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6 min
Amor de conejitos
Humor |
21.10.12
  • 4
  • 8
  • 2472
Sinopsis

El título aún me abruma y no es el mejor reclamo para animar a mis posibles lectores. Un relato ligero -esta vez sí- para pasar el rato, especialmente para mí mismo en su fase de composición. Escrito para el blog http://480kmdepalabras.blogspot.com.es donde me dejo caer una semana sí, una semana no, alternando con _None_. Totalmente de acuerdo con la expulsión. Uno va acumulando puntos y al final termina sin carné. No hay lugar ni siquiera a un recurso -ni me lo merezco. Ahora seré un maldito, en solitario.

 

Le habían dado un golpe en la cabeza y lo habían dejado KO... O al menos eso le decía el punzante dolor en la sien y el despertarse de repente, amordazado y atado a una silla, en lo que parecía ser un jardín de infancia.

A su espalda alcanzaba a distinguir unas voces que conversaban.

–¿Crees que le gustará a Lucy? –preguntó la voz dulce y femenina de una mujer.

–Claro que sí, es su favorito. Será toda una sorpresa –afirmaba un hombre-. Vamos a ver si se ha despertado nuestro amigo.

Unos pasos se acercaron hacia él y lo rodearon. Ante sus ojos aparecieron dos figuras de lo más normales: Una mujer vestida con una bata a rayas rojas y blancas propia de una maestra y un hombre que sin lugar a dudas debía ser el conserje.

–¡Hombre, amigo! ¡Si sigues vivo! –exclamó el conserje dándole una amistosa palmada en el hombro-. ¡Pensaba que te había dejado frito! –se rió mientras agitaba un manojo de llaves que llevaba al cinturón.

La maestra sonrió quedamente y adquirió una pose maternal.

–No le hagas caso, siempre está bromeando –le susurró dulce mientras le limpiaba la mejilla con un pañuelo-. Y ahora te vamos a quitar eso de la boca y no vas a gritar, ¿verdad que no?

El hombre maniatado afirmó con la cabeza.

Lentamente, con sumo cuidado, la maestra le empezó a quitar el esparadrapo de los labios.

–¡¿Quiénes sois?! –gritó una vez tuvo la boca al descubierto-. ¡¿Qué queréis de mí?!

–¡Chitón! –gritó la mujer mientras le arengaba agitando el dedo índice frente a él-. ¿No te he dicho que no grites? Si te portas mal, te voy a tener que castigar. ¿Es eso lo que quieres? ¿Verdad que no?

Ante aquella voz suave, maternal pero autoritaria no había nada que hacer. Ni siquiera importaba que lo hubieran raptado, sólo podía optar por callarse y mirar de forma dócil a la maestra.

–Bien –afirmó la mujer moviendo la cabeza.

El conserje no dejaba de reír ante la actitud diligente de aquel hombre.

–Sólo te hemos traído aquí para que cantes la canción a los niños, esa tuya, la famosa –comenzó a explicar el conserje agitando las llaves.

–¿Canción? ¿Qué canción?

–La de “Amor de conejitos” –aclaró la maestra.

Se hizo el silencio y de repente el hombre maniatado estalló a reír.

–¿”Amor de conejitos”? –preguntó histriónico desde la silla en que lo habían atado.

–La misma –afirmó extrañada la maestra.

De nuevo se hizo el silencio y vuelta a reír.

–¡Ya basta, amigo! –cortó el conserje.

–¡Os habéis equivocado de persona! –les gritó aún sonriendo-. Yo soy contable... Ay dios, “Amor de conejitos”... –suspiró.

La pareja se quedó inmóvil hasta que lentamente se miraron y se alejaron de él, de nuevo hacia su espalda.

–¿Y ahora qué hacemos? –preguntó el conserje.

–¿Pero seguro que no es él?

–Yo estaba seguro... No me lo explico.

Continuaron discutiendo sus planes un buen rato mientras el pobre Antonio, contable de profesión, seguía atado de pies y manos en aquella silla.

–Bien –comenzó a decirle la maestra una vez hubieron vuelto-. Lo hemos comprobado y al parecer hemos cometido un error –explicaba con aquella voz suave con la que lo mecía-. Pero ya que estás aquí... ¿Porqué no le cantas la canción a Lucy? Es su favorita –dijo dedicándole una espléndida sonrisa mientras lo miraba y le pellizcaba la mejilla.

–Em... –no podía negarse, no podía, estaba desarmado ante aquella voz-. No me sé la letra...

–¡¿Pero cómo no te vas a saber la letra?! –le espetó el conserje-. ¡Todo el mundo se sabe “Amor de conejitos”!

–Bueno, pues no, no me la sé...

