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3 min
Algo se está cociendo en mis entrañas...
Reflexiones |
19.06.17
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Sinopsis

De la vida, la muerte, el esqueleto o el llanto; de esto o de aquello o de cualquier cosa que esté preconcebida en la mente adormecida del lector, estas palabras son más de lo que la mente–ordinaria–condicionada–adormecida puede asimilar en una sola lectura. Sugiero silencio para que la claridad pueda emerger desde el cieno como una flor de loto.

Para describirme diría que soy alguien que espera crear vida y belleza a partir de su imaginación. Pero lo que realmente quiero decir es que creo que todo el mundo debería saber que la acumulación de energía es desgaste.

Ahora mismo estoy haciendo un necesario y largo viaje rodante por las carreteras y desde hace unos meses rompí con la familia y el hogar.

¡Cuán reducido se ha vuelto mi ego desde entonces!

Ahora soy hijo de la nada y heredaré el viento; voy dejando mis plumas en cada nido que pernocto y doy nombres falsos a diestra y siniestra...

Ya no soy más lo que era.

Nadie conoce mi rostro y a mí me sorprendería mucho mirarme en un espejo con los ojos de quien solía ser. Y sin embargo sigo estando cómodo...

¡Qué alivio produce alejarse de la sociedad y de los problemas mundanos! ¡Qué maravilloso beneficio para el alma, qué bálsamo más refrescante!

Ahora veo que una vida para uno solo es pura supervivencia y depende del instinto.

Creo que mi mundo es la esfera entera, no la reducida caja del hogar.

¿Habrá ya leído mi madre todo lo que yo escribí en aquellas olvidadas libretas? ¿Lo habrá entendido? Seguro también encontró las semillas de cannabis y las polvorientas revistas porno ocultas en una caja de Nike's en el clóset con olor a yerba... Mis retorcidos y alarmantes dibujos, mis inextricables óleos y todas las excentricidades de mi vieja habitación...

Pero para mí aquél cubo de ladrillos ya ha ardido; estoy muy lejos y me siento bendecido de que mi único equipaje sea el saco de mi piel para mi vulnerable esqueleto.

¿Qué seguirá después? Lo mismo qué sigue ahora; seguiré caminando y orando por todos bajo el mismo cielo kilométrico que nos circunda y nos condena. Pediré a la vida misma que haga caer sobre todo el mundo una plaga de buen humor e imploraré una lluvia que purifique cada camino, pues confió en que algún día el ser humano recuperará su libertad, y será cuando pierda el miedo y la inseguridad y los prejuicios y se embarque en la interminable aventura de la búsqueda de su origen.

Porque el hecho es que el tiempo corre sin tropiezos dentro de tu pecho; si no lo escuchas cabalgar es porque está por debajo de tus pensamientos.

Pensar es una adicción, pensarás menos cuando equilibres la mente y el cuerpo, cuando aprendas a escuchar tu respiración.

No digas que el lobo aulla más allá cuando en realidad aulla en tu interior.

Si puedes soportar el silencio también podrás soportar la sentencia de tu soledad; el truco para no enloquecer está en hacer que las voces sean tus aliadas, tus Ángeles y confidentes.

En cualquier caso, si la cosa se pone fea puedes romper el destino liberando tu sangre con profundos tajos en tus muñecas o superando tu vértigo con un clavado sobre el alquitrán sin llamar mucho la atención a la media noche de un domingo...

La muerte duerme en vigilia y domina muy bien sus pestañeos. Nunca podrás esconderte de su omnipresencia, pues eres diminuto y muy débil para su inconmensurable precisión; eres una hormiga perdida sobre su tablero, una mosca atrapada en su eje.

Todos somos cabizbajos condenados a muerte esperando el disparo...

¡Que alguien nos libere de esta condena con una nueva esperanza!

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