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3 min
Alas rotas
Varios |
26.05.16
  • 4
  • 16
  • 1949
Sinopsis

Felicito a Ana María Madrigal y fue un honor competir con ella

Apenas me había levantado ese lunes como tantos otros salía con el tiempo justo para tomar el metro. No poco fue mi asombro al ver sobre el felpudo de entrada una caja cerrada así nomás, atada con un hilo y una nota pegada con una cinta plástica negra. “Te dejo este pájaro para que lo cures. Tiene las alas rotas pero apuesto que con tu sabiduría y tu ternura volverá a volar en muy poco tiempo.” Sin firma. Hice un agujero en la caja con un cuchillo y  otro agujero del otro lado y luego la acerqué a ventana para que iluminara adentro y efectivamente ahí había un pájaro que parecía muerto. “Debe ser una confusión”. Pensé resolverla cuando regresara. Dejé la caja en el balcón y me fui tranquilamente a trabajar. Hacía un frío enorme. No pensé en el pájaro en todo el día, ni en quien me había dejado el pájaro, me desharía de esa caja con lo que sea que hubiera adentro ni bien regresara. Cuando salí de la oficina y me metí en el metro para volver a mi casa me detuve a esperar en el andén. De pronto una persona comenzó a discutir con otra, una mujer pegó un grito y un hombre salió del nudo humano con un móvil en la mano. Alguien corrió detrás y no alcancé a reaccionar cuando un tercero sacó un arma y comenzó a disparar. En las películas uno siempre cree que el protagonista es un tonto que podría haber escapado, corrido, esquivado. Pero en la vida real es distinto. Se queda uno paralizado y los tiros van directo adonde no tienen que ir o sí, todo se pone negro, el mundo deja de ser y luego el tiempo se pone raro, como una bolsa llena de cosas que no hay donde guardar. Pasa un día, pasan seis meses y cada tanto abres los ojos y lo único que ves es un techo blanco y gente que no conoces. Y el único sueño que tienes, el único, es que estás adentro de una caja que alguien agujerea por fuera y que te espía, luego abre la caja para meter un papel y cierra la caja de nuevo. Entonces, con mucha dificultad despliegas el papel y lees: “Te dejo este hombre para que lo cures. Tiene las alas rotas pero apuesto que con tu sabiduría y tu ternura volverá a caminar en muy poco tiempo.” Despiertas de tu sueño dentro de otro sueño que ese lugar blanco y desconocido que bien podría ser esa caja. Deseas con toda tu alma que no te dejen solo ahí adentro o que te pongan en un balcón para devolverte a tu dueño. Hace demasiado frío y falta demasiado tiempo para que puedas volver a usar tus alas, no podrás sobrevivir si no te ayudan.

 

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