–No pasa nada –lo tranquilizó la Seño-. te ayudo a aprenderla y ya está.

La maestra trajo un radiocasete y comenzó a enseñarle la canción.

–Bueno, parece aceptable –confirmó a la media hora la maestra-. Vamos a preparar la clase y en venir los niños se la cantas, das un par de autógrafos, te haces unas fotos y sonríes y ya está. No es difícil, ¿verdad que no?

Acto seguido, sin desatarlo siquiera de la silla, le pusieron un globo en los labios para que fuese inflándolo mientras el conserje y la maestra colgaban adornos por la clase.

–La actuación ha sido de suficiente –le sonrió la maestra una vez que todos los niños de la clase se habían ido a casa y ellos habían vuelto a quedarse solos en el aula-. Y ahora, ha llegado el momento de la despedida.

–No os preocupéis, no os voy a denunciar –anunció solemne el contable.

–Ah, eso no nos preocupaba –dijo descuidada la maestra guiñándole un ojo al conserje-. ¿Verdad que no?

–Me temo que no, amigo –corroboró el conserje mientras inesperadamente golpeaba a Antonio en la sien con una barra de acero.

El cuerpo inconsciente del contable cayó desplomado.

–Deshazte de él como con los demás –indicó con voz suave la maestra pellizcándole la mejilla al bedel.

–¿Y el siguiente? –preguntó solícito el conserje.

–Veamos... El cumpleaños de Carlitos es la semana que viene. Habrá tiempo para planearlo.

–¿Y a quién hay que traer? ¿Otro cantante? ¿Otra vez un futbolista?

–A Carlitos le encantan las historias sobre reyes... Se me ha ocurrido... –insinuó la maestra.

El conserje le sonrió con complicidad.

–Procura no equivocarte. A éste lo conoces, ¿verdad que sí? –le sonrió lanzándole una moneda de euro.

–Sí, sí, a él sí –se soltó en una carcajada el conserje mientras miraba el perfil en la moneda.

–Y procura no cargártelo con esos golpes que das –indicó mientras miraba al contable en el suelo.

–No te preocupes por eso, a estas alturas ya tengo bastante práctica.

 

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  • Me he echado unas risas. Me ha gustado el contraste de la inocencia de los niños con la maldad de los secuestradores.
    El relato me ha parecido agridulce, la mezcla de ternura e ilusión en el cuidado de los pequeños frente la crueldad absurda para conseguirlo, todo ello mezclado, removido y servido en plato para compartir. Curioso.
    uaa! terrible y simpática al mismo tiempo, no sé qué pensar. Por lo pronto digo que me ha gustado, un saludo
    good man... con humor igual que lo mio lml
    Rayas, no rallas. Lo siento, pero tengo que expulsarte del Club de los malditos.
    Buen relato. Me ha encantado. Saludos
    Está muy bien. Se trata de humor, de humor negro.Enhorabuena.
    Escribe tus comentarios...Un poco despistado anda jesús, a lo que veo. Cierto que el título no le hace honor al relato. Es un humor fino arropando una historia bien pergeñada, y el toque final de la moneda te deja la sonrisa en la boca. en conjunto me gustó mucho.
  • Aquel día Sugar bromeó con que algún día me iba a dar el susto de mi vida. Lo dijo mientras desayunábamos en la terraza de aquel bar, en la plaza que había detrás de su piso...

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    Uno de esos poemas en los que me permito más licencias -aún- de las habituales. "Como un fantasma tras la cortina de mis-tus ensoñaciones...

    Otra parte disgregada de la unidad. La vida crece, se ramifica. Si se desea, se puede leer un relato previo llamado "Con Sugar" -en mi perfil-, si bien, como siempre, es un relato independiente. "Me gusta pensar, también, que era algo venenoso para lo que sólo Sugar tenía antídoto."

    LucíaClementine me recomienda la versión de Nancy Sinatra de la canción "Bang bang (my baby shot me down)" que pasa a ser el título de este relato antes titulado "La vida en su teatro".

    "Application Error" es que te pregunten si le quieres y no encontrar respuesta. [¡Rayos!]

    "La Atlántida es el único refugio en el que existen las segundas oportunidades." 480kmdepalabras.blogspot.com

    desarraigar. 1. tr. Arrancar de raíz una planta. // 2. tr. Extinguir, extirpar enteramente una pasión, una costumbre o un vicio.

    A ver si se anima la web con este pequeño homenaje a la fatalidad. Más en 480kmdepalabras.blogspot.com.es

    Dedicado a ender por lo gran persona que es y por la enorme labor que hace como usuario de TusRelatos.com. Ahí a la derecha se puede comprar su ebook, en Amazon, editado por TusRelatos.com junto con otros ebooks de compañeros de la web.

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