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A propósito de Marx
Históricos |
05.10.19
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Sinopsis

A propósito de Marx.

(Publicado en El Observador, de abril de 1983 (Periódico dirigido por Alfonso Luna Geller).

Por: Leandro Felipe Solarte Nates

En estos días del centenario de la muerte de Karl marx, mucho se habla, discute y escribe de este controvertido y perseguido personaje quien con sus teorías influyó millones de cerebros de varias generaciones y continentes.

El método dialectico desarrollado por Marx a partir de la filosofía materialista evolucionando desde los griegos presocráticos, fue un sacudón para el pensamiento y la acción de las sociedades burguesas de la época, acostumbradas a sus ideas permanentes y los tradicionales partidos e instituciones consideradas inmutables ya no por designio divino sino por acuerdo social o por la “naturaleza humana”.

La estricta división en el pensamiento y en el trabajo fueron leyes “sagradas” de la sociedad sustentada en la explotación intensa de los obreros.

Ya una persona no podía ser: filósofo, pintor, escultor, matemático, físico, químico, economista, lingüista, crítico de arte, periodista, desempleado a ratos y también bohemio, como las del Renacimiento y otras épocas, porque corría el riesgo de ser declarado loco o poco eficiente laboralmente al no dedicarse 20 años a copiar los mismos documentos con nombre y fecha cambiadas.

Marx hizo eso. No se resignó a ser profesor universitario anquilosado enseñando lo mismo para cumplir y cobrar su salario, o ser periodista cómplice con los desafueros de la época. Tampoco quiso ser un “intelectual en serie”, como los productos de las fábricas y se puso a estudiar y analizar de todos los temas profundamente, descuidándose hasta de conseguir el sustento diario para él y su familia, por andar averiguando de dónde venía la sociedad en que vivíamos y para dónde iba. De no ser por su amigo Federico Engels, filósofo dialéctico e industrial con recursos, Marx habría llevado del bulto, tanto como uno de los que a diario vemos con su morral al hombro porque la ‘gente bien’ de su época no lo querían por sus ideas, escritos y por no trabajar en lo que ellos deseaban que trabajara siguiendo las leyes de la división del trabajo y la super-especialización estimuladas con el cuento de que las ciencias han avanzado tanto que hay que dedicárseles como mirando con ojeras de caballo para entenderlas, aunque de tanto detallar el árbol y las hojas perdamos la visión del bosque.  

La visión totalizadora del conocimiento de los fenómenos naturales y sociales fue un sacudón muy violento en la mente de los europeos de entonces, arrastrados por la locura de una sociedad sustentada en las leyes de la oferta y la demanda manipuladas entretelones por los Felix Correa Maya y Jaime Michelsen Uribe de la época.

Marx retomó el relevo de quienes por circunstancias de la vida se sienten elegidos para cambiar la sociedad. Pudo ser así…  un dirigente de los que en todas las épocas y sitios se presentan al pueblo como solución…  pero no fue sólo político. Su densa teoría y el método científico aplicado en sus análisis lo convertirían en un revolucionario considerando que el pueblo y los obreros y no los líderes eran quienes movían la historia y que la violencia revolucionaria era la partera de la historia.

A su muerte, Marx fue endiosado por quienes seguían sus teorías. A Cristo, otro quien se sintió llamado a redimir el mundo creyéndose hijo de Dios, no por la violencia sino mediante la acción pacífica, después que lo crucificaron le construyeron una gigantesca iglesia convertida después de emporio político, económico y militar, organizando hasta las Cruzadas y conquistas de América y otros continentes a nombre dizque del “Dios verdadero”.

A Marx, quien se creyó sucesor de los dialécticos muertos antes que él, le sucedió lo mismo después de enterrado. Le redujeron sus densos y vastos estudios que muy pocos se atreven a continuar leyendo, a unas cuantas fórmulas tomadas tal como en la escuela primaria nos enseñaron a aceptar a la fuerza, por la “gracia divina”, las lecciones del catecismo del padre Astete, en su famoso catecismo.

Los sucesores de las distintas fracciones que hoy se autoproclaman marxistas, dogmatizaron sus teorías despojando a la dialéctica del movimiento y la metieron congelada en una vitrina, como creyeron que la dejó Marx, celosamente vigilada por guardias rojos armados hasta los dientes.

¿Quién sabe, cómo analizarían Marx y Engels la sociedad después que en Europa se sacudieron del puritanismo y la literatura de Flaubert, los poetas malditos y las teorías de Freud, más el cambio de costumbres, les abrieron los ojos y los hicieron menos mojigatos?

Quién sabe que habría escrito Engels sobre el “Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, después de la década del 60, cuando los jóvenes respondíanle a la guerra con el amor libre y los Estudiantes de Paris del 68 pintaban en las paredes: “¡Prohibido prohibir! Y los antisiquiatras y Foucoult analizaban y criticaban a la sociedad y la familia sin contemplaciones ni sentimentalismos.

Y pensar que en la Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas, URSS, todavía consideran a Freud, algo así como un disidente de la dialéctica.

 ¿Qué dirán de Foucoult y demás ‘locos’, a los que les dio por retomar en el análisis dialéctico, el relevo que dejó Marx cuando se murió hace 100 años?

¡Averígualo Vargas!

 

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Escribo por necesidad de expresar lo que no puedo hablar con mis conocidos y otras personas que nos limitan con su presencia y nuestros temores y prejuicios. El papel nos permite contar historias sin las limitaciones de tener alguien al frente. Me ha gustado leer desde la niñez y empecé a intentar con la narrativa a mediados de la década del 70 del siglo pasado.Soy columnista de algunos periódicos regionales en Locombia. Publiqué mi primer libro "Relatos en busca de Título" en 2011 .

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