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10 min
AMOR PERVERSO
Amor |
26.01.19
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Sinopsis

Un ejecutivo se enamora de una bella mujer casada, y hace un plan singular para quedarse con ella.

Desde que empecé a jugar al mus en el Salón de Actos del Club Náutico que está situado en un pueblo marítimo del litoral barcelonés en el que conocí a Elsa que es una hrermosa mujer oriunda de Oviedo; morena, con una cálida y aterciopelada mirada en unos chispeantes ojos negros que me hacían vibrar, porque éstos me sugerían una manera de ser cordial y afectiva, no podía dejar de pnsar en ella a todas horas; era como si a pesar de mis cuarenta y cinco años de edad, tras haber tenido bastantes experiencias amorosas con distintas féminas a lo largo de mi vida ahora de pronto volviese a la adolescencia con la mujer de mis sueños.

Llevado por el embrujo de su persona, una tarde en la que se celebraba el cumpleaños de un socio de aquella entidad y Elsa se hallaba en la barra del bar tomando una copa de cava, yo me acerqué a ella para sentir el aura de su compañía.

- Oye, juegas muy bien al mus. Has practicado mucho ¿verdad? - me dijo Elsa risueña.

- Sí, bastante. Pero confieso que hoy no me sentía nada en inspirado. Mas cuando he visto la luz que hay en tu mirada, algo vivo ha renacido en mi - le respondí con mi mejor sonrisa cautivadora-. ¿Qué te parece si salimos de aqui y vamos a un lugar que yo sé donde ponen una música estupenda? - le sugerí.

- Ay; eres muy amable Juan. Pero no puedo porque mi marido me está esperando en casa - rechachó la invitación cogiéndome de un brazo.

- Es una lástima, porque lo pasarías bien. Es que ¿sabes? te has apoderado de lo más hondo de mi ser - le dije en un arrebato-. Ojalá te hubiese conocido unos años atrás.

- Vaya. Pero yo estoy muy bien con mi marido. Le admiro sobre todo por su honestidad. Mira si quieres te puedo presentar a una amiga muy maja.

- No quiero a ninguna amiga. Te quiero a ti.

Seguidamente Elsa se alejó de mi lado para ir a hablar con otra mujer.

Sin embargo yo no me di por vencido. Como hombre práctico que soy, y estoy acostumbrado a luchar para alcanzar un objetivo prescindiendo de todo escrúpulo, y de los convencionalismos sociales, puesto que soy un ejeutivo de una multinacional que fabrica maquetas y objetos de decoración para muchos inmuebles, y por lo tanto consciente de que mi romanticismo por sí mismo no conseguiría nada de Elsa, dejé de lado mis sentimientos hacia ella y me dispuse a urdir un maquiavélico plan.

Sabía que este matrimonio basaba su fidelidad conyugal, el concepto de honestidad en unas normas de moral religiosa de una Asociación Católica a la que pertenecía, la cual no dejaba de ser muy hipócrita porque a pesar de predicar la caridad con los pobres ésta era lo más codicioso que cabía imaginar, y lo más probable era que Roberto, que así se llamaba el marido de mi amada Elsa también sería igual.

De manera que teniendo en cuenta la fragilidad de la naturaleza humana ya que el sujeto facilmente se pierde frente a lo que brilla, no cabía más que provocar una desastrosa situación en la pareja para que Elsa dejase de admirar a su marido. Pueds la admiración que una mujer pueda sentir por alguien es muy relativa, muy inconsistente porque se puede desmoronar por cualquier mala eventualidad.

Yo soy de los que piensan que en el amor y la guerra todo está permitido y no se puede andar con remilgos porque de hecho la vida es como una selva en la que luchan dos ciervos para aparearse con la hembra la cual se queda con el vencedor, con el más fuerte aunque sea un desalmado. Y los humanos somos igual, sólo que más complejos y con un barniz de civilización. Y es evidente que en este caso yo soy el más fuerte, el más astuto. Claro que cuando yo ganara la batalla a Roberto para quedarme con su mujer, ésta podría hacer de mi lo que quisiera. Igual podría matarme, o redimirme; o que yo fuese mejor persona.

