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5 min
Así fue.
Amor |
06.01.16
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Sinopsis

No hay mejor manera que leer sin saber qué esperar. Porque aprendes a disfrutar de la lectura.

¿Saben?, Desde muy pequeña siempre fui un poco insegura. Esto me llevo a ser algo obsesiva y compulsiva. Incluso, tenía muy pocos amigos porque creía que la mayoría de ellos confabulaban contra mí para hacerme cosas malas, O algo así. Estaba en mis veinte tantos, y vivía sola en un departamento. Allí todo tenía que estar en su lugar porque de lo contrario entraba en un profundo estrés. Adoro a los gatos pero la idea de tener uno era nula y no por ser alérgica, para nada. Sino que con solo pensar en limpiar su caca y su pipí, o que haya pelos por todos lados, me agobiaba.

 

Trabajaba como Bibliotecaria y era placentero, todos los libros estaban ordenados por letra, tamaño, tipos… Y el silencio, Oh, el glorioso silencio. Era como estar en el paraíso más perfecto que puede haber existido.

Para llegar a mi trabajo salía de mi departamento y me dirigía a la estación de buses, que solo estaba a unas cuadras del edificio. Siempre tomaba el primer bus. Salía a las 7:00 a.m., pero yo llegaba a las 6:45 a.m. Ser puntual era una de mis prioridades. Ir en bus de la estación cerca de mi casa a la de la Biblioteca tardaba 25 minutos, Y si, era la Biblioteca más cercana, además, abría a las 8:00 a.m. así que me daba tiempo.

Todo era perfecto, ¿No creen? Pero el lunes de la primera semana de mayo iba a cambiar todo. El día anterior había llovido fuertemente, como nunca antes. Con relámpagos y demás. Gracias a Dios a la mañana siguiente el sol brillaba. Sentía que iba a ser un día genial. Salí de mi departamento y camine hacia la estación. Estuve esperando mucho rato, pero el Bus no llegaba y comenzaba a agobiarme. Eran más de las 7:00 a.m. y yo aún no había salido. Adiós puntualidad. Caminar se me hacía imposible, bueno, en realidad era lejos desde mi punto de vista. Finalmente el Bus llegó, media hora tarde por supuesto. La razón era que debido a la lluvia, algunos árboles de la vía del conductor habían sido derribados por los fuertes vientos. Estaba nerviosa porque iba a llegar tarde y era inevitable.

Cuando llegue a la estación de la Biblioteca, literalmente salte del Bus y salí corriendo. Ni siquiera recuerdo si pague o no mi pasaje. El hecho es que corría y corría, había un charco y sin pensarlo salte sobre él, pero gracias a mis dos pies izquierdos tropecé y caí. Mi ropa quedó echa un asco, llena de barro. En ese momento mi mayor interés era llegar temprano, así que me levante y Seguí corriendo. Para mi gran sorpresa, al llegar a la Biblioteca me di cuenta de un cartel en la entrada donde decía en pocas palabras: “No abriremos porque debido a la lluvia toda esta vaina se inundó”. Me dio una rabia enorme, en ese momento me parecía el peor día. Me resigne y me fui caminado hacia la estación para llegar a mi casa y darme una buena ducha. Mientras caminaba hablaba entre mis dientes, casi susurrando. Maldecía aquel día y aquella lluvia.

Llegué a la estación y no había nadie, salvo un hombre como de mi edad pero no le di importancia. Estaba cansada y mis piernas me dolían. Vi un banco y no dude en irme a sentar. Cuando me disponía a sentarme, se rompió el banco, el desgraciado banco. Mi portapapeles cayo junto conmigo y todos los documentos quedaron regados por el mojado suelo de la estación. Eso era la gota que reboso el vaso. Sin más que hacer comencé a llorar, nunca había tenido un peor día.

El hombre que estaba en la estación se me acercó y me ofreció ayuda, ni siquiera le respondí. Pero aun así el comenzó a recoger mis cosas. No distinguía bien su cara porque mis ojos estaban empapados. Levante mi rostro y me ofreció un pañuelo, luego de limpiarme las lagrima me volví hacia él y vaya, era muy apuesto. Él sonrió, me miro tiernamente y me dijo:

-Vamos, no sigas llorando, eres una mujer muy guapa y tus ojos son hermoso, no dejes que esas feas lágrimas te opaquen.

Creo que después de todo, ese día si fue genial. Intercambiamos números para seguir en contacto, poco a poco nos íbamos haciendo más cercanos, mi rutina definitivamente cambio. Y así chicos, así fue como conocí a su abuelo. Muchas cosas cambiaron pero creo que lo demás es historia.

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