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9 min
"Amour" de Haneke
Reflexiones |
22.03.13
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Sinopsis

Dos apuntes de Hyde F... "Para hacer frente a la funesta situación, Georges y Anne cuentan con el arte. Canta Homero: “Los dioses dieron a los hombres la música para que pudieran cantar su tristeza”. Viendo “Amour” uno se puede preguntar hasta qué punto es suficiente."

El agua y dos tarjetas

 

Dedicado a mi hermana, que está detrás de las mejores ideas

 

Con agua y dos tarjetas Michael Haneke dirige “Amour”. El elemento vital simboliza el río hacia la muerte adonde va la pareja de octogenarios, protagonistas de la historia; las dos tarjetas, una de las posibilidades del arte.

La escena terrorífica del grifo de lavaplatos ocurre al comienzo. Georges, al ver a su esposa Anne inconsciente y paralizada en la cocina, sale de ahí a buscar el teléfono para llamar a urgencias. En el camino la llave que había dejado abierta para mojar la cabeza de su esposa se cierra de repente. Se trata de la llave de las puertas del más allá. Anne, sobreviviendo a su primer infarto cerebral, logra cerrarlas cuando se levanta a cerrar el grifo, y las abre al final de la película, cuando luego de lavar la losa, ya muerta, dice a Georges que prepare su chaleco que puede hacer frío afuera, en el invierno del mundo de los muertos. El agua representa casi siempre la muerte como en la pesadilla que tiene Georges que culmina en el lugar del agua, en el baño; los sueños no son un refugio. Y ni se diga de una de las escenas más patéticas: Anne queda sola en la casa y cuando llega Georges la encuentra en el corredor, tirada en el suelo, al lado de la ventana abierta con la lluvia como saetas cayendo. Precisamente porque el agua no simboliza la vida, la pareja decide dejar de vivir. Anne de mal en peor no soporta un baño más. Se niega a beber agua. Georges, siempre pulcro y rasado, deja de serlo luego de decidir acabar con todo. El café del cotidiano ya no se lo pueden tomar los viejos; los orines, Anne ya no los puede retener. Solo al final, el agua denota paz: la paz de la nada adonde la materna Anne conduce a su Georges. Ambos salen de la casa, a la lluvia.

Para hacer frente a la funesta situación, Georges y Anne cuentan con el arte. Canta Homero: “Los dioses dieron a los hombres la música para que pudieran cantar su tristeza”. Viendo “Amour” uno se puede preguntar hasta qué punto es suficiente. Como en “Trop belle pour toi” (“Demasiado bella para ti”, 1989) de Bertrand Blier, la música clásica recuerda lo insoportable que puede llegar a ser la vida; tan perfecta que es para la imperfecta vida. Es una zancadilla al estoicismo. Anne, antigua profesora de música clásica no puede soportarla cuando está demasiado triste (eso sí nunca llora; la orgullosa no vierte una sola lágrima al río de la muerte). Pero al mismo tiempo es la única compañía además del “amour”, que por cierto a lo mejor aparece sin traducción porque el amor tal como está planteado nació en Francia, en el Medioevo bajo el nombre occitano de “fin’amor”: profundo sentido del honor, nobleza en los sentimientos, conducta generosa así esto implique ser arrastrado al abismo, es lo que se ve en Georges. El arte es el único contacto con el exterior para la pareja de ancianos. Son las pinturas de paisajes desolados como la montaña negra en la orilla de un frío mar que aparecen luego de entretener una triste conversación. La pareja se niega a tener una relación con los vecinos diferente de la económica (un matrimonio que les hace el mercado). Todos los representantes de la salud les parecen en general ineptos o por lo menos incapaces de entenderlos. La pieza de Anne se termina convirtiendo en su ataúd. El único que tiene derecho a llevarle flores, vestirla con el vestido más apropiado para su último viaje es Georges. ¿Por qué no? Así los viejos renuncian a las exequias con amigos y familia que, como lo comprueba Georges después de asistir a unas, no son más que espectáculos.

Incluso a la hija y su esposo los evitan. Su casa se transforma en una fortaleza para defender la intimidad. Una  cerrada con cinta pegante como si fueran niños defendiéndose de los absurdos adultos. De la tropa de bomberos que fuerza la puerta para comprobar que llegó demasiado tarde. Pues, el presente solamente perteneció al par de viejos; el resto de la humanidad, incluyendo el espectador voyerista tiene que conformarse con conocer lo que pasó, lo muerto.

