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7 min
ADIOS A LOS RECUERDOS
Reales |
20.09.09
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Sinopsis

Hoy se celebra el día mundial del Alzheimer, y no he querido pasar este día sin aportar mi pequeño granito de arena. Espero que todos vosotros...os acordeis de este día el año próximo... y si no lo recordarais ¿que pasaría? Qué triste tiene que ser una vida...a quien los recuerdos les haya dicho Adios. Cómo se que no os gustan las tristezas, prometo aparcarlas y el próximo relato de un humor del bueno, para que riais. Un beso a tod@s.

Cuando esta mañana he encendido la radio, saltaba la noticia de que hoy se celebraba el día del Alzheimer, he abierto el portátil y de nuevo he visto una referencia a esta enfermedad.
Así que me he sentado aquí frente a vosotros para contaros una historia. Hoy no sabía cómo empezar, pero que tal si lo hago haciéndoos una pregunta.
¿Dónde acaba la libertad de una persona? Y una de las respuestas podría ser… cuando en vida, quedas sumida en la más profunda de la oscuridad.
Cuando la sinrazón te deja sin recuerdos. Yo a esta enfermedad la comparo con una brújula, pero sin norte…
Recuerdo a María Castañeda, cuando paseaba en silencio, la enfermedad había sido devastadora con ella, le había quitado sus recuerdos, pero también la forma de comunicarse, no se acordaba de comer, de hablar…
Una noche entré en su habitación para darle la medicación de la noche, y la encontré que había vomitado la cena.
-Vaya María, parece que no te han sentado bien los champiñones-exclamé y seguí hablando para ella.
-Tienes mal aspecto, te daré una manzanilla ahora, pero déjame primero que te cambie la cama y el camisón, que estás muerta de frío.
-Oh, oh, -balbuceabas, mientras yo abría la puerta del armario y en uno de sus cajones buscaba un camisón .
-Mira, este rosa mismo, seguro que es de tu ajuar ¿eh? A mí me encantan estos camisones de vainicas.
De repente sucedió algo desconcertante. Mientras le ponía el camisón, ella me miró y de sus labios salieron estas palabras.
-¡Qué bonito! Y me sonreíste.
Cuando se lo comenté al Doctor, este se me quedó mirando por unos instantes, y me dijo.
-María no habla, eso es imposible.
Lo conté una y mil veces y nadie me creyó, María llevaba allí dos años, y nunca había dicho una sola palabra, solo emitía sonidos.
-¡Qué conmovedor, que idílico! Me decían mis compañeras, pero nadie creía en mis palabras.
Hasta yo misma dudé de aquellas palabras que había escuchado, ¿había sido fruto de mi imaginación?
Intente hablar con ella cientos de veces, pero no pude conseguir sacarle una sola palabra.
Una noche al llegar al trabajo, me dijeron que María estaba muy malita, no sabrían si pasaría la noche. Fui rápidamente a su habitación. Y allí estaba ella, sola. Me acerqué a ella, y le acaricié el cabello, abrió sus ojos al notar el calor de mi mano, y me lanzó su enigmática mirada.
-Yo sé que tú me hablaste…
Me devolviste por respuesta una sonrisa… y al alba te sumiste en un profundo sueño para no despertar jamás.
Y otra historia de esta devastadora enfermedad… Y podría contar 1001 historias de esta cruel realidad. Esperemos que la ciencia avance y esto solo quede en nuestro recuerdo. Esta es una carta de un hijo a su hermana.

