cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

10 min
7 lingotes de oro ( CAP. VI )
Suspense |
12.02.19
  • 4
  • 2
  • 222
Sinopsis

Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

                                          CAP VI: EL QUINTO ENIGMA 

 

                   ENIGMA NÚMERO 5-A

 

Este es el Cáliz de mi Sangre

Sangre de la Alianza, nueva y eterna

Derramada por todos vosotros

Por el perdón de vuestros pecados

 

          ¡¡¡TOMAD y BEBED!!!

 

Un enigma dividido en dos partes. Oliveras había variado ligeramente su táctica.

Villamañe lo leyó mientras atravesaba el callejón Amor, un nombre de lo más sugestivo, rumbo al Peugeot aparcado a la puerta del Palacio. Se paró a la altura de la abertura en el muro de la huerta, que también era raro no hubieran reparado aún.

Momentos antes, pasaba por delante de la casa dónde en aquel tiempo vivía y trabajaba el zapatero…

 

 …El sol había ganado su batalla contra las nubes, las cuales, reducidas a unos escasos y escuálidos efectivos, se batían en franca retirada hacia el puente de los Santos, rumbo a alta mar. El triunfante monarca astral, casi en el cénit, reverberaba sobre unas aguas que tras haber alcanzado al mediodía su máximo nivel, ocultando la playa de Salías y abrazando los escarpados flancos de El Turullón, habían comenzado su periódico repliegue, cual tropas invasoras regresando a posiciones defensivas, revelando poco a poco el fondo esmeralda de la Ría.

 

Este es el Cáliz de mi Sangre

Sangre de la Alianza, nueva y eterna

Derramada por todos vosotros

Por el perdón de vuestros pecados

 

      ¡¡¡TOMAD y BEBED!!!

 

Vaya, a Oliveras le había atacado la vena religiosa; al menos, aparentemente, que luego podía ser cualquier otra cosa.

Así, al pronto, parecía clara la invitación a visitar la iglesia, y eso fue lo que hizo. Como en ocasiones precedentes, el camino más obvio no resultaría el definitivo, pero, discurrió Villamañe, recordando a “Polizón” y su casita verde de cuento, seguramente encontraría algún ángel amable dispuesto a señalarle la senda correcta…

 

…De la pintoresca y espectacular iglesia de Castropol, símbolo emblemático del pueblo, a José Villamañe siempre le impresionó vivamente la mole magnífica de su espigada torre que parece alancear el cielo.

Una vez traspasada la gigantesca puerta de barrotes, los escolares hogareños accedían al doble cabildo, a derecha e izquierda, con bancos de piedra adosados a las paredes y acristalados tablones de anuncios. Ahí también recibían catequesis a partir del mes de mayo, cuando las temperaturas se suavizaban.

Luego, en el interior, todo se le antojaba inmenso, grandioso, casi apabullante. El interminable pasillo de losas grises y blancas,  flanqueado por incontables filas de bancos; las descomunales pilastras, elevándose como mastodónticos haces de nervios y curvándose al encuentro de las pesadas arañas de cristal y bronce suspendidas del techo lejano, surgiendo del abismo de las sombras; los portentosos retablos, especialmente el del altar mayor con su fantástico sagrario dorado refulgiendo entre las oscuras columnas barrocas; la explosión cromática de las vidrieras como eternos y singulares fuegos artificiales; y, en fin, el aroma enclaustrado y persistente a cera derretida, madera vieja y humo de incienso.

Sí, entrar en la iglesia de Castropol, adentrarse en su fresca penumbra, recorrer aquel espacio acotado y definido por pétreas y ciclópeas estructuras, era como viajar en el tiempo hasta la época de las grandes catedrales…

…Y así, en cierto modo, volvió a sentirse el maestro rural al entrar en el interior de la iglesia 40 años después. Pronto se dio cuenta de que encontrar algo allí, en aquel espacio tan enorme y con tamaña diversidad de objetos móviles y fijos, entre aquella auténtica vorágine de formas y estructuras, sería una tarea titánica. Así que, después de inspeccionar el altar dónde tenía lugar la consagración del Cáliz y no encontrar ningún indicio claro, o tal vez por encontrar demasiados, decidió marcharse y buscar en otra parte.

