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13 min
Antes Bruno buscaba oscuridad
Drama |
01.02.21
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Sinopsis

Bruno no siempre fue así, como todos sus actuales allegados lo conocen. Su mejor amiga nos narra la historia de su amistad con él, desde su punto de vista.

Todos creen que lo conocen, me doy cuenta de eso fácilmente. Creen que saben bien como es Bruno, pero no es así. Yo soy la única que sabe por lo que ha pasado. Soy su mejor amiga.

Así es, ni siquiera su familia, (si es que alguno de ellos sigue con vida) puede presumir de eso. Nunca han podido, pues nunca se han interesado por él de una manera genuina y sincera. Yo me interesé por él desde el momento en que lo ví por primera vez, ese primer día de clases del año 1990, cuando ambos contábamos con sólo 6 años de edad.

Lo único que tengo para recriminarme es el no haber hecho nada por él hasta años después de eso. Cada vez que pienso en esto me pregunto si algo habría sido distinto de haber actuado de otro modo.

No es que no me hubiera dado cuenta de nada. A pesar de mi corta edad, me percataba de las cosas. Mientras el resto de los niños eran llevados al colegio por algún tutor responsable, él llegó solo. Nadie lo notó, excepto yo. Miraba el suelo mientras caminaba. Su descuidado guardapolvo delataba que lo había heredado de un hermano o hermana mayor, y que nadie se preocupó porque esa cosa se viera blanca.

Sigo sin entender cómo es que nadie más notó a alguien tan solo. O, tal vez eran como yo, temían entrometerse, temían hacer algo equivocado.

En el salón continuó solo todo el tiempo, en un banco del rincón.

—Me gustaría hablarle —le dije, durante el recreo, a una amiga que tuve en esa época.

Ella me aconsejó no hacerlo, luego de dedicarle una mirada de menos de un segundo, alegando que debía ser un nene malo. Luego, me llevó a jugar con otras nenas. No podíamos desperdiciar ni un segundo del recreo.

Había momentos en que me olvidaba de esas preocupaciones, pues lo veía hablando con otros nenes, y hasta se sentaba con ellos en algunas clases. Sin embargo, por momentos volvía a ser ese chico necesitado de atención, de alguien que lo comprendiera. Ni los "amigos" con los que lo veía parecían comprenderlo.

Años después él seguía igual. Mi interés se había convertido en algo de todos los días.

Durante ese tiempo llegué a intercambiar algunas palabras con él, de vez en cuando, pero no pasaba de ser una simple conocida del montón.

La razón principal por la que mis pensamientos respecto a él persistian era que en todo ese tiempo no había visto a sus padres. Puede parecer raro que me extrañara eso, pero ya había llegado a conocer a la familia de todos mis compañeros, excepto a la de Bruno. Claro que eso cambió luego de que nuestra amistad dió inicio.

Recuerdo bien ese día. Él, actualmente, relata ese episodio entre risas, como una anécdota divertida, a gente que no estuvo en el lugar cuando ocurrió, por lo que no entienden el verdadero significado de eso; pero yo sí.

No consigo recordar de que estaba hablando con ese grupo de compañeras, pero no creo que fuera importante; solo cosas normales de chicas de 11 años, probablemente. Entonces ví a Bruno.

Lo traía Leandro hacia nosotras, lo cual me dió mala espina. Jamás me cayó bien ese tonto. Era el payaso de la clase. Le gustaba molestar a otros, pero había hallado en Bruno a su víctima favorita, ya que se enojaba mucho por esas bromas estúpidas, lo que divertía bastante a Leandro, al que Bruno parecía perdonar una y otra vez, pues en más de una ocasión lo ví acompañándolo mansamente, como ese día que lo acercó a nosotras, no recuerdo con que excusa.

Creo que Bruno iba a decirnos algo, no estoy segura; cuando el idiota de Maxi salió de la nada. Éste sujetó rápidamente la parte superior del pantalón de Bruno, y bajó éste hasta la altura de los tobillos. Acto seguido, Leandro lo pisó para impedir que su víctima pudiera subirselo, cosa que no demoró en intentar hacer.

Dejarlo en calzoncillos delante de nosotras era lo que querian, y lo que consiguieron. Así de inmaduros eran, y probablemente siguen siendo, donde sea que estén; no lo sé, pues no los he vuelto a ver desde esa época donde los dos siempre estaban asociados, de una forma u otra, a alguna payasada como esa. Lo peor era que la mayoría celebraba las payasadas que hacían, cosa que yo nunca hice, y ese día tuve más que suficiente. Enfurecí.

