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7 min
AMAZONAS 8
Fantasía |
05.06.16
  • 4
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  • 983
Sinopsis

Espero que os siga gustando

No sabía que me iban hacer y yo seguía en esa camilla y él en la otra cuando....

—Mario, no lo hagas.

—¿Cómo? —le preguntó este.

Me miró con atención, se acerco a mí y observo a Alan diciéndole: Sal de ahí y vístete.

—¿Por qué he de hacerlo? Pon esa máquina en funcionamiento y solucionemos esto de una vez.

—He dicho que no lo hagas.

—He de hacerlo... ella...

—Ella que...

—Ella es la culpable de esta catástrofe en el tiempo. Por su culpa estamos en peligro.

—Te equivocas Mario.

—No me equivoco, y no eres quién para interponerte en mis órdenes.

—En este momento lo soy Mario y vas a escuchar lo que te voy a decir te guste o no.

Me observo, su mano acaricio mi pelo y se fue deslizando suavemente hacia mis pechos y mi vientre y en él se sonrió mirando a Alan y este le gritó.

—¡Qué pretendes hacer! ¡Déjala quieres!

—Tranquilo, no es lo que imaginas ella es nuestra reina y lo seguirá siendo. Tú solo tienes que engendrar a su madre y dar tú vida más tarde y todo volverá a ser como antes. Lo has entendido Alan.

Alan me miro y se sonrió diciendo.

—Ahora lo entiendo todo.

Ese Mario no estaba muy de acuerdo con aquello y soltó.

—Lo que quieres hacer es una barbaridad y casi imposible de realizar, Alan no puede ser su... o si lo es y yo me entero ahora. Pero aun así es un riesgo que corren los dos, deberíamos hacer lo que yo había propuesto y no esto —le reprocho a esa persona.

—Lo que tu propones es imposible porque ese mundo alternativo no existe tampoco Mario. —Ellas deben ser esa tribu de guerreras y nosotros ser sus esclavos como lo éramos hasta ese entonces, y llegado el momento habrá una revolución y ellos son la llave —nos dijo señalándonos.

—¿Qué llave? —preguntó Mario.

—Ellos son el comienzo del puzle, ellos...

Su voz se iba apagando y su cuerpo era casi transparente y en un hilo de voz le dijo: Mírate Mario vas desapareciendo como lo hará el resto de nuestra gente. —Acciona esa palanca y todo volverá a ser como antes.

—Pero... —protesto Mario.

Alan los observo y se observo así mismo.

—Haz lo que te ordenan y dentro de unos años nos volveremos a ver, te lo aseguro.

Mario acciono esa secuencia y... una luz cubrió ese lugar haciéndolo desaparecer todo.

SACRIFICIOS Y UNA NUEVA ERA

Narra Alan

Desperté en un extraño lugar, miré a mi alrededor y todo estaba oscuro. Escuchaba gritos, unos terribles gritos ¿Qué ocurría? Asustado me acurre en mi mismo, no sabía que me iba a ocurrir, tampoco sabía dónde me encontraba.

Cuando esa puerta se abrió y algo me arrastraba por el suelo gritándome: Tú eres el siguiente.

—El siguiente —balbucee ¿Qué me vais hacer —les pregunté.

—Pronto lo sabrás —me dijo aquella voz.

Al alzar la vista ante mis ojos había una mujer, una hermosa mujer que empuñaba una espada y al verla quise arrebatársela pero... acudieron decenas de esas fieras en su ayuda y yo no pude defenderme. Arrodillado como estaba vi como nos iban matando uno a uno sin poder hacer nada, los más ancianos los apartaban y los más jóvenes los examinaban como animales y si les gustaba lo que veían en ellos los apartaban del resto llevándoselos a otro lugar.

Pronto llegaría mi turno y así fue y una de esas manos levanto mi cara y yo la baje de nuevo y ella la levanto de nuevo y yo la baje otra vez. Ese juego lo repetimos durante minutos hasta que ella vocifero.

—Sujetadlo.

