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48 min
AMAZONAS (Editada)
Fantasía |
27.03.18
  • 5
  • 2
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Sinopsis

Todo tiene un destino

Capitulo uno

Según cuenta la leyenda somos guerreras. Una tribu de mujeres donde los hombres son exterminados cuando ya nos hemos cansado de ellos. Y nuestra ley  es matarlos. Si nos quedamos en estado solo deseamos que nazcan niñas y si es un niño lo abandonamos a su suerte.

Quiero que conozcáis mi historia y nuestro amor.

BUSCANDO A MI PADRE

Mi madre es la reina de esta tribu y se llama Aysha. Dicen que era muy bella. Pero yo no he llegado a conocer esa belleza ahora solo es una anciana a punto de morir. Cosa que me importa muy poco la verdad.

Solo sé que esa anciana mató a mí padre ¿Pero porque lo hizo? es algo que no entiendo ni entenderé.

Sé cosas de mí padre por mis hermanas, ellas me cuentan que era muy guapo y durante mucho tiempo fue el favorito de mi madre.

Y si era el favorito ¿Por qué lo mató? Es algo que no entiendo la verdad.

Yo preguntó y preguntó y no obtengo respuesta. Solo me dicen eso. Que era muy guapo y que era el favorito de la reina. Y yo no me conformo con esas respuestas, necesito saber la verdad y espero saberla muy pronto.

Aquí solo somos mujeres y los pocos hombres que hay están encarcelados o trabajan los campos hasta morir o son esclavos de otras guerreras.

Los miro y muchos de ellos son ancianos como mi madre apunto de morir o son jóvenes que luego desaparecen misteriosamente ¿Le pasaría eso a mi padre? ¿He de saberlo? las dudas me están matando. Necesito respuestas.

Paseando por esas laderas un anciano me llama por señas y yo me acerco a él. Y al verme exclama.

—¡Eres igualita a tú padre!  ¿Quién eres? -me pregunta.

—Le conocías —quise saber.

—Si, niña. Lo conocí durante el tiempo que estuvo con nosotros que no fue mucho, pues tú madre lo llamó muy pronto a su presencia.

—Y era tan guapo como dicen mis hermanas. Cuentame.

—Niña, no entiendo de eso, soy un hombre o no lo ves. Yo solo se decirte que era alto, de pelo rubio creo recordar o era moreno eso da lo mismo ¡Niña! él desapareció como muchos otros, sus ojos eran verdes o grises, si eran verdes un color muy poco visto por estas mujeres y quizá eso fue lo que la atrajo a esa arpía, y que espero que muera muy pronto.

Desenvaine mi espada gritándole.

—¡¡¡NO HABLES ASÍ DE MÍ MADRE, ESCLAVO!!!

—Eres su hija, lástima tengo niña. Pero debes saber que tú madre es una arpía, aparte de puta.

—¿Cómo dices? —le pregunté con mi espada en su cuello. —Explícate o te mató.

—No me das miedo niña, mátame si es tu deseo. Pero no me arrepiento de mis palabras sabes y te sigo diciendo que tú madre es una puta que ha follado con la mitad de nosotros.

—¡¡¡NO TE CREO!!!

Yo no quería hacerlo os lo aseguro. Yo, yo, yo... Su cabeza cayó a mis pies y segundos después su cuerpo lo hizo también. Comencé a gritar asustada. Aquellos esclavos levantaron la vista de sus trabajos y me miraron durante unos segundos y continuaron con su trabajo como sino hubiera ocurrido nada. Uno de esos esclavos se acercó a mi por la espalda y con su mano tapó mi boca y... Su cuerpo se tambaleo junto con el mío haciéndome perder el equilibrio y fue cuando vi por primera vez sus ojos, sus ojos eran de un extraño color.

Su cuerpo presionaba el mió con fuerza. Y su voz resonó en mi cabeza.

—¿Por qué lo has hecho? —me preguntó. El no te había hecho nada o sí lo y había hecho.

Su mano presionaba con fuerza mi boca y me preguntó otra vez.

—¿Por qué lo has hecho. Contesta.

—Yo, yo, yo... no, no que quería hacerlo de verdad; llamó puta a mi madre ¿Por qué la llamó así? Suéltame por favor. Me haces daño.

Su mano dejo de presionar mi boca y en ese momento cogí mi espada e intente defenderme de él pero no pude.

Y él... me arrebató la espada de las manos y me la colocó en el cuello diciéndome.

—¿¡Podría matarte!? Lo deseas.

-Pues hazlo si es tu deseo esclavo.

Mi cuerpo se paralizo por el  miedo, tenia mucho miedo ¿Iba a matarme? ¿Por qué? Yo no había hecho nada. Maté a ese anciano por error -pense.

Yo quería gritar y no podía hacerlo porque su mano presiono de nuevo mi boca con fuerza. Oía una extraña musica. Veía a mis hermanas en la lejanía venían hacia nosotros a gran velocidad;  y yo... estaba muerta de miedo, y no hacia nada por defenderme de ese esclavo. El miedo no dejaba pensar, me tenia paralizada y yo no dejaba de observar su cuerpo, que era... tan perfecto que yo... Sus ojos... chispeaban.

El filo de la espada presionaba mi cuello con suavidad haciéndole una leve herida que comenzó a sangrar y mi cuerpo comenzó a balancearse de izquierda a derecha, iba a desplomarme de un momento a otro. Mi vista comenzaba a nublarse, escuche unos gritos, esos gritos eran de los esclavos que huían de los campos para refugiarse de mis hermanas en los bosques cercanos.

Él me soltó y se dejo apresar, se dejo golpear delante de todos esos esclavos. Se dejo humillar delante de todos ellos sin importarle el que pensaran de él. Yo quería impedirlo y no podía porque mis hermanas me llevaban a la fuerza con ellas mientras yo gritaba: Que no le hicieran nada y forcejeaba con ellas sin conseguir nada; solo ser arrastrada hasta palacio.

Entre ellas hablaban y lo acusaban de haberme atacado cuando no lo hizo.

Todo lo que decían sobre él era mentira. Él no había intentado matarme. Él... Yo tenia que decirles la verdad.

Me llevaron a palacio y a él al calabozo.

Me encerraron en mi aposento bajo vigilancia, pero yo tenia salir de allí e impedir esa ejecución que era injusta. Él era inocente.

Me asome y las vi delante de la puerta y al verme me preguntaron que donde iba; y yo... las golpee sin saber como lo hice y cuando vi el camino libre corrí hacia los calabozos a toda prisa y al entrar; allí estaba él, atado a unas cadenas, desnudo y dejándose golpear por una de mis hermanas.

Yo las miraba y...

Y él no hacia nada por defenderse, se dejaba golpear una y otra vez por esa bestia  ¿Por qué lo hacia? ¡¿Qué esperaba para defenderse?! ¡Era tonto!  ¿Por qué no las atacaba de una vez? Se iba a dejar matar por mis hermanas. Era tan estúpido como para dejarse matar por ellas y sin hacer nada por salvar su vida, no lo entendía la verdad y los nervios me consumían por dentro.

Y yo grité.

