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10 min
Amar la trama
Amor |
01.08.19
  • 4
  • 11
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Sinopsis

¿Que hace que no podamos hablar francamente de la realidad? Si todo es máscara, la vida no llega a ser algo. Se convierte en escenario del ridículo. Ficción diaria para darnos cuenta por la noche del terror de no ser ni significar nada para nadie. Y en esa ausencia de nosotros mismos, nace la obsesión por el otro, por lo otro. El fracaso de lo compartido, del mundo a partir del otro.

La música se escucha lejana.

Marc y Melody no pueden parar de besarse. Descubren tantas maneras diferentes, entre pasión, ternura, deseo y algún mordisco furtivo que arranca risas cómplices en los dos.

Hace más de cinco minutos que han finalizado de hacer el amor, ella tuvo un orgasmo como soñaba tener en la pubertad cuando leía novelas eróticas y se tocaba para combatir la curiosidad y complacer las hormonas. Fue creciente, lento primero, un suave temblor en el vientre que fue elevando su temperatura, para entonces golpetear como locomotora energética y visceral que explotó y se irradió desconectando su cerebro. Hizo crispar sus vertebras. Con movimientos mecánicos levantar y bajar la cadera hasta esconderla en el hueco del colchón desvencijado, encorvar la espalda, mostrar el esplendor de sus senos y ofrendar los pezones irresistibles a su socio de alquimia. Y gemir, gemir, para liberar. Florecer para convertirse en esa bestial mujer plena. Ajena a todo, pero alerta. Disfrutando el éxtasis de su sexo.

Eso entusiasmó al hombre, los sonidos guturales de la joven, y el placer tallado en sus facciones, fueron el alimento exacto para una pelvis poderosa que comenzó a embestir, taurina, hasta el grito ahogado en que quedó colgado de su compañera sujetándola salvaje por la cintura como si la gravedad se hubiera evaporado del ambiente. 

Erguido en sus brazos, la mirada hueca pero atenta a la cabellera negra desprolija que se hundía en su pecho y le llegaba hasta la boca con un beso que la abarcaba entera y una lengua inquieta le dificultaba la respiración, jadeaba descontrolado.

Marc sabía que Melody adoraba esos besos, mejor dicho todos los besos. Sobre todo que permaneciera aplastándola en atemporales caricias y húmedos besos.

Ella, intuía que Marc lo hacía por obligación, sus labios perdían viscosidad y no dejaban a su boca dar los besos que esos momentos de encanto requerían. Su mente le acercó la imagen de Aldana, añoraba de tanto en tanto a Aldana, recordaba cuando le decía que en esas lides, eran la una para la otra. Era toda una ceremonia, creatividad extrema, sabían ágiles revolcarse, cambiar de posición cien veces hasta que el sueño vencía. Además no le irritaba la piel con ninguna barba.

Mientras Marc servía Champaña en dos copas, Melody emuló ser un tronco que todo lo arrollaba a su paso, para culminar el movimiento envuelta por la sabana sobre el poderoso pecho. Dos cigarrillos encendidos en sus manos. Puso uno en la boca del joven y tomó de la copa que éste le ofreció divertido, volcando líquido sobre la piel y presurosa dando a su lengua forma de cuchara, lo lamió tal elixir de dioses sin dejar de mirarlo a los ojos.

Fue allí donde su boca pronunció:

-¿Es ahora, sabés?

¿Qué? -Contestó Marc-

-Ese momento que te digo.

-¿Cuál de todos tus momentos?

-El de no saber por qué tienes miedo. Sentir que te estrujan las tripas. Miedo de lo que sentís.

Estás genial y feliz y te relames el beso que más te ha gustado y piensas, mmm sí, acá pasa algo. Aquí hay algo. Así porque sí sería cuanto menos descabellado. Y te mandas de cabeza, sin red.

Y después, que se yo, vas caminando por la calle en la llovizna o estás tomando un café en un bar  y jugando con la cucharita te asalta que nada está del todo bien. Comienzas a dar vueltas, a mirar todo distinto, ver al otro como dentro de una pecera, como si uno comenzara a pensar que el otro no es lo que pensaba que era. Que el otro no es como uno desea que sea. Lo estás viendo todo desde un drone, cada vez más y más chico hasta que se esfuma. Como si dejara de pronto de importarte. ¿Qué dejara de gustarte?