Necesitaba un recinto más pequeño, una versión a escala de aquél, que contara con los mismos o similares elementos. No tardó en hallar la respuesta. Hace menos de 20 minutos se encontraba, precisamente, a su vera.

Pocos minutos después franqueaba la pesada puerta, rematada por un dintel artísticamente labrado, de la capilla de la Escuela Hogar y penetraba en su interior. Hace 7 años, cuando había regresado allí por primera vez desde sus tiempos de interno, le había causado una triste impresión el desolador aspecto que presentaba la histórica capilla construida en el siglo XVIII. Es por ello, que sonrió satisfecho aprobando el mejorado aspecto del recinto. La capilla se veía limpia, el suelo de polvo y las paredes de telarañas. Habían reparado los desvencijados bancos, recompuesto los cuadros supervivientes de la Pasión y restaurado las imágenes que ocupaban los pedestales a ambos lados del retablo. En cuanto a este, una auténtica maravilla rococó, notable por su valor artístico e histórico, también había sido sometido a una concienzuda limpieza realzando los vivos colores sobre la noble madera.

Reposando sobre un mantel con puntillas de un blanco impoluto, el dorado Sagrario refulgía, como una casita de juguete tocada por los prodigiosos dedos del rey Midas. A su vera, ocupando la gran hornacina central, la Inmaculada de Murillo continuaba aplastando la cabeza del endemoniado ofidio con el cuerno de Luna yaciendo a sus pies.

El áureo fulgor del objeto sacro provocó en Villamañe una natural asociación de ideas: dejando aparte los 7 pequeños lingotes que Oliveras le entregara como señal, la arquita, junto con su homónima hermana mayor de la iglesia de Castropol, era lo más parecido a un tesoro que había contemplado a lo largo del día.

El Sagrario estaba cerrado con llave. Imposible acceder a la copa dorada que albergaba en su interior.

                        “El Cáliz de mi Sangre…Tomad y Bebed”.

Tras una exhaustiva labor de búsqueda por todos los rincones de la capilla durante 20 minutos largos, el tiempo es oro, se vio obligado a admitir que allí tampoco se hallaba el sobre.

Esbozó una mueca de franca desilusión mientras enderezaba un par de estaciones del Vía Crucis, que también habían sido objeto del minucioso registro.

Salió a la sala de despacho-Centro de Operaciones y decidió subir al piso superior para disponer de una mejor perspectiva. La escalera de madera lo saludó con su familiar crujido. A pesar del implacable discurrir del tiempo, había algunas cosas que nunca cambiaban. Apoyado en la fatigada baranda de madera, recordó cuando en una de las múltiples ocasiones que allí se había encontrado aferrado a los duros barrotes, el niño Villamañe, aburrido por el acto religioso de marras, se entretuvo calculando cuantos días restaban exactamente para irse de vacaciones. Cuando descubrió que la cuenta ascendía a 60, su moral se resintió y el alma se le cayó, no a los pies, sino al piso inferior…

 

…Y, a todo esto, el tiempo seguía corriendo. Se sentó en el banco y reflexionó intensamente…El Cáliz de mi Sangre…la Última Cena…

Se levantó cual resorte, salvó la escalera en un salto, cruzó el pasillo a toda velocidad y se plantó en el comedor delante del cuadro de Leonardo da Vinci.

 El bajorrelieve plateado brillaba como si alguien lo hubiera frotado recientemente. ¿Otro cebo de Oliveras?, pensó Villamañe, recordando los cuadros reales del primer enigma. Le pareció bastante probable.

Pero, esta vez se equivocó. El cuadro tenía premio, no había que seguir buscando: otro sobre rojo, pegado en la parte posterior.

Regresó al Centro de Operaciones, extendió el papel sobre la mesa y se concentró en la segunda parte del enigma.

 

 

 

                    Enigma número 5—B

 

                  Sangre derramada sobre el mar

                  Peleando por alguna bandera

 

La sangre continuaba siendo el punto de referencia, el nexo entre A y B. Continuaba hablando de sangre derramada, pero ahora se observaba un significativo cambio: el asunto había pasado de simbólico a real, de divino a humano.

Las dos escuetas líneas parecían una inequívoca referencia a alguna batalla marina, en la que hubieran combatido antiguos habitantes del pueblo de Castropol o alrededores.

Villamañe, buen conocedor de la historia local, resolvió fácilmente el enigma.

