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6 min
Aguas cristalinas
Humor |
04.07.21
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Sinopsis

Felipe sabía que había llegado el instante soñado...

Felipe sabía que había llegado el momento, el instante soñado  durante tanto tiempo. Habían pasado días, semanas, años y nunca tuvo la fuerza, la valentía y el arrojo suficiente para hacerlo. El temor siempre le había paralizado, la sensación que tenía de hacer algo prohibido le cohibía.

Estuvo casado, más bien continuaba  casado, el bueno de Felipe. La relación que mantenía con su mujer era fría y distante, el sentimiento más que de amor era de temor. A pesar de los deseos de experimentar proyectos nuevo, de viajar, de tener inquietudes, nunca se había atrevido ni tan siquiera a comentárselo por miedo a no ser comprendido o simplemente vejado por sus ideas.

Pero hoy estaba sólo. Hoy por fin era el momento. No había nada ni nadie que se lo impidiera. Hoy se sumergiría en las aguas cristalinas, transparentes y cálidas que siempre había soñado. La novedad no era meterse en esas bellas aguas, ni tan siquiera hacerlo completamente denudo. Lo verdaderamente sorprendente es que lo hiciera sin miedo a que  nadie le viera, le incomodara, le molestara, en suma. Quería experimentar esa maravillosa sensación del contacto de la piel con esas aguas,  sin más barrera que el propio cuerpo.

Por un momento pensó en zambullirse desde lo alto, lanzándose de cabeza, pero creyó, como siempre le ocurría, que podría ser demasiado arriesgado. No tenía demasiada profundidad el agua, además, si algo pasara, no habría nadie para socorrerle, por lo que lo más probable es que le encontrasen ahogado y desnudo. Optó por la opción más conservadora, como no podía ser de otra manera. Se quitó la ropa despacio, mirando a un lado y a otro, a pesar de saberse sólo en ese lugar, se sentó con cuidado  sobre la orilla. Contempló el fulgor de las aguas absolutamente transparentes que comenzaban a moverse rápida y acompasadamente dibujando unas gráciles ondas en la superficie, acompañadas de un sonido cuasi hipnotizador.

Después de volver a comprobar su soledad, para cerciorarse de su privada desnudez, comenzó a dejarse caer, a deslizarse suavemente, a sumergirse en esas aguas poco profundas. La sensación de libertad que experimentó, así como el roce de la piel sobre su delicado cuerpo, le hizo sentirse más grande, más alto, más importante, superior en suma. . Por un momento consiguió hacer lo que deseaba, lo que durante tantos años había añorado. Sumergirse, sin temor a ser visto, sin miedo a ser observado, sin vergüenza a ser “cazado” en su intimidad, en su espacio, en su momento más personal.

Ya dentro, cerró los ojos para disfrutar de ese momento sin ninguna distracción. Para no perder ninguno de los matices que proporcionaban el sonido de las aguas en constante movimiento, la temperatura de las misma, casi adaptada al calor de su cuerpo, y sobre todo la libertad y la tranquilidad. Se sintió como flotando, inerte, disfrutando de cada uno de los segundos de paz y tranquilidad, del relax más absoluto. Su estado era casi de semiinconsciencia. Por un momento recordó su niñez allí en el jardín de la casa de sus padres, jugando con sus hermanos, corriendo, saltando y disfrutando. Sus primeros amores, aquella chica que conoció en el instituto, su primer beso, aquél partido de baloncesto en el que un triple suyo en el último instante le dio el triunfo en el campeonato, aquella entrevista de trabajo a la que iba tan nervioso y que a pesar de ello consiguió la plaza…

Mientras disfrutaba de los recuerdos no tenían consciencia ni de dónde se ubicaba, de en qué lugar se encontraba, ni tan siquiera de quién era en cada instante. Por un momento había dejado de lado lo negativo, para sólo recordar lo positivo. Tanto tiempo llevaba ya sumergido en el agua que sus manos se mostraban arrugadas, su cuerpo acalambrado, pero a pesar de ello, continuaba feliz y dichoso apurando su instante de libertad

De repente, todo se truncó. El maravilloso momento de libertad dejó de existir, la calma y la quietud dieron paso a un estruendo ensordecedor. Todo lo que había conseguido se quedó en nada. Su  humillación, su vergüenza nuevamente recobró protagonismo. ¡Maldito protagonismo!

Hoy, como tantos días había sido pillado en su intimidad, en su espacio más añorado. Hoy había sentido la misma vergüenza que todos los días. Hoy nadie le había respetado. Y es que hoy, como siempre, su tranquilidad, su libertad, su relax más absoluto, había sido violentado. No podía ser, pero allí nuevamente oyó lo que siempre desgraciadamente le percutía en sus frágiles oídos. Pronto alguien a lo lejos gritó:

¡¡¡FELIPEEEEEE, FELIIPEEEEEEE….!!!

