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5 min
Aquel día que di una conferencia en Tusrelatos.com
Humor |
13.02.16
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Sinopsis

Es un corto relato de, como dice el titulo, un día que di una conferencia en Tusrelatos.com. Lo he puesto en Humor. Pero yo que coño se que es... Comentar todo lo que se os ocurra....

La popularidad de mis relatos se lanzó a un éxito inadecuado para mi inteligencia. Bueno, no solo para mi inteligencia, también para los medios que hacen que mi imaginación se dispare. No soy una persona que organice sus relatos, pero hoy voy hacer una excepción.

                Me encontraba cultivando la lectura en uno de los lugares más concurridos por los lectores. El retrete. Entre mis manos, un libro, del cual, podríamos decir que no sirve ni para limpiar defecaciones. Observé su narrativa pícara, y desde entonces una protuberante almorrana invadió la salida. Por lo que tengo entendido, es un tipo de lectura solo para chicas. Cosa que dudo, no creo que las mujeres quieran una cosa así en su casa. Y no solo hablo del libro, que de por si tiene una portada horrorosa; también me refiero a los personajes. Un Grey en casa, ¿Estamos locos?

No tuve más remedio que abandonar aquel ejemplar. Y bueno, estando en el WC, la papelera que rescata los residuos de un oloroso limpiado anal sería la mejor opción. No os creáis que no vislumbré la alternativa de reciclar. Pero la verdad, no estoy seguro de que esas hojas se puedan volver a usar.

                Ya abandonada la lectura, ¿Qué podía hacer en el váter, si no era leer? Miré al mi alrededor. Nada. Ya todo estaba leído: ingredientes del champú, modo de empleo de la mascarilla, contraindicaciones de cremas faciales, etc. Me estaba comenzando a aburrir. Entonces fue cuando lo vi.

El móvil dormía sobre un rollo de papel higiénico. Una luz, que iluminaba como un faro en la noche, restalló en él. Al desbloquearlo observe varios whatsapps, una notificación de Clash of Clans (Sus tropas están listas para la batalla) y unos doce correos sin leer.

                Fui descubriendo cada uno por orden de importancia. Primero jugué, luego leí las conversaciones haciendo descuido de ellas y como último; abrí el correo electrónico, Gmail en concreto (Sé que no os importa, pero menos me importa a mi lo que os importe a ustedes. Si me importara todo lo que me debería importar las cosas que importan, no escribiría la mierda esta.)  

En la bandeja de entrada se desplegaban diez correos de publicidad. Entre ellos: Offerum, tenemos una promoción especial para ti, gafas de sol para conducir. Había otro de Meetic donde me comunicaban que alguien estaba interesado en conocerme. Malditos hijos de puta, son más mentirosos que un político en elecciones. Hice el mismo gesto con todos. Pulsar: ELIMINAR.

                Solo me quede con dos. Uno de director de cine. Quería que renegociáramos mi cache. Pero, por mucho que le diera vueltas al asunto de los dineros, mi originalidad y mi arte, tiene un precio. En concreto, 180 millones de Euros.

                El último de los mensajes era del director de la Web Tusrelatos.com. Hablaba de dar una pequeña charla sobre originalidad y creatividad en la escritura. Por supuesto, como si aquel hombre fuese una especie de mago, hizo alusión al dinero.

< Estimado Pedro Romero. Me gustaría que colaboraras con la Web en una charla dedicada a nuestros escritores. Nos interesaría que hablases sobre ejercicios y técnicas de creación, originalidad e innovación literaria. Por si se le pasa por la cabeza que va a recibir algún tipo de recompensa económica por ello, de ante mano ya me encargo de decirle NO. Si usted, tras leer esto, no acepta; no importa, hay otros mejores.>

El texto no me impresionó nada. Y por eso fui. Y si os sorprende que fuese gratis, pues lo hice por el gusto de enseñar técnicas que yo solo conozco.

                Me ilusionó aquel comunicado. Preparé mi discurso ante el espejo de sacarme los pelos del entrecejo. Redacté un guion y se lo leí al tendero de la tienda que hay bajo casa. Me mando a la mierda y me dio otro guion, donde sumaba mi deuda.

                El día de la conferencia llegó. Fue en un pueblo del que no recuerdo el nombre. Si alguno de ustedes no se ha enterado de esta charla que he impartido, quizás sea porque no es usted demasiado bueno para ir.

Unos doscientos escritores se reunieron ante mi altar, con libretas y bolígrafos preparados para apuntar todo lo que mis cuerdas vocales soltaran. Sus ojos apenas parpadeaban, como si mis movimientos escribieran las mismas idioteces que mis dedos. Una fan se acercó a mí para que le firmara la camisa. No tuve más remedio que llamar a seguridad. Lo dejé muy claro en el contrato: Nada de niñatas calentorras. Suerte que había traído mi propia guardia, y mi mujer la detuvo.

                Tras unos minutos interrumpidos por aquel incidente, hice la prueba de micrófono. Di unos golpecitos a la alcachofa, luego dije una docena de <Si> (Quien se resiste ante un micrófono) y rebusqué en mi bolso el guion. Una cuartilla donde había intentado reducir al máximo todos mis conocimientos.

< Gracias por asistir. Vamos a abarcar la técnica que uso para ser original, innovador y creacionista. Bueno, para ser creacionista, vamos un poco tarde. (Dejé un tiempo para risas. Pero no se había entendido el chiste sobre creacionismo. Demasiado inteligente.) Bueno tomar apuntes>

                Todos ajustaron sus oídos. Bajaron la mirada a sus libretas, sin perderme de vista. Todo estaba preparado. Mi sueño de ser en algo bueno se estaba convirtiendo en real.

Alcé la voz y dije:

<Mi tecnica es: Disolvente Universal. >

  

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