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8 min
7 lingotes de oro ( CAP. VIII )
Suspense |
13.02.19
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Sinopsis

HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

 

CAP. VIII: EL SÉPTIMO ENIGMA

 

Villamañe abrió el sobre allí mismo, sentado en la baranda de piedra labrada, robusta frontera entre el parque y la explanada colindante.

 

ENIGMA NÚMERO  7

 

Pinchar en la última cuesta cerca de la meta.

Es lo peor que le puede pasar a un ciclista.

 

Entre todos los muebles: caros y baratos,

¿Cuál gasta más en zapatos?

 

De todos los animales del mundo

¿Cuál es el peor estudiante?

 

 

José Villamañe, sentado en un banco del parque a la vera del héroe Villamil, se afanó en descifrar el último enigma. Un poco más allá, un par de jubilados mataban el tiempo leyendo dos gruesas novelas en tapa dura recién sacadas de la Biblioteca. Una joven madre paseaba su cochecito entre los setos, mientras otros dos niños de corta edad armaban un gran bullicio en la zona de juegos infantiles.

El maestro rural trató de concentrarse aislándose del exterior, hasta que consiguió quedarse a solas en el mundo con las crípticas frases.

Así, a primera vista, más que un solo acertijo, se le antojaron tres adivinanzas distintas pero relacionadas entre sí por un nexo común.

Pensó que, si conseguía resolver una de ellas, las otras dos vendrían rodadas.

 

Pinchar en la última cuesta cerca de la meta.

Es lo peor que le puede pasar a un ciclista.

 

Lo primero que se le pasó por la cabeza fue un viejo conocido: el puente de El Esquilo. Creía recordar que en sus tiempos de escolar existía allí un puesto de alquiler de bicis. No creía, sin embargo, que Oliveras repitiera el mismo sitio, eso iba contra la lógica y también contra la estética, quebrantando las más elementales normas de una Búsqueda del Tesoro como mandan todos los cánones.

Por otra parte, la geografía de Castropol era bastante plana, no existían grandes cuestas; es posible que las más pronunciadas fueran los ascensos desde el muelle hasta la plaza de la iglesia, y desde Peñamar hasta el parque, pero no parecían tener la suficiente entidad como puerto puntuable por muy modesta que fuera la prueba ciclista en cuestión.

Desconocía si algún ciclista de renombre había nacido en Castropol, pero si tuviera que apostar juraría que no era el caso.

Viendo que no sacaba nada en claro, lo intentó con el segundo acertijo.

 

Entre todos los muebles: caros y baratos,

¿Cuál gasta más en zapatos?

 

En Castropol hoy en día no había ninguna tienda de muebles y tampoco ninguna carpintería, al menos que él supiera.

En las grandes casonas de la villa, algunas, auténticas mansiones, sin duda habría más de un mueble más o menos antiguo, artísticamente labrado, y, por todo ello, muy valioso; pero, Villamañe sospechaba que no iban por ahí los tiros. Oliveras no podía esperar que él se dedicara a andar de casa en casa presentándose como anticuario, historiador o similar.

Entonces, así, de repente, creyó encontrar la solución. Le pareció tan tonta que temió haberse equivocado, no podía ser tan sencillo.

La mayoría de los muebles tienen patas. Por tanto, gastará más en zapatos el que tenga más patas. Lo cual era una obviedad que no llevaba a ninguna parte: todas las mesas, sillas y armarios tienen 4 patas.

En sentido figurado, llevarían zapatos aquellos que se calzan cuando cojean de una pata. Se calzarían más a menudo aquellos que no se encontraban fijos, los que se movían a diario. En estas condiciones, el candidato más idóneo sería una mesa ubicada en un local público, como un bar, por ejemplo; o, mejor aún, una escuela rural, con el piso de madera mal nivelado, dónde los jóvenes usuarios de los pupitres se suelen mover bastante. Villamañe podía dar fe de ello.

¿Una mesa de escuela, pues? Muy poco probable, discurrió Villamañe, acordándose del sobre escondido entre los geranios de las Escuelas Viejas. Volvía a tropezar con el mismo escollo del primer acertijo: ese lugar ya estaba pillado.