Querida Clara:
Como de costumbre acabo de regresar de ver a mamá, sabes que debido a mi precaria salud no puedo ir las veces que desearía.
Sé que a ella le gustaría tenerte a su lado, pero el gran charco os separa, así que de nuevo yo, soy vuestro enlace.
Hoy la encontré huraña pero dócil, se dejó conducir por mí, por ese jardín lleno de flores que anticipa una florida primavera.
Al principio rechazó mi brazo, diciéndome – ¡Sr yo a Usted no le conozco!
Ya sé que el Doctor nos previno de esta situación, pero no me acostumbro nunca a verla así, es feliz, pero sus ojos me recuerdan a un animalillo asustado.
Esta vez la engañé, era imposible sacarle una palabra, así que cogí una naranja y se la di a oler… me esbozó una sonrisa y la volvió a oler…
Ya sabes, que te dije, que la anterior visita la llevé al mar, a su querido mar y allí percibí que algo cambiaba en su interior, me miraba constantemente y en un acto reflejo, acarició mi rostro… y volvió a mirar el mar… ¿ Tú crees que le recordé a papá?
Me quedé con esa imagen, por eso hoy quise premiarla con estos olores, ella sigue oliendo la naranja… a esos naranjos de su infancia… y le enseño esas fotos, que ella mira y mira sin decir ni una sola palabra.
Sus pies sortean con delicadeza algunas piedrecitas del camino, pero ella no suelta mi brazo, y con su otra mano lleva su naranja como trofeo, le digo que la guarde en su bolsito de terciopelo negro que lleva siempre como símbolo de feminidad que no quiere perder.
Me hace gracia siempre que le pregunto su nombre, nunca me dice el suyo… se le olvidó el Lola, Dolores de su nacimiento, pero recuerda el de Laura… su nombre artístico qué se puso cuando era locutora de radio.
Nos hemos sentado en un banco del jardín y he fingido que estaba leyendo unos carteles, necesitaba reponerme, no quiero que vea como afloran las lágrimas a mis ojos.
Mi sentido percibe que alguien nos observa, y he alzado la mirada para encontrarme con los ojos de él, a lo lejos he divisado un hombre de la edad de nuestra madre, que ha empezado a caminar lentamente y me ha parecido hasta elegante en su manera de andar.
Me habría gustado quedarme allí para siempre junto a ella, pero ya sabes que tenemos nuestro horario de visitas. Una brisa fresca nos invita a levantarnos de aquel banco y dar de nuevo un paseo que nos aleja del jardín.
-¡Hola Amparito! Es él…el hombre que me estaba observando se acerca a mamá y ella se suelta de mi brazo, y se aferra al suyo.
Y con esa preciosa voz que la encumbró a llamarse “Laura”, me dice.
-Oiga Señor ¡este es mi amigo Adolfo!
No daba crédito a sus palabras, sí era él… Ahora lo reconocí.
-Vamos Amparito, es tarde…
-¿Sabe una cosa Señor? Dicen de él, qué fue Presidente de Gobierno
Y ambos se ríen… y se alejan diciendo…”que cosas dice la gente”.
Y me quedé allí observando cómo el manto de silencio caía sobre ellos. Un silencio mágico que fue roto en el momento que él también olió el olor de la naranja y volvió la cabeza para mirarme y sonreír.
Aguardé a que las siluetas desaparecieran detrás de aquellas puertas del comedor y luego a mi pesar, me di la vuelta y regresé a casa.
Adiós Clara, cuídate mucho… se despide de ti, tu hermano.
Pepe

Pd. Te escribiré la semana próxima y estoy pensando que esta vez le llevaré “ maicena” con la llegada a casa de nuestras hermanos ya sabes que” la casa nuestra” olía siempre a ese olor dulzón… y no te escribo más porque las lagrimas de nuevo afloran a mis ojos, un beso.
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    Conmovedor, es realmente triste que podamos llegar a quedarnos sin recuerdos, besiños
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    De lo bueno a lo malo solo hay un paso...y viceversa...

    A veces se escoge el camino equivocado para llegar a un fin...

    Una ilusión... un hecho... y no solo una vida destruida. Es un relato largo y por eso lo enviaré en tres o cuatro capítulos. Me apetecía volver...

    A escribir se aprende escribiendo, no dejemos nunca de hacerlo.

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Me gusta escribir para transferir a la realidad cosas positivas. Y en esta balanza de la vida además de obligaciones compartimos aficiones.

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