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15 min
ANECDOTA POSTUMA
Suspense |
09.02.09
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Sinopsis

Era una noche de sueño, ¿Quién sabe? Quizás desperté, ¿Quien sabe?; creo que era de día o de tarde; pero no de noche. No se como pude salir de la casa y llegar a esta carretera algo lúgubre por cierto, no me acuerdo, solo se que estoy aquí en un lugar que no se donde está. En la carretera, en el horizonte; veo una gente que viene hacia mí, los veo cerca, mi paciencia no aguantó y por eso me acerque más a la multitud, los conozco a todos, son personas con las que en algún momento me relacioné, mi familia esta presente, todas mis amistades andan aquí, los veo llorar; trovando prosas fúnebres de flores blancas.
Entre ellos, reconozco a mi vecino y le pregunto: _ ¿Qué paso, por que lloran?_ él, absorto en su pensamiento, no me respondió; pasó de largo y ni siquiera me miro.
Dejo pasar a un grupito de gente; _ ¡Pero que mal educados! Ninguno tiene la delicadeza u osadía de saludarme, la próxima vez que los vea caminando por la calle será mi turno de hacerles lo mismo porque se siente mal cuando a uno no lo toman en cuenta y más si es por alguien que siempre apreciaste, ¡oh Dios! ¡Como duele la indiferencia! Pequeña astilla al rojo vivo que se clava en mi carne ¡ay!
Me adentro más en la gente y en medio de ellos; lo vi; bellísimo y pulido, con bordes de metal, exquisitamente tallado, de un color barniz caoba brillante. Estaba ahí, como un animal cazado llevado por sus cazadores hacia un ritual, ahí supe el porque todos lloraban, entonces más dudas vinieron a mi cabeza.
Alguien murió, ¿Pero quien? ¿Por que no se quien es? ¿Tan fría fui al no darme cuenta ni estar al tanto de la muerte de un familiar? (supuse que era un familiar, no habría otro motivo de que toda mi familia estuviera en ese lugar por eso me hice esta pregunta) ¿Por qué no estoy llorando? ¿Quién esta adentro de aquel ataúd?
Entonces, en mí entró la desesperación, pregunte como loca pero sin respuestas, solo el silencio de las respuestas me hizo entrar en pánico, en el pánico de ver mi ausencia presente frente a mi.
¡Pero ¿Qué clase de persona soy?! No se quien ha muerto y pregunto pero nadie me responde, me han desterrado, y eso les obliga a no hablarme y callarse antes mis descaradas preguntas de las cuales obligatoriamente debí de tener las respuestas antes de estar aquí en este lugar.
Tuve una idea, todos los que conozco estaban ahí, si alguien de mi importancia pereció no debería de estar ahí si no en la urna, me pareció brillante, como nadie me hablaba recurrí a ejecutar la idea.
Salí del grupo de gente y entré desde el principio, los busque a todos, a todos los hallé menos a una sola persona: A mi madre.
A ella la busqué sin encontrar rastros suyos, era la única persona que no estaba ahí, una gran depresión me invadió: _ La figura que vi como materna ya no está ¡Que dolor!, sabia que algún día esto iba a pasar pero no tan pronto, yo soy muy joven para quedarme sin ella apenas cumplo los 23 ¿Y que pasará con mis hermanos? ¡Dios! No lo asimilo ¡quiero verla!, ¡solo quiero verla! ¿Donde estaba yo cuando pasó tal desgracia?
Fui corriendo hacia la urna pero 4 personas la cargaban y estaba muy alta, en una de las esquinas del gran cofre estaba mi abuela paterna ayudando a cargarla, su agonía me recordaba a la misma que sintió Cristo cuando cargaba su Cruz, con esa pesadez, con esa tristeza que agonizaba con el dolor pesado del sarcófago en la espalda.
Daba unos pequeños saltitos para poder ver a mi madre pero yo de ingenua no me percate de que el ataúd estaba cerrado, la desesperación no me dejaba pensar.
