cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

16 min
Amada muñeca
Amor |
24.03.18
  • 2
  • 2
  • 2239
Sinopsis

Una sabia muñeca vigila la vida amorosa de dos amantes maduros

   Aunque el centro de la plataforma estaba lleno, ella siguió avanzando para intentar sentarse en un asiento libre, contiguo  al que ocupaba un hombre de unos cincuenta y tantos años en el que apenas reparó. Se sentó y con movimientos precisos sacó un e. Reader del bolso, lo preparó para leer su novela y se sumergió en la lectura. Él estuvo un rato tratando de enterarse de algo en la pequeña pantalla del lector y al no conseguirlo se dirigió a ella.

  • No me queda otro remedio que interrumpirla, me acaban de regalar un e. Reader y aunque he leído las instrucciones no he sido capaz de cargar una novela, ni un escrito que quiero memorizar.
  • Necesita el lector, un ordenador y un cable. Le voy a perdonar su atrevimiento porque se le ve muy apurado y además porque mi profesión es enseñar y no soy capaz de resistirme a una demanda de alguien que quiere aprender.

En cuatro minutos la profesora le explicó las operaciones que debía realizar y él dio señales de entenderlas  y como consideraba que aquello había sido un abuso se sintió obligado a darle alguna explicación.

  • Se jubila uno de los dueños de mi empresa y para mí, más que jefe es mi amigo, empezamos juntos, el arriesgó todos los ahorros de sus padres y yo que tenía otras muchas posibilidades me comprometí con él porque sabía que serían mis ideas las que influirían en el negocio. Más que de nadie es mi obra, ahora es una gran empresa y yo tengo que homenajearlo con el discurso que quiero meter en el lector para aprendérmelo de memoria.
  • Me bajo en la siguiente parada. Muchas gracias. No sabes el favor que me has hecho..

Se levantó, pero ella le cortó en paso con sus rodillas. El no dijo nada, pero empujó a su vez para romper la resistencia de ella. Al final, retiró sus rodillas y le dejó franco el paso. Cuando estuvo en el pasillo de la plataforma se volvió para agradecerle de nuevo su ayuda, pero no le contestó, ni siquiera le miró.

Se bajó del autobús con la conciencia de que había perdido algo importante y con ese sabor acre de los errores en su boca se metió en la cama.

  • Es mayor que yo, no es guapo pero es atractivo. Tiene voz de joven y un gran respeto por el español. Parecía muy apurado. Tiene gusto para vestir y lleva muy cuidadas las manos y el pelo. Parece viudo o soltero, no creo que sea casado, ni separado y parece alegre y animoso, de los que no se les pone nada por delante. Tranquilamente, empujo mis rodillas con las suyas y no dijo nada y pese a la sorpresa por el bloqueo, se despidió de nuevo de mí y me dio otra vez las gracias.
  • Ya veo que estás prendada. No me extraña si la mitad de lo que dices de él es así. Lo que no soy capaz de decirte es si se interesó por ti. Sabes que los hombres cuando están preocupados no tienen sentidos más que para el objeto de su preocupación. A lo mejor valoró todo lo que pasó y si le resultó interesante, te buscará. Lo normal es que o venga al instituto y eso no lo creo o que coja el autobús el mismo día, a la misma hora y en la misma parada. Ahí debes estar tú.
  • Ahí estaré

Estaba en el centro de la plataforma, frente a ella, tiró al suelo un pequeño maletín lleno de papeles, después se quitó el chaquetón, un jersey, la camisa, el pantalón, los calcetines. Le quedaba sólo la camiseta y el calzoncillo. Se quitó ambas prendas y cuando estuvo seguro de haber conseguido su atención, se dio una vuelta despacio con las piernas juntas. Se quedó mirando su sonrisa de aprobación y se fue vistiendo poco a poco, sin necesidad de mover un solo músculo por qué las prendas buscaron solas el acomodo en su cuerpo. Cuando estuvo vestido los pasajeros del autobús retiraron las manos de sus ojos y se quedaron como si no hubiera pasado nada.

