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4 min
AFICIONADO
Reales |
08.07.16
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Sinopsis

Situación que sucede cotidianamente al tratar de escribir.

Maldito cerebro, maldita psiquis. Maldito spotify que no arranca. Hace minutos que estoy intentando terminar un texto y no sale. No siento ese fulgor de anoche, cuando creía que lo que tenía frente a mis narices iba ser la más grande obra maestra de la historia. Estaba poseído por una conjunción de escritores prestigiosos, poco de Hemingway, un poco de Cortázar, un poco de Borges.

Siento que una puerta se abre. “La puerta es la que elige, no el hombre” me decía Borges sentado en un sillón manteniendo con ambas manos un bastón en un living que solo cabía en mi mente.

– Ah, hola-decía una figura en plena oscuridad. Daba pasos lentos, con precaución de no tropezar con algo. Yo, enceguecido por el brillo de frente de la pantalla, no lograba identificar a la figura. Yo acostado en la cama, tratando de impedir que mis acciones molesten a mi hermano, un espécimen con raras maneras de dormir.

-Me abrís una pestaña en el Google-  ya la logro identificar. Es ella mi hermana.

Me quejo para mis adentros. Debía hacerle caso, la notebook que tenía en mis manos era propiedad de ella. Yo creído un escritor, redactando una historia sobre la comunicación y las relaciones personales en nuestros tiempos. Yo era un hombre en soledad, casi a escondidas, en avanzadas horas de la noche mientras la mayoría de la gente duerme y sueña. La realidad me avasallo. Finalmente termine buscando la forma de llegar en  transporte público a la calle Sarmiento.

Ya encontrada la forma de ir, la cual consistía en tomarse el subte hasta Diagonal Norte y caminar dos cuadras.

-¿Estás seguro que a dos cuadras?- repetía mi hermana

“Fíjate en el mapa”…”En ese mapa no” fueron las frases que capte en ese tiempo de fastidio.

-Despues en un rato la vengo a buscar porque la quiero usar- dijo antes de salir.

Había planeado todo. Yo tenía la idea de que ella no usaría la computadora ya que estaba en una especie de estado de ignorancia del mundo exterior mientras hablaba con sus amigos.

La imagen en mi cabeza no era realista. No era un escritor de saco en corbata escribiendo en una Lettera en la soledad de la noche. Solo era un aficionado, que desde hace poco tiempo le pico la manía de escribir cosas, tal vez con la misión de vaciar un poco el disco rígido de mi cerebro. Era un aficionado, en calzoncillos, soportando una pesada y cálida noche con el viento de un ventilador Liliana y escribiendo en una maquina prestada.

Decidí frenar la escritura. El pobre personaje ni siquiera había empezado a realizar su función principal y el secundario ni siquiera había aparecido.

“Tendré el otro día para seguir” pensaba . Y ese día es hora. A la historia solo  logre corregir lo que ya estaba escrito, no continúe con la redacción. Las acciones, los personajes estaban ya planeado pero el sentimiento no está allí. No pude continuar y aquí estoy, escribiendo sobre la situación de aficionado en un texto tal vez dos veces más larga del embrión de la historia (ahora en stand by).

Quiero terminar con este texto, con este testimonio. Se da por revisar Facebook (mierda de red social nadie lee mis textos, ¿Dónde está ese grupo de personas que “me gusteaban” todo lo que yo posteaba, hasta lo más estúpido de mis épocas estúpidas?). Veo que hay un texto  de Julieta Habif posteado. En su descripción dice: “Pelirroja. 24 inviernos. Escribo cuentos de amor. Si somos 3 personas y hay 2 salvavidas, uno me lo pongo yo y el otro se lo tiro al hornito eléctrico.”. “Pelirroja y 24 inviernos” me llamaron la atención. Un invierno más que yo. Me sorprendió un poco pero volví a mi mente de aficionado. Me dije para mis adentros “Me lleva un año de ventaja, buena onda. En un año puedo mejorar. Ya verán cuando tenga veinticuatro”

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