Cinco minutos después, segundo arriba o abajo, se encontraba en el parque contemplando el monumento a Villamil, el héroe de la guerra de Cuba. Vino y sangre derramada: la tortuosa mente de Oliveras seguía conduciéndolo por sendas sorprendentes.

 Villamañe saludó al ángel, descollante sobre el techo vegetal de las acacias, con la espontánea alegría del que se encuentra a un viejo amigo a quién debe un importante favor…

…Fernando Villamil (1845-1898), capitán de navío, murió en la célebre batalla naval de Santiago de Cuba, en la cual la Armada española fue destruida por los americanos. El valiente marino, nacido en Serantes, fue abatido hallándose al mando del destructor Furor, cuando se disponía a tomar el control del cañón de proa. El monumento en piedra y bronce se inauguró en el año 1911, juntamente con el Casino. 

El heroico marino aparece entregando su vida a la Patria, simbolizada por una figura femenina con una bandera. Bajo él se ve el destructor que capitaneaba, y sobre su cabeza el ángel, eximio representante de la iconografía castropolense.

El sobre apareció encajado en el seto recortado, al pie de la estatua, enfrente de una de las coronas mortuorias que circundan el mismo.

 

                                   VERDE—5—¡¡¡!!!

 

Villamañe, sentado en un banco, a la vera del monumento, dentro de la benéfica cobertura del ángel, abrió el sobre.

En unos segundos avanzó más de un siglo, regresando al presente, mientras contemplaba la reconocible figura del hotel Peñamar.

A las 5 en punto encontró el sexto sobre rojo, en un macetero situado a la entrada del turístico establecimiento. Fue el más rápido con diferencia. Tiembla Oliveras, esto pinta cada vez mejor.

 

 

ROJO—6—¿¿¿???

 

HORA: 17: 05…Transcurrido: 485 min. …Restante: 292 min.

SALDO: + 70

 

El margen temporal era cada vez más amplio. Viento en popa a toda vela, el bergantín pirata avanzaba triunfante rumbo a la Isla del Tesoro. Oliveras estaría encantado de saberlo, pensó Villamañe sonriendo maliciosamente. Sin más demora, envió la foto. Dejándose llevar por la euforia añadió una carita sonriente acompañada del signo de la victoria.

Casi al momento, mucho le sorprendió tamaña rapidez, recibió la contestación: aplauso+carita de pasmo+manita dando el alto; es decir, hasta el momento lo has hecho bien, pero no cantes victoria que lo bueno está por llegar.

Bueno, Oliveras podía pensar lo que quisiera, pero, una hora y 10 minutos ganados eran un colchón de lo más reconfortante y esperanzador.

Sin más dilación abrió el sobre.

 

                             ( CONTINUARÁ...)

 

 

 

 

 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • Esa frase "el tiempo es oro" suele ser una gran verdad, y, además, da un juego inmenso en la elaboración de literarios Rastreos por sus múltiples matices e interpretaciones, reales y figuradas...
    Ciertamente el tiempo es oro, y seguimos ahorrando tiempo. Qué deparará el próximo enigma a Villamañe...:)
  • 42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    José Villamañe, maestro jubilado con mucho tiempo libre, acude al palacio de Valledor en Castropol respondiendo al reto lanzado por su compañero de la infancia, el millonario Juan Oliveras. Dispone de 777 minutos exactos para resolver 7 enigmas, encontrar 7 fotos y desenterrar el cofre con los 7 lingotes de oro, cuyo valor aproximado en el mercado es de 252.000 euros.

    El pueblo de Castropol, con el histórico palacio de Valledor como protagonista estelar, es el singular y pintoresco escenario donde dos antiguos compañeros de estudios en la Escuela Hogar de Castropol se encuentran 40 años más tarde para revivir la emocionante "Búsqueda del Tesoro" en la que compitieron a finales de los años 70. Los enigmas y acertijos se suceden sin respiro en una lucha trepidante y sin cuartel contra el ingenio del retador y el tiempo límite para superar la prueba. José Villamañe dispone de 777 minutos para resolver 7 endiablados enigmas y encontrar el cofre con 7 lingotes de oro.

  • 119
  • 4.59
  • 25

Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

Tienda

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
Encuesta
Rellena nuestra encuesta