Cuando me di cuenta de eso deje de saltar, solo los seguí.
Mientras caminaba no tenia ganas de respirar, no me importaba nada, solo ponía un pie frente al otro y avanzaba como alma en pena.
_Si murió mi madre entonces ¿Por qué todos mis amigos están aquí? ¿Tan fuerte fue la conexión que tuvieron con ella en vida como para visitarla en su sitio póstumo? ¿O vinieron para consolarme? Si fuese así entonces ¿Por qué no vienen hacia mí a desearme por lo menos un sentido pésame?_
Todas estas preguntas se esfumaron de repente en mi cabeza cuando me percaté de que ya no estábamos en la misma carretera de antes, el paisaje había cambiado, estábamos entrando en una especie de capilla velatoria.
Justo en ese momento me pregunte el como iba a ser mi velorio cuando estuviera muerta, supongo que moriré ya vieja con toda mi vida hecha. De repente, al pensar en eso; sentí un miedito en el estomago, no se, es ese constante miedo que tiene el ser humano de morir y dejar de ser actor de este mundo e ir a un lugar desconocido (Si es que existe)
Adentro de la capilla las paredes eran de color cremoso con pilares y columnas estriadas que me recordaban a las del Partenón romano. Alrededor de la sala había sillas parecidas a las de una iglesia más bien bancos. La gente entró y de la multitud sobresalía ese cofrecito de caoba brillante, no se si alucinaba pero parecía saludarme.
Estaba ansiosa por ver a mi desdichada madre, quería abrazarla, pero ya era tarde…estaba muerta, solo me queda contemplar su eterno sueño.
Caminé por todo el lugar para calmarme y esperar a que abrieran el ataúd, salí, caminé por el jardín, vuelvo a entrar, todo el mundo toma café, no me gusta el café. En la sala o capilla, en la esquina había una puerta entreabierta, todavía no habían abierto la urna, así que me atrajo la idea de entrar para ver que había en el interior; me acerqué y pase entre la gente, la puerta era de una madera rojiza, nada extraordinario, como estaba entreabierta solo la empuje sutilmente, no se abrió mucho, solo lo suficiente para que yo entrara, entré, era una habitación de paredes amarillentas y agrietadas, habían como seis personas amontonadas alrededor de una que no podía ver ni distinguir, las del alrededor eran mis tías consolando o comprendiendo a la persona del medio, fui hacia aquellas personas y estas casualmente se apartaron y quedé perpleja al ver que la persona del medio era mi madre.
No sabia si alegrarme o asustarme al no saber quien murió, pensé que mi madre había muerto, ¡¿Qué se yo?! ¡Por una enfermedad oculta!, ya había imaginado su deceso mientras caminaba en la carretera y afuera en el jardín.
Retrocedí todavía perpleja y con mi espalda tropecé con la puerta, la abrí aun viéndola; me volteé y salí corriendo hacia la sala principal en donde se hallaba el dicho ataúd, estaba ansiosa porque lo abrieran, caminaba de un lado a otro; me llevaba las manos a la cabeza, no pensaba, mi marcha cesó cuando vi aquel señor encargado de la capilla tocar la tapa de la urna y lentamente abrirla.
