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9 min
88 BAJO PLEYADES IV
Suspense |
28.12.12
  • 3
  • 2
  • 3945
Sinopsis

Penúltimo capítulo del secreto de estado, gracias por seguir.

 

88 BAJO PLÉYADES

Parte IV: Ellos.

Suspense

AUTOR: ANGEL NAVA PRUDENTE

(xeroxed_angel@yahoo.com.mx)

 

No había confusión. Debemos avanzar. Esas fueron las palabras. Suelas pesadas arrastraron arena sobre el suelo. El miedo acrecentaba a cada paso. Entre las filas pude escuchar un padre nuestro y una serie de repeticiones de maldición.

La entrada de la caverna se acercaba, amenazando con devorarnos hacia un mundo de oscuridad. A nuestra izquierda, nuestra seguridad dependía del equipo de Borjes, atentos a cualquier eventualidad. Más allá de sus costados, la nada se dibujó.

-       Tal parece que esto es un nido de hormigas – dijo Borjes. – hay tantos caminos que bien podríamos perdernos en… ¿pero qué?

Su comentario se interrumpió cuando iluminó la parte superior del área que vigilaba. Sobre nuestras cabezas, una roca enorme apareció como un tablero de damas chinas, tenía tantos agujeros como si una lombriz gigante entrara y saliera a placer.

-       Esto es una maldita colmena – dijo, y su bota cerró la frase con broche dorado, haciendo crujir en el suelo restos no humanos. – Con una…

Cuando la luz le permitió ver, descubrimos que eran cientos y cientos de restos de murciélagos esparcidos por el suelo del recinto. Mutilados, incompletos.

-       Se alimentaron de… - dijo Martinazzo.

-       De lo que les permitiera vivir – completó Arteaga.

-       Reporte – dijo la voz por el auricular.

-       Señor encontramos lo que parecen ser restos de murciélagos, cientos de ellos esparcidos por la caverna, supongo que se alimentaron de ellos para sobrevivir.

-       Proceda, están cerca, los restos lo indican, utilicen y protejan los lanzallamas si es preciso. Hay un escuadrón disponible si lo necesitan.

-       Se lo haremos saber, señor.

Travis tragó saliva, su mirada de niño asustado lo decía todo ¿Dónde estaba el deseo de tener acción?

Arteaga interrumpió entonces.

-       Señor, creo que debemos darnos prisa, esto me da mala espina. Usted sabe que los murciélagos sólo pudieron entrar aquí por una abertura entre las rocas, si esa abertura es lo suficientemente grande, me temo que nuestra presencia aquí es inútil ya.

Steiner abrió los ojos de más, no se le había ocurrido, a decir verdad, la lógica de Arteaga. Entre ojos intrigados, Steiner se le acercó y replicó en voz baja:

-       Soldado, puede que tenga razón,  pero hasta no ver que este lugar esta vacío, o en su defecto, que no encuentre a ningún hijo de puta con colmillos que aniquilar, tendré en consideración su teoría. Mientras tanto, los únicos oídos que deben escuchar su opinión, son los míos ¿entendió?

-       Señor – dijo Arteaga bajando la cabeza.

-       Borjes, Murano, Taboada den la orden a sus hombres e intercalen formación con los lanzallamas, protéjanlos, la caverna nos espera.

La marcha se reanudó. Arteaga guardó silencio y Travis, menos que nunca quiso estar en la formación delantera.

Estalagmitas a manera de colmillos protegían la entrada, formando un cerco peligroso.

-       Martinazzo, el hacha – dijo Steiner.

-       Señor.

Martinazzo recogió su arma y extrajo el hacha de su equipo para derribar las estalagmitas. A su lado, Chanuzi, el toro pelirrojo del escuadrón de Murano lo imitó. Los dientes cedieron abriendo paso suficiente a las filas. Las linternas iluminaron el inicio del enorme intestino de roca, apenas dimos unos pasos, cuando el hedor insoportable llegó a nuestras narices.

-       Demonios ¿Qué es ese olor? – dijo Chanuzi

-       Ahí hay algo – mencioné.

Cuando la luz se dirigió al rincón señalado, un par vomitaron y otros más no pudieron evitar las arcadas. Amontonados sobre las rocas, yacían cuerpos incompletos del enemigo tan temido, lo que quedaba de la amenaza de los vampiros. Incompletos, putrefactos, desangrados.