Mientras las otras chicas se reían de Bruno, que no podía hacer más que cubrir inútilmente, con sus manos, su ya desgastada ropa interior negrs, yo reaccioné de un modo que no lamenté, y que no voy a lamentar jamás, propinandole un buen golpe en la cara al desprevenido Leandro. Ante eso, Maxi se me echó encima, pero no pudo hacerme daño, pues Bruno (con el pantalón en su lugar) se puso en medio de ambos, empezando así un verdadero lío entre los cuatro, que hizo que el grupo de chicas saliera corriendo del lugar, y que no duró mucho, gracias a la intervención de una maestra.

¿Por qué esa docente no pudo aparecer antes, evitando que yo tuviera que defenderlo, y así solo ese par hubiese sido llevado a la dirección? No lo sé. La cuestión fue que los cuatro acabamos ahí, y con una nota para nuestros padres en el cuaderno de comunicaciones.

El que yo haya terminado involucrada era lo de menos; valía la pena si caían también esos dos. Lo que me disgustó fue que Bruno también quedara como peleonero ante las autoridades de la escuela, cuando era la víctima.

Tampoco sus padres entendieron eso, según supe poco tiempo después, pues él me lo comentó, además de que lo comprobé por mi misma cuando vi llegar a su madre al colegio.

Me bastó una mirada para formarme una idea de cómo era su forma de ser, y para confirmar lo que Bruno me había confiado sobre los tratos que recibía en su casa. Era de contextura robusta, con una expresión de continúo desprecio en el rostro. La acompañaban una nena de 5 años y un pequeño bebé que llevaba en sus brazos, hasta que lo pasó a los de la niña para encender un cigarrillo, a pesar de estar a punto de entrar en la escuela. Bruno no se veía contento por verla.

La señora pasó junto a él, lo agarró del brazo con la mano que le quedaba libre, y caminaron rumbo a la dirección. Noté una mirada de reproche en esos breves segundos que estuve parada en el lugar, mientras el resto atendía sus cosas.

Bruno me contó que llevó a sus hermanas menores para causar lastima, que solía hacerlo.

Siempre lo noté aliviado luego de hablarme de esas cosas, como si necesitara hablar de ciertos temas, lo que me dió otra razón para no lamentar el haberme metido en medio. Nuestra amistad nació gracias a eso.

Recuerdo que, al día siguiente de la pelea, me senté junto a él, en caso de que alguien quisiera molestarlo. Al principio se portó frío conmigo. Debía creer que lo hacía por lástima. Pero no tardó en soltarse y, a la hora de la salida, parecíamos viejos amigos.

Pronto fue un invitado recurrente en mi casa, aunque nunca por muchas horas, pues su madre se enfurecía si regresaba tarde a la suya, según me explicó.

La mía, antes de conocerlo, tenía sus dudas sobre si sería una buena junta para mí. Me parece que lo creía responsable de la pelea en la que me involucré, que la obligó a ir a la escuela a tratar el tema con la preceotora. Pero eso cambió la primera vez que él me visitó. Le cayó bien enseguida.

Afortunadamente fue así, pues estaba decidida a ser su amiga. Claro que no faltó el predecible y clásico "Bruno tiene novia", de parte de nuestros compañeros; entre otras cosas de ese estilo, que no venían al caso, pues siempre hemos sido como hermanos. Sé que él siente lo mismo, es muy obvio. Ahora estoy felizmente casada, y él está feliz juntado con su actual pareja.

Nuestra relación ha sido así desde el primer día. Siempre intenté ayudarlo. La mayoría de las veces sin éxito.

Recuerdo la primera vez que fuí a su departamento de soltero, cuando ya teníamos 20 años, y había pasado poco tiempo desde que había decidido irse a vivir solo, después de otra desagradable discusión con su mamá. Nunca supe a que se debió. Iba poco a su casa, pues no les caía bien a su madre y a su padrastro, quienes me tenían como la culpable de aquel llamado a Dirección.

Una de sus hermanas estaba ayudándolo cuando llegué. Me uní a ellos inmediatamente.

Ese nuevo lugar era igual de lúgubre y desgastado que su antigua casa, sólo que más pequeño y barato.

Como no teníamos mucho que acomodar terminamos rápido y, luego de tomar juntos unos mates, ella se retiró; en su casa creían que estaba haciendo la tarea con una amiga, y debía volver antes de que se dieran cuenta del engaño.