-¿Como que dejara de gustarme qué?

-Yo.

-Ah. Si, si, ahora que lo dices, a veces también me pasa.

-¿Pero y me lo decís así de fácil? ¡Qué boludo importante sos!

- No me gusta eso para nosotros, Melody. Me haces recordar a una compañera de oficina que piensa que maltratando y humillando a todos los varones del trabajo se venga del patriarcado, que dice, le cagó la vida.

Quiero contestar sí, que en algún momento puedes dejar de gustarme, pero no de la manera en como lo pones tú. O puede pasar cualquier cosa porque la imprevisibilidad de la vida es así. Duele pero también le pone sal y a veces sobre la herida. ¿No?

-Es horrible eso, o mejor dicho, ¡qué bueno!, no sé.

-Porque a ti te pasa…

-Si claro, me ha pasado muchas veces, mucho tiempo todo el tiempo. De hecho no sólo contigo. Pero no es sólo eso, es como si fuera algo más grande, es como si todo respondiera cíclicamente a  un gran plan dañino.

¡Ja! ¿Qué bueno no?  Lo estoy pensando ahora, un faso, una copa, mi pecera. Te miro, a mí me pareció que eras medio jodido, tipo como un zapato cambiado en cada pie, como una comida que da alergia. Puede ser letal. No te rías, boludo. ¿Es o no es así?

-Estás terrible hoy. Bueno, no sé. No sé si tan así de grave. Pero sí, pienso que puedes dejar de gustarme, que puedo dejar de gustarte. Que podemos desaparecer en el aire cualquiera de los dos en un instante. ¿Cómo puedo luchar contra eso hoy, aquí, en este momento impensado?

-Tienes departamento y yo el mío, este es el segundo bulo consecutivo de mala muerte en que nos encontramos. No digo que tienes toda la culpa, ¿No es como jugar al Ta-te-ti?

- Pero, hace varios días que no nos vemos, no sé si está mal encontrarnos en un punto medio para achicar los tiempos y las distancias. ¿Es tan malo un lugar neutral? Me llamaste al trabajo, estabas en nuestro café preferido con un cigarrillo en la boca, riéndote de mí por chocar a esa mujer que no vi por adelantarme con la imagen al beso que saboreaba sin haberte dado.

-No me lleves por donde no quiero ir, estoy hablando de lugares no de sucesos. Si quieres hablar de eso también puedo decir que el otro día en ese otro lugar horrible, me abrazaste casi sin mirarme, como si quisieras taparme la cara con la almohada. En serio, no me digas que no. Fue raro. ¿Te diste cuenta?

-Ya caigo, pero me lo decís recién ahora. Ahora que estamos demás de bien. No ese día en que estuvimos mal.

- ¿Con que salís ahora?

- Que fuimos un espanto, me dijiste que no pudiste acabar. ¿No sos un poco resultadista vos?

-Pero mira que sos bobo. ¿Qué tiene que ver eso? Me importan tres pitos no acabar. Bueno, no. Es decir, sí. Pero no es el caso. Es sólo una posibilidad. Yo tenía ganas de verte, me abrazaste casi sin mirarme. Como si vinieras  por otra cosa.

Marc no soporta la risa

-¡No te rías, cabrón!

-Es que parecías una Hippie Chic o una rumana, algo de eso.

-¿Qué?

-No sé, la ropa, tal vez.

-A ver ¿que tenía puesto? ¿Qué era? Ahora me acuerdo, la pollera con flores grandes, las sandalias de cuero y la remera bordada con escote redondo y mangas sueltas ¡Que malo sos!

-Aros de plumas, el pelo con las puntas violetas de papel crepé. Yo pensé en eso y después te abracé, nada más.

