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5 min
Ácido (de colección personal "Lamachi")
Amor |
19.04.17
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Sinopsis

ÁCIDO

   Olor de muerte, eso fue lo que sintió cuando le apresaron el tobillo.   Permaneció inmóvil, tratando de calmarse, si no lo lograba le arrancarían toda la pierna de cuajo. Su mano negra por el carbón tambaleo un momento como un cuervo contra el cielo.

   Permanecer en calma era de vida o muerte, de modo que trató de concentrarse recordando cómo había llegado hasta allí:

   Esa mañana salió temprano, pasó apurado por la plaza, sin tomarle atención a las fotos de los desaparecidos que cada día aumentaban, los rostros se acumulaban en los postes junto a fotocopias de animales extraviados, niños, abuelos.

   En el trabajo fue un día normal, aunque no del todo.   Hacía un calor espeso y el agua tenía un sabor extraño, como mezcla de menta y ácido, de modo que dejó de beber agua y se concentró en la multitud de ficheros que ese día debía inventariar.

   Cuando por fin salió, cansado de muchas horas de lo mismo, se fue a pie por la callejuela sin percatarse de que le observaban. Pero la sed ya le secaba la garganta, no había otra cosa que le importara. Muchos ojos, diversos ojos miraron y le siguieron.

   Paso por la plaza, había nuevas fotos, tampoco las miró.  Apuró los pasos a su casa, la sed era insoportable. Cortó calle abajo hacia los mataderos.   En ese lugar el penetrante olor a baterías era cada vez más intenso.   Llamó a la puerta de una casa para pedir agua, pero nadie le abrió. Luego en el portón de otra casucha, pero tampoco le respondieron, ya sentía la lengua traposa.

   Pasó frente a una casa en ruinas, Gritó a viva voz sintió que los labios partidos le iban a sangrar.  Allá bajo el parrón a pocos pasos de un pozo de ladrillo, vio una llave de agua goteando.   No lo pensó mucho antes de colarse por debajo de los tablones de la reja.

   Se arrastró cuerpo a tierra tragando algo de polvo, pero su  garganta ya no podía estar más seca. La llave goteando se recortaba burlonamente contra el cielo nublado.

   Corrió desesperado, giró la llave, el agua brotó pura, alivio inmediato cuando corrió fresca y limpia por su esófago.

Quiso otro sorbo pero cuando se acomodó para beber vio los múltiples ojos mirándole desde el pozo.   El monstruo se abalanzó sobre él como un vómito viviente.

   A pocos centímetros de Miguel, la criatura había errado el ataque, La masa informe continuó tambaleándose para salir de las entrañas del pozo, impregnándolo todo con el olor a batería corroída.

   Ante sus ojos atónitos el ser nauseabundo se reincorporaba en un amasijo lleno de pelos, plumas, tumores y ojos de todo tipo y especie.

   El muchacho corrió hasta la casa pidiendo socorro.   El monstruo se lanzó contra él, La abominación reptante le persiguió sedienta de sangre humana. Una puerta semi-abierta fue la salvación Miguel se lanzó dentro y cerró con seguro. El monstruo chocó contra el sólido madero.

   Miguel gritó pidiendo ayuda, pero ya no había nadie allí, corrió a la sala de estar. Torpes golpes intentaban derribar la puerta, luego se escucharon vidrios rotos otra habitación.   Desesperado solo se le ocurrió una idea, El tejado.

   Vio dos esqueletos esparcidos en el piso del salón, todos cubiertos por lodo negro y corrosivo.

    Se metió a la chimenea y escaló tan rápido como pudo, El hollín se colaba a sus pulmones, Refrenándose de toser, asfixiándose en ese oscuro pasadizo escuchó al monstruo entrando al salón.

 Miguel esperó en silencio con el corazón saltándole en la garganta. Su cabeza quedó un par de centímetros sobre de la chimenea, pudo respirar aire fresco.

   El tiempo se hizo eterno, pero tenía su recompensa, el olor de la muerte se disipaba en aquellas alturas.   Escuchó al animalejo alejarse reptando entre las tablas, pocos segundos después le vio lanzarse de cabeza dentro del pozo desde allí ya no parecía tan hinchado y ni enorme.

Subió un par de ladrillos y estiró su mano negra hacia el cielo para salir.

Olor de muerte, eso fue lo que sintió cuando le apresaron el tobillo. 

“Pero si lo vi saltar al pozo” Alegó su mente llorando de impotencia.

Trató de calmarse.  Permaneció inmóvil, gélido del terror esperando apresado. En la esperanza de cambiar los eventos al repasarlos desde un principio, El tiempo se le hizo eterno ¿sería un error?¿un cable?¿un par de fierros sueltos que ahora le apresaban?.

“Lo vi saltar al pozo” se repitió, luego vino el olor de baterías.

-El muy maldito se dividió- Gruñó cuando el Ácido ya le quemaba la piel.

   Un grito desgarrador se escuchó desde la plaza. Dos días después, la foto de Miguel se agregó a la de los demás.

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