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5 min
ANSIEDAD LITERARIA 1
Reales |
02.11.20
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Sinopsis

Dos escritores buscan la manera de promocionarse.

Hace unos cuántos años, poco antes de la gran revolución de Internet yo colaboraba en una revista de temas  paranormales con relatos de terror, o artículos sobre dicho tema. Pero debido a que su director cayó enfermo de gravedad ésta se dejó de publicar.

Y eso mismo  le expliqué a mi amigo Vicente con cierta preocupación cuando lo fui a visitar a su casa que estaba ubicada  en la misma calle que la mía, porque sin un medio literario que me permitiese expresar mis pensamientoso y relatos por fantásticos que fueran dirigidos al menos a un colectivo de la sociedad, yo tenía la sensación de que no viviría con plenitud.

Mi amigo Vicente que era un sujeto bien parecido; alto, moreno cuya fisonomíal recordaba vagamente a algunos galanes del Séptimo Arte; aunque era también bastante presuntuoso y muy introvertido, al haber leído algunos de mis trabajos en aquella revista se le había avivado su gusanillo creador; pero asimismo éste constituía una manera de engrandecer a su ego con el objeto de suscitar la admiración de quienes le rodeaban; y por supuesto él no tenía porque ser menos que los demás. Por tanto Vicente había escrito buenas novelas y relatos basados en sus experiencias vitales, los cuales los había enviado a distintos certámenes de Premios Literarios, así como a editoriales de nuestra ciudad pero sin ningún éxito.

No obstante Vicente lejos de desanimarse me decía con un forzado optimismo:

- ¡Ya verás como al final todo saldrá bien! Tenemos que conseguir que los editores nos hagan caso, y luego todo irá sobre ruedas.

- ¿Si? Pues ya me dirás cómo lo hacemos para que el mundo de las letras nos abra sus puertas - le respondí yo con esceptismo-. He llamado también a varios agentes literarios para que me ayuden a editar una novela de terror que escribí hace un par de años y tampoco quieren saber nada de lo mío. Pienso que si realmente queremos hacer algo, tenemos que valernos por nosotros mismos. Si no podemos publicar de una forma directa, convencional ¿por qué no nos convertimos nosotros en editores de nuestros trabajos? - le sugerí a mi amigo.

- Sí... Buena idea. - convino Vicente-. Para ello sería necesario fundar nuestra propia revista literaria que saldría mensualmente, en la que colaborasen también varios autores con el deseo de ver publicados sus escritos. Tiene que ser una revista en la que se pueda hablar de todo, y en la lengua que se quiera.

- Naturalmente. Yo me encargo de buscar a los autores- me ofrecí con resolución-. Ahora bien. Tú con lo reservado que eres, con lo sosito que eres - dije con chanza- ¿te verás capaz de de exponer tus opiniones; tu talante artístico ante el posible numeroso lector? - quise saber-. Porque pienso yo que un escritor es un poco como un actor de cine o de teatro. Somos un tanto exibicionistas porque mostramos al público nuestro fondo interior. Aunque retratemos a personajes diferenes de nuestra psicología personal, siempre en la historia que relatemos trascenderá un poco o un mucho nuestra manera de ser.

- Bueno hombre. Haré un esfuerzo. Todo sea por el amor al Arte - respondió él con una sonrisa.

Aún estuvimos un buen rato mi amigo y yo pensando en el nombre que le pondríamos a aquella publicación para que el público reparase en ella, y al fin optamos por llamarla LA BUENA LETRA.

Así pues que no tardé en ponerme manos a la obra. Al día siguiente de haber visitado a mi amigo Vicente, cuando fui a comprar el pan como todos los días, me adentré en una Tabacalera donde se podían poner anuncios económicos en una revista semanal de la comarca. En el anuncio que yo publiqué se solicitaba a escrritores de varios géneros para colaborar en nuestra revista.que saldría en breve, y en caso de interesar que me llamasen por teléfono para concertar una entrevista un domingo por la tarde en el domicilio de mi amigo Vicente.

Por ota parte como yo en aquellos años trabajaba en el Ayuntamiento de la localidad en la que resido,y estaba destinado en un Edificio que está situado en el centro de la misma en el que hay el Mercado Municipal y la Biblioteca Pública junto a otros departamentos oficiales, hablé con una funcionaria llamada Cristina que era la encargada de organizar todos los eventos culturales que se celebraban en aquel pueblo, y le propuse  de colaborar en nuestro proyecto literario.

- Podrás escribir sobre lo que quieras, y en el idioma que prefieras - le dije yo.

- ¡Ah! Claro que sí. Colaboraré con mucho gusto - aceptó ella enseguida-. Ya me dirás algo cuando esté todo listo.

Cristina era una atractiva mujer. Alta, morena y con gafas. De manera que me vino la idea que si el proyecto salía bien, como los dos navegaríamos en el mismo barco literario, por extensión, también podríamos entendernos en un plano más íntimo. Pues a nadie le amarga un dulce.

En vista de la aceptación sin reservas de la funcionaria, me apercibí de inmediato que a pesar de la lúdica labor cultural que ella o cualquier otra persona pueda desempeñar en una institución había un oculto anhelo de explicarse a sí mismo, de dar su particular punto de vista sobre cualquier asunto a los demás, al margen de toda convención social; del discurso estereotipado habitual, ya que por lo general  solemos hablar de un modo formulista y pragmático sujeto a unos tópicos sociales. que en muchas ocasiones nada tienen que ver con lo que pensamos o sentimos.

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