cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

15 min
antes de que muera.
Ciencia Ficción |
17.11.19
  • 4
  • 8
  • 1564
Sinopsis

Writing Prompt: Un escritor cae en un coma y todos los personajes de su cabeza intentan mantenerlo con vida. Historias mencionadas: - Así Somos (Delilah) - Crónica de una vida anunciada (Lola) - La Caja de Pandora (Gary) - VALERIA (Valeria) (Todas las historias disponibles en mi perfil)

Era un día nublado, de esos en los que la lluvia baila en los bosques y las calles son frías en el mejor de los sentidos. Era un día más, como ella hubiese opinado, y no uno menos; un día que ella hubiera adorado, el espíritu navideño comenzaba a nacer de nuevo pero ella no podía verlo.
El tiempo había pasado demasiado rápido, tanto que parecía irreal, nadie era igual, nada era lo mismo. Todo parecía mentira, quizá lo era, ¿cómo había sobrevivido todos estos años? No hay paz para los malditos y ella estaba prohibida por el universo, incluso antes de existir.
La cama del hospital era cómoda, la habitación era demasiado clara y estéril, anciana y sin color; ella era joven y hubiese saltado en ese colchón los veinte años que tenía tras sus ojos, quizá caer y romper sus huesos de risa y diversión.
Era demasiado pronto para marchar, para sus padres y los médicos, para todas las personas a quién una vez dio vida, pues ella era escritora y la tinta nunca muere.
Ella. Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver.
Allí estaba, en plena oscuridad, cerrar podrá sus ojos la postrera sombra, como uno de sus poetas favoritos diría, con las manos cálidas resguardadas del temblor por su propia imaginación: Valeria, Gary, Lola y Delilah, todas las personas que una vez se atrevió a crear.
Si ella perdía el sentido, ellos perdían el norte; si ella desaparecía, ellos nunca habrían existido, pues solo ella sabía de ellos y viceversa; a veces era invisible ante los demás y ante su reflejo, muy pocas veces era capaz de encontrarse.
Valeria era una joven de dieciocho años demasiado adelantada para su época y su patria, controversia y caos, vestidos propios de los años cuarenta y delicadeza revolucionaria. Era inocente a los ojos de su amada pero fuego y problemas a los ojos de su familia.
Gary era un joven de veintiocho años que poseía un bar en los oscuros callejones de Chicago, su caja de Pandora donde todos podían acudir a narrar sus desgracias y tragedias griegas. Era amigable y atento, observador con los detalles; irónico y divertido, quizá para ocultar las grietas que le mantenían unido, con mucho esfuerzo, unos minutos más. Sabía escuchar a los demás pero nunca tenía en cuenta lo que él mismo se decía.
Lola era una mujer de setenta años cuyo nombre no era conocido aún, pues ella aún no había llegado a esa parte de la historia y no se sabía si llegaría alguna vez. Era profesora de literatura y cliché, una de las escritoras más atormentadas de su generación; aún así era una niña en comparación con Valeria, nacieron en la misma generación en dos líneas temporales diferentes. Podías reconocerla por la crudeza con la que observaba al mundo, de forma subjetiva y abrumadora, no existían más filtros que los de los cigarrillos que fumaba, el whisky también ayudaba en épocas de sequía creativa.
Por último se encontraba Delilah, una chica de veintiséis años con un vida sencillamente complicada: las relaciones familiares no entraban en sus virtudes, era demasiado independiente quizá y cualquier interacción con otra persona acababa en desastre, atraía el desorden excepto por casos aislados donde la vida funcionaba sorprendentemente bien y no se permitía creerlo. De los cuatro era, sin duda, la más real y puede que la más tóxica para ella.
Ella, suena confuso dirigirse a alguien que está hablando ante tu mirada ahora mismo con un pronombre. ¿Quién es ella?, no tiene nombre, no tiene importancia porque su historia no es memorable. Los protagonistas son las estrellas, el sol y las cuatro ideas que cobraron significado en su cabeza cuando nada más podía. Ella es solo la mensajera, una vía para contar historias que nunca fueron escritas. Pero eso ya no convenía pues se estaba apagando y aquel grupo de cuatro se estaba quedando a cero.
