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6 min
Antes del fútbol
Históricos |
10.12.12
  • 4
  • 7
  • 3572
Sinopsis

En un Pub de Manchester me presentaron a un tipo que decía que era druida. No sabía pociones mágicas ni nada de brujeria pero se conocía infinidad de plantas medicinales y algunas leyendas antiguas bastante interesantes.

 

Antes del fútbol



 

      En la época en que los romanos creían haber conquistado Britania.

     Dos hermanos bravos guerreros de una numerosa tribu de siluros del jefe Eoghan, aposentada en las llanuras del norte de la actual Monmouthshire, fueron a ver a su padre, el mismísimo jefe Eoghan. Querían preguntarle cual de los dos tenía el derecho a llevarse más sandías fermentadas de la despensa comunal, porque el número de sandías no era par y algunas eran más grandes que otras y en definitiva no se ponían de acuerdo en el reparto. Ninguno de los dos hermanos quería ceder porque la sandía fermentada era el mejor, por no decir el único, premio que podían ofrecer a sus hombres después de la guerra.

     El padre, el jefe Eoghan, contento porque esa misma mañana habían logrado emboscar con éxito a una patrulla romana, dijo que se le había ocurrido una gran idea: como la cabaña de la despensa estaba más o menos a igual distancia de la barraca de cada hermano, podían llevarse tantas sandías como quisieran con la ayuda de diez guerreros y sólo hasta que el bardo tocara el cuerno. Lo dijo cuando ya faltaba poco para que se pusiera el sol y el bardo tocaría el cuerno como cada día, señal de que todos los niños y mujeres tenían que volver al poblado vallado.

     Rápidamente los dos hermanos llamaron a sus diez mejores hombres y corrieron hacia el montículo de la despensa para llevarse toda la sandía fermentada que pudieran. Al llegar a la cabaña-despensa todos a la vez, como estaba hecha simplemente con troncos y ramas entrelazadas, las paredes no resistieron los empujones y la pelea que montaron los guerreros intentando coger las sandías más grandes.

     Al ver los destrozos, el jefe Eoghan se enfadó y empezó a gritar diciendo que eran unos imbéciles, que allí guardaban el grano para todo el invierno y que devolvieran todas las sandías y que pobre del que no hiciera caso porque él mismo se encargaría de arrancarle las tripas. Nadie dudó ni un momento de que hablaba en serio porque todos sabían que era el más bestia, fuerte y cruel de todos los siluros.

     Casi a la salida del sol, después de trabajar toda la noche, lograron finalizar la construcción de una nueva cabaña. Esa misma mañana, los dos hermanos volvieron a preguntar si podían llevarse las sandías pero el jefe Eoghan, que todavía se mostraba enfadado, dijo que de momento —no— pero que volvieran poco antes de la puesta de sol y ya les diría algo.

     El jefe había prohibido a todos acercarse a la despensa y había mandado a dos guerreros a hacer guardia aunque sabía que no podía privar a los hombres del premio del alcohol de la sandía fermentada porque habían luchado ganando las últimas batallas y demasiados amigos habían muerto. Y como la guerra no estaba ni mucho menos decidida, los ánimos de la tropa estaban un poco bajos, ya que carecían de comida abundante y muchos estaban lejos de sus familias. Un poco antes de la puesta de sol se dirigió él mismo a la nueva cabaña-despensa y comprobó que en realidad quedaban menos sandías de las que suponía y que si les decía que se llevaran todas las que pudieran, pronto se acabarían. Así que mandó rellenar sólo un saco de sandías y ante los dos hermanos, que estaban secundados cada uno por los mismos diez guerreros del día anterior, vació el saco de las sandías haciéndolas rodar colina abajo por la verde ladera tan clásica del hermoso paisaje de esa región. Y dijo: —Hoy sólo habrá estas sandías, cogedlas y ... —Ya nadie le escuchaba. Todos los guerreros, incluso los que se lo miraban desde más lejos, salieron a la carrera ya espada en mano para partir las sandías. Aquello también fue una batalla campal. El jefe se llevó las manos a la cabeza y se partía de risa viendo cómo sus hombres se apalizaban entre ellos hasta que uno de los guerreros le clavó grávemente la espada a uno del otro grupito.