No lo pensó más, todo le había salido bien. Por el discurso le habían felicitado sus compañeros y le habían hecho adjunto al director general, lo que significaba un importante aumento de salario y toda la responsabilidad de la empresa, si las cosas salían bien el mérito era del director general, si las cosas salían mal, el demérito seria para él, pero eso iba en el sueldo.

Igual que en el ascenso, él tenía otro riesgo que correr. Después del  sueño que interpretaba como un deseo profundo de que ella lo conociera, tenía que encontrarla.

Si tenía unos sentimientos parecidos a los suyos, el autobús era la mejor opción. Cogerlo en la misma parada en la que se encontraron y a la misma hora, el mismo día de la semana y si esto fallaba, preguntar en el instituto.

En la parada no conseguía que sus pies estuvieran anclados al suelo, intentaban desandar el camino hasta la parada y una voz interior le decía que se estaba metiendo en el peor problema de su vida, sin embargo él tenía ansiedad por verla y creía que lo peor era que no la encontrara o que le rechazara.

Con su experiencia, su posición en la vida y su desconocimiento de ella, sólo sabía que era impulsiva, se negaba a admitir que lo que sentía era amor o algo muy parecido pero la buscaba anhelante.

No era una diosa pero allí estaba rodeada de un halo azul, del color del agua de las rías cuando amanece en invierno. Estaba allí provocando que el corazón se le saliera del pecho, estaba allí desdibujando a las personas que compartían el bus, estaba allí impulsándolo hacia ella con una fuerza irresistible.

  •  ¿Me recuerdas? Tú estabas leyendo tu e. Reader y yo, desconsideradamente te interrumpí  para pedirte que me enseñaras a utilizarlo.
  • Creí que eras un enviado de algún lugar ignoto que venías a rescatarme de un mundo que no me deja ser feliz. Por eso coloqué mis piernas para retenerte y las retiré no por tu presión, sino porque supe en aquel momento y no me digas porque, que si te dejaba marchar volverías y aquí estas. ¿De qué mundo  vienes?
  • De otro igual que el tuyo que me lo da todo menos el amor.
  • Estamos aquí dejando hablar a nuestras emociones, a nuestra fantasía, los dos del mismo lado de los sentimientos, bebiendo el mismo néctar.

Se cogieron de la mano  al bajar del autobús y ella lo dirigió hacia su casa. Se besaron en el ascensor, dejando fluir su deseo y ya en la casa, ella fue directamente al dormitorio se sentó en el centro de la cama y por señas le indicó que se sentara frente a ella.

  • Como yo, seguramente estás deseando hacer el amor, pero creo que debemos conocernos mejor. Seguramente hay algunos episodios de nuestras vidas que nos han dejado huellas indelebles y que nos condicionan.

Le tomó de las manos y cuando ella creyó que había conseguido toda su atención le dijo:

