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18 min
Arteria - Capítulo 1
Varios |
14.02.19
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Sinopsis

Ivy Pryce es una estudiante de secundaria que, cuando un día obtiene superpoderes se ve obligada por sus padres a hacer un servicio por la comunidad trabajando de superheroina, aunque ella lo odie.

(Si quieres leer este relato ilustrado, visita mi blog)

Tras más de dos horas de persecución en coche, la policía de Rocket City consiguió acercarse un poco más al coche de los dos ladrones que intentaban escapar por la autopista hacia Industrial City. Habían robado una cantidad importante de monedas de oro que querían usar en beneficio propio. Estos dos hermanos eran Anthony y William Reptile, hermanos que trabajaban en el negocio familiar de... robar monedas de oro.

—¡Madre mía, Willy! Casi lo hemos conseguido, en cuanto lleguemos a Industrial City será fácil despistarles entre las callejuelas. ¡Vamos a ser ricos!

—N-no te desconcentres de la carretera, hermano. ¡Podrían alcanzarnos en cualquier momento!

Las conversaciones de los policías de atrás eran repetir una y otra vez la misma frase: "¡Necesitamos refuerzos!". En un instante, por alguna parte de el desierto que atravesaba la autopista, una nube de polvo se iba acercando a toda velocidad. Alcanzó a los policías como si fuesen caracoles y enseguida se colocó a la par de el coche de los hermanos. Suena en el coche «Mr. Blue Sky». Esa nube de polvo era una superheroína. Tenía un traje rosa y morado, con una coleta rubia. Los hermanos Reptile se giraron asombrados.

—No tengo ganas de hacer esto—dijo la chica, pero como sois tontos estoy obligada a deteneros.

Entonces puso los dedos en el suelo y la fricción cargó de energía su mano, que liberó chocándola con el coche y creando una gran explosión.

La policía quiso agradecer a Arteria por ayudar a atrapar a los ladrones, pero ésta ya se había largado del lugar, deslizándose por el omnipresente páramo que mantiene Industrial City separada de todo. Aunque era en mayor parte desierto, Arteria tuvo la suerte de encontrarse con un árbol, en el que descansar y sentarse a mirar un rato el móvil, "Por fin he terminado el trabajo hoy" pensó. Ya anocheciendo, recibió una llamada de su amiga Sonia Simonson, inmediatamente contestó.

  —Hey, Ivy. Hoy vendrás al embarcadero, ¿verdad? Es viernes.

  —No sé, se suponía que esta noche iba a estudiar, si no mi madre me matará. Literalmente quizás.

  —¡JAJAJAJAJAJAJA! ¿tú estudiando un viernes? ¡¿tú estudiando?!

  —Venga, pesada, dime la hora.

Ahora que ya tenía planes, se fue usando sus poderes patinando a toda velocidad a su casa. Ni siquiera un coche la podía alcanzar, por eso no entendía qué era ese sonido que se acercaba cada vez más y más... era... ¿otra superheroína? Alcanzó a Arteria corriendo como si nada.

"¿Qué coño ha sido eso?" pensó. Cómo una persona corriendo pudo adelantar a Arteria a esa velocidad. Continuó deslizándose a ver si la alcanzaba, y efectivamente la alcanzó, pero fue gracias a que la velocista naranja estaba parada frente una roca, haciendo estiramientos. Arteria derrapó para frenar justo en frente de ella, para interrogarla.

  —Oye... ¿cómo has hecho eso? ¿Te dopas o algo así?—preguntó—. Ibas como súper rápido, ¿son algo así como poderes? En plan, lo que yo hago también son poderes. ¿Por qué no... hablas...?

  —...—se encogió de hombros y con una sonrisa siguió en silencio—.

Arteria no entendía nada. Sospechó que era muda o algo así. Y como se formó un silencio algo incómodo se despidió y se fue a cambiarse para pasar de ser Arteria a Ivy Pryce.

 

 

Era viernes, las clases ya habían terminado. Todas las semanas al atardecer la mayoría de jóvenes de Industrial City iban al embarcadero de las afueras, a la orilla del mar. Como estaba abandonado no solían recibir muchas visitas de la policía. Allí iban a hacer botellón, a pasar el rato porque no hay nada que hacer, o un poco de todo. Había grupos de gente que se juntaban para rapear, otros escuchaban música, jugaban  juegos...