La paloma que se entromete varias veces por la ventana puede ser la vida que palpita afuera. Quizás por eso Georges la espanta: para que siga viviendo fuera de su hogar aterrador; la vida está en otra parte, como se intitula una novela de Milan Kundera. Tan solo con el arte y el amor recibe la pareja a la guadaña. Con el segundo viaja al otro lado; la muerte si bien es una experiencia personal, al parecer lo sería un poco menos gracias al amor. El arte es como el hilo del harpa: una vez se corta se acaba la música. Aparece cortado cuando transmite solamente un diluvio de spleen, sin ninguna pulsión de vida. Se nota en el momento en que Georges se imagina a su esposa tocando el piano. El equipo de sonido ayuda a materializar esta ilusión: cuando se apaga, Anne desaparece. La tristeza que Georges siente ante ese vacío es una de las últimas gotas que rebasan la copa, antes de suicidarse con su mujer. El equipo de sonido como metáfora del cine, máquina para crear ilusiones, se convierte en una dolorosa compañera para ambos personajes. No queda si no irse.

A mí la muerte me hace pensar en gallinas. A los seis o siete años pasé una semana con mi hermano y mi abuelo en el campo. Descubrí cierta pasión por perseguir gallinas (más adelante sería por el amor; “Aspero amor, retorna, ven”, León de Greiff), lo que mi malvado hermano vio como una oportunidad para molestarme. Me amenazó con decirle a mi abuelo y esto me produjo tanto miedo que me alejé de la cabaña y me perdí en el bosque. Mi abuelo tenía fama de regañón. Y que me jalara las orejas alguien que apenas conocía y diferente a mi padre o madre (¿la pobre Anne no llama todo el tiempo a su madre?), para mí equivalía a la muerte. El bosque era una montaña de donde bajaba una cascada detrás de la cual me escondí. El agua a diferencia de la película fue para mí un refugio. Pero por unas horas nada más. Me buscaron hasta con perros y me encontraron y mi abuelo me entró a la casa a punta de nalgadas. Hoy encuentro esta historia banal, además me siento vengado. A las gallinas después se las robaron. A mi hermano, el río de la vida le dio su merecido castigo: lo convirtió en médico. Pero en ese entonces era lo más terrible que había vivido. No conocía el arte, sólo tenía a la montaña. Cuando me cascaron hubiera podido pensar en las dos tarjetas que la madre de Georges le propuso dibujar cuando niño; una con flores para expresarle su felicidad y la otra con estrellas para cuando estuviera triste. Es la última anécdota que le cuenta el viejo a Anne en su cama, antes de ahogarla con una almohada; las tarjetas pierden su sentido cuando el hilo del harpa está cortado. Lejos del agua, hubiera querido conocer ese par de tarjetas y decidir cuál utilizar mientras me encontraba encerrado en una pieza, castigado por los heraldos de la parca. Hoy las conozco, pero aún no me siento listo para morir.

 

El efecto pobre

 

Ha habido dos películas que me he visto con el efecto pobre, una en París y la otra en la Habana.

« Amour » de Michael Haneke me la fui a ver en un pequeño cine, frente a la estación Saint-Lazare, cuando ganó varios Oscares ya no la daban en los cines comerciales. Me la vi en uno con un ruido que hacía temblar la sala, o eso creo, tal vez éste provenía de la película misma. El único efecto de aquella creación minimalista para hacerle frente a la ola del 3D y otros inventos. El caso es que la película estaba tan bien hecha que se prestaba a confusión: temblaba siempre en los momentos más terroríficos. Como si en lugares así el gran cine fuera demasiado grande.

La segunda película la vi en el 2011, en una sala inmensa de la capital cubana. Era vieja como casi toda la ciudad. Allí viví la escena de “Cinema Paradiso” en la que el pueblo ve una proyección acompañado por perros y gallinas, ríe y habla mientras ve la historia y al final aplaude. Se huelen olores que no son perfumes. Sobra decir qué película era. Fue olvidada y probablemente ocurra lo mismo con la magnífica de Haneke. Porque el dueño del efecto pobre es así. Exige exclusividad. Sólo quedará el recuerdo de lo sentido en ese par de salas; cajas de pandora iluminadas por un sol de invierno.