—¡¡¡VAIS A MATARLO SIN JUZGARLO, EXIJO ESE JUICIO!!! ¡¡¡ME HABÉIS OÍDO!!!

Una de mis hermanas me miro y soltó.

—¡Aylin! —Él quiso mataros ya no lo recuerdas. Y debe morir.

—¡Mentira! Él no me ataco lo habéis visto vosotras, contéstame.

—Nosotras... él tenía vuestra espada... y nosotras pensamos que... y tu tenias ese corté en tu cuello. Y nosotras pensamos que él os ataco y sino os ataco cómo os lo habéis hecho ese corte en el cuello princesa. Os ataco o no princesa hemos de saberlo y rápido su vida depende de un hilo  ¿Por qué lo defendéis? —me preguntó.

Lo miré. Y le conteste a mi hermana.

—Como soy tan torpe como ya debes saber, estaba jugando con mi espada y me corté con ella, él solo intentaba ayudarme y curar mis heridas  ¡¡¡SOLTADLO!!! -es una orden

—¡Mientes! —me dijo una de ellas. —Lleváoslo y... ejecutadlo.

Lo vi arrodillado en el suelo, y él miró a mi hermana de reojo, cerro los ojos diciéndole: Haz tu trabajo ¡Rápido! y no me hagas sufrir o... morirás antes de lo que imaginas querida. Esa mal nacida se sonrió así misma; levanto su espada en alto y... Y él los entre abrió de nuevo. Nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos y cerro de nuevo sus ojos, sabía lo que le iba a ocurrir y no parecía importarle ¡No tenia miedo a la muerte! Su valentía me asustaba, me daba miedo.

Y yo... Empujada por un extraño resorte me vi lanzada al aire y caí en sus brazos. Esa espada impacto en mi hombro haciéndome caer al suelo. Sus ojos se abrieron de par en par y yo en ese momento solo vi rodar las cabezas de mis hermanas sobre mi cara y algunas de ellas golpearon en mi espalda, escuchaba sus gritos y al mirar de nuevo mi espada reposaba en el suelo a mi lado ¿Qué había ocurrido?

Lo busque de nuevo  con la mirada y el había desaparecido ¿Dónde había ido?

Lo busque nuevo con la mirada y nada él no estaba, solo vi unos pies que me iban rodeando, y unas voces, esas voces cuchicheaban entre ellas.

Uno de esos pies me dio la vuelta y una de esas voces dijo.

—¿¡Qué hacemos con ella!? ¡¡¡LA MATATAMOS!!!

—¿Qué iban hacer conmigo? —me pregunté muerta de miedo.

—Si, acabemos con ella y escapemos de aquí —dijo una de esas voces muy alterada.

—No podemos matarla es la hija de la reina y nos mataran —dijo otra voz y intentando tranquilizar a la otra.

—Y que aconsejas que hagamos ¡Listo!. Mató a uno de los nuestros, lo habeis olvidado, hagamos lo mismo con ella —les soltó esa voz empuñando mi espada.

Desde el suelo yo les escuchaba hablar y discutir entre ellos, que irían hacer conmigo ¡Matarme!. ¿Por qué? Miraba el bosque que no estaba muy lejos de donde yo me encontraba e intente moverme pero...un pie maloliente se posó en mi cabeza y tuve que contener la respiración.

Por culpa de ese bastardo iba a morir ¿Dónde estaba?¿Por qué me abandonado? ¡Era una trampa, seguro! Y mis hermanas no iban ayudarme iban a dejarme morir a manos de esos esclavos.

Intenté moverme de nuevo, quería alcanzar mi espada, algo podría hacer con ella por muy torpe que fuera, ya la tenía, la rozaba con mis dedos y... tuve evitar un grito de dolor. Porque mí mano la había pisoteado uno de esos esclavos.

Me levantaron bruscamente del suelo y uno de ellos me dio un puñetazo en la cara haciéndome caer al suelo.

—Os gusta ¡Princesa! ¿Quieres mas? -me decía.

Iba a propinarme otro... Cuando una mano se interpuso en su camino y le grito.

—¡Basta! la necesitamos viva y no muerta, si queremos salir de aquí.

—Yo la mataría, a que esperamos para hacerlo —dijo otro de esos esclavos intentándose a cercar a mi .

Yo los miraba asustada. Observe los campos, el palacio en la lejanía, y recordé mi corta infancia, observe esos cadáveres mutilados del suelo y cerré los ojos para no ver nada más y esperar mi muerte. Y al hacerlo solo veía una tormenta y unos relámpagos que se acercaban a mi a gran velocidad. Que significaba todo eso. Era un presagio.

Presagio o mal augurio esa tormenta se acercaba cada vez mas a nosotros  y yo siempre había tenido miedo a las tormentas. Me escondía en palacio para no escucharlas. Y ahora mismo necesitaba refugiarme en unos poderosos brazos y pensaba en mi padre ¿Dónde estaba? ¿Por qué me había abandonado? Lo llamé en silencio pero... Él no acudía y esa tormenta estaba encima de nosotros y yo tenía miedo, mucho miedo... Y pensé "Las amazonas somos guerreras y no tememos a nada" y yo me decía en mi interior: Pues yo soy una amazona diferente, soy una cobarde, una amazona que tiene miedo a las tormentas y quiere a su papa.

E inconscientemente grité.

—¡¡¡PAPA, DÓNDE ESTAS!!!

Tras mi gritó recibí un fuerte golpe en la cara que me hizo sangrar por la nariz. Y una voz.

—Tú padre esta muerto, lo mató esa puta a la que llamas madre. Si ese era tú padre, porque esa zorra ha follado con todos nosotros. Y ahora arrodíllate.

No quería hacerlo, y no entendía porque llamaban así a mí madre ¿Qué había hecho? Me estiro del pelo para obligarme a levantarme del suelo. Y yo evite un grito de dolor. Esos truenos resonaban en mi cabeza con fuerza y extraños relámpagos azotaban mi cuerpo provocándome convulsiones. No quería abrir los ojos porque tenia miedo a esa tormenta o lo que pudiera ocurrir.

Y otro tirón de pelo mas fuerte que el anterior.

—He dicho que te arrodilles.

Me negaba hacerlo ¿Por qué tenia que hacerlo? Él es un esclavo y yo una princesa y no tengo porque obedecerle. Y el... no dejaba de estirarme el pelo y darme patadas por todo el cuerpo.

Cuando...

—¡¡¡AHORA!!! —grito uno de ellos.

—Ahora que... —me dije entre abriendo mis ojos.

Y al hacerlo vi esa espada que baja a gran velocidad hacía mi cuello. Y lance un gritó ahogado.

—Voy a morir... ¡¡¡Qué alguien me ayude, yo no quiero morir!!!

Cierro los ojos pensando este es mí final. Pero...

Algo me aparta de esa espada, que veo volar por los aires y ser recogida de nuevo.

Delante de mi hay unas piernas cubiertas de algo extraño y la rozo con mis dedos exclamando.

—¡Cuero , es cuero! ¿De dónde lo ha sacado?

Esa espada se clava en el suelo. Unos brazos me levantan y me colocan en su hombro con gran rapidez. Aparta a esos esclavos que intentan atacarme. Lo oigo gritar, y a esos esclavos también. Empieza a correr en dirección al bosque ¿Dónde va?

