrentes en las que estoy a punto de coger el cofre, llego a rozarlo con los dedos, cuando apareces tú y me lo arrebatas. Solía despertarme gritando de rabia y algunas veces, casi me avergüenza confesarlo, sentía las lágrimas calientes resbalando por mis mejillas. Los sueños peores, no obstante, eran aquellos en que los que yo conseguía el cofre. En esas ocasiones, cada vez que despertaba volvía a revivir por unos segundos toda la frustración de aquel día frente al islote de El Turullón. En el fondo, creo que nunca llegué a superarlo del todo.  A día de hoy, aún me pongo mustio y melancólico siempre que rememoro los detalles del infausto Rastreo.

Bueno, amigo Villamañe, creo recordar que era así como te conocíamos, ¿no?, tras este largo preámbulo y una vez perfilado el escenario con las coordenadas espaciotemporales, paso a detallarte el verdadero motivo de mi carta, la más larga que he escrito nunca con mucha diferencia.

Creo que después de 40 años ya va siendo hora. Las circunstancias vitales en que ambos nos hallamos me dicen que es el momento más indicado para la propuesta que me dispongo a hacerte, en unas condiciones que, o muy mal te conozco, o no te quedará más remedio que aceptar.

Don José Villamañe López, yo, Juan Oliveras Gallardo, en pleno uso de mis facultades mentales, me dirijo a usted, formalmente, para rogarle encarecidamente que, en honor a nuestra vieja amistad, por los años pasados juntos en nuestra dichosa niñez, y, sobre todo, por las aventuras vividas, las reales y las virtuales, que fueron algunas más…tenga usted a bien concederme…

 

                  ¡¡¡¡¡¡¡ LA   GRAN   REVANCHA!!!!!!!

 

Fíjate si confío en que aceptes que ya lo tengo todo preparado. Sólo será un día, puede ser el mejor de tu vida, o no, eso depende de ti. En cualquier caso, no creo que hayas perdido tu afición a resolver enigmas ni tu espíritu infantil para seguir disfrutando del juego con tu instinto de ganador nato.

Como te decía, ya está todo organizado. Me he tomado la libertad de prepararte una Búsqueda del Tesoro para comprobar si siguen funcionando tus células grises, que diría el bueno de Poirot.

Amigo Villamañe, te propongo un reto, quizás el más grande al que te hayas enfrentado nunca: por lo que significa y por lo que está en juego.

¿Te gusta apostar? Supongo que sí. A mí me apasiona. Sé que nuestras posibilidades económicas son muy dispares. Me consta que tú no vives mal, tu situación económica supongo que será desahogada; en cualquier caso, todo lo desahogada que puede ser con tu aceptable sueldo de maestro y los ahorros que, a buen seguro, has atesorado. Yo, por mi parte, tengo el grato placer de comunicarte que soy multimillonario. No lo veas como una confesión chulesca o prepotente, se trata de una realidad objetiva. Siempre tuve buen ojo para los negocios y realicé, en cada momento, las inversiones más ventajosas. Ya lo ves, ironías del destino, al final he conseguido amasar una cuantiosa fortuna, se puede decir que puedo llenar varios cofres con monedas de oro, auténticas, no de chocolate; pero, aun así, sigo echando de menos el tesoro que perdí por tu culpa.

Así pues, está claro, que no podemos apostar en igualdad de condiciones.

Yo apuesto 7 lingotes de oro, con un valor total aproximado de unos 250.000 euros, y tú apuestas el cofre con el libro.

Porque imagino que lo conservarás. Claro que sí; ya te dije, que te conozco demasiado. No puedes haber cambiado tanto.

El reto es el siguiente: tienes que resolver un total de 7 enigmas y encontrar 7 fotos que yo he escondido en el perímetro urbano del pueblo de Castropol y los alrededores cercanos.

Para ello, cuentas con 777 minutos de plazo.

Hoy es miércoles. Si aceptas, la prueba dará comienzo el próximo sábado a las 9 de la mañana y se dará por concluida ese mismo día a las 21.57. Esa es, pues, la hora límite, ni un segundo más, para localizar el escondrijo de los 7 lingotes. En caso contrario, me entregarás el cofre y el libro. En total, dispones de 13 horas, menos 3 minutos. Exactamente 111 minutos por cada acertijo. Creo que, para una mente privilegiada como la tuya, es un tiempo más que razonable.

A medida que vayas resolviendo los acertijos, si es que lo consigues, claro, te irás encontrando, alternativamente, con sobres rojos que contendrán nuevas adivinanzas, y sobres verdes albergando una foto.

El desafío, la Gran Búsqueda del Tesoro comenzará en el patio de la Escuela Hogar en el día y la hora indicadas.

Por cierto, aprovecho para comentarte que ahora soy el dueño del palacio de Valledor, bueno, de la mayor parte. Imagino que ya habrás oído hablar de su compra por parte de la Asociación Paisajes de Asturias; pues bien, yo soy socio fundador y, además, mayoritario. ¿Quién nos lo iba a decir, eh, amigo Villamañe? Hay que ver la de vueltas que da la vida. Ya se han hecho importantes reformas. El sábado podrás verlo con tus propios ojos.