Los nervios me alejaron del sarcófago, no quería ser la primera en ver al difunto, me parecía un tanto mal educado hacer el papel de la curiosa averiguadora que quiere ver como quedo el muerto en el ataúd. No se, pero yo cada vez que voy a un velorio espero a que primero otra gente lo vea y después me acerco acompañada porque la verdad me da pena detallar al muerto de primera, si, como dije, lo detallo; me da inquietud y curiosidad detallar algo sin vida que antes vivió, si, ¿Parece extraño no? Pero no soy la única, hay gente mas indiscreta que yo a la hora de hacerlo, tal caso fue el señor Pedro el albañil de la familia que construyó mi casa murió, estaba en su velorio y escuchaba a la suegra decir que mejor era la ropa que tenia adentro de la urna que la que tuvo en vida pues él en vida decía que cuando tuviera su casa fija (vivía de alquilado) se compraría un traje negro y con corbata, la verdad es que pienso que el viejo Pedro estaba loco no se que tiene que ver el traje con la casa, creo que le gustaba mucho la opulencia, la soñaba pero no la llevaba acabo por su situación como un simple y mediocre albañil (¡con todo respeto difunto Pedro ¡). Y estaba allí; en la urna; con su traje negro y corbata azul marino, impecable de rostro, estaba peinado, sin el polvo del cemento que volaría hasta sus fosas nasales y sus grietas faciales mientras lo preparaba en su labor, coincidí con su suegra, en verdad el tipo era un desaliñado en vida y ahora lo detallo muerto junto con todas las personas a las que considero peores que yo a la hora de ver a un cadáver.
Abrieron el ataúd caoba brillante, yo estaba alejada de el mientras habían personas alrededor que veían consternadas adentro de él.
Decidí caminar hacia la urna para aclarar mis dudas, lo hacía lentamente con un leve temblor en todo el cuerpo, me detuve para esperar que la gente se retirara del área, no sabia si en verdad quería ver, pero la curiosidad me obligaba a caminar; ya no había gente ahí; ¡ya no había marcha atrás!; fui al encuentro de mi respuesta. Toqué una de las esquinas del cofre mientras me deslizaba a paso lento, ¡por mis ojos entró la respuesta que me habría vuelto loca en el instante!... La respuesta fue mi propia mente que me gritó: ¡SOLO TÚ ESTÁS AHÍ Y NADIE MÁS!
Si… ¡Era yo la que estaba en ese ataúd! Dariana Castellano muerta, inerte, dormida ahí sin rastros de vida. Solo de mi boca salió mi nombre con esa expresión de horror vivo que carcomía los huesos, las fuerzas se me fueron y caí arrodillada a un costado de la urna llorando como llora un empresario cuando acaba de descubrir que esta en banca rota.
¡Dios! ¡Yo soy la muerta! ¡A la que todos ven ahí! A muchos oigo decir: _! Pobre Ha muerto joven ¿Como han de estar los familiares?_! Ese psicópata con su cañón la sorprendió de espaldas ¿Quién ha de hacerle tal mal?_ Que Dios se apiade de ella y de su alma, ¿Qué persona sin escrúpulos fue capaz de asesinarle?
Lloran por mí solo por mí, nunca imaginé como iba a ser el estar muerta, ¿A esto le temen todos los humanos? ¿Para esto nacemos todos? ¿Esta es la muerte? Me siento como si viviera pero ando vacía, como si me faltara algo, me sentía normalmente extraña.
No me preocupaba tanto el estar muerta, si no hacia donde iría después de aquí; según la creencia religiosa dejaría a todos mis recuerdos, todas las experiencias que viví, mis logros, todas mis ilusiones, mis rabietas colosales, todo. Entonces… ¿Para que fui alguien si igual iba a llegar a donde estoy? ¿Dónde quedaron todos mis logros? Todos me lloran por un tiempo pero después… A la final… Todos los que me recuerdan morirán algún día, mi recuerdo se olvidara y hasta ahí llega lo que queda de mí… ¿Para que me esmeré en ser, si todo lo que hice si todo lo que hice se borrara con el tiempo?, solo dejé una cuenta abierta con la funeraria, mi querida flauta transversal, mis vestidos y mi bien mas valioso; un perfume de channel numero 19, queda menos de la mitad del frasco pero aun sigue siendo muy especial para mi porque me recuerda a mi infancia, a Napoleón, él fue una persona muy significativa e influyente para mi, era un viejito de alma pura, mi abuelo, él me lo dio pero no esta en este funeral por que hace siete años que el murió, me pregunto en donde estará.