En el interior del bosque me suelta bruscamente dejándome caer al suelo, su mano rebusca por el suelo ¿Pero por qué? ¡Que busca! Me mete algo alargado y fino en mi boca que escupo y el vuelve a meter en mi boca otra vez.

—No seas estúpida y apriétalo con fuerza en tu boca esto te va ha doler.

Esa voz... es de...

Iba a decir de ese bastardo del calabozo. Sus manos se posan en mi hombro, y algo muy caliente se clava en mi hombro, mis dientes aprietan con fuerza ese palo para evitar ese grito de dolor, retiró aquella cosa ardiendo de mi hombro y un líquido hizo hervir mi piel ¿Qué me estaba haciendo? Algo pinchaba mi piel y mire de reojo ¿Estaba cosiendo? Cuando acabo corto ese hilo y me obligo a beber una extraña pócima que quemo mi garganta y segundos después me reía y todo me daba vueltas a mi alrededor, me dio un puñetazo en la cara y me reí como una tonta, me levanto del suelo y me obligo a caminar. Caminaba de un modo extraño mi cuerpo se balanceaba como un columpio y él... me puso la zancadilla y caí al suelo haciéndole reír. Así estuvo un buen rato hasta que me desvanecí.

Examino mi cuerpo lleno de arañazos y contusiones por las caídas. Rasgo la herida del hombro haciéndola sangrar de nuevo y me cargo en su hombro otra vez ¿Qué pretendía hacer ahora?

Creí volar y pocos segundos después pensé que era una serpiente.

Y gritó a las puertas de palacio.

—La princesa esta herida.

PRESAGIOS Y ACONTECIMIENTOS

Mis hermanas no hicieron caso a su advertencia y siguieron haciendo la ronda pero él... insistió de nuevo.

-La princesa esta herida.

Lo intento de nuevo.

-Si no acudís en su ayuda matare a la futura reina.  Es lo que quereis ¡Zorras!

Y... 

Y yo me decía: Porque estoy en las puertas de palacio. Yo recordaba haber estado... en un calabozo; iba a salvar a un esclavo. Me lleve las manos a la cabeza porque tenía un  terrible dolor en mi cabeza, esas puertas se abrieron de par en par y salieron en mi ayuda.

Mientras me entraban dentro de palacio les oía decir que yo era la futura reina de la tribu y que habían apresado a un esclavo por haber matado a muchas de nuestras hermanas y haberme herido de muerte ¡¿Qué decían esas locas?! Quise apartarme de ellas pero no pude por que me llevaban a gran velocidad, tenía que ver a ese preso al precio que fuera y saber quien era. A la fuerza me obligaron a entrar en ese aposento y les grite.

—¡¡¡Quiero salir aquí!!! ¡¡¡¡Quiero ver al preso!!!!

Una mano tocaba mi hombro y la aparte. Era una anciana estaba en el suelo y me observaba asustada.

Me sentí extraña al verla cerré mis ojos porque esa tormenta se acercaba a mí otra vez y comencé a gritar.

Esa anciana intento calmarme sin lograrlo. Y la aparté de nuevo de mi lado. Salí corriendo de donde me encontraba en dirección a los calabozos.

Tenía que ver a ese preso y hablar con él. Quería hacerle muchas preguntas y obtener respuestas de esas preguntas y esperaba llegar a tiempo.

Porque nosotras no juzgamos, nosotras matamos. Mis heridas sangraban por el esfuerzo de la carrera y me caí varias veces por el camino.

El dolor era insoportable, pero tenía que llegar a tiempo o lo matarían.

Y esa tormenta seguía mis pasos a gran velocidad.

Ya llegaba cuando escuché ese gritó.

—¡¡¡MATADLO!!!

—¡¡¡ PARAD!!! -les ordene.

—¡¿Princesa?! El debe morir...

—¿Quién lo ha ordenado, mi madre? —les pregunté, arrastrando mi cuerpo hacía él.

—Nosotras... Tenemos ordenes princesa —me soltó una de ellas.

—Vosotras que... ¿Quién ha ordenado esta ejecución? ¿Quiero saberlo? contesta.

—Han sido las ancianas del poblado, ellas lo han ordenado —dijo una de ellas.

-¡¡¡Mientes!!!

Y otra.

—El ha matado a muchas de nuestras hermanas, princesa y debe morir por ello, es nuestra ley —dijo señalándolo con su espada.

-Una ley estupida. Ilusas -solté sin mas.

Yo lo observaba, era muy alto ¡Jamás! había visto una estatura así.  Su piel era más oscura que la mía, y parecía de bronce. Pero lo que más me llamo la atención es cuando entre abrió sus ojos para mirarme, esos ojos tenían un extraño color y quise verlos de mas cerca y avance hacía el preso, que al verme estiro violentamente de una de sus cadenas y me gritó.

—¡¡¡VETE!!! O...

-O que -me apresure a contestar.

No me dio miedo su amenaza y continúe avanzando hacia él y al llegar a su altura; mis manos se posaron en su cuello. Estaba húmedo por el sudor pero no me importo, me gustó esa sensación, era cálida y apoye mi cabeza en su hombro abrazándome a él. Estiro bruscamente otra vez de la cadena y me caí al suelo.

—¡¡¡Princesa!!! —gritó una de mis hermanas

No quise mirar de donde procedía ese gritó e inocentemente mis ojos vieron algo que jamás habían visto. Note un extraño quemazón en mi interior y mis tripas producían unos extraños ruidos que no sabían lo que eran y todo comenzó a dar vueltas a mi alrededor.

Me sujete a su pierna con fuerza e inocentemente miré de nuevo entre sus piernas ¿Y qué era aquella cosa? Y la curiosidad me hizo preguntarle.

—¿Quiero saber que es eso?

«Risas» Me observó desde su posición y entre risas me dijo

—Que inocente eres princesa... por eso... Y gritó a su adversaria:  ¡¡¡MATAME ZORRA HA QUE ESPERAS PARA HACERLO, O ESPERAS QUE YO TE DE MUERTE!!!

No sabía si esas palabras eran para mi o iban dirigidas a mis hermanas, no entendí sus risas y no entendí porque me llamaba inocente cuando no lo era. Iba a preguntárselo cuando... Las vi rodeándonos, y preparando sus arcos y flechas para disparar sobre nosotros.

Iban a dispararnos, iban matarnos ¿Por qué? ¿Qué habíamos hecho? Cerré los ojos para no ver nada y me aferre a su pierna lo mas fuerte que pude. El la sacudió de nuevo la pierna para apartarme de su lado y me sujete mas fuerte. Y les grito.

—Vais a ejecutarla también ¿Por qué? ¡¿Qué ha hecho?! ¡Lo sabéis! Yo os lo diré. —Vais ha matarla porque me ha defendido no es cierto ¡¡¡¡PUTAS!!!!

Estaba acurrucada a su pierna muerta miedo.

Cuando una de ellas gritó.

—¡¡¡DISPARAD!!!

Y él.

—Vais a matarla, hijas de la gran puta.

