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3 min
Así vuelan las cometas
Varios |
21.08.19
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Sinopsis

La fe mueve montañas, y a veces... cometas.

-Si te quedas mirando la cometa, nunca va a volar, hijo.

-Pero Papá, yo no sé volar cometas.

-¡Pero si ya te lo dije! Es fácil. Solo tienes que correr como un condenado sin mirar hacia atrás. Volará por su cuenta.

-Papá, me voy a caer si corro como… ¿dijiste condenado? ¿Qué es un condenado?

-Un condenado es alguien que hizo algo muy malo y… Mal ejemplo. Olvídalo. Solo debes correr y ella hará lo suyo. Es un poco como creer en Dios.

-¿Quién es Dios? ¿Él puede volar cometas?

-Bueno, creo que entre sus facultades está el poder de dominar los vientos…

-¿Entonces por qué no le dices a Dios que vuele ésta cometa?

-Hijo, Dios te dio dos piernas para que puedas volar la cometa. En cierta forma, ¡es como si él la estuviera está volando contigo!

-Papá, no entiendo nada de esto. Ni a Dios ni el viento ni esta cometa. Lo único que sé es que si me caigo, mamá te va a castigar a ti.

-Señorito extorsionador en potencia, se lo digo por última vez. ¡Corre! ¡Corre o no habrá helado para ti!

-¡Ah! Malo Malo, Papá.

El niño, entre dudoso e inseguro, empezó a correr por el césped del parque Casares. No era una línea recta perfecta por los diversos obstáculos domingueros, como perros y parejas tomando el sol, pero poco a poco el artefacto de papel de colores alzó vuelo. El niño siguió corriendo. La cometa subía y subía. El niño comenzó a jadear, pero no se detuvo. A la lejanía escuchaba los gritos de su padre.

-¡Hijo! ¡Hijo! ¡Detente! ¡Mira hacia atrás!

El niño, ya sin aliento, volteó hacia atrás. El pecho le ardía por la carrera, pero no tanto como la sensación de orgullo que sintió. Una oleada de calor que brotaba de su interior. Era tan grande que no le cabía en el pecho.

-¡Papá! ¡Papá! ¡Mira! ¡Está volando!

El padre, sin aliento mucho antes de llegar a hasta su hijo, exclamó:

-¿Ves? ¿Te lo dije no?

-Papá…

-Aquí, hijo mío, puedes ver el fruto de tus esfuerzos. ¡Todo se basa en la fe! ¡En la esperanza! A pesar de que corras sin saber a dónde vas…

-Papá…

-Uno siempre debe confiar, ¡como tú! Y poner al vuelo las cometas.

-¡Papá!

-¡Hijo!

-¡Mi helado!

-Vale vale, imagino que tienes calor, vamos por ese helado…

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