— ¿Creéis que va a despertar? — preguntó Valeria.
— Sí, claro, no te preocupes. — contestó Delilah.
Resultaba difícil no pensar en aquello, en la posibilidad de no despertar, aunque creyesen que aquel coma era una pausa creativa y solo necesitaba descansar, reparar las ideas que se han roto en el proceso de pensar más de lo debido. La realidad era otra.
— Yo creo que no. — respondió Lola en la otra esquina de la habitación, con un cigarro entre sus dedos.
— Sabes que no puedes fumar aquí, ¿verdad? Estamos en un hospital. — respondió Gary, que se encontraba sentado al lado de la cama, en una de las sillas.
— ¿Sabes que no somos reales? — respondió Lola. — Si una enfermera entrase por esa puerta ahora mismo no podría vernos, prácticamente no estoy fumando porque este cigarro no existe, al igual que nosotros.
— Lola, no empieces, no aquí ni ahora. — pidió Delilah, su tono era cansado y estaba lleno de terror. Podría no abrir los ojos mañana.
— ¿Quieres que mienta, que diga que nuestras vidas importan? Estamos aquí por ella, porque sin su presencia no hay cabida para la nuestra. Podríamos no haber hablado nunca y debemos aceptar la posibilidad de que, quizá, no volvamos a hacerlo nunca.
— ¿Cómo puedes decirme que nuestras vidas carecen de importancia? Después de nacer en la misma época, de sufrir los mismos ataques y romper los mismos muros, ¿vas a darle la razón a aquellos que intentaron frenarte? — preguntó Valeria, estaba dolida, un nudo en su garganta se había formado y estaba a punto de estallar.
— Ella nos ha posicionado en la época que favorecía la historia, en realidad sientes tal impotencia porque ella te creó a partir de la revolución, como un personaje que defiende aquello que no es válido en tiempos vetustos; ambas actuamos acorde a un guión, incluso ahora mismo, cuando su cabeza está a mitad de camino de desconectar nos hace comportarnos así. No es real, cielo, al igual que Nina no lo es.
— Lola, ¿puedes callarte, por favor? — preguntó Gary ante la reacción de Valeria, quién había agachado su cabeza para ocultar las lágrimas. Real o no, adulta e independiente, seguía teniendo la mentalidad asustadiza de una joven muchacha.
— ¿Sabéis que mi nombre ni siquiera es Lola? Aún no sé como me llamo en realidad, solo la idea de mi nombre y de lo que voy a hacer después, pero nunca estoy en un terreno seguro. ¿Cómo voy a compartir el propio concepto de mi nombre si los lectores aún no lo conocen?
— Ya te he dicho que no es momento ni lugar, ¿por qué dices esto ahora? Y no quiero que me respondas diciendo que ella te creó así porque todos sabemos que somos capaces de pensar por nosotros mismos. — dijo Delilah.
— Eso es lo que ella quiere que creamos, que somos independientes. Gary, tu bar no existe, Shawn no ha escapado con uno de tus clientes porque esa parte de Chicago no es real. Y Delilah, puede que tu situación sea la más realista, pero el orden de los acontecimientos y ciertas partes en tu historia son pura inventiva. ¿Nunca os habéis preguntado por qué nosotros? ¿Por qué somos de este modo?
— ¿Es realmente necesario que pensemos eso ahora? — preguntó Gary.
— Solo pretendo que seáis conscientes de la fragilidad de vuestra existencia, es tan perecedera como la suya. Puede parecer que tenemos todo bajo control, que sabemos como va acabar lo que una vez nos hizo empezar, pero en realidad estamos igual de perdidos que ella. Somos ella, ¿no os habéis dado cuenta de que nos creó en tiempos oscuros, cuando no tenía nada ni nadie con quién hablar? Por ejemplo, a Valeria la creó años atrás, cuando las ideas eran un montón de sentimientos inconexos que sigue sin poder definir con claridad; a Gary le creó hace unos meses, cuando tenía demasiado tiempo libre y quería hacer algo diferente, algo que llevaría a cabo en la vida real pero que no se atreve ni a pensar; y a ti, Delilah, a ti te creó fruto de la ira y la desesperación, eres frustración convertida en diálogos. Todos nosotros, todos nuestros escenarios y los personajes de nuestras historias están basados en alguien o en algo, en ella.
