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12 min
A golpe de Tamborradas
Reales |
11.01.20
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Sinopsis

Hªs. engorrosas alrededor de los mundos de Laura que son los nuestros

La Tamborrada es la fiesta con la que cada 20 de enero Donostia / San Sebastián celebra el día su patrón. La fiesta comienza a las 00:00 en la plaza de la Constitución con la izada de la bandera de la ciudad. Es entonces cuando la Sociedad Gaztelubide y los representantes de otras tamborradas empiezan a interpretar las melodías de Sarriegui, que sonarán en la ciudad durante todo el día. La historia comenzó en 1836 como una de las comparsas del carnaval donostiarra; al poco tiempo se empezó a tomar como tradición festejar al patrón recorriendo las calles de San Sebastián. En un principio, los participantes iban disfrazados, pero más tarde se uniformaron como los militares que había en la ciudad. Los primeros uniformes utilizados reproducían los de los batallones gipuzcoanos que intervinieron en la Guerra de la Independencia y tenían un estilo francés de vestimenta militar. A medida que se fue ampliando el número de participantes en la tamborrada, se dio entrada a otras compañías con otros uniformes. Este día es prácticamente imposible no ver ninguna tamborrada por las calles de San Sebastián, y es que más de 147 compañías (formadas por entre 20-50 tambores y 50-100 barriles, acompañados por una banda de música, abanderados y abanderadas) dan vida a la ciudad con sus canciones y bailes. A las 24:00 horas del día 20 la tamborrada Unión Artesana es la encargada de arriar la bandera y dar por finalizada la fiesta hasta el año siguiente, dejando algunas lágrimas de emoción entre el público donostiarra.

