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5 min
Ana
Reales |
17.03.16
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Sinopsis

CARCACOL cuenta una de las tantas historias que le ocurrieron a ARTURO nuestro protagonista.

 

Empezaba a correr el año 1.981 en Pamplona y aquella rubia de ojos azules, tez blanca, esbelta figura y rítmico caminar, prima de la propietaria del bus que Arturo conducía, sucumbía a las notas amorosas, llamadas insinuantes y acrósticos repletos de  elaboradas frases convincentes  que meses más tarde dieron su fruto y se llamó Juan Carlos.

Se encontraron un fin de semana casualmente o mejor causalmente en Cúcuta donde Ana residía y después de conversar y luchar por controlar las hormonas mutuamente, decidieron dejar a un lado los prejuicios se entregaron a las mieles de la pasión incontrolable que no tardó mucho tiempo en mostrar sin tapujos los resultados inesperados de aquel encuentro; Ana estaba embarazada y un alud parecía caer sobre estos amantes furtivos, cuando los familiares de ésta se enteraron y sin más reservas, debieron enfrentar toda clase de situaciones difíciles para todos.

Arturo viajó a Bogotá a mitad de año e ingresó en una naciente empresa de transporte terrestre donde trabajó por casi treinta años; fue enviado a desempeñarse como conductor a un campo petrolero en Barrancabermeja  al finalizar el año,  nace Juan Carlos en Cúcuta, Arturo viaja a conocerle y reconocerlo legalmente dos meses después; pero para poderle registrar, había que bautizarle primero, pues había pasado más de un mes desde su nacimiento  y la ley contemplaba que en esos casos, se bautizaría primero; cosa que intentaron pero que fue imposible porque  para ello se debía llenar una serie de requisitos que no podían ni estaban dispuestos a cumplir por diversos motivos; por tanto viajaron a Pamplona de donde Arturo era oriundo y aun sus padres residían allí; registraron  a Juan Carlos en la notaría segunda previa consecución de un certificado de nacido vivo con fecha posterior a la de su nacimiento real, en el hospital del lugar; luego de registrado decidieron esperar hasta la noche para visitar los padres de Arturo y cuando se disponían a buscar un restaurante para almorzar, pasaron por el almacén de don Pacho, el padre de Arturo, a lo que Ana comento cuando le vio  – a don Pacho no le pasan los años, está igualito.. Ese comentario despertó en Arturo un sinnúmero de situaciones encontradas, pero guardó silencio pensando encontrarse con algo desagradable si no lo hacía, almorzaron y visitaron algunos sitios de interés, donde había trascurrido la niñez de Arturo y Juventud de Ana; ya en la noche  se dirigieron a casa de los padres de Arturo llegando sorpresivamente, aunque los sorprendidos hubiesen sido anfitriones y visitantes, al llegar con el ánimo que los abuelos conocieran a su más reciente nieto y por supuesto a Ana su madre,  cuál no sería la sorpresa, cuando al verle llegar doña Luisa, madre de Arturo y viendo que Ana era la madre de Juan, no pudo aguantar esa expresión salida de muy dentro de sí, pero si es Ana !! Por Dios!!  Ante la sorpresa, Arturo no solo no articuló palabra sino que  quedó atónito y después de esperar que se calmaran los ánimos por la emoción, hizo una rápida conexión mental con el episodio del medio día y este momento, encontrando un hilo conductor, pero faltando la razón para su existencia; en el almacén en don Pacho, años atrás, vendían telas y ropa en general con lo que sostenía el hogar conformado por cinco hijos, siendo Arturo el mayor; Ana se desempeñaba en ese negocio como su asistente junto con Julia quien era físicamente diferente a Ana; morena, pelo azabache y ojos castaño oscuro, de estatura más bien baja comparada con Ana; doña Luisa, cuando diariamente iba al mercado cercano  a comprar los insumos para la comida, llevaba a Arturo consigo y le dejaba en el negocio de su marido mientras realizaba la compra, con una particularidad en el comportamiento de Arturito quien sólo  dejaba que Ana le cuidadra, al punto de buscarle tan pronto llegaba con su madre y de acosar a ésta cuando se demoraba en salir a su labor diaria; así pasaron los años y las circunstancias se encargaron de dispersar los destinos, que hoy nuevamente se reencontraban en un episodio para muchos traídos de los cabellos, pues nadie medianamente sensato podría imaginarse en aquel momento que ese chiquillo de escasos dos años, un día embarazaría a la que por momentos oficiaba como su niñera, de otro lado Ana jamás le pasó por la mente que aquel muchacho que muy sutilmente le había conquistado en casa de su prima, fuese ese chiquillo que tantas veces había consentido y mimado, incluso ella recordaba cómo muchas veces se dormía en su regazo y cuando llegaba doña Luisa le acompañaba hasta su casa para ayudarle a llevar el niño; solo una mente enferma podría imaginar que ese niño, un día le embarazaría; fueron tantos y tantos los pensamientos que rondaron por la mente de aquella confundida mujer que no salía de su asombro por más que lo quisiera; se había completado una vez más un episodio muy particular en el discurrir de la existencia de Arturo a quien la fortuna y las situaciones particulares le rodearon siempre hasta el día que partió de éste plano a la inmensidad del infinito eterno.

Carcacol.

Leer más: v.ht/carcacol

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