— ¿Y tú? — preguntó Delilah.
— Yo soy su necesidad de ser reconocida, soy un cliché, una leyenda. Esa escritora atormentada que es de vez en cuando porque nadie es capaz de ser feliz tanto tiempo. Soy su cara oculta, lo que se imagina cuando piensa en un futuro: éxito pero soledad, demasiado independiente para dos personas. Me ha creado varias veces, o al menos, la idea de mí ha sido mencionada en otras historias que no son tan relevantes.
— ¿Y qué hacemos? ¿Dejamos de ser los protagonistas de la historia, comenzamos a odiarla? — preguntó Valeria.
— No puedes odiar a tu creador, al menos es lo que la gente opina, tú no decides si te quedas o te vas, lo hace algo superior a tu propio entendimiento; el equilibrio de nuestros mundos depende de ella y estamos desapareciendo, como personajes que somos, porque nos ignora o nos olvida. Porque se muere.
— No se está muriendo. — dijo Valeria.
— Puede que no, puede que abra los ojos al final pero, ¿y si comienza a aburrirse? Ya no nos narra como lo hacía antes, tú no volviste a hablar hasta hace unos meses, Valeria. Somos entretenimiento, palabras que pueden llegar a ser libros o ideas publicadas en algún sitio que cerrará o cuaderno que nunca verá la luz. Deberíamos aceptar que quizá ese sea nuestro destino, tarde o temprano, dejaremos de hablar.
El cielo se volvió más gris, ya no era reconfortante mirar las gotas a través de la ventana, la realidad comenzaba a dividirse en capas que ellos podían ver; sus cuerpos comenzaban a desaparecer con lentitud y sin sufrir, sabían las condiciones aunque solo Lola se atreviese a mencionarlas en voz alta.
Sus constantes vitales bajaban, las paredes empezaban a fallar como pantallas rotas.
— ¿Y si procuramos que eso suceda lo más tarde posible? Puede que se cansé de nosotros algún día, pero prefiero eso a que muera. — dijo Gary. Cada vez la habitación estaba más distorsionada, el cielo comenzaba a agruparse en remolinos y truenos, su cabeza estaba destruyéndose, como ruinas de algo que una vez fue, aunque no se sepa el qué.
— ¿Y qué podemos hacer? — preguntó Valeria.
Lola se acercó a la cama mientras apagaba el cigarrillo en el suelo y el viento resonaba con furia. Suporte era elegante y seguro, firme sobre cual era el plan a proponer, aunque temerosa de como todo podría resultar; su escepticismo no le prohibía ser más humana o querer vivir un tiempo más.
— Creemos que se encuentra en este estado por un bloqueo creativo, porque ha pensado tanto que su capacidad se ha agotado y ha borrado todos los límites existentes. Ella también lo cree, aunque las circunstancias sean otras, eso ayuda a que su cuerpo se mantenga fuerte y con vida, a que luche el tiempo necesario hasta encontrar una solución. Nosotros lo creemos porque ella lo cree, así que debemos encontrar una forma de saciar esa convicción; la repuesta a su bloque somos nosotros.
— ¿Y qué podría bloquearla? — peguntó Gary mientras el mundo llegaba a su fin. — Debemos saber a que nos enfrentamos.
— Puede ser por la frustración de no crear más allá de poemas o historias cortas, puede que no se encuentre inspirada por la falta de tiempo en su vida o que tenga demasiadas historias que atender, porque somos cinco, la suya también cuenta. — dijo Lola.
— ¿Y cuál es la que debemos combatir? — preguntó Valeria, alterada, no soltaba su mano creyendo que así podría parar la tormenta, que su fuerza podría hacer que abriese los ojos del dolor que provocaba, pero no funcionaba.
— Cualquiera, en realidad, podría ser correcta. Su mente necesita un motivo convincente, una solución que le aporte paz hasta que los médicos consigan resolver el verdadero problema; solo necesita una excusa para seguir luchando.