Con una sensación de creciente desánimo, la emprendió con el tercero en discordia.

 

De todos los animales del mundo

¿Cuál es el peor estudiante?

 

A ver si con éste estaba más inspirado, porque si no el despejado cielo azul que lo acompañara hasta el presente empezaría a cubrirse de espesos nubarrones.

Oliveras había escogido un día ideal con unas condiciones climatológicas inmejorables para desarrollar un Rastreo; solo faltaba que ahora se desencadenara una tormenta.

Así, al pronto, este no parecía más asequible que los demás. Si en vez de preguntar por el peor, preguntara por el mejor, al menos habría unos cuantos candidatos posibles. Ahí estaba el elefante y su famosa memoria; el mono, capaz de fabricar herramientas y de reconocerse a sí mismo frente a un espejo; el loro, que puede aprenderse un extenso repertorio de palabras; y, por supuesto, el perro y el delfín, por su capacidad para el aprendizaje y su estrecha relación con los humanos.

Si le preguntan a un niño respondería, lógicamente, que los peores estudiantes serían el burro, por razones obvias, y la oveja, que sólo se sabe la letra b. Pero, claro, en un desafío de categoría como este, no caben este tipo de soluciones tontorronas.

Villamañe repasó mentalmente la lista de animales más listos y descubrió, con gran sorpresa, que uno de ellos podía ser perfectamente el peor estudiante. Cómo Einstein, pensó, realizando una rápida asociación de ideas, que era un genio y suspendía Matemáticas.

Señoras y señores, niños y niñas, en el Primer Campeonato de Animales Malos Estudiantes, por unanimidad del jurado popular el ganador es…¡¡¡El loro!!!...Porque lo repite todo.

Y, tal y como había sospechado, una vez resuelto un acertijo, los otros dos caían por su propio peso. En determinado contexto, y, especialmente en las circunstancias que aquí concurrían, el loro se asocia naturalmente con los piratas. Todo buen filibustero que se precie debe llevar el simpático animalito sobre su hombro, limpiándose el pico con la pata de cuando en cuando y profiriendo alguna gracia que otra, más o menos subida de tono.

Pinchar en la última cuesta cerca de la meta.

Es lo peor que le puede pasar a un ciclista.

 

Entre todos los muebles: caros y baratos,

¿Cuál gasta más en zapatos?

 

De todos los animales del mundo

¿Cuál es el peor estudiante?

 

Además del lorito, se necesitan, al menos, un par de cosas más para completar el atuendo o disfraz de pirata. La solución al acertijo del ciclista por fuerza tendría que ser el parche, y la de los zapatos solo podía ser la pata de madera.

Añadimos el garfio de rigor, y ya tenemos el pirata completo en perfecto estado de revista.

¡¡¡Ingenio e Imaginación al poder!!!...¡¡¡Al abordaje, mis valientes bucaneros!!!

Villamañe pensó que, definitivamente, Oliveras había llegado al final justo de fuerzas. El último acertijo no había resultado tan complicado como cabría esperar. Aquello hizo que aumentaran sus temores sobre la posibilidad de que El Uruguayo le tuviera reservada una sorpresa final.

Una vez resuelto el séptimo enigma, el maestro rural tardó escasos segundos en saber, sin margen para la duda, dónde debía buscar el último sobre verde. La meteórica revelación aumentó, más si cabe, su desconfianza hacia una rápida e inmediata resolución del caso. Estaba cerca de la meta, pero, o mucho se equivocaba, o aún le quedaba un último puerto que ascender: corto, sí, pero muy duro.

Estacionó el Peugeot, su singular bergantín, en el área recreativa cerca de los viveros, y comenzó a descender a través de la empinada escalera de madera, entre castaños y eucaliptos, rumbo al islote de El Turullón, su particular Isla del Tesoro. Mientras transitaba la tortuosa y resbaladiza senda artificial, Villamañe iba rememorando el mismo descenso, unas decenas de metros más atrás y unas cuantas décadas antes, realizado en compañía de sus compañeros de la Escuela Hogar en las múltiples visitas realizadas a la Playa de Salías…

…Al llegar al prado comprobó que la marea ya había comenzado su imparable retorno, pero después de consultar su Casio, calculó que aún faltaban unas 5 horas para la pleamar. No existía, pues, peligro de quedarse incomunicado.

El templado viento del suroeste volvía a soplar en suaves pero continuas rachas haciendo crujir la olorosa hojarasca de los eucaliptos que coronaban el escarpado islote.

 

Tras una breve, aunque fatigosa ascensión, Villamañe se abrió paso entre los floridos espinos recorriendo el islote de una punta a otra.

Exactamente a las 19.55, encontró el último sobre verde dentro de una pequeña caja fuerte enterrada entre dos eucaliptos.

 

                            VERDE—7—¡¡¡!!!

 

HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

SALDO: +117

 

Temblando de emoción, lo abrió allí mismo, sin mayor demora.

La séptima foto mostraba una panorámica del cementerio de Castropol y sus alrededores tomada desde el cruce con la carretera del muelle.

 

                    (CONTINUARÁ...)

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  • Me parece que te has liado un poco, Gustavo: los capítulos están bien ordenados. Es comprensible tu confusión, por la similitud entre los finales y la dinámica de los capítulos en general. Muchas gracias por leer y comentar.
    O me confundo porque el el capitulo VI yo estaba esperando que abra el sobre.
    Paco es posible que este sea el capitulo VII y el 7 el VIII ?
    Pues, mucho ojo, Chus, no sea que te concentres tanto en la historia que vayas a saltarte la parada y termines arrivando a Castropol. Por otra parte, sería el escenario ideal para terminar de leer el relato. Un abrazo, amigo.
    Hola Paco, me has cogido disfrutando en el bus de tu séptimo enigma. El final se acerca y tengo más que curiosidad de ver cómo lo cierras. Respecto a tus comentarios simplemente agradecerles, son más que un estimulo, aunque en ellos hay más calidad y capacidad de observación que en los propios relatos. Me da tiempo a leer un episodio más...saludos amigo
  • Desde siempre, las noches de Luna llena han sido escenarios abonados donde germinan las historias más singulares...

    42 minutos....2.520 segundos....ni uno más, ni uno menos... es el tiempo que tiene José Villamañe para localizar el cofre con los 7 lingotes...

    HORA: 20.00…Transcurrido: 660 min…Restante: 117 min.

    HORA: 18.40…Transcurrido: 580 min…Restante: 197 min. José Villamañe tiene algo más de 3 horas para encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    Y en búsqueda de los 7 lingotes, llegamos al capítulo VII. A medida que se acerca el final, la carretera se empina cada vez más y las curvas retorcidas se vuelven más traicioneras por momentos...

    Cada vez más cerca, cada vez más cerca...pero aún tan lejos...cuidado...porque el tiempo es oro...

    Enigma tras enigma, José Villamañe sigue aproximándose a ese tesoro oculto...

    Paso a paso, enigma tras enigma, minuto tras minuto, José Villamañe sigue acercándose al preciado tesoro con un valor estimado de 252.000 euros.

    José Villamañe continúa la carrera contrarreloj para descifrar los enigmas que le permitan encontrar el cofre con los 7 lingotes de oro.

    José Villamañe, maestro jubilado con mucho tiempo libre, acude al palacio de Valledor en Castropol respondiendo al reto lanzado por su compañero de la infancia, el millonario Juan Oliveras. Dispone de 777 minutos exactos para resolver 7 enigmas, encontrar 7 fotos y desenterrar el cofre con los 7 lingotes de oro, cuyo valor aproximado en el mercado es de 252.000 euros.

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Desde niño, he tenido en los libros a mis mejores amigos y "quién tiene un amigo, tiene un tesoro " ; al día de hoy, sigo buscando cofres enterrados y disfrutando del botín. Os invito a conocer mi blog: castroargul3.blogspot.com.es

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