Pero mientras tanto tenía que poner en marcha mi plan sin pérdida de tiempo.

A decir verdad yo siempre he sido un tramposo. Desde pequeño nunca nadire se ha preocupado en educarme convenientemente; y en mi adolescencia aprendí que en realidad l bondad es un eufemismo que quiere decir debilidad; cosa que yo no estaba dispuesto a asumir si quería conseguir lo que yo anhelaba. Pues había que saber encontrar el talón de Aquiles de quien fuese para vencer cualquier resistencia que me saliese al paso.

Tenía noticia de que la empresa de Roberto - el marido de Elsa- iba mal; estaba a punto de hacer suspensión de pagos, y como él acudía regularmente a jugar al pádel a un Club de Tenis de aquella localidad, yo también me apunté en aquel sitio, y como ya lo había visto un par de veces en compañía de su mujer enseguida lo localicé.

Así que al cabo de unas cuántas partidas de pádel entablé una cierta amistad con el tal Roberto. De entrada aquel sujeto parecía ser reservado y bastante prepotente; pero de un modo gradual fue tomándome algo de confianza, y hablábamos de la crisis económica, de lo mal que estaba el mundo laboral; o de deporte.

Y cuando supe que el hombre estaba económicamente con el agua al cuello, yo le mencioné a mi empresa y le dije que necesitábamos a un buen administrativo con experiencia, por lo que le ofrecí trabajo y un buen sueldo.

- Tú y tu mujer me caéis bien, y no merecéis pasar tantos apuros - le dije muy ladinamente.

Como era de esperar Roberto entró a trabajar en mi multinacional.

Pero a Roberto le asigné una tan dulce como eficaz secretaria japonesa a la que le ofrecí un sustancioso incentivo si era capaz d seducir a Roberto y acostarse con él.

Al principio el marido de Elsa cumplía con su cometido con su habitual seriedad, pero cuando entró en contacto con la japonesa cuya capacidad de seducción era tremendamente sutil puesto que le demostraba una empatía sin igual, a la vez que se le insinuaba con gran destreza, aquel infeliz empezó a olvidarse de su inquebrantable fidelidad hacia su estupenda mujer hasta que llegó a acostarse con la oficinista oriental.

Pero lo peor no fue aquella infedilidad erótica. Lo fatal para Roberto fue que la japonesa lo introdujo en los juegos de azar, en la rulreta. Roberto al principio ganaba un dinero fácil, mas posteriormente empezó a perder con los dados. "Esto es una mala racha que pronto pasará" se decía a sí mismo-. Y como perdía sin cesar para cubrir sus deudas, hizo apropiación indebida de los fondos de la empresa. Entonces al hacerse una auditoría en la Casa se descubrió una considerable falta de dinero dando lugar a que se descubriese al responsable de aquella sangría monetaria.

Como era de esperar, cuando Elsa se enteró de la penosa situación en la que había caído su marido puso el grito en el cielo ya que la admiración y la confianza que hasta entonces había sentido por su hombre se había rompido en mil pedazos, y la relación conyugal empezó a resquebrajarse.

-¡Nunca hubiese creído todo esto de tí Roberto! ¡Nunca! Ahora sí que me has decepcionado - repetía ella una y otra vez.

Al marido de Elsa como había sido un recomendado mío, no lo despidieron de la empresa pero lo degradaron de categoría; le rebajaron el sueldo con el objeto de que devolviese el dinero que había sustraído de la misma, le abrieron un expediente, y lo destinaron a una sucursal que tenía en Valencia. Por lo que respectaba a su vida personal la japonesa regresó a su país, y Elsa se separó de él puesto que había dejado de ser el "héroe" de su vida.

