3 min
A veces nos vemos involucrados dentro del mal.
La primera vez que tuve consciencia de mi ser, navegaba sobre las ola, la Luna convertía mi imagen en algo digno de temer.
La bandera pirata enarbolada sobre mi mástil mayor era señal inequívoca de muerte.
La sangre derramada en la toma del último barco mercante, unida a la que ya había absorbido mi madera ennegrecida tras tantos años de pillaje había hecho que la materia inerte de mi estructura cobrase vida.
Vi mi reflejo sobre la mar agitada, comprendiendo el pavor que debía de transmitir a todos aquellos que me oteasen desde los mercantes que surcaban los océanos.
Yo no estaba dispuesto a que los próximos años continuasen con un derramamientos de sangre como los ocurridos años atrás.
Los piratas fueron menguando en número debido a la cantidad de “accidentes” que últimamente estaban ocurriendo sin explicación alguna.
Un cabo suelto que hizo caer la vela mayor, un cambio de rumbo inesperado al estar el timón sin vigilancia, unos barriles sueltos en la bodega, una explosión de pólvora………..
Poco a poco los valientes piratas fueron sospechando que algo anormal estaba ocurriendo en aquel navío.
Cuando su número se redujo hasta la mitad, un motín por arribar a la costa y abandonar el barco en contra de la opinión del capitán y algunos marineros fieles a él, añadieron 20 cuerpos más para alimento de los tiburones que nos seguían buscando los cuerpos que eran arrojados diariamente por la borda.
Los 10 piratas restantes pusieron rumbo a tierra justo en el momento en que el timón se desprendió de mi cuerpo, dejando el rumbo del navío en mano de los vientos.
El alimento fue agotándose, el agua fue racionada, los últimos supervivientes se embarcaron en una lucha por los últimos sorbos de agua.
El último superviviente de la tripulación, intuyendo su destino, esparció unas botellas de ron sobre la cubierta, prendiéndolas con el candil que se encontraba iluminando la estancia de los marineros.
Mi cuerpo el llamas ilumino la noche mientras la almas inocentes asesinadas en estos años eran liberadas.
A la vez mi alma junto con la de los piratas que me habían tripulado nos hundíamos en el mar donde las llamas se apagaban gracias al efecto del agua salada.
Las puertas del infierno se abrían para recibirnos y tras ellas los fuegos eternos del Averno que esperaban ansiosos abrazarnos para hacernos sentir el mismo mal que habíamos infringido en vida.
y comenta
-
Orignal la idea de dotar de vida a un barco. -
Toda buena persona puede encerrar un monstruo en su interior