  • Vamos a jugar a descubrir nuestros corazones para que cada uno pueda interpretar los sentimientos del otro. Se trata de ganar tiempo y hacer más segura nuestra relación. También podría ocurrir que no encajáramos  y tendríamos que ser valientes y dejarlo antes que nos hiciéramos daño.
  • Te cuento como es.
  • Cada prenda de ropa es uno de esos episodios, más o menos secretos, de los que nos enorgullecemos o nos avergonzamos, cuando lo cuentes elijes una prenda de ropa y te la quitas. Cuando estemos desnudos nos conoceremos mucho mejor y será el momento de tomar decisiones.
  • Creo que la quería mucho y me correspondía, pero mi entorno tenía otros planes para mí y realizaron un cerco para incomunicarme con ella y yo me rendí a las presiones y deje que la relación se rompiera, aquello, rebajó mi autoestima y sólo la recuperé cuando conseguí casarme con la mujer que amaba que tampoco entraba en los planes de mi entorno. Nunca conseguí reparar el dolor que causé a la primera mujer que amé, que hasta donde yo sé no ha sido feliz. Me quito este jersey igual a uno que le puse por los hombros en una fría tarde de abril.
  • A mi amiga, que todavía lo es, le quité a un amigo sólo para demostrarme que era más atractiva que ella. El chico no me gustaba en absoluto pero me las arreglé para que saliéramos juntos. Me quito esta rebeca como muestra del compromiso de hacerle un regalo inesperado a mi amiga.
  • Delante de mí un coche se salió de la carretera y se estrelló contra un árbol, tenía mucha prisa y seguí, pero después ante la falta de coches que pudieran ayudarles, me di la vuelta y los socorrí. Ninguno tenía heridas de consideración, salvo un niño de unos diez años que podía haber muerto si hubieran tardado más en atenderlo. Mantengo una relación con ellos, en Navidad nos intercambiamos regalos, pero nunca les hablé de mi primera intención. Me quito la camiseta, la prenda más íntima, porque se trata de un secreto que nunca había revelado.
  • Todavía me acuerdo del sollozo de mi hermana cuando llegó a la conclusión de que había perdido su muñeca. Aproveché que la había llevado al colegio para cogerla de su cartera, llevarla al contenedor de basura y enterrarla entre los residuos. Volví a casa y en cuanto vi a mi hermana me arrepentí y volví al contenedor pero alguien debió verme y la cogió. Cuando llegué a casa ya estaba llorando y aunque me había hecho muchas faenas y mi padre la quería más que a mí, me dio mucha pena y le ofrecí mi muñeca, no me dijo que no y se la di y poco a poco se calmó su llanto.
  • Te voy a contar algo que es el motivo por el que estamos aquí. Si después de que lo escuches te quieres marchar puedes hacerlo, sólo te pido que no lo comentes, siquiera conmigo.
  • Después de lo que me has contado estoy seguro que me vas a hablar de la relación con tu padre y sea lo que sea lo que me digas me gustaría que me dieras ahora el permiso para hablar de eso contigo. Será bueno para los dos. No parece razonable ni bueno volver a enterrar el secreto y dejar que sus raíces sigan haciendo daño.
  • Déjame que te lo cuente, yo soy una malquerida. Un día escuché a mi padre decirle a mi madre que yo era igual que su madre, que no era buena y que parte de la inteligencia que tenía la empleaba en hacer daño. Nunca olvidé esta conversación y aunque no escuche la respuesta de mi madre, seguro que le dijo que aquello era una bobería. He crecido creyendo que los hombres no me querían y he tenido algunas experiencias que me confirmaron esta idea. Esta especie de ceremonia para conocernos no hace falta que te explique a que se debe. Me quiero presentar como una mujer buena.
  • Eres valiente y yo te inspiro confianza, quizás porque comprendas que eso es mutuo. No sé si es el momento pero mi piel transpira emoción y deseo de hacerte feliz.
  • Yo también te deseo, pero tenemos entre las manos algo grande y no debemos precipitarnos. El sábado no trabajas, no sé si te gusta la playa, el monte o Cíes.

Caminaba descalza por la arena de la playa de Rodas entre las olas de la ría y la laguna que separa el arenal de un escudo de grandes piedras que protege al conjunto del mar abierto. En la laguna ella imaginaba miles de berberechos pugnando por comer el plancton que constituía su alimento. Los sentía apelotonados, con las conchas abiertas tragando arena, de la misma guisa que los humanos pugnando por atrapar los fajos de billetes que nos proporcionan un poco de libertad.

  • Mis miedos me advierten que no puedo enamorarme de nuevo.

Apretándole la mano.

  • Pero me la salto. Espero más de esta trasgresión  que lo que puedan darme las seguridades en las que se basa mi vida.

Se calzaron al llegar al extremo sur de la playa, al final de la isla de Monteagudo, donde comienza la de Faro,   Arranca allí  una vereda que conduce a los abismos y acantilados donde anidan las gaviotas pardelas, las reidoras y las argénteas, En las rompientes los cormoranes, intentaban pescar buceando hasta que su intento  se ve coronado  con el éxito, con un pez de mediano tamaño desliz´ndose  po  su garganta  

Al llegar al faro, el punto más próximo a la isla más meridional empezaron a oírse ya los estridentes gritos de las aves, alborotadas por la presencia de los turistas que no querían perderse el espectáculo de la gaviotas haciendo picados par hacerse con algún trozo de pescado que se le había escapado a algún congénere.