—Que se aparte sino quiere morir es su problema, no el nuestro —le contesto mi hermana.

—Esta herida no lo ves, la apartaría yo de vuestro camino pero no puedo estoy encadenado. Si me soltáis le ayudare yo.

«Risas»

—Ella se lo busco por estúpida ¡¡¡MATADLOS!!! —gritó mi hermana.

Esta vez sí era mi final, nadie me iba ayudar lo mire por última vez. Me abrace a su pierna y lloriqueándole como una niña le suplique: No quiero morir, por favor que alguien nos ayude. No quiero morir

Él las miró con odio y me miró a mí con cariño. Intento apartarme de un puntapié y me soltó.

—¡¿Quieres morir estúpida?!

Lo mire también y ya me daba igual morir que permanecer viva.

Seguía abrazada a su pierna y un sudor frio recorría mi espalda. Tenia frio; mucho frio. Y pensé "Sera porque voy a morir"

Oía voces que no conocía ¿Quiénes eran? Venían a rescatarnos.

Esos pasos se acercaban a nosotros y una de esas voces soltó: Soltadlo y traerlo a mi presencia ¡Rápido! Y a ella dijo señalándome con su dedo ya lo pensare. Y a esas estúpidas las quiero muertas o mejor que las ejecute él le encantara hacerlo ¿Verdad cariño?

¿Quién era? Esa voz era de nuestra reina. Pero no podía ser ella, ella se estaba muriendo. Y si era la reina ¿Quién se estaba muriendo? -me pregunte.

Intentaron apartarme de él y yo no me quería soltar de su pierna. Pero... Unas manos acariciaron mi rostro con cariño y su voz me susurro al oído: Aguanta princesa, muy pronto vendré a buscarte.

Escuche como se marchaban, dejándome sola en aquel frio calabozo.

Las horas pasaban y nadie venia en mi ayuda ¿Qué esperaban para hacerlo? ¿Me iban a dejar morir en ese calabozo? Me habían olvidado.

Me acurre para entrar en calor.

Las horas seguían pasando y nadie acudía en mi ayuda.

Mi cuerpo ya no sentía ningún  dolor estaba entumecido por el frio de aquel calabozo. Y solo escuchaba el goteo del agua en la lejanía.

Ese goteo era cada vez mas débil. Y mis fuerzas por vivir se iban marchitando poco a poco.

Y pensé "Quiero morir así estaré con mi papa y él me cuidara"

Cuando esa puerta se abrió de golpe y unos brazos me recogieron del suelo susurrándome: Perdón por tardar mi señora tenia cosas que hacer.

Me beso en la frente y yo me abracé a su cuerpo susurrándole: ¿¡Papa eres tú?

Y su voz me susurro de nuevo: No soy vuestro padre princesa. Pero muy pronto sabréis quién soy. —Ahora salgamos de aquí y curare vuestras heridas y descansareis.

Apoye mi cabeza sobre su pecho y me dejé llevar por aquellos brazos.

Mientras avanzábamos por ese camino soñé. Soñé que estaba en un palacio rodeada de mucha gente que jamás había visto y en ese palacio yo era feliz, muy feliz. En ese sueño yo era una niña, una niña que empuñaba una espada de madera y gritaba: ¡¡¡TE VOY A GANAR PAPA!!! De repente escuche sus risas, unas risas que me despertaron de mi sueño llevándome a la realidad y al hacerlo me pregunté ¿Dónde estoy? no reconocía el lugar. Con mis manos palpé mi cuerpo que estaba cubierto de una extraña tela que intenté quitarme con mis manos.

Estaba estirando de esa tela cuando vi otra vez aquellos extraños ojos observándome y su mano sobre la mía.

—¿Quién eres? —le pregunté

Me sonrió. Sus dientes eran blancos como las perlas e iba vestido de una extraña forma que yo no conocía. Sus piernas no estaban desnudas sino cubiertas por una tela y quise saber que era y se lo pregunté.

—¿Qué es?

No me contestó solo me sonrió enseñando de nuevo sus hermosos dientes.

En cambio su pecho no lo cubría nada, era musculoso y su piel era suave como el terciopelo, no era áspera como la de los esclavos que poseiamos y olía bien y me pregunte ¿Quién es ese joven? un Dios.

—No soy un Dios como piensas princesa sino un mortal como tú.

Como había adivinado mi pensamiento y me dije. Tiene que ser un Dios. —Ningún esclavo es como tú ¿Quién eres?

—Todo a su tiempo mi futura reina, ahora tienes que descansar.

—Dime quien eres, por favor, he de saberlo.

—Soy el rey que vive dentro de tus sueños princesa.

Mi principe. mi rey.  Si solo es un esclavo. 

¿Quién eres?

SOY LA REINA Y YO NO DESEO SERLO

Me desperté con esa pregunta en mis labios.

—¿Quién eres? —dímelo por favor. Escuhe unos ruidos y me alarme. —¿Quién anda ahí? -pregunte ¡¿Qué son esas voces?! —quise saber.

Mi aposento estaba lleno de mis hermanas que cuchicheaban entre ellas. Yo las observaba extrañada desde mi lecho; pues no sabía que estaba ocurriendo y les pregunte ¿Qué ocurre aquí? ¡Quiero saberlo!

Ellas se arrodillaron ante mí y gritaron: LARGA VIDA A NUESTRA REINA.

—¡Reina! —exclamé. —Eso no puede ser, estáis equivocadas —les dije. —Es un error. Yo no puedo ser reina.

—No hay ningún error mi señora —me contestó una anciana arrodillada ante mí. —Tú eres la reina -me contesto.

Aún seguía observándolas y buscaba con la mirada a ese joven sin hallarlo ¿Dónde estaba?, recordé sus palabras y me dije debe de ser un Dios o un brujo. Y esto no es real tan solo es un sueño.

Otra anciana se acerco a mi diciéndome.

—Vuestra madre a muerto durante vuestra cura mi señora, temíamos por su vida tambien.

—¡Por mi vida! ¡¿Por que?! —explícate.

Postrada ante mis pies aquella anciana me contó que me encontraron mal herida a las puertas de palacio, que una voz de hombre les alerto de que yo estaba allí.

—¿Y quién era ese hombre? —les pregunté. —Un esclavo —me apresure a decir. Contesta.

—No lo sabemos mi señora. Interrogamos a todos los esclavos pero nadie de ellos sabían nada o nos estaban mintiendo. Muchas de nuestras hermanas estaban muertas y les preguntamos si las habían matado ellos y seguían diciendo que no sabían nada y los hemos ejecutado mi señora.

—¿Cómo? —les pregunté ¡Los habeis matado! —Y porque lo habéis hecho contesta ¿Quién dio la orden? ¡Tú!

—Mi señora es lo que debíamos hacer.-contesto esa anciana.

-Mal hecho. -Quiero una espada ¿Quién me la da?

Nadie me la daba esa espada y avance hacía una de mis hermanas y le arrebate la espada del cinto y sin apenas mirar degollé a esa inepta y les grité al resto.

—Coged su cuerpo y lo colocáis en medio del campo, delante de todos los esclavos quiero que la vean y que los cuervos se alimenten de su cuerpo. Y que los hombres sean libres de ir donde por donde les plazca a partir de hoy y ahora fuera de mi vista.