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Otros relatos del autor
  • por cierto, la literatura es un concepto muy amplio, lee un poco más variado y lo sabrás (a soplapollas no me vas a ganar...)
    Vaya pavo. O sea que si a ti no te la van a chupar con cada comentario te conviertes en troll... te he hecho un comentaro totalmente inocente y educado. Si no te ha gustado te rascas.
    No es que el ejercicio no me parezca interesante, pero yo hubiera preferido un artículo que aunase las dos vertientes. El problema de esto, según yo lo veo, es que quien tope solo con uno de los dos va a notar que le falta algo, y no va a entender que está leyendo...
    Te equivocas otra vez
    A ver si aprendes las mínimas nociones sintácticas: "Ha habido dos películas que me he visto con el efecto pobre". !« Amour » de Michael Haneke me la fui a ver en un pequeño cine", petit debutant
    No he visto la película todavía pero, a través de lo que enumeras y comentas aquí, me parece que refleja una realidad muy triste y muy real respecto de la vejez. Me refiero al aislamiento. Realidad dolorosa pero al mismo tiempo voluntaria por parte de muchas personas mayores. La analogía y la reflexión que se agregan al final le dan un toque muy profundo a este texto. Saludos!!
    Una película enfermiza de un director enfermito que se ahorma estupendamente a una civilización abismada en el nihilismo, el cansancio y la desesperanza
    Sobresaliente, ya lo creo. De alguna forma, al leer este texto tuyo me han venido a la mente algunas películas del maestro Fellini. Pero sobre todo, es sustancial. La realidad a veces se convierte en una pincelada de delirante fantasía en función del ojo que mira, de la mente que absorbe la escena como si fuera inédita. Todo ello es parte de la tragicomedia de la vida, en la que el protagonista siempre muere.
    Muy interesante la idea de comentar una película enlazándola con tus vivencias personales. La historia es, más allá de la simbología que emplea en ella, un cuadro sincero de una realidad a la que todos vamos a enfrentarnos, con la visón un tanto descarnada de Haneke y su fascinación por las psicologías complicadas. Pero lo que más me gustó es la forma en que la comentas utilizando tus propias vivencias, la mejor interpretación posible puesto que en ella aflora el eco que marca sobre tu experiencia vital. Buen comentario, amigo Furor.
    Se me coló la "e" (Heneke, jeje) por Haneke. ¡Las prisas de la noche!.
  • Solo para los del cotolengo de Sebastopol (Control-F). El logo de la categoria Suspense queda perfecto para hacer llamado a Nick, Nick Daumais.

    Toca que Domenikos publique porque no me dejan publicar en la CrwdCr alter del Cde. Podrîa utilizar mi otra cuenta que es Susanitatienedientes, pero prefiero Furor.

    Nota del autor sobre stavros, ender y la novela colaborativa alternativa "El Cetro de Esmeraldas".

    Oso De Anteojos responde a los apuntes de Hyde F..., ya publicados. "Ella no quiere ese amor de cuidados diligentes y corteses que es el marco donde se mueve el sentimiento religioso de la sociedad judío-cristiana".

    Dos apuntes de Hyde F... "Para hacer frente a la funesta situación, Georges y Anne cuentan con el arte. Canta Homero: “Los dioses dieron a los hombres la música para que pudieran cantar su tristeza”. Viendo “Amour” uno se puede preguntar hasta qué punto es suficiente."

    El hijo del doctor F... en su empresa de celulares. "El pobre F… se asusta, piensa que fue muy osado al hablarle de virilidad y alcanza a sudar un poco porque Perro Viejo conserva la misma mirada, sin decir más. Pero de repente [...]"

    Catalina en su casa. “Anoche me ocurrió algo diferente. Apagué la máquina y la pantalla se puso oscura. En seguida se volvió a encender y vi en toda la mitad con letras mayúsculas el siguiente mensaje: WELCOME MR. PRESIDENT.”

    "A estas alturas, ¿ya descubriste si es producto de la imaginación de la señorita Catalina? No sabría decirte qué es peor: que exista Buda Alberto o que no exista."

    Catalina se acostó en el diván mientras que el hombre analizaba la compleja telaraña de su historial. Tras varios minutos que parecieron eternos, este preguntó: - Dígame quién es Buda Alberto.

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Para el Cetro de Esmeraldas Alternativo: "Ninguna época ha comenzado por una teoría: era ante todo un juego, un conflicto, un viaje", G. Debord. “Sigue los navíos. Sigue las rutas que surcan las gastadas y tristes embarcaciones. No te detengas. Evita hasta el más humilde fondeadero. Remonta los ríos. Desciende por los ríos. Confúndete en las lluvias que inundan las sabanas. Niega toda orilla”, A. Mutis

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