Ivy Pryce acababa de llegar al lugar junto su amiga Sonia. Llevaban ya varios meses yendo a ese lugar, por lo que se paraban a menudo la gente se para a saludarlas, pero ellas no se paraban a charlar con ninguno, estaban buscando a sus amigos, que estarán por alguna parte.

  —¿Entonces no te vas a quedar con nosotros?—Preguntó Sonia—.

  —Sólo un rato, luego me iré con Todd, quiero hablar con él. Además cualquiera aguanta a Scott borracho. Que luego toca cogerle en brazos.

  —Ay, deberías preocuparte más por los demás. De todas formas Scott no bebe.

  —¿Que no? El agua del mar le falta.

Finalmente llegaron a unos tablones de madera, dónde se encontraba su grupo de amigos. Estaban todos sentados bebiendo.

 La que ponía la música rara que nadie conocía era Rene, una chica bastante lista que compartía con Ivy el gusto por la música. Siempre hablaban de formar una banda en un futuro.

Gustavo, era uno de los mejores amigos de Scott. No tenía mucho pelo.

El Flechas nunca hablaba, y sus amigos no recuerdan el porqué de ese apodo, porque ni siquieran le gustan las flechas. El Sapo, se puso a sí mismo el mote. Estaba algo rechoncho y es un gran fan de los superhéroes de Central City, y sobretodo de Arteria.

Entre ellos una pequeña cabeza se asomó, era Scott. Scott era un chaval de trece años, más pequeño que Ivy y Sonia. Era bastante extrovertido y algo chulo para una persona de su edad. Se consideraba el líder del grupo aunque no lo fuese. Scott se levantó, tambaleándose y casi derramando el vaso que tenía en la mano para dirigirse a Ivy y Sonia.

  —Hey, chicas, ¿cómo estáis? ¿Queréis un poco?—les ofreció el vaso que llevaba en la mano—.

  —¿Qué lleva?—preguntó Ivy muy desconfiada

  —No lo sé, me lo han dado por ahí.

  —Pues pa ti.

 Sonia sí que le pidió un poco de ese vaso. Los tres se sentaron con el resto del grupo, éste le dio la bienvenida a las recién llegadas.

Sonia se sentó al lado de Scott y Ivy al lado de Rene.

Rene le preguntó a Ivy que dónde estaba su guitarra y ella le contestó que se le había olvidado, aunque la verdad era que no tenía ganas de cargar con ella toda la noche. Scott, Sonia y Gustavo empezaron a criticar y reírse de los profesores que tenían en común en el instituto.

  —El Sr.White de Biología tiene cara de perro—dijo Gustavo riéndose.

El Sapo llevaba un rato callado queriéndole preguntar algo a Ivy aunque no era capaz, ya le había pedido antes a Sonia que lo preguntara por él. A Sonia le gustaba ayudar a la gente, así que no tuvo problemas en ayudar. Sapo le empezó a dar pataditas a Sonia y así acabó recordando.

  —Ah, oye... Ivy. El Sapo quería preguntarte sobre Arteria, ya sabes lo que le gustan a él los superhéroes...

Ivy se empezó a poner un poco tensa

  —¿Sobre Arteria? ¿Quién es esa?—no sabía improvisar muy bien—.

  —¿Cómo que no, loca? Si sale a menudo en las noticias—dijo Scott—.

  —Claro, seguro que la conoces—insistió Sonia—. Además, se sabe Arteria suele trabajar con la policía, y... bueno, tu madre era policía, ¿no? A El Sapo le gustaría conocerla, y a lo mejor tú podrías contactar con ella.

  —¡Ah, sí, bueno! Algo me habrá contado mi madre sobre ella, pero suelo pasar cuando se pone a hablarle de su trabajo, jeje.

En ese instante entre la multitud, Ivy logró vislumbrar a lo lejos entre la multitud a su novio Todd. Inmediatamente se levantó para irse con él y se despidió del grupo.

