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6 min
AMAZONAS 6
Fantasía |
31.05.16
  • 5
  • 4
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Sinopsis

Continua

 

Sus manos se posaron en mi cintura y yo... quise apartarlas pero él me estrecho más fuerte y mis ojos se quedaron fijos en los suyos y balbucee.

—No eres humano, dime que eres, suéltame.

Me obedeció y se arrodillo ante mí suplicándome.

—Azotadme si me lo merezco mi señora.

—¿Cómo? —le pregunté. —No entiendo tú comportamiento, nadie es tan sumiso ¿Quiero saber quién eres?

—Ya te lo he dicho mi señora, soy el rey que esperabas, soy tú esclavo, que mas deseas de mi,  decídmelo y os lo daré.

—Levántate, yo no tengo rey, en mi país mando yo y vosotros... no me atreví acabar la frase.

Y él.

—Somos vuestros esclavos, nos utilizáis como juguetes y cuando os cansáis de ese juguete buscáis otro, pero yo no soy ese juguete mi señora. Desde niño me educaron para servirte y es lo que voy hacer.

—Aquí no hay niños —le contesté ¿Quién eres? —le pregunté de nuevo.

—Soy tú rey.

—Mientes ¡A MI LA GUARDIA!!!

—Deseas mi muerte —quiso saber. —Si ese es tú deseo mi reina lo aceptare de sumo grado.

Él estaba allí, arrodillado, esperando mi decisión. La puerta de mi aposento se abrió y entraron varias de mis hermanas armadas que lo rodearon esperando una orden mía.

Yo era una inepta en todo este asunto, no sabía de leyes, no me habían educado para ello. Y las únicas leyes que conocía era domar a esos hombres, montar a caballo, y luchar, que mas debía saber.

Me acerque a él y lo levanté diciéndole.

—Enséñame a ser reina.

—Dile a tus guerreras que se retiren y te haré mi reina.

Les ordene que se marcharan pero no lo hicieron. Con sus armas nos apuntaban y una de ellas dijo.

—Ya no eres nuestra reina, nos has llevado a la destrucción y debes morir al igual que él y el resto de esos esclavos ¡¡¡LLEVAOSLOS!!!

—¿Quiero saber quien me sucede?

—Yo —se escucho decir.

Esa voz no... ¿Podía ser la mía?

Ese sonido avanzó hacía nosotros y a nuestra altura exclamé.

—¡Qué hago ahí!

—Aylin, ponte detrás de mí y sujétate a mi cintura ¡¡¡RAPIDO!!!

No pude evitar la pregunta.

—¿Por qué he de hacerlo?

Estaba de pie frente a mí, cogió mis manos y las coloco en su cintura diciéndome: Da la vuelta conmigo a la de 3. Lo has entendido.

Contó hasta 3 y yo obedecí dándome esa vuelta. Mi cuerpo quedo pegado al suyo notando un agradable calor que envolvía todo mi ser. Y miro hacía donde yo me encontraba gritándome.

—¡¡¡DEBI MATARTE EN ESA OCASION!!!

—¡Matarme! —exclamé en su oreja ¿Quiero saberlo?

—Es una larga historia mi señora y no tenemos demasiado tiempo para que yo te la cuente.

—Pues yo quiero saberla —le conteste apartando mis manos de su cintura. Y me pregunté a mi misma ¿Por qué nos quieres matar?

«Risas»

—A él lo quiero vivo, en cuanto a ti... ¡¡¡LLEVAOSLA!!!

Me observe, no era muy alta y tampoco era fea tenía un cuerpo bien proporcionado y me fije en mis ojos y al verlos me dije: Son como esmeraldas. Y miré los de él preguntándome: ¿De qué color son?

—Son grises mi señora.

—¡Grises! —exclamé.

Y al verlos mejor me recordaron a los días nublados, esos días donde suelen haber tormentas y yo... tengo miedo a esas tormentas...

Mi cuerpo se sacudió y...

Y... ya nada era igual. El no estaba y yo tampoco. Si estaba en los campos de cultivos con mi espada en la mano y una cabeza a mis pies y esos esclavos gritando: Que yo lo había asesinado, y él no había hecho nada solo decir la verdad según ellos y según esos esclavos mi madre era una puta que los follaba.

No entendía que era esa palabra tan extraña para mí y quería saber su significado. Ya me marchaba de allí cuando algo estiro de mi brazo.

Y yo continúe mi camino y estiraron más fuerte de mí.

—¡¡¡BASTA!!!  —grité.

Seguían estirando de mí y... yo... me di la vuelta bruscamente y mi espada la sujetaba una mano y esos esclavos coreaban: Mátala, mátala...

—No —les gritó esa voz.

—Pero ella... —dijo uno de esos esclavos.

—Sé lo que ha hecho, pero no debe morir, ella es nuestra futura libertad. Y a trabajar —les advirtió soltándome.

Me pregunté por qué me soltaba y pronto lo comprendí. Me soltó porque se acercaban mis hermanas.

Observe a esos esclavos que trabajaban los campos como si no hubiera pasado nada e incluso aquel cadáver lo habían hecho desaparecer.

Venían montadas en sus caballos y a mi altura comenzaron a repartir latigazos de los cuales esos esclavos huían.

Intentaba buscar con la mirada aquel joven que me había estirado el brazo y lo vi, corrí hasta él y el destino quiso que yo recibiera aquel latigazo cayendo en sus brazos.

Mi hermana al ver su error bajo del caballo y fue en mi ayuda.

Pero aquel joven me cargo en su hombro y comenzó a correr por los campos de cereales.

Al verlo alerto al resto de las hermanas gritando.

—¡¡¡QUE NO ESCAPE HA RAPTADO A LA PRINCESA!!!  


Me llevaba en su hombro. Yo le golpeaba el pecho, le decía: Que me bajara. Y él ni caso.

Seguía corriendo y mis hermanas detrás de nosotros, cuando me soltó y caí al agua.

—¿¡Qué haces!?

Se acercó, examino mi herida y se sonrió diciendo: Sobrevivirás. —Ahora quítate eso que llevas y ponte esto —me dijo lanzandolo sobré mi cara.

Observe esas ropas y le dije.

—Esto no me lo pongo huele mal.

—Si no te lo pones iras desnuda y a mí me es completamente igual como vayas, así que tú decides.

—Si me pongo esto por lo menos no mires por favor.

«Risas»

—Lo que tengas que ensañar ya está visto ¡¡¡ESPABILA!!! o nos alcanzaran.

Mientras yo me ponía aquella ropa, el me quito lo que llevaba en el pelo y saco un cuchillo.

—¿Qué vas hacer?

Me corto el pelo y yo le grité.

—¡¡¡QUE HAS HECHO!!!

—Te crecerá, ahora en marcha.

Quise empujarlo con tan mala suerte que caí al agua de nuevo y escuche sus sonoras risas.

—Eres torpe mi futura reina.

 

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