     El propio jefe Eoghan lanzó al asesino al foso de los perros y una repentina y poderosa tormenta de agua hizo cobijarse a toda la tribu de valerosos guerreros.

 

     Al día siguiente, aún lloviendo, porque Eoghan envió a los dos grupos capitaneados por los dos hermanos a realizar un ataque sorpresa a las fortificaciones romanas fronterizas. Pasaron algunos dias sin tener noticias pero cuando volvieron los guerreros con corazas, espadas y cascos de romanos como trofeos, Eoghan dijo que por la noche habría reparto de sandía fermentada (esto significaba tirar un saco de ellas colina abajo). Pero estableció dos condiciones, la primera que sólo los dos hermanos con diez guerreros cada uno podrían recoger sandías del prado y segunda condición, sin espadas. El resultado fue desastroso para uno de los equipos, les vapulearon duro con palos y piedras y se quedaron sin conseguir ni una sola sandía fermentada.

     El jefe no podía permitir que su propio ejército se redujera en diez hombres menos cada vez, así que al día siguiente, comprobando que cada vez había menos sandías, prohibió piedras, palos, y todo tipo de arma o acción demasiado violenta que pudiera herir extremadamente a alguno de sus hombres. Durante el repartido, la mayoría de sandías quedaron aplastadas por el peso de quien había conseguido atraparla y de varias personas más encima. Así que el resto de tropa se quedó sin sandía y bastante enfadados porque bajo la montaña de gente también aparecían heridos graves.

     Al día siguiente, el jefe y los dos equipos, decidieron que nadie comería sandía hasta que se hubiera terminado el reparto y todas las sandías del saco vaciado colina abajo, estuvieran en una u otra barraca. Y además, el jefe las fue tirando una a una; hasta que un equipo no había logrado entrar la bola de sandía en su cabaña, no tiraba la siguiente. Aquello duró hasta la primavera. Cada fin de semana se olvidaban de la guerra y cada vez el jefe incorporaba nuevas reglas haciendo de juez con dos asistentes. Las sandías se terminaron esa temporada y uno de los hermanos comentó al final del campeonato que si los diez jugadores y él, que intentaba impedir que entraran las sandías por la puerta, no se hubiesen distribuido en un 1-5-4-1 claro sin extremos sino en un 1-4-3-3 más ofensivo seguramente no les habrían empatado. Y que la chilena de la última jugada entrando por la escuadra fue increible pero reconocía que los bajitos la tocaban mejor.

 

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  • Un relato fabuloso. Un saludo.
    Es una interesante transformación de una leyenda en una conversación futbolística de Pub. Supongo que tendría que hacerse con unas buenas pintas agarradas en las manos... nunca haciéndolas rodar barra abajo para que las cogiera el mejor guerrero.
    Escribe tus comentarios...La leche con las sandías.
    Suscribo lo dicho por Chinaski
    jajajjj me has hecho reir!!! esta frase es genial "pero uno de los hermanos comentó al final del campeonato que si los 10 jugadores y él que intentaba impedir que entraran las sandías por la puerta, no se hubiesen distribuido en un 1-5-4-1 claro sin extremos sino en un 1-4-3-3 más ofensivo"
    Es una gilipollez con mucha gracia. Se echa en falta humor muchas veces en esta página
    Escribe tus comentarios...
  • En un Pub de Manchester me presentaron a un tipo que decía que era druida. No sabía pociones mágicas ni nada de brujeria pero se conocía infinidad de plantas medicinales y algunas leyendas antiguas bastante interesantes.

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    Haré mios tus sueños. Lloraré tus penas

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Describirse a uno mismo me parece un poco falso i/o pedante. O como mínimo subjetivo. Así que solo puedo afirmar que me alegro de haberme conocido. Perdón por las faltas y gracias por las críticas contructivas.

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