Ese grito atronador hizo que su corazón casi estallase. Sin saber muy bien cómo y, a pesar de estar tumbado sobre las aguas, emergió de las mismas en un salto cuan delfín en plena exhibición, cayendo de una forma brusca y ridícula sobre las mismas y salpicando todo lo que había a su alrededor. Después de recomponerse y seguir escuchando los alaridos contestó ridículamente

—¡¡un momento!!

Antes de terminar esta corta frase la vio, allí estaba, no podía ser otra, su querida mujer le observaba con gesto despectivo. Y en ese lugar tan íntimo dijo una frase que difícilmente pudo olvidar

-   Felipe, te parece bonito con la que está cayendo, con la escasez de agua que hay en la ciudad y que tú te estés... ¡¡BAÑANDO…!!

—Ya, déjame explicarte— indicó  con tono lastimero Felipe.

—No, no hay explicación posible. Tú sabes el gasto de agua que supone llenar nuestra bañera  pudiéndote darte una ducha como todo el mundo…

—Sí, pero es que estaba muy cansado…

—No me digas más, ya me imagino, por eso también has utilizado el hidromasaje, ¡¡para gastar más LUZ!!

Y allí continuó el bueno de  Felipe, metido en la bañera, esperando que al menos le cerraran la puerta del baño para poder ponerse el albornoz, secarse el cuerpo y las lágrimas de desconsuelo. Su mujer se marchó cerrando la puerta con un portazo y maldiciendo la acción de su marido.

Felipe salió de la bañera y sin tiempo para colocarse el albornoz escuchó ahora un grito infantil,  y a continuación como su puerta volvía a abrirse.

—¡¡PAPÁ QUIERO CACA!!

—NOOOOOOOO, SÓLO QUERÍA UN MOMENTO DE INTIMIDAD, ¿NO ES POSIBLE O QUÉ??

—TE HE VISTO EL…….¡¡MAMÁ, MAMÁ, MIRA ...LE HE VISTO EL .... A PAPÁ!!

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  • Muy bueno Óscar. Ni flotar le dejan a uno. Amena lectura. Muy simpático el giro final. Un saludo.
    Muy bueno y muy real. Sí, la vida conyugal tiene estas cosas. La mujer puede tener razón con el gasto del agua. Pero esta realidad objetiva también le sirve a ella para dominar a su marido como ocurre muchas veces.
    ¡ ajajajajajaja buenísimo Oscar! Excelente idea y mejor contado, lograste el cometido de sorprender con humor, que no es sencillo y menos en estas épocas. Muchas gracias por compartir. A seguir escribiendo y compartiendo.
    La verdad, me reí muchísimo. Excelente. Por un momento, pensé que Felipe se había divorciado y que tomó valor y se metió en esa playa nudista a la que su mujer nunca quiso ni pisar. La explicación era mucho más simple... ¡doña, deje bañarse a Felipe en paz, por favor!, lo voy a compartir en mi Facebook. Me encantó tu relato.
    Felipe entre sus sueños y la realidad....Entre el anhelo de libertad y opresión, entre la el ser y el deber....Un típico padre y esposo de familia Saludos Oscar.
    Muchas gracias Mario por tu comentario. Creo que de vez en cuando el toque de humor, de parodia e incluso de exageración viene bien para suplir tantas amarguras. Un abrazo y buen día
    Atrapado en un matrimonio convencional que lo consume, con una mujer que parece personificar en sus carnes al mismísimo “Sargento de Hierro”, el bueno de Felipe se deja llevar por la imaginación y convierte un mero baño en la bañera de su casa en toda una aventura, de la que, sin embargo, es sacado a dentelladas por las fauces de esa misma realidad de la que pretendía escapar. El relato está muy bien construido. La prosa fluye con naturalidad y el lector se sumerge con facilidad en ella, con esa misma facilidad con que el bueno de Felipe lo hacía en las aguas. Los toques de humor están también muy logrados. Felicidades, Oscar.
  • "Por mi honra y honor debía de luchar contra esos malvados" Relato finalista en un concurso de mi ciudad, que debía versar sobre El Quijote de la Mancha

    La historia que narro es real, afortunadamente la parte final es ficticia. Pertenece a uno de los relatos de mi libro "Dos Zapatillas.Relatos de Running"

    Antonio conquistaba el amor de María cada día

    No era posible imaginar nuestra vida sin la suya

    La vida de un mejillón desde dentro...

    Felipe sabía que había llegado el instante soñado...

    Agradezco a todos los que exponéis vuestro talento para hacer la vida un poco más ...

    Terrores nocturnos

    Aquella noche tuve una terrible pesadilla

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