Quedamos solos él y yo, justo lo que quería desde hacía varios días.

—Tenemos que hablar —empecé—. Hablemos sobre Lucía.

Él lo veía venir, me dí cuenta. Con expresión resignada se sentó en una silla próxima, y yo hice lo mismo. Hablamos.

Llevaba poco tiempo en aquella relación, pero era suficiente para que hasta el más distraído se diera cuenta de que no podía continuar. No debía.

Lucía no me quería, eso es cierto, pero no era esa la razón por la que le aconsejaba cortar con ella. El problema era el por que yo no le agradaba: nunca había visto a alguien tan posesiva y manipuladora como ella.

Le molestaba que Bruno se juntara mucho conmigo o con su familia (ella había insistido mucho en que se mudara a ese departamento), y cada vez empeoraba más.

Lejos estaba de saber, en ese entonces, que no sería la única relación tóxica en la que estaría involucrado, ni la peor.

Tiempo después de que Lucía lo dejara, llevándose lejos al hijo de ambos, Bruno conoció a Rocío.

No tuvieron hijos pero, al igual que Lucía, lo maltrató y abandonó, para irse con otro, llevándose el dinero de Bruno.

Debido a esto, me sorprendió tanto que, años después, iniciara una nueva relación con esa tal Mónica; que fue igual de nociva que las otras.

Cualquiera diría que Bruno no podía percatarse de todas esas cosas hasta que ya era tarde, que no aprendía de sus errores, pero yo estoy segura de conocer la verdad: a él le gustaba eso, lo buscaba. Era como si solo pudiera aceptar oscuridad en su vida, como si no tuviera permitido tener algo mejor, y solo buscaba eso: oscuridad.

Sufrir a propósito, ser miserable, era el destino que se había impuesto. Es muy diferente ahora, pero nada cambiará lo que él solía ser.

No sé en que momento exacto de su vida decidió empezar a llevar ese camino, o si fue algo que ni siquiera decidió él, pero en la época de su noviazgo con Lucía, ese deseo debía estar instalado con fuerza dentro suyo.

Aclaro que yo no tenía modo de saber esto en esas ocasiones, cuando perdía mi tiempo aconsejandolo a que terminara con esas mujeres.

Nunca me respondió agresivamente, pero siempre decía que les daría tiempo, que cambiarían, y me pedía que confiara en él.

Siempre lo hice, solo por respeto a nuestra amistad.

Al poco tiempo de la mudanza, Lucía se fue a vivir con él; para abandonarlo años después, junto a su pequeño rehén, con todo el dinero con el que ambos contaban.

Hasta el día de hoy no tenemos idea de dónde estarán.

Claro que jamás salió de mis labios un "te lo dije", ni siquiera cuando se lo merecía, como en ese caso. En cambio, estuve ahí para él, apoyándolo, animandolo, y regresando a mi postura de consejera cuando llevaba unas semanas saliendo con Rocío.

Igual que con Lucía, no me escuchó, y la invitó a vivir con él, luego de que ya había juntado mucha plata, gracias a su trabajo. Plata que se esfumó, tiempo después, junto con ella y su amante.

Me parece que la venda de mis ojos se cayó en la época en la que salía con Mónica. Creo que fue entonces cuando descubrí su amor por la oscuridad, y hasta donde llegaba.

Mónica, por lo menos, tuvo la gentileza de morirse en lugar de fugarse. No me molesté en enterarme del nombre de su enfermedad, la cual tenía desde antes de conocerlo.

Lo único que siempre lamenté fue que estuviera esperando una niña de Bruno cuando eso sucedió.

Antes de que la historia se repitiera hice otro intento por intervenir. No importa que esa vida sea la que él mismo buscara, no es bueno, ni sano, para él.

Actualmente no es ni remotamente parecido a lo que era. Todos nuestros conocidos, su actual pareja y sus hijos, no imaginan siquiera su pasado, todo por lo que pasó, que hay detrás de esa enorme sonrisa que siempre tiene.

Espero que, efectivamente, eso haya quedado atrás. Por supuesto qur siempre estaré con él por si acaso.

Mi marido siempre se enoja por eso, dice que parece que quiero más a Bruno que a él, que no le presto atención, pero sé que no es en serio, siempre se le pasa.

Hablando de eso, lo mejor terminar de escribir justo ahora, y atender mis obligaciones rápido, o se va a enojar conmigo cuando llegue.

Me asusta cuando se pone así de violento, pero si me apuro eso no va a pasar.

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