Unas manos sujetaron mi cuerpo e intente librarme de ellas de un empujón, casi lo logro sino es por otra mano que me sujeta la cabeza pero sus manos resbalan de ella haciéndole perder el equilibrio. Y su voz resuena como un trueno en mis oídos.

—Vosotras sujetadlo bien e de examinarlo.

Unas manos sujetaron mi cara mientras otra intentaba abrir mi boca y al ver sus dedos dentro de ella los mordí y los aparto golpeándome y gritando a sus compañeras o lo que fueran.

—Queréis domarlo, no he visto jamás a nadie tan rebelde y eso me gusta.

Te gusta pensé, pues a mí no me gusta que me manejen como a un juguete pensaba mientras golpee a una de ellas poniéndome en pie y consiguiendo su arma.

—¿Quiero salir de aquí? ¿Qué sois? —les pregunté.

—Domad a esa cosa ¡Queréis!

Me estaban rodeando y veía asustadas a esas personas que estaban conmigo y una de ellas me dijo.

—¿Nos mataran por tu culpa?, ¿Es lo que quieres?

Al verlo lo reconocí y afloje mi presa dejándola escapar y me deje caer al suelo, esas bestias comenzaron a darme patadas, latigazos como reprimenda a mi pequeña rebelión cuando una voz les dijo.

—Curadlo y lo traéis a mis aposentos.

—Mi señora intento matar a la generala.

La observó y repitió de nuevo.

—Lo quiero en mis aposentos.

 

Mi cuerpo fue sacado de ese lugar y arrastrado por un estrecho sendero. A mi alrededor solo habían arboles y mi cuerpo rebotaba sobre las piedras y se detuvieron delante de una cabaña. La abrieron y soltaron mi cuerpo en su interior y una de esas voces les dijo.

—La reina quiere que lo preparéis. 

Otras manos comenzaron a manosearme y quitarme la ropa y cuchicheaban entre ellas: «Qué guapo es» Y otra: «¿Habéis visto su pelo? parece paja» —les decía tocándomelo. Y la siguiente: «¿Es muy alto, no creéis? ¿Dónde lo habrán capturado?»

Se hacían miles de preguntas sobre mí. Pero ellas seguían toqueando mi cuerpo cuando una de esas manos... ¿Qué hace? —me pregunté apartándola.

Me di la vuelta y solo vi niñas, esas niñas no tendrían más de 15 años y les reñí.

—Eso no se hace.

—Pero... es nuestro trabajo y si no lo hacemos...

Las observe y les pedí algo para taparme.

—No tardaran en venir a buscarlo —decía una de ellas. No esta preparado para la reina —dijo otra de ellas queriendo tocar mi miembro.

—He dicho que no se toca, solo eres una niña y yo no follo crías ¡Entendido!

—Pero...

Y a mis espaldas resonó de nuevo aquella voz.

—Aun no está listo. Yo lo haré ¡Sujetadlo!

Se acercaban a mí cuando...

—Si tu reina a de follarme será a mi modo y no al vuestro.

—Nadie pone condiciones a la reina y menos un esclavo —me grito.

—Vuestra reina se pierde mis servicios.

—No eres quién para tomar decisiones esclavo y vosotras prepararlo.

Esas crías se acercaban a mí y yo me apartaba de ellas. Cuando...

«Alan tienes que someterte es tu destino. Lo has olvidado» —me dijo aquella voz.

No había olvidado mi destino pero no deseaba someterme a esas niñas y fui sumiso a sus placeres y me llego a gustar. Pero yo no quería eso y...

—¿Por qué lloras? —me preguntó una de ellas.

—Haz tú trabajo y no preguntes.

En minutos embadurnaron mi cuerpo con extraños aceites y avisaron que estaba listo para el encuentro con la reina.

Salí de esa cabaña escoltado por esas extrañas mujeres que me condujeron hasta una casa de piedra. Me hicieron caminar por extraños laberintos hasta que llegamos a una puerta y la abrieron empujándome a su interior y la cerraron tras mí y una voz.

—Eres tu el que me ha de servir.

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