Bajo el cúmulo de restos, algo se movió.

-       ¡Mierda, ahí hay uno!

Los disparos retumbaron en la roca, el macilento cuerpo de un vampiro fue pulverizado por un centenar de proyectiles, antes de que Steiner pudiera gritar que nos detuviéramos.

-       ¡Alto el fuego! ¡Alto al puto fuego! – gritó furioso.

A metros de nosotros, el trozo de alimaña incompleta lloriqueaba aún, con su último soplo de sobrevivencia, con la piel apelmazada, manchada y rostro demacrado, daba más lástima que miedo. Steiner se acercó para ultimarlo, pero la boca de la alimaña lo detuvo, parecía sonreír al momento de escupirle las palabras.

-       Vayan… vayan-se… ya… ellos…son…son…

Fue lo que alcanzó a decir antes de volver a ahogarse en su propia sangre, Steiner terminó por detonar su arma en dos ocasiones y regresó al grupo.

-       Travis, acaba con esta mierda ya.

-       A la orden señor.

Travis accionó el lanzallamas contra la pila de cadáveres, dejando ver más allá de la caverna, con la luz de la pira, más restos amontonados, brazos, piernas y torsos manchados con la enfermedad que acabó por mermar su existencia, manchas púrpuras en su piel, centenares de cuerpos ardieron bajo las llamas.

            Steiner se giró hacía nosotros con expresión de convencimiento.

-       Arteaga  ¿ve que no será necesario dar la señal de alarma? A estos pedazos de mierda hasta mi abuela con un bat les podría.

Las risas no se hicieron esperar.

-       Así lo creo señor. – dijo ella en tono serio.

Steiner y los demás al mando dieron la orden de retirada. Borjes había hecho lo mismo con las cavernas que se mostraban de su lado, y el olor a carne quemada invadió el recinto pronto. Steiner ordenó lanzar bengalas sólo para asegurarse de no dejar nada atrás con vida e informó a Berlioz.

-       Capitán, si no tiene otro inconveniente, hemos terminado aquí e iniciamos el regreso.

-       Enterado sargento, buen trabajo.

Al regreso, palabras como patrañas y mierda se dejaron escuchar en voz baja. A pesar del miedo, todos nos quedamos con la intención de jalar el gatillo por lo menos en  un par de ocasiones, como lo hiciera Steiner. Tras nosotros, los cadáveres se consumían.

Los demás bromeaban, pero nuevamente entre Arteaga y yo, la duda surgió. Pareciera como si los demás cerraran sus oídos a la voz del moribundo.

-       ¿Escuchaste lo que dijo el moribundo? – dije.

-       Si, dijo ellos, como refiriéndose a algunos más.

-       No quiero ser pesimista, pero presiento que esto…

-       No se rezaguen – dijo Steiner – la charla para después.

-       Mierda ¿pero qué? – dijo Martinazzo tras de nosotros. Al parecer, había pisado el mismo cráneo que Steiner tiempo atrás.

-       Date prisa Martinazzo, es sólo un cra… - nadie le contestó.

Steiner le buscó y ordenó a los demás detenerse con el puño en alto y la mirada escrutadora.

-       ¿Martinazzo?

Mis ojos y los de Arteaga no le encontraron. Si gritó, nadie lo había escuchado. Steiner preparó su arma y apuntó al rincón oscuro en el techo de la bóveda que las lámparas fluorescentes no lograban iluminar.

Algo se movió desde arriba, un bulto de considerable tamaño que gruñía. Gotas oscuras cayeron sobre nuestro uniforme y después, las gafas naranja se rompieron al tocar el suelo.

-       ¿A dónde mierda nos trajiste Dios?

Disparamos, mientras ellos bajaban sobre nuestras cabezas, retrocedíamos mientras corrieron sobre las paredes, sus pisadas hicieron retumbar el lugar, eran cientos, su tamaño superaba con creces nuestra humanidad, ahí pude darme cuenta que no teníamos las armas, no teníamos el personal. Fue lo que pude pensar antes de ver a Steiner gritar y ser partido en dos.

Eso era de lo que hablaba el moribundo. Ellos.