Fue en aquella época cuando de una manera discreta aparecí yo en escena y me convertí con mucho tacto en el generoso y "desinteresado" acompañante de Elsa.

Íbamos a todos los espectáculos, la invitaba a almorzar a los mejores restaurantes de la ciudad; la dejaba hablar de lo que quisiera; asimismo cuando estaba triste yo la consolaba con ternura; y sobre todo era su brazo ejecutor en las gestiones tan áridas como de tipo bancario y económico. En una palabra le daba seguridad en todos los sentidos.

Sin embargo había un obstáculo en mi empeño de que Elsa se fijase en mi, y era que ella me tenía como a un "buen amigo". Sé por experiencia que cuando una mujer le dice a un hombre que es un amigo, este concepto fraternal es en realidad una barrera que pone una distancia afectiva y sexual hacia dicho pretendiente. Pero yo no hice caso de las palabras de Elsa y en algunos momentos de debilidad la tomaba de una mano cariñosamente, la besaba con suvidad en los labios, y ella se dejaba querer aunque con pasividad. La verdad era que yo la amaba con locura y no me arrepentía en absoluto de haber hecho mi sucia estratagema para conseguir estar en su compañía.

En una ocasión para disipar cualquier duda que Elsa pudiera tener de mi acerca del gran error de Roberto en la empresa la mentí descaradamente al decirle que yo no sabía nada de su turbia relación de éste con la japonesa, y Elsa al cabo de unos segundos tras mirarme con fijeza a los ojos expresó:

- Está bien. Creo en tu sinceridad.

Y aquella vez sí que nos acostamos juntos en mi apartamento, puesto que yo era un divorciado desde hacía unos años y no había peligro de terceras personas. ¡Y Dios que dicha más grande era poder acariciar su tersa y morena piel! ¡Y que besos tan dulces nos dábamos!

Mas cuando yo me percaté que para Elsa me había convertido en su sólido apoyo existencial, como previamente ya había solicitado mi traslado a la madre empresa ubicada en Nueva York, y me lo habían concedido, cuando le dije a Elsa que me iba a vivir al Nuevo Continente para provocarle el miedo a la soledad, al desamparo, y así incitarla a que me siguiera, aquello hizo el efecto deseado.

- No me dejes - suplicó-. Quiero ir contigo, y empezar de nuevo lejos de aquí que tan malos recuerdos me traen.

De modo que cruzamos el charco llenos de felicidad ante las nuevas perspectivas que el destino nos pudiese brindar.

Porque amigos lectores. Eso de que el malvado siempre pierde sólo pasa en las películas para tranquilizar al ingénuo espectador. Pues en la vida real, si el supuesto malvado es inteligente y astuto no tan sólo suele ganar la partida, sino que además se lía con la chica y vive cien años y un día.   

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  • no sé si es imaginación o realidad pero me ha encantado. Mirándolo desde otro punto de vista, el de la " femme fatal" " ( homme fatal, en tu caso), May West ya afirmaba: " Las chicas buenas van al cielo, pero, las malas, van a todas partes"; puede que con los chicos ocurra lo mismo. gracias, kf
    Relatos que aunque uno crea lejos de suceder exista la pequeña posibilidad de pasar. Buena publicación.
    Muy bueno amigo Francesc, con un excelente párrafo de cierre que comparto y que aunque duela se suele ajustar a la realidad en la que vivimos... Hay alguna letra que te las has comido o que has cambiado su orden: "hrermosa," "Pueds la admhiración" "Desde pequeño nunca nadire". Saludos desde Madrid
    Me han dado ganas de darle una paliza al tío, desde luego que esa parte está bien conseguida. Bueno, y la historia en general, pero hay que mirar las comas (creo que faltan muchas) y pulir la prosa. Además de ese "rompido" que, aunque según la academia es una palabra valida, está en desuso y queda horrible.
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He realizado estudios de psicologgía profunda y metapsíquica:; he publicado relastod en algunas revistas; y hace años que colboro y llevo tertulias literarias.

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