—Mi señora... eso no puede ser... eso es imposible -me replico una de ellas.

Y.... su cabeza rodó también por el suelo y les grité a las demás.

—Alguna más quiere morir. Que me lo diga y cumpliré su deseo ¿Quién lo desea?

Se retiraron hablando entre ellas, murmuraban que estaba loca y no debia de ser reina. Mientras otras retiraban los cadáveres retirandose de allí tambien.

Mientras ellas se marchaban me senté en el suelo soltando mi espada, observe mis manos estaban llenas de sangre, y me horrorice al verla ¿Qué había hecho? Vi esa espada cubierta de sangre, el charco que había delante de mi lecho  y me quede mirándolo durante horas y horas .

Durante esas horas no advertí la revolución que se había formando en poblado. No imaginé que esos esclavos comenzarían su batalla para ser libres. Y yo les había animado a ello.

Yo no era reina y no quería serlo, ¿Por qué tenia que serlo? si solo era una niña, una niña malcriada como tenía que gobernarlos si no sabía de leyes. Ya cansada de estar en el suelo me levante, y al hacerlo escuche unos gritos y corrí hacía la ventana y lo que vi no me gusto y me asustó y retrocedí dando un paso atras. Mis hermanas eran perseguidas por esos esclavos y eran violadas o masacradas: mientras otras intentaban defenderse de ellos.

Yo solo observaba sin dar una orden para atacar. No hacia nada por ayudarlas, solo observar.

Cuando...

—Mi señora esos esclavos nos están atacando, nos violan, o nos matan. Hemos de hacer algo mi señora y pronto o nos aniquilaran a todas —De la orden de atacarlos y los aniquilaremos sin piedad.

Le sonreí contestándole.

—Es lo que merecemos querida -le conteste. -Nosotras hemos hecho lo mismo con ellos durante décadas y decadas y no nos ha importado, deja que disfruten de lo que están haciendo están en su derecho, y son libres y ahora retírate.

—Mi señora... eso no es lo que quiere nuestro pueblo. Nuestro pueblo.... quiere....

—He dicho que te retires. No me has oído.

—Mi señora...

—¡¡¡FUERA!!! Estas sorda.

—Mi señora...

En las sombras de mi aposento se escucho.

—Tú señora te ha ordenado que te retires ¡¡¡OBEDECE!!! o tendre que matarte.

Esa voz... ¡Imposible! Era...

Mi hermana permaneció en su lugar, observando la zona hasta que lo descubrió.

Yo miré en la misma dirección que ella y allí estaba él sin moverse observándonos y mi hermana me dijo.

—Él será para mi, tú mi reina búscate a otro.

Que decía esa estúpida ¿¡Qué era suyo!? ¡Por qué! Él no era de nadie o si lo era y yo no lo sabía del asunto. He de averiguarlo.

No puede evitar mirarlo de nuevo, estaba desnudo y mis inocentes ojos vieron otra vez aquella cosa que no sabía lo que era y otra vez me sentí extraña ¿Qué me sucedía? un miedo me impidió moverme de mi sitio y mi hermana lo estiraba hacía ella, cuando este la aparto de un manotazo y entre risas le soltó.

—Eres fea y gorda ¿Cómo vas a poseerme? ¿Te has visto? —contéstame. —Te crees que eres mi dueña y señora solo porque deseas hacer el amor conmigo, pues estas muy equivocada ¡Nena! Yo no soy tú juguete y no pienso serlo por ahora;  yo ya sé a quién deseo y debo poseer y no es una vaca fea y gorda como tú, así que apártate de mí camino ¡¡¡QUIERES!!!

Mi hermana desenvainó su espada amenazándolo de muerte sino obedecia sus ordenes. Pero él no le tenía miedo. Y la apartó de su camino de un puñetazo y se dirigió hacia mí.

Mientras el avanzaba hacia mi; mi hermana se abalanzó sobre él tirándolo al suelo y gritándole.

—Eres mío, solo mío y no de la reina , te enteras. —Te elegí y por derecho por lo cual me perteneces esclavo. Es nuestra ley.

«Risas»

—No soy esclavo de nadie, soy libre como lo serán mis hermanos muy pronto y ahora apártate de mi camino si no quieres morir.

—No, lo haré por ley me perteneces esclavo ¡¡¡POSEEME!!!

—Poseerte (Suspiro), antes prefiero la muerte que ser tuyo.

Ambos se miraban, mi hermana resoplaba de rabia sobre su cara. Y él.... no parecia inmutarse.

Los dos forcejeaban, rodaban por el suelo. Cuando mi hermana salió disparada por la ventana de un puntapié y yo grité sin mas.

—¡¡¡GUARDIA!!!

Se levanto del suelo con gran rapidez y con su mano tapó mi boca y yo... vi de nuevo esos ojos. Y mi cuerpo se balanceo sobre su cuerpo y le pregunté.

—¿Quién eres? ¡Dímelo! Necesito saberlo.

Y él.

—Soy el rey que estabas esperando mi señora. Seré tu esclavo de por vida y solo a ti te servire y a nadie más.

—¿Cómo? —le pregunté.

Nos mirábamos sin saber que hacer o decir, y de repente sus manos se posaron en mi cintura y yo... quise apartarlas de mí. Pero él me estrecho más fuerte entre su pecho y mis ojos se quedaron fijos en los suyos y balbucee.

—No eres humano, dime que eres, y suéltame por favor.

Me obedeció y se arrodillo ante mí suplicándome.

—Azotadme si me lo merezco mi señora, no os pediré clemencia, pues no la merezco y si deseáis mi muerte la aceptare con sumo gusto mi señora.

—¿Cómo? —le pregunté de nuevo. —No entiendo tú comportamiento, nadie es tan sumiso como tú ¿Quiero saber quién eres? Dimelo por favor.

—Ya te lo he dicho mi señora, soy el rey que esperabas, soy tú esclavo, soy tú  amante y confidente, soy tu amigo que mas deseas de mi, decídmelo y os lo daré.

—Levántate, yo no tengo rey, en mi país mando yo y nadie mas y vosotros solo sois... no me atreví acabar la frase porque me dio miedo.

Y él la acabó por mí.

—Somos vuestros esclavos, nos utilizáis como juguetes y cuando os cansáis de ese juguete buscáis otro no es cierto mi señora, pero yo no soy ese juguete mi señora y tú lo sabes.

—¿Quién eres? —le pregunté de nuevo.

—Soy tú rey —me contestó.

—Mientes ¡¡¡A MI LA GUARDIA!!!

Él estaba allí, arrodillado, esperando mi decisión. La puerta de mi aposento se abrió de golpe y entraron varias de mis hermanas que lo rodearon con sus arcos, él las observo y me sonrió diciéndome.

—Realmente deseas mi muerte mi señora.

No sabia que hacer. No sabia que decisión tomar. Yo era una inepta en todo este asunto, no sabía de leyes, no me habían educado para ello. Y las únicas leyes que conocía era domar a esos hombres, montar a caballo, y luchar para sobrevivir, que mas debía saber.

