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4 min
Amor con vino blanco
Suspense |
11.07.21
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Sinopsis

Hay amores que matan...

AMOR CON VINO BLANCO

En la playa de los Genoveses el levante había barrido con fuerza la arena de la playa y de las dunas. Las olas eran de una medida muy idónea para la práctica del surf. Pero ellos, que veraneaban ese año en San José, en el parque natural del Cabo de Gata almeriense, no tenían ya una edad adecuada para soportar por mucho tiempo las rachas de viento ni, mucho menos, para practicar ese deporte. Ambos pasaban ya de los setenta años.

José Manuel y Clotilde se habían conocido el invierno anterior en un cóctel que organizaba el Club Náutico de Almería.

- No la había visto anteriormente por el club – dijo José Manuel a la mujer que aguardaba junto a él a que le sirvieran una copa.

- No es de extrañar, caballero -respondió Clotilde, dedicándole una sonrisa que era toda sensualidad. Tan solo vine un par de veces hace tiempo. Desde que murió mi marido, hace dos años, no había vuelto por aquí.

Así comenzó una relación que duraba ya más de medio año. José Manuel, también viudo desde hacía algunos años, propuso a Clotilde pasar el verano en un apartamento que tenía en San José. Si el viento lo permitía, realizaban largos paseos en el yate que él tenía. Si no podían salir a navegar, caminaban hasta la playa de los Genoveses. Pero cada noche, tras la navegación o el paseo, terminaban cenando en el restaurante Don Vito.

- Miguel: La carta y una botella de Rías Baixas bien fresco -pidió José Manuel, como cada noche, nada más tomar asiento.

De esa primera botella daban buena cuenta mientras elegían los platos. Los pensamientos y la conversación de ambos seguían caminos muy distintos. Por ejemplo, tras un buen trago de vino, José Manuel, clavando sus ojos con aire soñador en los de Clotilde, pensaba:

 Por lo que sé hasta ahora, entre las propiedades, los fondos bancarios y las joyas, esta mujer tiene una fortunita nada despreciable. Pero atacar con el tema del matrimonio creo que sería precipitado. Aunque nunca se sabe… Como opción sería la más segura y la más rápida, ya que no tiene hijos, pero…

En cambio, mientras eso barruntaba, le decía cosas como que nunca había conocido a otra mujer tan encantadora, tan atractiva e inteligente como ella, al tiempo que tomaba sus manos y las besaba suavemente.

Cuando llegaban los primeros platos, Clotilde, con el simple gesto de alzar la botella vacía de Rías Baixas, pedía otra al camarero. Y José Manuel se encargaba de pedir la tercera para el segundo plato. Los postres pasaban mejor con algún licor estomacal, como el pacharán. Algunas noches remataban la velada con una copa de cava. De manera que Clotilde, cuando se incorporaba para marchar del Don Vito, se tambaleaba ligeramente, pero el brazo de él le prestaba una dulce seguridad

Ambos eran muy apasionados en el amor y, muy pronto, se disiparon las dudas sobre la propuesta matrimonial, pero, sorpresivamente para José Manuel, fue Clotilde la que lanzó la invitación y se casaron en septiembre.

                                              # # # # # # # # # #

- Y ¿dice usted que hace dos años que se conocieron en el Club Náutico de Almería, no es así? – preguntó el comisario Lobato.

- Así fue…

- Y, ahora que usted ha confesado el crimen -continuó el policía-, permítame que le haga una última pregunta antes de su comparecencia ante el juez, ésta por curiosidad personal. ¿Por qué…? Quiero decir… Teniendo usted una importante riqueza, ¿por qué cometer ese asesinato? Ya sé que ha confesado que lo hizo por la herencia… Pero no logro entenderlo…

No hubo respuesta a esa pregunta. Se miró las esposas, que presionaban suavemente sus muñecas y comenzó a caminar. Al llegar al juzgado el magistrado le preguntó:

- Clotilde San Segundo: ¿Se confiesa usted autora del asesinato de su marido José Manuel?

 

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Autor de la novela Hotel Rejas y del libro El Ruina y otros relatos, en Ediciones Carena (edicionescarena.com) Educador social y maestro. Humanista y luchador contra las injusticias

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