  —¡Bueno, chavales, me voy con Todd! Que le he visto por ahí. Taluego.

El grupo se despidió y esta se metió entre la gente para buscarle. Cuando lo encontró Todd se sorprendió bastante. Se dieron un besos y abrazos y comenzaron a hablar sobre cómo estaban y qué tal les había ido el día. Ivy obviamente omitió las partes en las que es Arteria, y Todd omitió algunas que otras partes también. Estuvieron paseando un rato por el embarcadero hasta que se sentaron en una zona algo más alejada donde no había nadie para estar a solas.

Excepto sus padres, nadie más sabía que Ivy era Arteria. Llevaba dándole vueltas al asunto largos meses, y esperaba que hoy fuese el día en que le contaría a Todd acerca de su otra identidad y cómo consiguió sus poderes. Todd era su novio, y estaba segura de que podía confiar en que no se lo contaría a nadie.

  —Oye, Todd—rompió el silencio finalmente—.

  —Dime.

Había llegado el momento, por fin se quitaría ese peso de encima. No le gustaba tener que ocultarle algo así a la persona en la que confía, seguro que Todd se lo tomaría bien, ¿pero y si no lo entiende? ¿Y si se asusta y me deja? En la cabeza de Arteria comenzaron a rondar todas estas preguntas.

  —Pues... verás...

Conforme ésta conversación estaba teniendo lugar, desde el inicio de las gradas una persona entre la multitud avanzaba a paso rápido hacia la pareja, haciendo que Todd interrumpiera a Ivy y de un respingo se levantase. Tenía el pelo largo y castaño, vestía una camisa y era bastante atractivo, aunque traía cara de mala hostia.

 —¡¿Á-Águila?! ¿Qué haces aquí?

 —Teníamos un trato, tío. Te estuve esperando la otra noche y no viniste. Me prometiste que harías ese trabajo conmigo.

  —Y una porra, tío. Esas movidas en las que te metes no me gustan nada, no quiero saber nada de eso. Ivy, ¿te importaría irte un momento? Me gustaría hablar con Águila en privado. Perdóname.

  —No te ralles, Todd.

Ivy se levantó y se fue por el mismo lugar por el que Águila vino. El tema del que estaban hablando le daba algo de curiosidad. "¿Hablarían de algo ilegal? Espero que no, porque como los pille mi madre me va a obligar a detenerlos como Arteria. Al final no le conté eso a Todd... bueno, otro día será."

Ivy estuvo buscando a sus amigos por el embarcadero hasta que finalmente se le apareció Scott.

  —¿Has visto a tu ex?—dijo Scott—.

  —¿Eh? No, hace días que no hablo con ella.

  —Fua, es que quería probar a ver si conseguía ligármela, jeje.

  —Lo que tú digas. ¿Dónde está Sonia? No me lo digas, ya la busco yo.

Desde este momento todo siguió normal como un viernes cualquiera.

 

 

El fin de semana se pasó en un soplo y ya había llegado el lunes. El Instituto de Educación Secundaria de Industrial City abría sus puertas de nuevo, a las ocho de la mañana. A primera hora Ivy se dirigía a la clase de la profesora Rosemary, en la clase del final del pasillo. Estaba muerta de sueño y no estaba atenta a lo que sucedía a su alrededor, aunque sí que notaba que había mucho murmullo a su alrededor acerca de algo. En su estado no le interesaba mucho los temas y rumores del día, así que pasó. Ya llegando su destino, sorprendida vio que en la puerta de la clase se encontraba Sonia hablando con Michael Sinsky. Pensó "Oh, no, tío. Qué hace Sonia hablando con ese tonto. Cómo odio a Michael. Es tan pesado con sus tonterías. Es un friki. Me cae fatal. Cómo lo odio. Ahora tendré que soportarle mientras habla con Sonia de... chorradas, seguramente. Bueno, yo llegaré saludaré y mantendré mi boca cerrada. Así no molestaré y no tendré que discutir el nivel de idiotez que tiene la gente en la cabeza. Boca cerrada. Relación sana."

—Hola, Sonia. ¿Qué haces hablando con el parguela de Michael?