Me acerque a él y lo levanté diciéndole.

—Enséñame a ser reina.

Y él me contestó.

—Dile a tus guerreras que se retiren y te haré mi reina.

Ordene que se marcharan pero no lo hicieron. Con sus armas nos apuntaban y una de ellas me dijo.

—Ya no eres nuestra reina, nos has llevado a la destrucción, a la muerte y debes morir al igual que él y el resto de esos esclavos ¡¡¡LLEVAOSLOS!!! al calabozo y los ejecutaremos mas tarde.

—¿Quiero saber quien me sucede? me lo decís.

—Yo —se escucho decir de repente.

Esa voz... ¿No podía ser la mía? Eso era imposible.

Ese sonido avanzó hacía nosotros y a nuestra altura exclamé.

—¡Qué hago yo ahí! -me pregunte frotándome los ojos. Y lo mire.

Su cara cambio de repente y me grito.

—Aylin, ponte detrás de mí ¡Rapido! y sujétate a mi cintura.

No pude evitar la pregunta.

—¿Y por qué he de hacerlo?

Estaba de pie frente a mí observando mi otro yo, cogió mis manos las coloco en su cintura diciéndome: Da la vuelta conmigo a la de 3. Lo has entendido.

No entendí muy bien lo que me explicaba pero le obedecí.

Contó hasta 3 y yo di la vuelta con él. Mi cuerpo quedo pegado al suyo notando un agradable calor que envolvía todo mi ser. Y miro de nuevo hacía donde yo me encontraba gritándome.

—¡¡¡DEBI MATARTE EN ESA OCASION, PERO NO LO HICE!!!

—¡Matarme! —exclamé en su oreja ¿Quiero saberlo? Exijo que me lo cuentes.

—Es una larga historia mi señora y no tenemos demasiado tiempo para que yo te la cuente. En otra ocasion.

—Pues yo quiero saberla —le conteste apartando mis manos de su cintura. Y me pregunté a mi misma ¿Por qué nos quieres matar?

«Risas»

—A él lo quiero vivo, en cuanto a ti... ya pensare tu muerte ¡¡¡LLEVAOSLA!!!

Me observe a mi misma, no era muy alta y tampoco era demasiado bajita. Ni fea ni guapa del monton diria yo; tenía un cuerpo bien proporcionado y eso me gusto y me fije en mis ojos y al verlos me dije: Son como esmeraldas. Y miré los de él preguntándome: ¿De qué color son?

—Son grises mi señora.

—¡Grises! —exclamé. Recorde aquel anciano que mate por error el me dijo que mi padre los tenia verdes ¿Quién es él? Y al verlos mejor me recordaron a los días nublados, esos días donde suelen haber tormentas y yo... tengo miedo a esas tormentas...  mucho miedo y mi cuerpo se sacudió violentamente y... ya nada era igual. No entendía el porque ya nada era igual. Él no ya no estaba a mi lado y yo tampoco. Si que estaba, me encontraba en los campos de cultivos otra vez con mi espada en mi mano y una cabeza a mis pies y esos esclavos gritando: Que yo había asesinado a uno de los suyos y él no me había hecho nada solo decir la verdad y según esos esclavos mi madre era una puta que los follaba a todos.

No entendía que era esa palabra tan extraña para mí y quería saber su significado. Ya me marchaba de allí cuando algo estiro de mi brazo.

Y  continúe mi camino sin mirar atras y estiraron más fuerte de mí brazo.

—¡¡¡BASTA!!! —grité. —¿Por qué no estoy en palacio? ¿Qué hago aquí? contéstame. —Soy la reina estúpidos.

Seguían estirando de mí y... yo... me di la vuelta bruscamente para ver quién estiraba de mi brazo y lo vi a él de nuevo empuñaba mi espada con una de sus manos y esos esclavos coreaban: Mátala, mátala...

—¡No! —les gritó esa voz. —La necesitamos viva y no muerta.

—Pero ella... ha matado a... los nuestros —dijo uno de esos esclavos.

—Sé lo que ha hecho, pero no debe morir por ello, y ella es nuestra futura libertad. Y ahora a trabajar —les advirtió soltándome. —Y tú veté.

Donde tenía que ir. Me desplome en el suelo y les balbucee.

—Soy la reina, no me creéis yo a ti te he visto, se que te he visto, no sé donde pero te he visto —dije señalando al esclavo con mi dedo.

Sus extraños ojos me observaron detenidamente y me golpeo con mi espada en la cabeza soltándola junto a mis pies y les dijo al resto de los que estaban allí.

—A trabajar.

Medio inconsciente me pregunté por qué me soltaba y me dejaba marchar y pronto lo comprendí. Me soltó porque se acercaban mis hermanas.

Observe a esos esclavos que trabajaban los campos como si no hubiera pasado nada e incluso aquel cadáver lo habían hecho desaparecer.

Venían montadas en sus caballos y a mi altura comenzaron a repartir latigazos de los cuales esos esclavos huían.

Intentaba buscar con la mirada aquel joven que me había estirado el brazo y lo vi, corría por los cereales haciendo extrañas eses y se paro unos segundos a mi altura y corrí en su misma dirección y me detuve unos segundos pensando "Esto yo ya lo he hecho" ¿Pero cuando? y seguí corriendo entre los cereales  para alcanzarlo pero por desgracia o buen augurio para mi. En mi huida el destino quiso que yo recibiera aquel latigazo cayendo en sus brazos.

Mi hermana al ver su error bajo del caballo y fue en mi ayuda.

Pero aquel joven me cargo en su hombro y comenzó a correr por los campos de cereales en dirección al bosque.

Al verlo alerto al resto de las hermanas gritando.

—¡¡¡QUE NO ESCAPE HA RAPTADO A LA PRINCESA!!!

Me llevaba en su hombro. Yo le golpeaba en la espalda, diciendole: Que me bajara y me dejara marchar.

Pero él ni caso seguía corriendo y corriendo por ese bosque; cuando de repente me soltó y caí al agua.

—¿¡Qué haces!?

Se acercó a mí, examino mi herida y se sonrió a si mismo diciendome: Sobrevivirás a esto, es solo un rasguño. —Ahora quítate esa ropa que llevas y ponte esta —me dijo lanzándola sobré mi cara.

Observe aquellas ropas y le dije.

—Esto no me lo pongo huele mal ¿Sabes?

—Si no te lo pones iras desnuda y a mí me es completamente igual como vayas te enteras así que tú decides si vas vestida o vas desnuda.

Sujetaba esa ropa a cierta distancia de mi pues olía fatal y le pregunté.

—¿No tienes otra cosa para ponerme?

—No, te vistes de una vez o lo tengo que hacer yo.

Me di cuenta que observaba el horizonte y comenzó a caminar a mi alrededor salpicándome con cada pisada.

—Espabila quieres.

—Yo no me pongo esto —le solté, tirando esa ropa al agua.

La cogió del agua y me la lanzo otra vez a la cara.

—Vístete o lo haré yo ¿Qué prefieres?

—Esta mojada —proteste.

—Lo esta por tu culpa y ahora vistete.

No quería vestirme con esa ropa olia fatal pero sino lo hacía quizá tuviera problemas y obedecí.

—Esta bien me la pondré. Pero no mires.

«Risas»

—Lo que tengas que ensañar ya está visto ¡¡¡Y AHORA ESPABILA!!! o nos alcanzaran esas zorras.

Mientras yo me ponía aquella ropa, él me quito lo que llevaba en el pelo y saco un cuchillo.

—¡¿Qué vas hacer?!

Se sonrió y me corto el pelo y yo le grité al verme.

—¡¡¡QUE HAS HECHO!!!

—Te crecerá, no te preocupes y ahora en marcha.

Quise empujarlo con tan mala suerte que caí al agua de nuevo y escuche sus sonoras risas otra vez.

—Eres torpe mi futura reina.

—Y que si lo soy, te importa a caso.

UNA TRIBU DONDE HOMBRES Y MUJERES COHEXISTEN

Me había llamado torpe y futura reina; y yo no era reina y ademas estaba discutiendo con ese esclavo ¿Pero por qué lo hacia? No entendía porque discutía con él, o si que lo entendía y no deseaba reconocerlo. Yo seguía en el agua como una tonta; con esas apestosas ropas sobre mi cuerpo, y mirando mi pelo en el reflejo del agua y me vi horrorosa y le pregunté.

—¿Por qué me lo has cortado? Estoy horrible ¡Sabes! y parezco un chico y no lo soy ¿Y quiero mis ropas, estas huelen mal? Y quiero mis joyas ¿Por qué las has tirado? Y quiero...

—En vez de protestar tanto y quejarte como lo estas haciendo, levanta ese apestoso culo del agua y sígueme o te juro... que...

—O te juro que... ¡¡¡DIMELO!!! No me das miedo -le decía  desde mi posicion.

—Ahí te quedas yo me voy.

Y comenzó andar en dirección al bosque.

—¡¡¡ESPERA!!! no me dejes aquí, eres... Seras... —le grité levantándome y cayendo otra vez en el agua.

Lo veía alejarse e intente seguir su paso. Pero me era imposible e iba tropezando con toda clase de obstáculos que se interponían en mi camino y ya agotada me senté en el suelo observando como se alejaba.

—Vete, yo nunca seré esa reina que dices que soy. Ya ves que soy una inútil que no sirve para nada.

—Por lo menos te lo reconoces y me alegro de ello. Pero no lo eres. Yo te adiestrare para ser reina y ahora continuemos con nuestro camino, o esas zorras nos alcanzaran.

—¡Zorras! —exclamé ¿Por qué las llamas así? Y sigo andando.

Vi una gran polvareda de humo en el horizonte y le dije.

—Estas muerto y yo salvada.

Se sonrio.

—Eso crees Aylin,  pues estas muy equivocada.

Se acerco a mí y me atizó un puñetazo en toda la cara dejándome inconsciente y me cargo en su hombro diciéndome.

—Siento hacerte esto Aylin, pero si no lo hago eres tan sumamente tonta que  avisarías a esas zorras que estan por llegar y eso no nos interesa cariño.

No sé cuánto tiempo me llevo a cuestas en su hombro o por donde me llevo o si mis hermanas lo siguieron porque tampoco lo se. Solo sé que al recuperar el conocimiento me encontraba en una cabaña, y estaba llena de extraños artilugios por todo mi cuerpo; que no sabían lo que eran y él discutía con otra persona que no sabia quien era.

—¡Estás loco! -le solto. -Ella no deberia estar aquí ¿Por qué la has traído? Eres... un...  

—Un cambio de planes, no creo que tenga tan importancia que este en un sitio o este en otro.

—Si, la tiene Alan. Eres... un estúpido y se lo diré a nuestros superiores.

-Tu superior soy yo o lo has olvidado.

-Lo serás pero eres un loco, eres... Nos has puesto a todos en peligro.

Yo los observaba desde esa mesa donde me encontraba y decidí saludarlos amablemente.

—Hola ¿Quiénes sois? —les pregunte.

Ellos me miraron y el más bajito con unos extraños cristales en la cara se acerco a mí llevaba algo en la mano y al acercarse a mí... ese esclavo llamado Alan...

—¿¡Qué has hecho!? desgraciado.

—Lo que tenías que haber hecho tú ¡Idiota! y ahora devuélvela a palacio ¡Me oyes! Pero antes voy a borrarle todos sus recuerdos.

—Ni se te ocurra hacer eso. Te lo prohíbo.

—¿Cómo? —le preguntó. Lo voy hacer te guste o no.

Uno me quería dejar tonta y el otro no, que lio era este y derepente comenzaron a discutir entre ellos y en esa discusión intervino alguien más que les gritó.

—¡¡¡BASTA!!!

Ellos no hicieron caso a ese gritó y siguieron discutiendo entre ellos. No debía de ser muy lista la verdad, pues tenía que haber escapado mientras ellos discutían y no lo hice. Seguro que en mi situación alguna de mis hermanas hubiera aprovechado para escaparse y largarse de alli.

Yo los miraba sin saber que hacer. Y observe a esa persona que les había gritado, iba vestida como una de nosotras y me alegre tanto de ello que pensé: "Ha venido a rescatarme seguro" Que ilusa fui al pensar aquello porque al acercarme pensando que los atacaría y saldríamos de allí corriendo; ella me golpeó.

—¿¡Dónde crees que vas!? Y vosotros dos basta ya —les dijo separándolos. —Un poco más y se escapa —les dijo señalándome.

Pero ellos no paraban; ellos seguían con su discusión y yo en el suelo medio aturdida por el golpe recibido; mirándolos ¿Por qué no escapaba? puedo hacerlo ¿O era tonta?

Esa hermana que no lo era avanzo hacia ellos, cogió a cada uno del pelo y les gritó de nuevo.

—¡¡¡BASTA!!! Parecéis idiotas ¡¡¡QUEREIS DEJARLO DE UNA VEZ!!!

Yo seguía en el suelo sin hacer nada por escapar de allí, solo mirar.

Y ese esclavo llamado Alan y el chico bajito se enzarzaban mas en su discusión.

La que creí mi hermana se coloco delante de la salida se sentó en el suelo y se cruzo de brazos y se quedó observando como discutían.

¿Qué hacía yo ahora? Ande a gatas hasta ella esquivando al esclavo y al chico bajito que estaban por los suelos también. E intente mover a esa extraña hermana sin lograrlo, lo intente otra vez y nada, estaba empujando su enorme brazo cuando...

—¡Ay!

Estaba en el suelo y ella de pie, y su pie repíqueaba en mi cara y esa hermana resoplaba e emitía extraños rugidos por su garganta dio dos tremendas zancadas hacía ellos y...

—¡¡¡QUEREIS DEJARLO!!! ¡¡¡Sois tontos!!! Y tu eres nuestro rey -soltó señalando al esclavo. -De tal palo tal astilla -resoplo.

-¿Cómo? -me pregunte.

Intentó separarlos pero uno de ellos soltó.

—Aparta ¡Quieres! No es asunto tuyo.

—No me voy apartar y lo sabes.