Lina divaga: "Ha quedado en el imaginario colectivo la tradición ineludible inyectada en vena de que la fiesta de San Sebastián es ese día entrañable en los que los diversos miembros de la familia vasca (dando por supuesto que todo el mundo tiene una) van a juntarse, de nuevo, recién terminada la Navidad, alrededor de una mesa para proceder a la ingesta desaforada de comida recorriendo para ello los kilómetros que les separen de su lugar de residencia habitual al meeting point negociado de antemano. No se discute en voz demasiado alta el mantenimiento de la tradición cristiana aunque la mayoría de los participantes en estas cuchipandas consumistas tengan una muy peregrina relación con el auténtico sentido religioso de la fecha en cuestión. Lo que me llama la atención –otro año más- es comprobar cómo se sigue repitiendo en buena parte de la sociedad una pauta  contradictoria. Me refiero a esa costumbre de juntarse familiares que prácticamente no han tenido entre ellos contacto durante el resto del año. Supongo que esto ocurre porque hay una mesa familiar que aglutina a padres, madres, hijas, hijos, yernos, nueras, hermanas, hermanos, cuñadas, cuñados, sobrinada en general y  nietos si han llegado ya. También sé que muchos se quieren de verdad, que son una piña, pequeños clanes enhebrados por el afecto que son felices pasándose la pelota del cariño. Tanto me afecta que ni siquiera soy capaz de ironizar al respecto. Por cierto que en mi casa ya hace bastantes años que no hay discusiones ni negociaciones previas para ver si se celebra aquí o allá, que si el año pasado lo hicimos así y que si éste toca asá. Llega un momento en que cada uno va a su bola y ya ha quedado más que meridianamente claro quién se lleva bien con quién y que la única condición para juntarnos es la del cariño y el respeto y cuando falta -que eso pasa en las mejores familias- pues aquí paz y después, gloria. Desde que mis hijas volaron del nido, el pequeño Aritz aún no, la festividad me la sopla. Lo celebro cuando puedo, si es que puedo, a veces con la conciencia tranquila y el ánimo lo más sereno posible en la soledad compartida de ese día en mi casa. Este año faltará mi perrillo, que bien que nos divertíamos él y yo bailando los reiterativos ritmos de Sarriegui y riéndonos de las broncas que habría en algunas otras mesas similares a la nuestra. Ya falta menos para Semana Santa. Aún con la retaíla del empacho navideño, otro año más y un año menos en el cómputo total. Se acercaron las uvas y nos quedamos pensativos (algunos) o filosóficos (los menos) dedicándole unos segundos a la inanidad de la vida o a lo emocionante que es vivir, según se tengan más o menos lustros contabilizados. Me gusta pasar de un año a otro echando la vista atrás, pasando una fugaz revista a mis pequeños logros o no tan pequeños errores. Quiero ver si he mejorado algo o si me he pasado el año tirada en el sofá (imaginario) con una mantita (imaginaria también). No se trata de echar cuentas de quién se ha ido de la propia vida ni de los tropezones que no se han podido evitar; tampoco vale la pena enumerar viajes ni amores, porque todos pasan y no quedan más que los recuerdos fotográficos en la cámara del móvil o algún que otro latido desacompasado en el corazón. Lo que vale la pena de verdad –siempre desde lo personal- es comparar el "Debe" y el "Haber" emocional y ver si nos "cuadran los números"; comprobar en lo íntimo y silencioso de nuestro "cuarto interior" si hemos sido capaces de mejorar un poquito como personas y, como consecuencia lógica y esperada, ser un poco más felices y sentirnos más a gusto con nosotros mismos. 2019 nos ha ofrecido trescientas sesenta y cinco oportunidades para trabajar en lo que para nosotros vale realmente la pena. Para unos puede que haya sido seguir pagando una hipoteca, para otros abandonar las filas del paro o recuperar la tranquilidad que emana de una cuenta corriente sin sobresaltos. Para otros, los que no han tenido problemas de dinero, puede que la pelea haya sido con la salud y los quiebros y requiebros que nos da a partir de cierta edad. No es poco sabernos vencedores de esas personales batallas. El amor perdido o hallado de nuevo, los abrazos y las sonrisas, el cariño de los nuestros y la complicidad con los amigos son trabajos cotidianos que van a sumar –o a restar- en las cuentas finales. Ahí es donde deberíamos ser muy cuidadosos y, si hallamos una descompensación entre lo perdido y lo ganado, tomar buena nota para reequilibrar la balanza. Aunque, pensándolo bien, hay pérdidas emocionales que acaban sumando en nuestra experiencia, todo tiene su sentido y razón de ser. Me gusta acabar el año oficial reflexionando sobre si tengo muchas o pocas ganas de afrontar el nuevo año que se presenta. Si todavía me quedan ilusiones, la cosa va bien. El resto, ya lo iremos gestionando según vaya viniendo; menuda pérdida de energía anticiparse a situaciones negativas o imaginar hipótesis sin esperanza… Y si consigo mantener la paz en mi corazón un año más, -y el colesterol en su sitio- ya me doy por satisfecha con todo ese beneficio"

Lagun, la secunda: "No era obligatorio decorar el árbol ni montar un belén. No era indispensable el espumillón ni las luces ni el río de papel de aluminio. No era necesario colgar un Papá Noel escalando el balcón. No era imperativo cantar villancicos ni vestir trajes típicos. No era preciso felicitar por correo, e-mail o whatsapp a toda la lista de conocidos. No era ilegal no comprar lotería del gordo o del niño. No era vital cortar un abeto ni llenar el salón de flores de pascua. No era ineludible hacer cola en el parking, el supermercado, la tienda de electrónica, la pastelería, charcutería o pescadería. No era forzoso comer hasta empalmar con la cena . No era obligatorio probar el turrón de yema, el duro, el de chocolate, las peladillas, los polvorones, el roscón, el mazapán y los mantecados. Ni siquiera era delito no comerse las uvas. No era inevitable comprar tantos regalos, llenar el container de envoltorios, plásticos, papel de celofán, cartones, cajas y moldes de poliestireno expandido. No era imprescindible comprar marisco cuando más caro estaba. No era obligación ir de mercadillos, correr la sansilvestre, salir a cantar, estrenar jersey navideño. Ni comprar un detalle, perfume o pañuelo moquero a un pariente político a quien no conoces. No era indispensable tirar más petardos o fuegos artificiales que el vecino. No era imprescindible ponerse un gorro, un liguero o un tanga de color rojo. No era fundamental ver, en directo, el hortera vestido de Cristina Pedroche. No era necesario pasarlo tan bien como si fuera obligatorio;..."

A pesar de su juventud, Aritz también recapacita: "No sé si hoy tenemos claro lo que somos, si sabemos lo que queremos, pero saltamos como un resorte frente a lo que rechazamos. Reaccionamos contra lo que nos disgusta pero nos cuesta movilizarnos a favor de lo que nos convence. Resulta trabajoso persuadir al votante con promesas de prosperidad o bienestar. Es más fácil y efectivo convencerle de que el de enfrente es más ladrón, deshonesto, corrupto, traidor, inútil o indigno del puesto. Hoy hace falta contar algo diferente si quieres conseguir una portada o un entrecomillado. Lo más fácil es levantar la voz, desenfundar el insulto. En un tiempo en que los titulares y los tuits compiten en vulgaridad se premia con negritas el disparate. Recuerdo, a pesar de mis cortos años, cuando los partidos concentraban su campaña en sus caladeros naturales. Hoy la táctica de algunos candidatos es la contraria. Exhibirse en entornos hostiles donde sus ideas son mal recibidas. No pretenden cambiar la tendencia sino provocar una imagen que indigne, y movilice, en otros lugares a sus indecisos. Las campañas amenazan con reducirse a una colección de anécdotas. Quizá funcione pero revela el poco respeto que muestran esos candidatos o, ya, políticos consolidados en sus asientos, hacia los ciudadanos. ¿Les pagaré con mi indiferencia?"

¿La ley de la eutanasia será una realidad con un gobierno de izquierdas? Javier Padilla, médico y escritor nóbel: "Desde 2012 hemos dejado morir a 70 inmigrantes indocumentados en España al año" Ante tanto lío, Laura se lanza empecinada a ponerse todos los accesorios de cabeza que marcan tendencia, diademas, sombreros y el dolor de la misma ante tanto caos: "Los excesos son nocivos, el de la calma, concretamente, es el que más rápido nos lleva a la tumba; nadie ha sobrevivido nunca a tanta paz, la guerra da vida y, perder apostando, puede ser una victoria" (Nerea Delgado) Vivimos en una sociedad empantallada con la necesidad de estar permanentemente conectados y con unos trenes de cercanías en Madrid absolutamente saturados en desastre claustrofóbica. Los corales del Mediterráneo lloran indefensos ante las redes de pesca y, cruzando el puerto desde su capital, Laura se dirige a las zona menos conocida del archipiélago maltés con sus sinuosas calles de las Tres Ciudades que serpentean entre multitud de vestigios monumentales como el casco antiguo de Bormla, atesorando a los Caballeros de la Orden de Malta, al Fuerte St. Angelo en Vittoriosa o a los jardines Gardjola en Senglea. Laura posa mediante pasadores, estética trad y al estilo burgués de los sesenta a lo Stella Von Sergen, prescriptora del street style a base de medias fantasía de colores. Laura recaba después en una increible casa- árbol de Costa Rica, habitación con jacuzzi, cabaña hecha con un avión Boeing 727 reformado con extensión de madera. Laura posa de vestidos monocolor, faldas tweed y chaqueta Gucci de cuero fino. Un atún rojo de 300 kilos alcanza los 3 millones de euros en la lonja de Tokio. De la influencer de la felicidad, Miranda Makaroff, Laura vuelve al top de visitas Chillida Leku, mientras el carnaval ya llega a Polonia a través de su Zywieckie Gody, pintoresco y folclórico festival. Aquí, el 88% de los aspirantes a policía urbana cae en la prueba de cultura general. El turismo de shopping se enclava en la calle Larios, Málaga, perfecto acceso peatonal para ir de compras; como la calle Colón, espina dorsal valenciana; la Gran Vía de Bilbao, por donde Laura se pasea a base de chándal color gris; Preciados en Madrid;... Interior y Defensa estudian que militares que dejen el Ejército se integren en Prisiones, donde hacen falta, mientras, la crisis migratoria de la UE ya no es cuestión de números sino de discurso político; los movimientos populistas de Europa han encontrado en la deficiente política migratoria europea la fórmula perfecta para ganar votos a partir del miedo al otro, la nostalgia de tiempos pasados y la necesidad de recuperarun control que se cree perdido, neoliberalismo voraz summum, se supone, de los males de la globalización. Telecomunicaciones es el sector con más reclamaciones de los 5 últimos años, al tiempo que, Albert Rivera y Cifuentes son tentados como fichajes para el reality show Supervivientes 2020 y, Noa, pone letra a la música de Bach celebrando sus 30 años de carrera con visita a Madrid;...

