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3 min
Arturo, el gato
Infantiles |
19.01.22
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Sinopsis

Arturo era un gato blanco de raza angora turco; muy coqueto, apuesto y elegante, todas las gatas de la ciudad se sentían atraídas por él. Los otros gatos sentían muchos celos por su gran fama de galán. A todas enamoraba con poemas de amor, les decía que las amaba y hasta canciones les dedicaba. Una tarde mientras Arturo departía con sus amigos en una esquina de un parque, este vio a una linda gatita siamés que intentaba atrapar a una tórtola.

Arturo corrió hacia ella, con la intención de ayudarla. Pero ante su presencia, Artemisa, la gata se asustó y la tórtola se escapó de entre sus garras. ── ¡Eres un tonto! grita Artemisa molesta. ── Lo siento mucho, le dice avergonzado. ── ¡Era mi comida!, ahora me tocará buscar otra cosa.

── No te preocupes yo te puedo dar un rico filete de pescado, ven vamos a mi casa, allí hay muchos. Artemisa le lanza una mirada de  desconfianza, no está segura de sus buenas intenciones. Así que se rehúsa a aceptar. La felina sale corriendo y atraviesa un arbusto, Arturo sale detrás de ella y, también atraviesa el arbusto. Al otro lado la ve escalar un almendro.

── Oye, dime tu nombre gatita hermosa. ── No me molestes, déjame en paz. ── No te vayas a ir por favor espérame aquí. Le advierte Arturo. Artemisa lo observa desde arriba con sus enormes ojos azules. Ella se queda allí, esperándolo, sintió curiosidad por saber a dónde iba a toda prisa. Arturo llegó a su casa y, se dirigió a la cocina, sobre la mesa se encontraba una bandeja con dos filetes de pescado, tomó uno y, ágil mente sin que su dueña notase su presencia. Lo sujetó entre sus dientes y corrió en busca de Artemisa.

Al llegar al árbol, le pidió que bajara; sus amigos lo miraban sorprendido, era la primera vez que lo veían alimentar a una gata callejera. Ella al verlo llegar, saltó de lo alto y cayó al lado del filete. Era tanta su hambre que se lo comió en un dos por tres. Arturo la miraba con cara de enamorado, ninguna gatita le había llamado tanto la atención. Desde ese día, Arturo dejo de ser un gato coqueto, pues sólo deseaba estar con Artemisa, la única que le quitaba el sueño y la musa quien le inspiraba a escribir los más bellos poemas. Artemisa se convirtió  en la dueña de sus siete vidas y de su corazón.

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