—Pues no lo hagas es tú problema no él mío. —Pero ese imbécil de Alan tenía que haberla dejado allí donde la encontró ¿Por qué la ha traído aquí? —le preguntó a esa falsa hermana. —Por su culpa están cambiado muchas cosas y él no lo ve. No quiere darse cuenta.

Ella los miró resoplando otra vez y me miró a mí también y me llamó.

—Acércate, por favor queremos hablar contigo.

"¡¿Conmigo?!" ¿Para que? —pensé. Y me arrastre por el suelo otra vez intentando escapar de ellos pero... no puede por qué tropecé con unas piernas y escuché una nueva risa.

—Tú eres nuestra futura reina, (Suspiro) Alan en que subasta la has conseguido. Porque.... ¡Madre mía! ¡Esto es increíble! ¡Superior! Yo alucino ¿No puede ser ella Alan? ¡Imposible! Te has equivocado  Me miró de nuevo y suspiro otra vez.

—En ninguna y lo sabes y no es torpe lo ha demostrado y yo le enseñare.

—Pues ahora lo dudó mucho ¿Sabes?, dudó que ella sea nuestra futura reina la que nos liberé de nuestra esclavitud, lo dudo mucho —le soltó a Alan dejado la salida libre para que yo me escapara.

Ese chico Alan me ayudo a levantar del suelo y al ver sus ojos de nuevo mi cuerpo se balanceo de izquierda a derecha, parecía que iba caerse en cualquier momento pero no lo hacía seguía balanceándose como un columpio. Él me miraba esperando cogerme en sus brazos pero mi cuerpo salió despedido hacia atrás chocando contra unos extraños artilugios que había a mis espaldas.

Y él chico bajito comenzó a aplaudir y dar saltitos de alegria.

—Lo sabía, lo sabía. Sabía que iba a pasar esto. Lo presentía Alan.

—Y que hacemos ¡Listo!

—No lo sé Alan, ¿Lo sabes tú? Ella te ha visto en otro momento que no sea este, necesito saberlo ¡Habla!

Se quedo pensativo durante unos minutos, unos minutos que se hacían eternos y finalmente contestó.

—Me vio cuando la solté en el campo de esclavos y luego en el... calabozo y mas tarde en el...

—No sigas quieres, a raíz de todo esto han cambiado las cosas, no te has dado cuenta y estamos en un punto muerto que hay que solucionar y rápido. Regresa cuando mató aquel hombre en los campos de cereales y esta vez no te dejes ver ¡Entendido Alan!

Me recogieron del suelo y me colocaron en una extraña maquina.

Y el chico bajito se acercó al otro chico llamado Alan y habló con él durante varios minutos. Mientras esa falsa hermana me quito la ropa dejándome completamente desnuda. Cogió una extraña bola blanca que frotó en mi brazo y lo sujeto a una cinta mientras yo observaba todo aquello, ella se acerco con una extraña botella azulada y con un palito muy delgado que al tocar mi brazo me dolió y lo aparte.

—Mario ¡¿Quieres sujetarla?!

—Ya voy. Y Alan quítate la ropa y comencemos.

Alan, se quito la ropa que llevaba encima quedándose desnudo y se coloco en una maquina similar a la mía.

Mario y esa gigantona intentaban dominarme.

—No te dolerá —me decía ese chico llamado Mario.

—¿Quiénes sois? —les preguntaba. —Quiero ir a mi casa ¡Soltarme! Si soy vuestra reina como decís obedéceme.

—Ahora iras a tu casa pero tienes que ser buena y colaborar con nosotros -me decían.

—¿Quiénes sois? -preguntaba una y otra vez

Mientras les hacia esa pregunta grite de dolor y aparte mi brazo otra vez  e intente frotármelo de nuevo porque me picaba pero no pude mis ojos se desviaron para mirarlo a él y él me observo con cariño desde su posición, cerró sus ojos y le dijo a su compañero.

—Cuando quieras estoy preparado y ella también.

No sabía que me iban hacer y yo seguía en esa extraña mesa y él en la otra cuando entro un joven que no conocía y le dijo al chico bajito muy acalorado.

—Mario, no lo hagas.

—¿Cómo? —le preguntó este ¿Qué ocurre? ¡Dímelo!

Me miró con atención, se acerco a mí y observo a Alan diciéndole

—Sal de ahí y vístete.

—¿Por qué he de hacerlo? He de regresar  —le preguntó al recién llegado. —Pon esa máquina en funcionamiento y solucionemos esto de una vez.

—He dicho que no lo hagas Mario ¡Obedece! Y tu sal de ahí.

—He de hacerlo... ella... -replico ese Mario.

—Ella que...

—Ella es la culpable de esta catástrofe y debes saberlo. Por su culpa estamos en peligro. Nos extinguiremos es lo que quieres.

—Te equivocas Mario no estamos en peligro como crees.

—No me equivoco lo estamos, y no eres quién para interponerte en mis órdenes.

—En este momento lo soy Mario y vas a escuchar lo que te voy a decir te guste o no.

Me observo, y con su mano acaricio mi pelo y se fue deslizando suavemente hacia mis pechos y mi vientre y en él se sonrió mirando a Alan y este le gritó.

—¡Qué pretendes hacer! ¡Déjala quieres! —Pon esta puta maquina en marcha Mario.

—Tranquilo Alan no es lo que imaginas. Ella es nuestra reina y lo seguirá siendo en nuestro futuro. Tú solo tienes que engendrar a su madre y dar tú vida más tarde y todo volverá a ser como antes lo has entendido Alan.

Alan me miro y se sonrió diciendo.

—Ahora lo entiendo todo.

Pero yo no entendía nada -protesto Mario ¿Qué ocurre?

Yo quería volver a mi casa, y estar con mis hermanas y seguir con mi estúpida vida.

Ese Mario no estaba muy de acuerdo con aquello y soltó.

—Lo que quieres hacer es una barbaridad y casi imposible de realizar ¡Sabes!, Alan no puede ser su... o si lo es y yo me entero ahora. Pero aun así es un riesgo que corren los dos por si no lo sabes, deberíamos hacer lo que yo había propuesto es mas sencillo que lo que propones —le reprocho a esa persona.

—Lo que tu propones es imposible porque ese mundo alternativo ya no existe tampoco Mario. —Ellas deben ser esa tribu de guerreras que son y nosotros ser sus esclavos como lo éramos hasta entonces, y llegado el momento habrá una revolución y ellos son la llave y nuestro futuro —nos dijo señalándonos.

—¿Qué llave? —preguntó Mario.

—Ellos son el comienzo del puzle, ellos... son -pero no acabo la frase su voz se iba apagando y su cuerpo era casi transparente y en un hilo de voz le dijo a Mario: Mírate vas desapareciendo como lo hará el resto de nuestra gente y lo hare yo. —Acciona esa palanca y todo volverá a ser como antes. Créeme.

—Pero... —protesto Mario. Nosotros... Su voz se iba disipando.

Alan los observo y se observo así mismo pues le iba ocurría lo mismo.

—Haz lo que te ordenan Mario y dentro de unos años nos volveremos a ver te lo aseguro.

Mario acciono esa secuencia y... una luz cubrió ese lugar haciéndolo desaparecer todo.

Para empezar de cero otra vez.

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