—Hola, Ivy. Me alegro de verte—dijo Michael después de soltar una carcajada—.

—Hola, señora. Michael me estaba enseñando unas fotos. Al parecer anoche hubo unos extraños temblores en el pueblo, como unos zumbidos. Y esta mañana se han dado muchos casos de electrodomésticos y aparatos electrónicos desaparecidos. Michael tiene la teoría de que pueden ser ser extraterrestres.

—¿Qué?

—Sí, y además tengo pruebas, mira. Anoche hice esta foto en mi jardín, ¿ves?

—Pff, mi frigorífico tiene mejor calidad de imagen.

Sonó el timbre y todos comenzaron a entrar en clase. Ivy se sentó atrás del todo, cruzó los brazos, apoyó la cabeza en ellos y comenzó a dormir; aunque el sueño le duró poco pues la profesora Rosemary había llegado ya a clase y le despertó de una voz. Sería un largo día de luchar por que no se cierren los ojos. En el último cuarto de hora de clase, la profesora comenzó a repartir los últimos exámenes corregidos. Ivy no recordaba ni qué examen era ni cuándo lo hicieron, por eso no se decepcionó tanto cuando vio que su nota era un 2,5. No le dio mucha importancia... hasta que recordó lo que le esperaba en casa si su madre llegase a enterarse de la nota.

La tarde de un lunes es un buen momento para hacer cosas productivas, como estar tumbada en la cama tocando la guitarra. Ivy llevaba un rato intentando afinarla con desastrosos resultados; mientras, su novio Todd Ramirez estaba usando su ordenador para terminar un trabajo de clase.

—¿Cómo se ponían las tildes?

—Yo que sé—tocó un re mayor—.

—Estos trabajos son una mierda. Cómo voy a escribir quinientas palabras acerca de la arquitectura de civilizaciones antiguas. Si fuese de la de ahora... por lo menos llegaría a las veinte. Oye, tú. Acabo de recordar que el viernes querías decirme algo importante, ¿qué era?

—¡Ah, sí! Esto... te quería decir que... ¿tienes planes para la Semana de Dioses?

—¿La Semana de Dioses? Ah, pues... Simón creo que hará una fiesta, pero todavía no me ha contado nada porque quedan meses para eso.

—Ya, es que me gusta planear las cosas con tiempo, jeje.

Llegaron las nueve de la noche, hace unas horas desde que anocheció, Todd se marchó ya a su casa.

La cena ya estaba lista, así que Ivy se sentó a comer. Unos minutos más tarde apareció su padre, Eduard Pryce. Era un hombre alto, bastante musculoso, no tenía ni un solo pelo en la cabeza, pero sí un tatuaje que le cubría casi toda ella; se dedicaba al diseño de moda, hace poco fue contratado por una gran empresa para diseñar unos uniformes de trabajo. De hecho fue él el que diseñó el traje de Arteria. Eduard acababa de preparar la cena, es la primera vez que se le veia en todo el día, pues se llevaba horas en su estudio trabajando. Casi a la vez apareció la Sra. Pryce, Jennifer Pryce. También era una persona bastante alta, tenía el pelo negro y corto, vestía siempre de manera formal; era una persona bastante seria y estricta, algo que Ivy sabe muy bien; trabajaba en el Departamento de Policía de Industrial City, desde que descubrió que su hija tenía superpoderes, y por culpa de un pequeño incidente, Jennifer decidió que Ivy debería usar sus poderes para ayudar a la policía a combatir el crimen, incluso si ella no quería hacerlo. La familia empezó a comer en silencio. La tele estaba apagada, nadie de los presentes la veía, así que llevaba años así. Eduard y Jennifer comenzaron a hablar de sus cosas, "cosas de mayores" pensaba Ivy, de modo que no echaba mucha cuenta, además si no se metía mucho en la conversación quizás así no le pregunten por sus notas. Pero Jennifer dirigió su mirada a ella y entonces comenzó.

—Oye, qué tal el examen. ¿Te han dado ya las notas?

—¡Por supuesto! ¡La tercera nota más alta de la clase!—si digo "tercera" suena más creible—.