  • Todas las especies reproducimos arteramente algunos modelos. En nuestra memoria más profunda tenemos una sopa de modelos de actuación. Cada uno creemos que es adecuado a una circunstancia y lo aplicamos según nuestros valores que están mezclados con los modelos y, a veces, reforzados por nuestra experiencia. No sé si estamos poniendo en peligro nuestros sentimientos. Mi modelo me dice que cuando se corrobora una relación se sella haciendo el amor para confirmar lo virtual y puede que al evitarlo o prescindamos de él o dejamos que muera poco a poco.
  • Me preocupa que con la espera sobrevaloremos el amor físico y generemos unas expectativas desproporcionadas. Por eso creo que debemos preparar un encuentro.

De regreso en el barco encontró el momento para besarla y por la respuesta de ella a sus caricias le pareció el momento para comenzar la danza de los cuerpos. Entendió que el sol y la brisa habían acondicionado su piel mejor que la mejor de las cremas y el descenso, cogidos de la mano o de la cintura, había preparado su alma para un encuentro más físico.

  • No quiero, necesito esperar el momento oportuno.
  • ¿Más que este? No creo que encontremos un momento mejor. Venimos de un encuentro con una naturaleza inspiradora. El mar se funde con la tierra, En el bosque se hace escuchar la vida que hierve a borbotones, mientras el horizonte nos abre una ventana al más allá.
  • Hay una fusión de lo virtual y lo físico. Desde el acantilado hemos visto la vida palpitando a nuestros pies y la inmensidad del mar y el cielo que sólo podemos entender desde lo virtual, como un concepto abstracto.
  • No me parece el momento.

No voy a insistirmás. Me voy andando a mi casa y mañana o cuando sea, será otro día.

  • Yo me voy en mi coche. ¿Quieres que te lleve?
  • Ya he tenido suficiente y los momentos malos no conviene prolongarlos. Hasta luego.
  • Hasta luego.

Después de los equilibrios en la popa del barco y la caminata esquivando las piedras, buscando el camino menos incómodo, los diez minutos por unas aceras que no tenían una sola baldosa descolocada le parecían un premio.

Cuando hablaba con Julia se sintió cabreado pero ahora creía comprenderla. Él pasaba largamente de los cincuenta. Hacía cinco años que había hecho el amor. Había funcionado bien. Ella no había sido muy exigente y no sabía siquiera si había tenido orgasmo, porque su prima segunda o tercera estaba a pillarlo.

Esa era su experiencia más cercana y la edad y la falta de uso deteriora, aunque tenía la sensación de que el amor puede con casi todo y que en lo físico la haría feliz. Pero ella no lo sabía

Ella también tenía su historia que se traducía en miedo a defraudar y en aquellos momentos, con las manos en el volante de su utilitario sólo sentía turbación, desasosiego. Y un deseo urgente de que la entendiese.

  • Soy yo, tenemos que hablar.
  • Hasta que se haga de día. Hasta que se haga de nuevo de noche.

Lo abrazó tan fuerte que sintió dolor en el pecho pero tenía un deseo tan grande de fundirse con él que pasaron unos minutos sin que pudiera soltarse.

Su tobillo era tan grueso como el muslo de él y mientras trataba de entender aquel cambio, percibía que el cuerpo desprendía una luz cobriza como si hubieran pulido  la piel de su amiga o la relación que tenía con aquella mujer que hacía unos instantes estaba desnuda en su cama. Su cuerpo no era el de Julia pero se soportaba en el esqueleto de ella, como si  se tratara en una estatua de Botero, para la que Julia hubiera sido el modelo, pero con una cara igual al rostro infantil de aquella muñeca con la que Julia había mortificado a su hermana. No entendía lo que estaba pasando, porque al reconocer el rostro de la descomunal muñeca sintió una erección tan intensa como no recordaba aunque la verdad es que la historia de sus erecciones tenía muy pocos capítulos. Abrazó al doble de su amiga y en la medida en que se fundía con ella iba perdiendo volumen y las miradas condescendientes se iban transformando en otras cargadas de amor. La pasión borró todos los miedos.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Soy un profesor de universidad jubilado que hasta ahora no he tendo tiempo de escribir, mi afición favorita o mejor: mi pasión.

Tienda

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta