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4 min
Asesinato pasional
Amor |
28.06.07
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Sinopsis

El motivo del por qué he venido hasta aquí, desde Salamanca a Transilvania, es muy simple: Martín Guzmán, amigo mío desde la guardería, se ha metido en un lío. Acusado de ser sospechoso de un asesinato me ha pedido, entre llantos y berrinches, que sea su abogada defensora. No me lo pensé dos veces y cogí el primer vuelo hacia Transilvania. No por lo años de amistad y de fidelidad, si no por viajar a un país extranjero.
Que queréis. Soy abogada y como tal he de mantener la sangre fría.
Nada más llegar allí supe enseguida lo mucho que me iba arrepentir: que si la aduana, que si el transporte, que si el alojamiento. Horrible, horrible, horrible.
1º Abrieron mis maletas por si transportaba droga o armas. Lo primero lo entiendo, pero si la alarma no pita eso quiere decir que no hay nada. Pero eso no les impidió seguir revolviendo mi ropa y el contenido de mí maletín de trabajo: documentos sobre casos similares, leyes transilvanas, declaraciones de mi cliente, testimonios de lo ocurrido, fichas de la policía… Todo mezclado y revuelto.
2º Al parecer la única manera de conseguir un taxi es: o bien ponerse en medio del tráfico y arriesgarte a que pare en el último momento o morir en el intento, o ser una rubia guiri de escote muy generoso, de esos que te llegan hasta el ombligo, y una mini falda hasta la nariz. Bueno, como comprenderéis no iba a romper la camiseta y la falda de Chanel para que estuvieran contentos, así que opté por la primera opción. Así es, cogí con fuerza mi maleta y mi equipaje, cuyos contenidos acababan de salir de la aduana, calculé el momento justo y me planté en el carril derecho donde, a escasos centímetros, había parado un taxi. Si levantabas la cabeza podías ver las marcas de frenados a mitad del camino, y si mirabas al interior del vehículo apreciabas los latidos del corazón y las gotitas brillantes de sudor del conductor. Eso y el hecho de que agarraba con fuerza el volante y que los ojos se le salían de sus órbitas.
Me alisé la falda y entre junto con mi equipaje en la parte posterior. Le di un golpe en el hombro para que me mirara y le mostré el papelito con la dirección a la que deseaba ir.
3º Hotel-Frohes Leben no es ni mucho menos como su nombre indica. Su decoración se fundaba entre una mezcla extravagante y gótica. No había botones y para colmo, yendo para recepción, una anciana se levantó bruscamente señalándome con el dedo y sin dejar de gritar blasfemias o lo que sea que digiera en su idioma. Entonces apareció un joven, vestido con traje y corbata, detrás del mostrador y sentó a la anciana nuevamente en su silla mientras la tranquilizaba o le ordenaba en su mismo idioma. Al mirarme, pude apreciar que compartía los mismos rasgos gitanos que la anciana.
-Disculpe a mi abuela- me dijo en ingles con acento rumano-. La pobre no ha podido descansar. ¿En qué puede ayudarla?
-Reservé una habitación desde Salamanca- conteste también en ingles; coloqué el maletín encima del mostrador y saqué mi pasaporte y mi reserva.
-Ah sí, la joven abogada española. No se habla nada más que de usted y del accidente- dijo sonriente al tiempo que revisaba su ordenador- Es un gran honor para mí y para el hotel su alojamiento.
Se dio la vuelta para encontrarse con un montón de llaves numeradas cada una en una estantería cuadriculada. Cogió la del número 6 junto con una tarjeta.
-Tenga su llave: habitación número seis, primer piso. Todo recto por este pasillo y luego giré a la izquierda. No tiene perdida. Y tome esta t
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el cine, leer, oír musica a todas horas y ver peliculas tambien. Me gustan las fiestas...

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