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3 min
El templete, la alberca y... Afrodita.
Amor |
26.05.17
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Sinopsis

La pasión los consume en la alberca, pero el deseo deja paso a otros sentimientos.

  • Quiero ser tuya.

Él no contestó, pero la besó en la boca y se afanó en satisfacerla con sus dedos hasta que le provocó un orgasmo. Al darse cuenta que la pasión la seguía incendiando volvió a meter su mano bajo la braguita del bikini y le provocó otro, y él llegaba también al segundo. 

Durante muchos minutos estuvieron abrazados sobre las toallas, protegidos por las vides entretejidas en el emparrado, una rueda de noria soportada sobre cuatro tubos de hierro que formaban una suerte de cenador asomado a una alberca que hacía las veces de piscina. Todo artesanal pero cumplía su función.

Sin separarse de él, le tomó la cara entre sus manos y después de besarlo suavemente en los labios, abrió mucho los ojos como para gravarse vivamente sus facciones.

  • Vas a ser un hombre extraordinario. Qué pena que nos llevemos cinco años. Si el mayor fueras tú no habría ningún problema pero al revés…
  • Afrodita seducía a jóvenes de muy pocos años y ella era eterna. Tú has sido mi Afrodita, nunca había sentido lo que me has provocado tú. El otro día cuando estabas sentada en la escalera con el agua por los tobillos, recordé la estatua de Afrodita y la comparé contigo. Al principio eras como una estatua que comparaba con otra. Tus caderas, tus muslos que no estaban velados como los de Venus, tu cintura, tu vientre plano realzado por tu ombligo, tu pecho… Pero cuando me llamaste para preguntarme una nadería te sentí viva y deseable, tanto que estuve un rato sin poder salir del agua, aunque tuve la osadía de acercarme a ti porque con el agua... Cuando me apacigüé, salimos de la alberca y te extendí la crema por la espalda, pero no sentí lo mismo cuando estaba a tu lado medio sumergido. Desde ese momento fuiste parte de mí, aunque tú no participaras de esa emoción.
  • Yo no quisiera hacerte daño. Has sido muy bueno conmigo, usando tu cabeza y tu corazón para que yo misma no me haya hecho daño. Ya se acaba esta corta espera, mañana viene a buscarme tu hermana. Este desajuste en nuestro viaje han sido unas deliciosas vacaciones.

Tumbados a la sombra del templete, medio tapados por las toallas, los amantes que aún conservaban en sus bocas el sabor del otro volvieron a entregarse a su quehacer.      

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