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3 min
Ascenso y Decadencia de un Universo, Parte 3
Fantasía |
14.02.08
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Sinopsis

En la segunda parte de este cuento, formulé la pregunta:
¿Cómo logra un universo decaer hasta derrumbarse en el caos total?
El texto anteriormente citado mostró a los lectores la decadencia del planeta Tierra, pero ¿qué pasa con el resto del universo?
Esto último propongo narrar con la última parte del cuento.

Parecía imposible que la sed de venganza de ser humano ordinario pudiera destruir un planeta entero.
Pero había pasado. Todos lo habían visto.
El pequeño extraterrestre que observó la destrucción del planeta Tierra era Iub, el Vagabundo del Espacio.
Fue desterrado de su planeta Ojj por asesinar al dictador supremo que lo gobernaba, y había sido condenado a vagar por el espacio y a no pisar de nuevo su planeta mientras viviera.
Alejado de su familia y su tierra, Iub navegó sin rumbo por el vacío y se topó con aquel planeta, arruinado por seres maliciosos.
El alienígena ingresó, propulsado con la velocidad adicional que le proporcionaban los cohetes auxiliares. Técnicamente, no debía usarlos excepto en caso de emergencia, pero la situación ameritaba violar aquella norma de seguridad.
La invasión de Üdberg y los maicrosianos no se limitó a la Tierra: habiendo concretado la destrucción de este planeta se dirigieron a otros rincones de la Vía Láctea y a varias galaxias, como la vecina Andrómeda, la Gran Nube de Magallanes y otras del Grupo Local.
Alrededor de cinco mil años terrestres transcurrieron así, con invasiones asesinas y más clonaciones de los destructores.
Iub siempre prefería ser un observador pasivo de los acontecimientos que presenciaba, pero decidió que la situación era demasiado grave como para no intervenir; se prometió investigar lo suficiente como para informar a alguna autoridad capaz de hacer frente a la flota.
El alienígena se dirigió cautelosamente a una de las naves de guerra-clon, la última en abandonar la Tierra. Al comprender la incapacidad de decisión propia de los duplicados, no tardó en aniquilarlos a todos y tomar control de la nave.
Avanzaron sin descanso, extendiéndose la aniquilación por todas las galaxias cercanas. Los Clonadores entraron en acción, y se enviaron alrededor de diez mil naves para que destruyeran al menos cuatrocientos planetas y se duplicaran a sí mismas tantas veces como fuera posible para continuar su destrucción infinita.

Varios miles de años pasaron. Üdberg era solamente un cuerpo inmovilizado con varias prótesis para mantenerlo vivo, pero sus órdenes siguieron siendo firmes y crueles. Iub había muerto hacía siglos, no sin antes entender que la flota de guerra sería imparable mientras durara.
Probablemente, Üdberg no notó que había traspasado los límites de la “justicia por mano propia”, al destruir planetas no asociados a su venganza. Quizás ni siquiera le importó cuando comprendió que podría dominar el Universo con aquella máquina de duplicación sin límites.
Pero es difícil controlar algo que excede los límites de nuestra comprensión.
Y algo que está colapsando.
El Universo estaba colapsando.
Pequeños agujeros negros se presentaron en varios puntos de las galaxias. La flota clon, tenían la orden de duplicarse al sufrir una cierta cantidad de bajas y así lo hicieron, de modo que de momento era una situación de poca importancia.
Pero todo crece.
Los agujeros negros comenzaron a aumentar de tamaño, a aparecer en más rincones del espacio, y a destruir más y más naves.

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