— ¿Y si decido marcharme? — preguntó Delilah.
— Ella no quiere que te vayas, no podrías hacerlo. — dijo Lola.
— ¿Crees que en este momento su cabeza va a detenerme? Necesita una solución y su instinto de supervivencia va a hacer lo posible para que continúe activa, incluso si eso significa borrarme.
— No creo que sea necesario hacer eso, Delilah. ¿Qué pasa con tu historia, con lo que quieres, con esas personas que cuentan contigo? Podrías tener una buena vida. — dijo Gary.
— ¿Y si no abre los ojos o no vuelve a ser la misma? No puedo arriesgarme, Gary. Somos personajes, historias que vienen y van y yo soy una que sobra. Lola tiene razón: nos ha creado a su imagen, a sus dudas y momentos necesitados. Vosotros tenéis un propósito: le ayudáis a mejorar, a saber quién es realmente y a ser curiosa, inteligente y diversa. Le ayudáis a crear mundos mejores y a hacer este mejor, inspiráis a personas. Yo, en cambio, le estoy frenando, soy el recuerdo amargo de Año Nuevo o de Nochebuenas guardadas con rencor; soy todas las cosas que no puede decir y todos los problemas en los que quiere participar. Soy tristeza, impotencia y rabia, soy tóxica y no creo que pueda ser útil. Debe aprender a pasar página, a no preocuparse porque alguien encuentre mi historia y se vea reflejada en ella.
— Puede que no quiera pasar página, puede que seas su vía de escape, la persona que necesita cuando todo va mal y no puede gritar ni siquiera a la Luna. — dijo Valeria.
Quedaban unos minutos antes de convertirse en polvo, apenas había luz natural en la habitación, los muebles había cambiado su posición, las luces parpadeaban de forma frenética.
— Pero yo no quiero ser eso, no quiero ser rencor ni la persona a la que necesite gritar. Es su vida o el recuerdo y no voy a dejar que elija.
Delilah tenía lágrimas en sus ojos, lágrimas que iban y venían y un sentimiento de miedo que paralizaba la piel. Estaba siendo independiente, por primera vez, humana. Sentía el dolor, el cansancio y el peso del mundo en sus hombros, podía notar como ella no le controlaba y lo duro que podía resultar.
Se despidió de todos temblando, sin abrazos ni miradas de larga duración, no quería sentir más allá del sufrimiento que estaba experimentando.
De pronto sentía aquello que ella había descrito en los capítulos, comprendía las palabras que había dicho y recordaba los momentos como algo más que una escena o un diálogo que decir, actuando y sin alma o color; no lograba entender como había sido capaz de vivir con tales emociones, se sentía rota y sabía que era algo irreparable.
Sujetó con fuerza el manillar de la puerta, notaba el frío del acero por primera vez y el ardor en el centro del pecho por no poder llorar y disfrutar de ello; estaba fuera de control.
Al girarlo suspiró por última vez, antes de que la oscuridad se la tragase y solo quedase el silencio.
No había transcurrido el tiempo, los muebles permanecían en sus respectivos lugares y el cielo continuaba con ese gris propio del invierno. No había tormenta, no había dolores de cabeza cuando ella despertó.
No estaban Gary, Valeria o Lola. No estaba Delilah, aunque ella no recordase quién era; aún así se sentía vacía, algo había cambiado, aquella paz interior era aterradora.
Sintió la necesidad de levantarse y correr hacia la puerta, con las vías y la bolsa de suero, con los cables del electro siendo arrancados por la fuerza de su movimiento.
Salió al pasillo con el corazón en un puño, demasiado silencio, demasiada tranquilidad; así no funcionaban las cosas en su mundo, ¿dónde estaba?
Giró una esquina y creyó ver una silueta al final del corredor idéntica a la suya, irradiaba el descontrol que ella añoraba. Quiso alcanzarla pero despareció antes de que pudiese dar un paso.
Había conseguido volver, pero, ¿a qué precio?
 

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor
  • 275
  • 4.54
  • 170

Poetisa empedernida en busca de ser todo lo que el mundo siempre quiso tener.

Tienda

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta