cerrar

Esta web utiliza cookies

En nuestras webs utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y analizar tu navegación, y mostrarte publicidad, incluidos anuncios basados en tus intereses. Si continuas navegando, entenderemos que aceptas su uso. Si deseas más información, puedes acceder a la Política de Cookies y a las Condiciones de Uso y Política de Privacidad.

2 min
Asfalto y caucho
Poesía |
06.06.14
  • 4
  • 2
  • 1727
Sinopsis

Suena Little Richard mientras voy dando tumbos en mi Buick del 73

Ella bebe tequila, fuma rubio, fuma negro, bebe ginebra, todo lo normaliza.

Sus dedos se enebran como culebras en mi entrepierna, Arizona no queda lejos, pero si la posibilidad de que esta noche cenemos bien.

El desierto de sus tetas es ácido, saben a limón sus pezones, su espalda parduzca es de tacto árido, sus ojos me siguen, me siento como una zebra malherida entre leones.

Recuerdo dejarme morder el cuello, servir mi sangre junto a una sombrilla en vaso de cocktail, también recuerdo tirar de algún mechón de su pelo y llorar hasta morir de su hambre.

Recuerdo las uñas de los dedos de sus pies jugando con el retrovisor derecho: mis gustos junto a cinco besos de pólvora y una polla de acero inoxidable en la guantera.

No recuerdo el rojo ruso del pintalabios ni el carmesí en mi camisa manchando mi pecho, pero si que recuerdo los mordiscos, los zarpazos, vómito, sudor, dólares, pastillas y peyote en la frontera.

Las lágrimas que recorren mi cara como las gotas de la condensación cuando bailan con el cuello del botellín de una cerveza.

Soy demasiado cobarde y derrotista para ella, pero debo tener hambre y le debe gustar cómo como.

Ella cocina exquisito, las almejas en salsa: "Peccato di gola" "Bocatto di cardinale".

Su clavícula con lunares, mis hombros con arañazos guiandonos hacia oriente: norte, sur, oeste, ya sabes, los puntos cardinales.

Sus muslos llenos de cardenales me huelen a  desmesura, su vello púbico a almizcle, el rey moriría de envidia al saber que bailo en su cavidad pélvica.

No duermo contando estrellas, sueño con mujeres que jamás me gustarán, me duermo contando las humedades de los moteles en el techo.

Pero esta noche no.

Esta noche nos inducimos el insomnio con coca, champagne, un poco de LSD y cuando salga el sol, salimos a hacerlo a la piscina.

Su indiferencia es mi morfina.

Valora
y comenta
Valora este relato:

Quedan 0 caracteres

Es necesario que valores antes de comentar
Comentarios
Valoraciones
Otros relatos del autor

Tienda

En tardes de café

David Loreiro (Lore) y Adrián Durá (Novato)

€2.99 EUR

Vampiros, licántropos y otras esencias misteriosas

Lore y Ender

€2.99 EUR

Cien años de sobriedad

Álvaro del Valle (Poyatos)

€2.99 EUR

El secreto de las letras

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

De frikimonstruos y cuentoschinos

Teodoro Bama

€2.99 EUR

La otra cara de la supervivencia

José Luis Durán (Ender)

€2.99 EUR

Sin respiración

AndreSinSiesta, Zenon, Stavros, Venerdi

€3.95 EUR

Cuatro minutos

Jesús Fernández (Lázaro)

€2.99 EUR

La Vida Misma

Teodoro Bama, Joene, L.J. Salamanca, Ender, Poyatos y Miranda

€4.95 EUR

Grandes Relatos en Español

Bécquer, Zorrilla, Emilia Pardo Bazán, Galdós y otros.

€4.95 EUR

Chupito de orujo

Mayka Ponce

€2.99 EUR
Creación Colectiva
Hay 17 historias abiertas
Relatos construidos entre varios autores. ¡Continúa tú con el relato colectivo!
11.09.20
10.03.20
Encuesta
Rellena nuestra encuesta