Seguramente te estarás preguntando como te localicé. La verdad es que resultó bastante fácil. A raíz de la compra del inmueble me asaltó un furibundo ataque de nostalgia, o quizás decidí comprarlo precisamente por los buenos recuerdos que me traía. Lo cierto es que investigando en Google me topé con un relato escrito por un tal José Villamañe titulado “Regreso al Pasado”. Lo devoré con creciente emoción. Yo también retorné al pasado. Me gustó el toque de misterio y terror sutil, con los fantasmas de los niños y todo lo demás. Hay que reconocer que no se te da nada mal eso de escribir: mis felicitaciones, amigo José. Eso sí, nunca te perdonaré que no comentaras nada del célebre Rastreo, me parecía increíble que lo hubieras olvidado. Creo que esa fue la chispa que prendió la mecha de mi plan. Para tu próxima novela no te quedará más remedio que comentarlo.

Y ya voy terminando, camarada Villamañe, a riesgo de agotar tu paciencia. Te pido disculpas por mi tendencia a enrollarme, a veces me voy un poco por las ramas, pero que creo que la ocasión bien lo merece, ¿no crees?

De momento, no vamos a encontrarnos. Ya llevo un mes por aquí y debo regresar urgentemente por cuestión de negocios. De todas formas, pienso que es mejor así: prefiero recordarte tal como eras entonces y que tú tengas la misma imagen de mí, así el reto es más puro y auténtico. Ambos regresaremos de nuevo al pasado y esta vez no podrás ignorarme, je, je…

Ahí te estará esperando mi secretario y abogado con las instrucciones oportunas. Te adjunto su número: si aceptas el desafío, mándale un mensaje hoy mismo.

Seguramente, te estarás preguntando como puedes saber tú que no te estoy engañando, que yo soy realmente quién digo ser. No te preocupes, he pensado también en eso: junto con la llave de la Escuela Hogar, Abel Torres, mi secretario, te mostrará varios objetos que, espero, te despejen cualquier duda sobre la identidad de tu retador.

Asimismo, te entregará un papel redactado ante notario dónde se recogen las condiciones de la apuesta. Se trata, por decirlo así, de una especie de contrato en el que ambos nos comprometemos a cumplir lo pactado y entregar nuestro tesoro particular en caso de ser derrotados. No es que no me fie de ti, todo lo contrario; más bien lo hago para que tú no desconfíes de mí, lo cual sería perfectamente razonable.

Y sí, aun así, mantienes algún resquicio de duda, el abogado Torres te hará entrega de un pequeño cofre conteniendo 7 pequeños lingotes de 100 gr. cada uno, con un valor total de unos 25.200 euros, exactamente la décima parte de la cuantía del tesoro.

Según vayas encontrando los sobres rojos y verdes, no te olvides de hacerles una foto y mandárselas al móvil de Torres para que me las haga llegar. Ya que no estoy ahí, al menos quiero seguir paso a paso tus progresos.

Ah, muy importante: no te olvides de traer el cofre y el libro, para que Torres les haga una foto y me la envíe.

 

Resumiendo, amigo Villamañe:

7 Enigmas, 7 Fotos, 7 Lingotes de oro, 777 minutos para encontrarlos…

EL INGENIO Y LA IMAGINACIÓN AL PODER

MUCHO ÁNIMO, MUCHA SUERTE (la vas a necesitar, me temo)

Y ¡¡¡¡¡¡¡AL ABORDAJE, BUCANERO ¡¡¡¡¡¡¡

 

José Villamañe tardó poco en decidirse. Qué demonios, tampoco tenía tanto que perder y sí mucho que ganar. Por supuesto que conservaba el cofre y el libro de Stevenson, seguían siendo uno de sus bienes más preciados, en eso tampoco se había equivocado Oliveras.

Así que, el sábado muy temprano se subió al Peugeot 2008 dorado, un color que había resultado una bonita premonición, pertrechado con su tesoro infantil, rumbo a la aventura.

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  • ¿Qué puedo decir?... Bueno y entretenido. Unos minutitos bien invertidos en mi vida. Jejeje. Quedo a la espera del siguiente capítulo, espero no nos hagas esperar mucho. Éxitos.
    Lo poco que le leí me mereció la pena. Excelente como nos guía en este primer capítulo partiendo de un episodio de la niñez. No conocí a los Tres investigadores, pero Los cinco y a los Hollister también formaron parte de mi infancia que también transcurrió entre libros y sueños. Bárbaro
    Perdonado estás, amigo Chus, faltaría más. Celebro que gustara el primer capítulo. La idea es ir publicándolos a medida que el anterior desaparece de la primera página. Ya veo que tuvimos los mismos gustos literarios en la infancia-adolescencia, aunque tú te implicaste bastante más con la creación de ese club de detectives. Además de leer el libro, hiciste la película. Genial idea. Un abrazo, y hasta el próximo.
    Perdona los errores, comas y palabras que me he comido: escribo durante mi trayecto diario de bus de vuelta a casa. :)
    Hola Paco excelente primer capítulo que me ha dejado un muy sabor. Me has devuelto un pedacito de mi infancia, "Los tres investigadores, Los cinco,..." me acompañaron durante años, además también funde con otros amigos un pequeño club que se inventaba casos de la nada para resolverlos...En definitiva lohe disfrutado en todas sus aristas, y espero no te hagas de rogar y sigas publicando el o los capítulos que faltan para resolver el caso que nos propones. Un abrazo amigo y compañero de historias... :)
  • Desde siempre, las noches de Luna llena han sido escenarios abonados donde germinan las historias más singulares...

    42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    José Villamañe, maestro jubilado con mucho tiempo libre, acude al palacio de Valledor en Castropol respondiendo al reto lanzado por su compañero de la infancia, el millonario Juan Oliveras. Dispone de 777 minutos exactos para resolver 7 enigmas, encontrar 7 fotos y desenterrar el cofre con los 7 lingotes de oro, cuyo valor aproximado en el mercado es de 252.000 euros.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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