-Que forro, bueno no sé, ¿en que estábamos? No importa, era eso lo que te quería decir, que por ahí no puedo evitar pensar en esto. Me pasa. Me pasa y ya. No puedo dejar de preguntarme, no sé, estoy en una situación así y me interpelo. ¿Es esto el amor? O mejor dicho, ¿es esto amor? Tampoco quiero preguntártelo. Soy de desaparecer por no saber contestar estas preguntas. O por ahí te hago la madre de tus hijos y un día me siento en la cama y me pregunto ¿esto era amor? O mejor dicho, ¿en esto se trasforma el amor? Y no me siento capacitada para tolerarlo.

No sé, es como si todo esto me llegara de algún lado, desde el interior o del exterior, es muy difuso. No sé si tengo que aprender a enterrarlo o tengo que sanarlo. Lo quiero dejar en claro. Porque no soy una mina de dejar pagando a nadie, ni quiero ser motivo de bajón. ¿Es una locura todo lo que te digo? Te estoy quemando la cabeza.

- ¿Tienes un poquito de ganas de verme, de estar conmigo así?

-Sí, obvio, de hecho soy la que llamé. ¿Qué tiene que ver eso?

-No me estás quemando la cabeza para nada. Yo no sé mucho más que eso. No sé bien que somos o si somos algo. Sí que somos, que estamos siendo.latiendo al unísono aunque sea unos minutos y han sido los mejores que he tenido después de padecer el fantasma que me arrebató pertenecer a algo, una familia, a la Universidad, al equipo de basquetbol.

No sé si quiero averiguar mucho más. Pretendo sentirlo, no me propongo razonarlo. No quiero enredarme en el palabrerío del amor, deseo experimentarlo.

Sé que es así, que hoy puedes desaparecer y hasta tal vez pueda sorprender y ganarte de mano. Que quedemos dolidos. Que creamos que perdimos tiempo. Que sea todo un mal ensayo. Ese túnel de soledad que superé me enseñó a bajar las expectativas, a no obsesionarme por otro, a no disimular comprando lo que no necesito detrás de un bienestar que nunca llega.

Sigo en construcción. No deberías reírte así ahora, jajaja, no me siento electrodoméstico para extenderte una garantía. Nadie tiene la precisa, Melody.

-Lo sé, Marc. Intento decir que me espanta la idea de generar ficción para intentar sobrevivir.

-Escucha esa canción. Es de Jorge Drexler, el uruguayo que ganó un Oscar.

“…Te vi cambiar tu paso hasta ponerlo en fase.

En la misma fase que mi propio paso.

Ir y venir, seguir y guiar, dar y tener, entrar y salir de fase

Amar la trama más que al desenlace

Amar la trama más que al desenlace.

-¿Amar la vida pase lo que pase?

-Todos tenemos miedo. Todos estamos a merced.

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  • No creo que exista alguien que no haya elucubrado con estos pensamientos, en voz alta o para sus adentros. muy buen texto, gracias por compartirlo. abrazos
    Una conversación que te hace pensar un saludo
    Unas letras, muy reales, muy vividas, un abrazo amigo!!!!
    Hola querido Roluma, por un momento pensé que te habías olvidado de mí. Es agradable leerte de nuevo por aquí. Te felicito por tu trabajo escribes maravillosamente.
    “No me lleves por donde no quiero ir” destaco esa frase Camino por madrid en tu compañía (me ha llevado a esa atmósfera, genial la cita de Drexler ) Me atrapo el relato... en especial después del sexo.
    Qué buena historia, Roluma. Hablas del amor, del desamor, de la rutina, de la vida misma. Y lo haces con desenvoltura y buen hacer literario. Me gustó mucho leerte.
    El amor y el desamor son consustanciales al se humano. El miedo a este último nos oprime. Buen diálogo en donde se manifiestan muchos hilos del alma de los aman. Hasta pronto
    A los tiempos, mi amigos. Una gran lección en este trabajo tuyo. Abrazo y que estés bien.
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Soy águila. De las que vuelan alto. De las que ven sin proponérselo. Tengo maestros de los que no acepto palabras. Tengo lapices que dicen lo que siento. Cuando vuelo mi vuelo, cuando respiro mi cielo.

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