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6 min
ABRACADABRA
Amor |
28.09.07
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Sinopsis

“ABRACADABRA”





Siempre había ocupado un puesto privilegiado en su mente, pero también tenía claro que era inaccesible. Ella era una simple amiga, más o menos cercana según los amoríos que él o ella habían tenido a lo largo de su juventud. Noviazgos que él había conseguido, en algunas ocasiones, con la mera intención de mitigar el dolor permanente que sufría al ser consciente de que su verdadero amor estaba condenado a ser eternamente platónico. Sufrimiento inversamente proporcional a la felicidad que ella había irradiado en cada una de sus relaciones.

Aquella nochevieja no era distinta. No había salido de casa con nuevas intenciones y durante el trayecto hacia la sala de fiestas no había pensado en ella más que en otras ocasiones. Cuando llegó, casi todos los integrantes del grupo de amigos se encontraban ya allí. Los saludos y abrazos fueron más efusivos que de costumbre, debido al exigido tópico de la fiesta y a la dosis etílica que cada cual traía puesta de casa, acompañamiento de las opulentas cenas de rigor. Pero de entre todos los abrazos, el de ella le llegó al alma. Quiso sentir que había sido especial.

Todo se revolucionó en su mente. Había tomado una difícil decisión recientemente y ahora todo se tambaleaba de nuevo. Le habían ofrecido un trabajo estable en Australia. Precisamente en las antípodas, con el simbolismo que eso conlleva. En la balanza de los pros y los contras, ambos platos habían pesado demasiado. Finalmente, ella pesó en el plato australiano. Pensó que alejándose físicamente, también liberaría su esclavitud sentimental y podría conocer una felicidad plena en su nuevo mundo.

Sin embargo, aquel abrazo… La espera para pedir la bebida, estando ya pagada con la entrada, era suficientemente larga como para pensar, aún en una noche en la que no se suele dedicar las pocas neuronas sanas a esa función. Aquel abrazo… Ser alegró de llevar la tasa justa de alcohol. Más, y se hubiese sentido embotado. Menos, y sumido en su eterna inhibición.

—¿Qué desea? —le preguntó la camarera.
—Un feliz año nuevo —sonrió, se dio la vuelta y se alejó de la barra, dejando masticar la perplejidad a quien nunca había escuchado semejante petición en el ejercicio de su profesión.

Sabiéndose débil, se negó a sí mismo el derecho a pensar más, pues de haberlo hecho habría tirado del freno de mano, como siempre. Todo se oscureció a su alrededor. Todo excepto una mujer al fondo de la sala. Brillaba como un faro para un marinero que regresa, con una luz propia e inconfundible.

—Ven un momento, tengo que preguntarte algo.
Ella le acompaño sin oponer resistencia, sujeta de su mano mientras él se abría paso entre la gente. Ascendieron al vestíbulo, donde la música se oía lejana y se hacía innecesario gritar. Se giró hacia ella sin soltar su mano. Ambos se dieron cuenta de que aquél cordón umbilical ya no era necesario, pero ninguno de los dos hizo ademán de soltarse.

—¿Aún sigues echando las cartas y esas cosillas de brujería? —inquirió tras dudarlo un instante.
Era lo primero que se le había ocurrido mientras esperaba ser atendido en la barra. Ahora, que sus palabras se habían materializado ya en el aire, la idea se le antojaba ridícula, infantil. Ya daba igual. La carta estaba echada y era tarde para cambiar de estrategia. Seguramente hacia otra aún peor.

—Pues más bien no —respondió visiblemente sorprendida—. Eso eran chiquilladas, de cuando tenía quince años. ¿Por qué?
—Necesito que me hagas un filtro de amor.
—Vaya, jamás lo hubiese imaginado. Precisamente tú, el más escéptico de todos. No te va a funcionar, ¿sabes? Los filtros de amor son una chorrada, aunque funcionan. Y funcionan precisamente porque inspiran confianza a quien los usa. Es esa confianza la que enamora. Quien los usa, cree que ya tiene el camino allanado y que su pareja le va a decir que sí, por muy mal que haga su declaración. Pero si tú no crees… Poca confianza vas a ganar. Por cierto… ¿a quién pretendes enamorar?
—A ti.
Ella enarboló las cejas hasta casi hacerlas desaparecer tras su flequillo. Las sorpresas iban en aumento. Él había iniciado viaje en un camino por el que no pensaba volver. El destino estaba al frente. Y cuando llegase a la bifurcación, la respuesta de su amada decidiría que desvío tomar, si una vida de feliz conjunción o una huída hacia el más recóndito rincón del planeta, donde jamás tuviese que pasar la vergüenza de volverse a encontrar con ella y rememorar su rechazo. Ese fue su filtro de amor. El saber que se trataba de una última oportunidad y que no podía perder más de lo que ya consideraba perdido.
—Siempre he estado enamorado de ti —continuó, a pesar de albergar apenas un etéreo atisbo de esperanza—. Quizás hubiera debido pedirte ese filtro cuando teníamos aquellos quince años y haber acumulado iniciativa entonces.
—Eres una caja de sorpresas —reaccionó cuando se reordenaron sus neuronas.
—Lo siento. Yo…
—No, tranquilo —interrumpió mientras su sonrisa dejó transparentar su alma—. Yo también peco de tímida, o de temerosa. Siempre he sido tuya, solo que tampoco me atreví a encajar lo que pensé que iba a ser una negativa por tu parte.

Tras un breve silencio, en el que la música pareció desaparecer por completo, convirtieron la nochevieja en año nuevo con un beso eterno, inundado de saliva y lágrimas; como si quisieran recuperar todos los años desperdiciados.

No disfrutaron de toda una vida de felicidad como en tantos cuentos de princesas, pero sí anduvieron juntos por una buena parte del camino, sin bifurcaciones. Vivieron unos cuantos años embrujados por una pasión quinceañera, allá en el mundo de los marsupiales.

Manuel Trigo.


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Comentarios
Valoraciones
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  • Solo me ha dejado un poco frío el momento en el que ella le responde a su declaración. El resto me ha gustado mucho.
    Hola. No sé que tiene, pero me ha absorbido.
    muy bueno
    Leyendo esta historia tuya, sé que no me ha pasado, pero me recuerda a algo. Me gusta eso de que mires dos veces, antes de valorar. Creo que ves, al fondo de lo que escribo, lo que realmente trato de plantear.
    TOTALMENTE DE ACUERDO CON mARÍA aMEDO
    Pues seguro que se merecian ser felices para siempre y comer perdices.Muy buen relato
    Pata de cabra...
    Me ha tocado la fibra sensible, muy bueno y bien narrado. Aunque en el momento en que él se declara y ella le dice que sí, el cuento pierde la intensidad que venía llevando desde el principio, aunque se recupera en parte. Quizás sea por hacerlo en forma dialogada, no sé. Pero me ha gustado mucho. Un saludo
  • Y ya que discutimos sobre adjetivos, ahí va un pecaminoso asíndeton de tres adjetivos juntos ;)

    Dedicado a los que se empeñan en seguir vivos. Por cierto, lo de mataros a todos queda para más adelante, que ahora se acercan las vacaiones. Después, aceptaré voluntarios que me ayuden a asesinar, que sois demasiada gente.

    ¡Que lo disfrutéis!

    NO DEJÉIS DE LEER EL PRÓXIMO. OS CONVIENE.

    A Lázaro, ese gran maestro de los finales frescos y sorprendentes que tanto se han de valorar un en un relato y que a todos se nos suele olvidar aplicar a los nuestros. ACLARO: Las admiraciones del título son porque no me deja poner un título de tan sólo 4 caracateres.

    Perdón por pasar poco por aquí últimamente, pero estoy como el personaje de este relato. No tengo tiempo "pa ná", pero no os he abandonado, jejejej.

    A mi héroe, el Dr. House, a quien me parezco increiblemente, excepto en sus virtudes.

    Hola de nuevo, tras una breve pausa. Ando excesivamente liado últimamente, que tengo varios frentes abiertos. Mi salud me exige que los cierre absolutamente todos, pero mi carácter me los impide. Ya no es día 23, ya pasa bastante de las 24h, pero acabo de llegar de esta magnífica oportunidad que me ha brindado la Librería Carmen y lo menos que podía hacer era publicar este humilde homenaje que les he dedicado. Un saludo y espero poder contar de nuevo con tiempo para volver a leeros y meterme con vosotros (por la cuenta que me tiene, jejeje).

    Algo que quiero compartir con vosotros.

    Esto no es un relato más. Es una confesión. Sólo os ruego un poco de comprensión, que por un instante hagáis el esfuerzo de poneros en mi lugar.

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Lectura y escritura. Ambas complementan en la vida irreal lo que no puedo vivir en la real, que intento exprimir a tope con toda actividad posible y deportes de riesgo. No soy maestro de nada, pero me enorgullezco de ser aprendiz de todo, como buen renacentista. Una pincelada de saber en cada ciencia permite hablar con infinidad de maestros.

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