—¡¿Otra vez has suspendido!? Ivy Pryce, me prometiste que para este examen estudiarías, ¡y no has hecho más que perder el tiempo! Así voy a tener que volver a castigarte.

—¿Castigarme? Los padres normales castigan a sus hijos sin cenar, sin ver la tele... ¡tú me obligas a vestirme de forma ridícula y hacer el paria por ahí!

—No es hacer el paria, estás ayudando a salvar vidas. Además, ya que con tus estudios no haces nada, al menos así haces algo productivo en tu día a día, ofreciendo un servicio a la comunidad.

  —¡Pero es que yo no quiero hacer ese servicio! Además, el traje que me diseñó papá es feo y cutre. Los pelos de la peluca esa rubia se me meten en la boca. Y el traje es rosa por qué, ¿porque soy una chica? Yo no saldría vestida de rosa chillón por ahí.

  —Esa es la intención, que nadie ni si quiera sospeche que tú puedas ser Arteria. Demasiado que te dejamos elegir el nombre—contestó su padre—.

  —Pues si no quieres hacer ese servicio, aprueba los exámenes, ¡y no hagas gamberradas, que te crees que no me entero yo de que te metes con tus compañeros de clase! Si esta noche me llaman para el caso de los zumbidos, te vienes conmigo.

  —Me han dicho que son extraterrest—el teléfono comenzó a sonar—.

Jennifer se levantó de la mesa para cogerlo. De su conversación no se pudo intuir nada, ya que ella sólo contestaba "sí" y un "allí estaré" al final. Cuando terminó volvió a la mesa.

  —Era el jefe, me esperan en el bosque.

  —¡Perfecto!—exclamó Ivy—.

  —Yo voy a ir saliendo ya, vete poniendo el traje y recuerda en el trabajo no nos conocemos.

  —Si, jefa...—dijo resoplando—

Sin terminar su cena, la Comisaria Jennifer se levantó de la mesa y se dirigió al coche, que estaba aparcado fuera. El lugar no estaba muy lejos de casa, era un pequeño bosque cerca de la montaña de Industrial City. No se podía entrar ahí en coche, así que lo aparcó al lado de una valla que separaba el bosque de la calle, anduvo unos minutos a través hasta que llegó a la zona dónde estaban sus compañeros. Había un grupo de policías investigando la zona, todos con linternas buscando alguna pista.Jennifer vio que allí también estaba Rodriguez, el jefe de investigación, supervisándolo todo, se dirigió a él y le saludó.

  —¿Qué es lo que ha sucedido exactamente?—preguntó Jennifer—.

  —Buenas noches, no esperaba verte aquí tan pronto, Jennifer. Verás hace una hora más o menos recibimos reportes de los vecinos quejándose de los zumbidos, algunos decían que había extrañas luces que provenían de esta zona, así que estamos aquí a ver si vemos algo.

Entre los árboles apareció Arteria.

—Buenas noches—dijo. Paseaba por aquí y escuché ruidos raros, así que decidí pasarme.

—Rodriguez sonrió—. Me alegra tu interés. De momento sólo estamos investigando la zona con delicadeza.

  —¡Oh, vaya!—exclamó Arteria—. ¡Delicadeza, justo mis poderes son destructivos y poco delicados, así que me iré porque aquí no creo que haga nad...!

El plan de Arteria de escaquearse falló cuando vio la mirada asesina que le lanzó su madre.

  —¡Peeeero, quizá pueda ayudar en algo!—ríe nerviosa—.

Pasaron los minutos, a Arteria le dolían los pies de dar vueltas una y otra vez por los mismos lugares del bosque. Al final se sentó en un tronco a descansar. Observó de mientras como trabajaban los policías. El bosque estaba muy silencioso, y hacía frío. No se escuchaba ningún tipo de animal, hasta que de pronto una manada de pájaros salió de los árboles y detrás de ellos una luz cegadora que iba cubriendo el bosque poco a poco. La gente comenzó a gritar, porque ninguno se podía mover.

—¿¡Qué está pasando!?—gritó Ivy—.

 

 

 

 

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Dibujante que hace otras cosas. También publico relatos de superhéroes en mi blog.

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