Retrocedí protegiendo a Arteaga pero uno de ellos la alcanzó rasgándole el brazo y el costado. Apenas hubimos librado la puerta, Berlioz gritó ordenando que nos arrojáramos al suelo.

La andanada de proyectiles no se hizo esperar, frenando apenas el avance de los monstruos. Porque eso eran, monstruos, desesperados y encerrados bajo tierra, quizá tomaron la decisión de nombrar a unos cuantos los elegidos para alimentarse de los demás y así crear la clase de trogloditas que pudieran emerger al fin del encierro. Que pudieran esperar hasta que confiados, irrumpiéramos en su cárcel subterránea y rebasar la puerta que les daría la bienvenida al mundo de arriba.

Hasta donde pude ver, aun cuando su fuerza era mayor, su piel contenía, en menor número, las manchas de sus hermanos enfermos.

Logré guarecerme en una habitación contigua ante las órdenes de Berlioz y los soplos de fuego de los lanzallamas. En algún momento perdí de vista a Arteaga, entre el rumor de las armas y los gritos, me levanté en la oscuridad de la habitación y tomé mi arma para apoyar el ataque.

Fue entonces que escuché la voz a mis espaldas.

-       Ahora es el momento en que puedes irte, salir de aquí.

Me quedé petrificado, no era una voz humana, mi dedo acarició el gatillo y me di vuelta con la nuca erizada de terror. Ahí estaba, la imagen viva de los seres representados en las paredes del auditorio, de orejas puntiagudas y colmillos como estalactitas.

-       Muévete engendro, y no dudaré en disparar.

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  • vaya rollo. no he podido acabarlo, no engancha nada y está escrito mal, como un principiante pero peor, con ese prurito del escritor que cae en lo kitsch con imágenes que rompen el sueño de la ficción, y da sueño sobre todo
    Escribe tus comentarios...Podía ver la huida del grupo, muy buena la historia, me quedo con las ganas de saber pero he disfrutado un montón esta entrega.
  • "Nuestro pensamiento será uno, cuerpo, alma y mente unidos, siempre..."

    Un saludo a todos los lectores y escritores de esta página, en especial a aquellos con quienes compartimos la crowd creation de El cetro de Esmeraldas, espero les guste este pequeño poema... Buenas noches.

    ¿Qué podía imaginar yo señor, que detrás del telón siempre estaban ellos, husmeando y vigilando, arrancando cada vestigio y cada rastro de humanidad que estaba en mí? ¿Qué podía imaginar que mi hogar era un apocalipsis?

    "Es ella quien mira al lago cercano donde crecen los juncos y las raíces, igual que piernas de madera, a la sombra de los alcornoques, troncos que esconden nombres en silencio..."

    Un vagabundo sueña con una vida fácil, hasta que encontró la casa ideal para llevar a cabo su plan maestro, aquella de la sonrisa beige...

    Después de perderme unos meses, les saludo de vuelta con un pequeño poema, si no mal recuerdo no escribía desde marzo, desde el capítulo XII de la crowd creation, en fin, espero les guste, saludos!

    Como mencioné en el foro, no deseo introducir secuencias ni personajes que no encaucen con la historia, pero si deseo acentuar la maldad de las fuerzas del caballero Oscuro, los que aqui se nombran bien pueden pelear contra Ireler y Magnus, además de que el profeta se vea en peligro o sea eliminado por su ambición de tambien conseguir el cetro, espero sus opiniones y a Maikita por supuesto con el XII. Un saludo a todos! P.D. Sugiero una vuelta por el foro para concretar opiniones...

    "Su voz era realmente siniestra, escalofriante ¿no era esto lo que buscabas? Me dijo una vez ¿no buscabas la tendencia a no dormir? ¿no querías el miedo? La mayor parte del tiempo la consumía en cortar espejos de tamaño mediano que conseguía probablemente mientras mi cabeza dormía..."

    "La luz del ordenador, única, mínima, alumbrando mis falanges que escribían a mil, las lenguas de la oscuridad susurrando en mis oídos y el abrazo de la noche hicieron que surgieran las historias, historias de verdad."

    Siguiendo la secuela, añado el capítulo II, Ender gracias por crear esos personajes de los que puedes derivar en miles de vertientes, aqui les entrego el sig. capitulo preparado bajo la musica de Audiomachine y two steps from hell para la inspiración, Mayka , tu turno! saludos a todos!

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