Habían pasado ya horas desde que abrieron el ataúd en donde yacía mi cuerpo, el ambiente estaba tranquilo, yo aun desesperada de la incertidumbre, el encargado de la capilla se dirigió hacia el cofrecito caoba y lentamente lo fue cerrando, estuvo como por 15 minutos cerrado hasta que 6 de mis familiares (Incluyendo mi abuela paterna) ayudaron a cargarla, mi inercia solo me permitió caminar tras ellos.
Todos salieron de la capilla cantando prosas fúnebres de flores blancas. No me percaté que al lado de la capilla había un cementerio y nos dirigíamos hacia allá, vi muchos epitafios, recorrimos unas docenas de ellos hasta que busqué con mi vista al ya mencionado y vi que ya estaba ubicado en su posición encima de la fosa donde sería enterrado mi cuerpo.
El cura estaba a un lateral de mi féretro y empezó a salpicarle agua bendita mientras rezaba el padre nuestro, en este momento ya todas las personas parecían sombras a mis ojos, ya no las detallaba bien, solo escuchaba el llanto inconsolable de sus voces que taladraban mi oído y mi pecho en taquicardia intensa. Terminó el rezo y el ataúd empezó a descender, sentía que cada vez que la manivela se movía y la urna bajaba poco a poco se llevaba mi alma, por pedacitos, se llevaba mi hígado, mis intestinos, mis riñones, mis extremidades, y me arrancaba el corazón y se me desangraba (¿Pero cual sangre si yo estaba muerta?) al ver que lo que yo usé una vez para abrazar, besar, amar, destruir, corromper, tentar, acariciar a mi prójimo se iba bajo tierra, inerte, sin posibilidad de que se moviera e hiciera esas cosas, cosas carnales. En ese momento yo estaba hundida en llanto, como todas las personas que ahí se encontraban, me lloraban a mi misma, algunos con hipocresía eso lo se muy bien, recordé mi niñez, mi adolescencia y me pregunté _ ¿Por que se me ha ido la vida tan pronto? ¡No me dio tiempo de nada¡ !Nunca sufrí esas enfermedades de la vejez¡ ¡Era una persona normal con ganas de vivir y pensaba que la muerte vendría a mi mucho después como a todos¡ ¡Pero no!!! ¡Algo falló!!! ¡Alguien me mató, sin piedad, y lo peor es que no recuerdo nada! ¡Entonces estoy aquí…o…no se si en verdad estoy porque ya deje de ser!
Ya el borde plateado del féretro se escondía bajo tierra, dejé de llorar, solo mi estado me permitía tener espasmos mientras moqueaba y creía respirar.
_Así que, el famoso purgatorio si existe_ Me dije a mi misma_ nunca creí en él… ya que no vivo sabré de las cosas de las cosas que el hombre siempre se preguntó… pero ¿Dónde esta Dios? Según el dogma religioso yo seria juzgada justo cuando muriera entonces ¿Cuándo seré juzgada? Soy católica no es de extrañar que crea en eso_
De repente un extraño sonido me sacó del trance, abrí los ojos y me asusté al ver que todo estaba oscuro y en la profundidad del hipnotizante negro alcancé a ver unos ojos brillantes, pero no eran humanos, esa mirada era de bestia, el susto solo me permitió correr al lado contrario de donde lo vi pero en medio de la fuerte corrida el ser me alcanzo y me agarró con su garra en mi nuca, sentí su respiración en mis cabellos…¿Qué como era esa bestia? Bueno, solo puedo decir que era una quimera de todo lo macabro y feo que se puede ver, se los dejo a su imaginación. Él me apretó más con sus garras que me perforaron la piel como espinas, supe que sangraba porque en mi cuello sentía la sangre caliente que bajaba y recorría mi cuerpo, el monstruo se acerco a mi oreja y me dijo: _Debes venir conmigo_. Y yo le dije tranquila, manipulada y algo ida: _No_. La abominación me apretó más y sentí que mis pupilas se dilataron y cerré mis ojos y cuando los abrí vi el sol y el amanecer, olvide mi muerte, solo me alivié del dolor y la angustia, porque había amanecido.


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