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11 min
Asesinato en el Hotel Baltimore Capítulo 1
Suspense |
01.02.12
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Sinopsis

El primer caso del detective John Tayler. Un doble homicidio en un hotel de Nueva York, una llamada misteriosa y una serie de enigmas que tendrá que ir resolviendo y le irán guiando hasta el final de su aventura.

 

Capítulo 1 - La extraña llamada.

Era un martes por la noche, Nueva York estaba en calma, se respiraba un aire de paz y tranquilidad. El cielo estaba despejado y una suave brisa de madrugada azotaba cada rincón de la gran ciudad, hubiera sido como otra noche cualquiera, algún atraco en un callejón, alguna pelea en un bar que cerrase tarde... pero no lo fue en absoluto. Todo empezó cuando sonó el teléfono de Tayler.

 

  • ¿Sí, Quién es?

  • Hola señor Tayler, usted no sabe quien soy, le llamo para darle una valiosa información.

  • Conoce mi nombre... ¿Quién es usted? - Dijo Tayler con gesto serio.

  • El mensajero no es importante señor Tayler, lo importante es el mensaje.

  • ¡Déjese de juegos conmigo!

  • No debería hablarle en ese tono a un hombre que siente un gran respeto por usted, señor Tyler.

  • Y usted debería saber que no son horas para gastar una broma. ¿Qué quiere?

  • ¿Conoce el hotel Baltimore? Hay allí dos cadáveres... , habitación 305.

  • ¿dos cadáveres? ¿Está seguro de eso?

  • Esto no es una broma señor Tayler, mientras hablamos hay dos cadáveres tiñendo de rojo la moqueta de la habitación.

  • Supongamos que lo que dice es cierto... ¿Por qué no ha llamado a la policía?

  • Sigue sin entenderlo... ¿verdad Tayler?, es usted un hombre obstinado pero al final... no le quedará más remedio que dar fe a mis palabras. La policía no pinta nada aquí, ¡vaya al hotel Baltimore o lo lamentará! - Tras éstas palabras, el sujeto había colgado el teléfono.

 

Tayler no sabía quien era ni que se proponía el hombre de la llamada misteriosa. Pero parecía hablar en serio y tenía cierto aire de enfado en el tono de su voz. Dudó un par de segundos hasta que decidido, cogió las llaves del coche que estaban encima de la mesa. Unos mocasines negros, un elegante pantalón de pinza negro a juego, camisa blanca bien planchada y corbata negra, Tayler estaba listo para buscar respuestas. Mientras bajaba las escaleras de su modesto apartamento sentía como la sangre le recorría el cuerpo rápidamente, como el niño pequeño que una vez fue impaciente por probar su nuevo juguete, Tayler tenía esa sensación, una gran agitación le invadía, algo le decía que se avecinaba un caso complejo y lleno de misterio. La cabeza de Tayler ya empezaba a trabajar, haciéndose preguntas, confiaba que cuando llegase al Hotel verdaderamente hubiese allí dos cadáveres - ¿Qué sentido tiene cometer un doble homicidio?, ¿soy el asesino y busco algo de publicidad? Hotel Baltimore, un respetado y lujoso hotel en la zona céntrica de Nueva York; Si yo fuese el asesino sin duda sería un buen sitio para que todos contemplasen mi obra, conseguiría una gran atención. - Tayler trabajaba ya con algunas ideas mientras iba de camino al coche. Un impala negro del 69, una prueba tangible de que una máquina también puede ser bella, mezcla de elegancia y potencia, ese coche había hecho muchos kilómetros, llevó a Tayler a innumerables destinos, le condujo a incontables pistas y una vez más ahí estaba, como el compañero mecánico fiel que era, conducía al detective John Tayler hacia lo que podría ser un nuevo caso.

 

Arrancó el coche, las luces del coche destellaban como si fueran estrellas en mitad de la noche, el rugido del motor rompía el contraste de sombras y silencio que se palpaba en el ambiente. Mientras conducía, los objetos adquirían formas bajo la luz de los focos. Hacía una noche perfecta para dar una vuelta en coche. Después de 15 minutos al volante, girando hacia un callejón a la derecha, continuó recto hasta salir hacia una gran avenida. Había llegado, el hotel Baltimore estaba justo en frente. Aparcó el coche sin dificultad en el arcén, justo en frente del hotel, bajó del coche y el sonido de la puerta del coche cerrándose no hizo sino aumentar la tensión del momento.

 

Cruzó la calle. Se encontraba en la puerta del hotel, daba la sensación de ser un lugar exquisito y demasiado llamativo. El letrero de la entrada brillaba con fuerza y la moqueta roja que conducía al pasillo invitaba descaradamente a pasar allí la noche.

 

Eran las 2 y 30 de la mañana, el hotel estaba tranquilo, a la izquierda detrás de un gran mostrador de madera de primera calidad se encontraba un tipejo alto, afable pero con una expresión de desconfianza en su cara. Tayler caminó en linea recta y se puso frente al mostrador.

 

- Buenas noches.

- Buenas noches señor, ¿en que puedo ayudarle? - Dijo el tipejo tras la barra.

- Verá no quiero alarmarle, soy detective, tengo motivos para creer que se ha cometido un homicidio en una de sus habitaciones.

 

    El hombre palideció y se encogió de hombros.

     

    - ¡Eso no puede ser! hay una fuerte seguridad en nuestro hotel y no hemos tenido indicios de ninguna conducta extraña.

    - No se lo discuto... - Hice un recorrido con la mirada hasta divisar la plaquita dorada que colgaba de la chaqueta del recepcionista - Frank... pero en todos estos años trabajando como detective me he dado cuenta de que nada puede darse por sentado cuando te enfrentas a una astuta mente criminal. Seguro que usted querrá tratar este tema con la mayor discreción posible, al igual que yo. Ninguno de los dos queremos que el pánico cunda... ¿Qué le parece si coge la llave de la habitación 305 y echamos un vistazo? Así los dos podremos quedarnos tranquilos si yo me equivoco.

     

     

    Frank estaba bastante nervioso, pero accedió sin rechistar.

     

    - Está bien detective, sígame por favor.

     

    Frank condujo a Tayler hasta mitad del pasillo, se plantaron frente a uno de los lujosos ascensores y Frank presionó el botón de la tercera planta. En menos de un minuto ya se encontraban en el tercer piso, un largo pasillo quedaba a la vista, pero la habitación 305 quedaba bastante a mano. Frank le guió hasta la puerta.

     

    - ¿Es ésta?

    - Si señor, ésta es. - Respondió Frank, un poco asustado.

    - Bien Frank, ahora quiero que abra la puerta lentamente, muy despacio y que vuelva a su puesto en recepción. Sería sospechoso que el recepcionista no estuviera en su puesto de trabajo, y no queremos que eso suceda, ¿verdad?.

     

    Frank seguía atemorizado, sus ojos habían perdido todo brillo y solo quedaba la mirada apagada de un hombre preso por el miedo. Hizo exactamente lo que Tayler le había ordenado, después se marchó hacia el ascensor y regresó a la planta baja. Tan pronto Tayler abrió por completo la puerta se notaba el firme paso de la muerte por aquella habitación, un hedor nauseabundo y un aire lacrado que transportaba el inequívoco olor de la putrefacción. Tayler avanzó con pies de plomo desenfundando su arma, aunque apenas podía respirar sin sentirse con las tripas revueltas. Caminó lo suficiente para poder ver claramente los dos cuerpos sin vida, un hombre y una mujer. La joven yacía en el suelo al tendido, con un disparo en la cabeza. El cuerpo del hombre quedaba extrañamente acomodado sobre la cama, parecía que alguien lo hubiera colocado así a propósito. No tenía marcas visibles. A simple vista la causa de muerte más probable era la asfixia.

     

    Tayler levantó la persiana y abrió la ventana. La habitación era pequeña, bastante íntima, aparentemente era una de las habitaciones más modestas del lujoso hotel Baltimore. Tayler echó mano del bolsillo de unos guantes blancos de látex, quería examinar los cuerpos; No era forense, pero tenía algunos conocimientos básicos sobre anatomía y criminología. Aunque a Tayler no le interesaba tanto el “como” murieron, sino el “por qué”, tenia la esperanza de encontrar una pequeña pista que le pusiese aún más cerca del caso. Se acercó a los cuerpos y se arrodilló delante del cuerpo sin vida de la mujer. Hizo unas observaciones:

     

    - Rubicunda, ojos azules, edad que ronda... los 25, alta y esbelta. No lleva alianza, probablemente no esté casada. Tiene un tiro a quemarropa en el centro del cráneo, también algunas marcas en los antebrazos, parece que mantuvo un forcejeo antes de recibir el tiro de gracia.

     

    Tayler se puso de pie y se acercó a la cama, miró detenidamente al cuerpo inerte y formuló:

     

    -El hombre era alto, de complexión normal, ojos marrones, pelo castaño, tiene las pupilas dilatadas, causas de la muerte probablemente asfixia. No lleva ninguna alianza, no se aprecian marcas visibles en ante brazos, tórax y piernas.

     

    Continuó indagando en la habitación, en busca del detalle, pero estaba todo impoluto, salvo por los cuerpos fríos e inertes que había en la habitación, como si un soplo de aire fresco hubiera entrado por la ventana y les hubiera arrebatado su último suspiro. Tayler se marchó de la habitación, recorrió todo el pasillo hasta llegar al ascensor. Esperó pacientemente hasta que el ascensor subiera y apretó el botón de la planta baja. El ascensor descendió rápidamente hasta llegar al bajo del hotel.

     

    Frank aguardaba exactamente donde Tayler le había indicado, tras el mostrador. El hombre divisó al detective caminando por el rellano y los nervios y la ansiedad volvieron a recorrerle el cuerpo. Tayler caminaba a paso firme y convencido, su rostro tenía una expresión seria, no de un tipo duro, sino la expresión de un hombre que acaba de contemplar un acto atroz y desagradable. Era un hombre honesto, estaba más que acostumbrado a su trabajo, aún así una parte de su ser se quebraba como si fuera de cartón cada vez que contemplaba un asesinato. Así el hombre que parecía de piedra, se encontraba dividido a su vez en dos hombres, uno que no echaba cuenta del crimen, tan sólo de la resolución de los interrogantes que se planteaban en el transcurso de la investigación. El otro quedaba lacerado cada vez que sus ojos se posaban ante la figura de un macabro escenario.

     

    La expresión de Frank iba cambiando por segundos, sus ojos se tornaban hacia Tayler, expectante de sus palabras. Finalmente le pudo la tensión y abrió la boca:

     

    -Y...bien, detective, ¿ha encontrado algo?

    - Hoy no es su noche Frank, vaya llamando a la policía. Se ha cometido un asesinato.

     

    Seguidamente Tayler salió del hotel, mientras dejaba tras de sí al recepcionista del hotel llamando a la brigada criminal de Nueva York. Caminaba hacia su coche, el aire frío de la madrugada iba calando bajo la camisa de Tyler y su piel se tornaba más deshumedecida.Tayler entró en el coche, miró el salpicadero durante unos segundos y arrancó el motor.El negro impala dejó un destello de luces y polvareda en mitad de la sombreada noche.

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    • uffff está super bien, la verdad que merece le bastante la pena leerlo a quien realmente le gusta la intriga y quiere saber qué pasará
      Está bastante bien. Veo algunos fallos, quizá cierta reiteración descriptiva en algunos momentos, más necesitados de que, como dice el compañero joseluis, pase algo más que de contarlo. Sigue así ;)
      Me gustó que se cuente una historia. No me gustan los relatos donde solo te cuentan sentimientos y no ocurre absolutamente nada. El ritmo de la historia es bueno. Lo que mas me decepciona es que la historia no se resuelve. Le falta un final, pero imagino que forma parte de otra historia mayor.
      Siento debilidad por todo lo relacionado con detectives y asesinatos,veo algún pequeño error,la historia promete,te seguiré leyendo,tengo curiosidad por el desenlace.un abrazo.
    • Una triste historia que nos habla no de los detalles sino del mensaje que a menudo intentan transmitir. Grandes o pequeños, fugaces o para toda la vida...los símbolos de amor.

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      La historia de como un hombre fue destruido por su peor enemigo...él mismo.

      El primer caso del detective John Tayler. Un doble homicidio en un hotel de Nueva York, una llamada misteriosa y una serie de enigmas que tendrá que ir resolviendo y le irán guiando hasta el final de su aventura.

      Es un breve relato a modo de reflexión, donde se deja ver los sentimientos tan fuertes y lazos que podemos tener con una persona, cuando sentimos verdadero amor por ella.

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    Amante de las nuevas tecnologías y las telecomunicacones mi gran pasión es escribir aunque por desgracia no dedique cuanto quisiera todo el tiempo que este humilde arte requiere.

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