... Gracias mil por la paciencia,
    K.Fdez/Donostia/11-01-2020

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  • El actor Arturo Fernández dijo una vez que siempre son ellas las que eligen a su pareja; es decir que las mujeres son las que mandan. Y es verdad. Yo detesto a los clichés políticos que manipulan a la gente, y eso es lo que digo en mis escritos. ¿Sabes que hay muchas separaciones de pareja por críticas absurdas por culpa del feminismo? Esa es la verdad a pie de calle. Y por cierto, sé que en el país vasco en muchos lugares existe el matriarcado.
    Ya veo que me has leído en CORTOS RELATOS. Ciertamente me relaciono amistoamente con todo el mundo, tanto con hombres como con mujeres. No soy ningún machista. Y además he tenido aventuras con algunas mujeres. Pero también han habido muchas que me lo han hecho pasar mal. Lo que dice Ester Vilar es verdad. A ellas como seres humanos que son, ¿por qué no se les puede decir lo que hacen mal? El feminismo me recuerda al fascismo que no se podía criticar aquel régimen. Estoy harto del mismo discurso en películas, libros y programas de televisión. ¿Qué pasaría si los hombres también escribiésemos libros criticándolas a ellas?
    No hallo tu relato; no obstante, yo te veo más bien caballeroso que machista feroz y si al serlo alguna se molesta, problema de ella, porque se entiende que tampoco eres un gallo de corral con tus semejantes, los hombres. Un excepcional ejemplo: Arturo Fdez, fina estampa caballero, que no molestaba a nadie y que descanse en paz. Ya seguiremos...
    He escrito un ensayo en la página CORTOS RELATOS, llamado LA DEFENSORA DE LOS HOMBRES. Si lo quieres leer ya sabes. Y es que yo sí pienso que hay una guerra entre los dos sexos.
    ¡Ah, me olvidaba! He leído en un periódico que la gente inteligente no debe de ver los programas en la tele del "Corazón"... ¡Así que nada de ver a Tamara... ! jejeje. Por cierto, vi otra vez la película EL ÚLTIMO CUPLÉ con Sara Montiel, y hombre era muy mala. Pero yo me sabía la letra de todas las canciones, que las aprendí de pequeño. La gran Sara había sido mi referente erótico en esa época.
    Supongo que lo habrás pasado en grande con esta fiesta Tamborrada. Siempre sucede igual. En una comilona festiva, al final la gente se agrupa con quien tiene afinidades y es natural. Lo que dices del insulto político, es que hoy en día la desfachatez se interpreta como franqueza. Esto por lo que he podido ver, es muy propio de la gente vulgar, popular. Lo he visto en muchas reuniones familiares. Y hay gente de cierta edad, que sienten pasmo ante esta zafia actitud. El pueblo llano no tiene nada de sabio. A mí particularmente esta sesión de insultos y chantages en el Parlamento me dieron vergüenza.
    Un besazo grande, Kerman. Y ánimo con ese fresquito! 🥶
    Curiosa fiesta, la Tamborrada. Por suerte 😊 en Youtube hay unas cuantas grabaciones y me ha llamado la atención que también las mujeres participan de ella. Y los cocineros? Jeje. El nexo de unión en las familias pienso que son los padres, y cuando éstos faltan, éstas tienden a segregarse en grupos más pequeños. Suerte aún de quien puede reunirse y compartir el cariño aunque durante el año no tengan la oportunidad de hacerlo o se use más el whatsapp y el teléfono que las visitas reales. Como dices, no hay obligación de hacer nada de lo que hacemos, pero llevamos el piloto automático y algunas tradiciones nos ayudan a reafirmar lazos con los nuestros... que podríamos inventar otras... si.
    A pesar del cambio climático, por esta parte del norte de España, hace un frío que pela...
  • Hªs. engorrosas alrededor de los mundos de Laura que son los nuestros

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